Dar mucho, recibir poco o nada

No es que haya “personas de dar” y “personas de recibir”, como escuche en una ocasión.
Es cuestión de equilibrio, de reciprocidad.

Nadie te debe nada, ni tu se lo debes a nadie.

Se trata de compartir, no de ajustar cuentas.

Ahora bien, si no hay equilibrio, la relación no podrá perdurar.

La igualdad, en este aspecto, es una utopía, y en realidad, no es necesaria, pero el equilibrio si es necesario.

Siempre vas a encontrar a personas que estén deseando recibir, y lo acojan con los brazos abiertos.
Me atrevería a decir que es precisamente de estas personas de las que tienes que estar sobre-aviso, más adelante veremos con detalle por qué.

Baste ahora señalar cómo, con el tiempo, ese acogimiento se transforma en exigencia, has sentado una expectativa, y tú, en primer lugar, tendrás miedo de qué pasará si “cortas el grifo”.

Inconscientemente, la mayoría de veces, hemos entrado en un “juego”, en el que hemos empezado a “comprar” el amor de los demás, con detalles y atenciones, con regalos y presentes, con favores y compromisos, en los que nosotras mismas nos hemos metido, hemos establecido una dinámica en la que nuestro valor depende de nuestras acciones, nuestras acciones por y para esa otra persona.

Si las acciones desaparecen o decrecen, nuestro valor lo hace con ellas.

Nos han enseñado, en el pasado, y nosotras lo reafirmamos con nuestro comportamiento en el presente, que para que te quieran, “te lo tienes que currar”, “tienes que hacer”, si no te lo curras, si no haces, no te van a querer, tan simple y tan estremecedor como eso.
Una de las lacras que cargamos cuando no hemos recibido el amor incondicional que necesitábamos y merecíamos.

El amor no se gana, no es un premio que se da o se quita.

Habrá personas a las que les gustarás y personas a las que no, hagamos mucho o hagas poco por ellas.

Habrá personas a las que les gustarás porque haces mucho por ellas.
Y habrá personas a las que no les gustarás, por mucho que hagas, de hecho, cuanto más hagas, menos les gustarás.

A nadie le gusta sentir y ver, que le están intentando “comprar”, por muy inocente que sea el proceso de “venta”.

Cuando te han enseñado a querer y a que te quieran, así, no se te ocurre que tenga que haber otra manera ni que de hecho, la haya.

El resentimiento crece y crece en tu interior, y eso entra en conflicto directo con esa idea que tienes tan clara en tu cabeza: “Dar sin esperar recibir nada a cambio”.
¡Qué difícil!

¿Cómo no vas a esperar nada?
Pues yo te lo voy a decir, no tendrás que esperar nada con personas cuya forma de amar se entienda con la tuya, porque todo eso que tú hagas por ellas, de corazón, lo harán por ti, igualmente, así que ya lo estarás recibiendo.

Aprender a quererte a ti misma hasta tal punto que decidas con quién quieres compartir, sin sentir la necesidad de “venderte” ni de que te “compren”, para que te quieran, te liberará de un lastre enorme.
Es un proceso, lleva su tiempo, pero merece la pena, todo.

No todo el mundo va a tener la capacidad de amar y compartir que tú tienes, date cuenta de que tú la llevas practicando y cultivando durante años (algo precioso que nadie te puede quitar, por cierto), es sólo que la habías aprendido a “utilizar”, en lugar de a “compartir”.

Habrá personas que no sepan o no quieran compartir, sino que sólo quieran recibir, es una posibilidad, claro, pero esas personas ya no volverán a hacerte daño, ni a hacerte sentir la persona más pequeña e insignificante del mundo, además de ruin, por sentir tanto rencor y vacío hacia ellas, esperando lo que nunca llega, su amor, su atención, su cariño, su cuidado.

Ahora entenderás que a ellas también les han enseñado, en su caso, a que los demás tienen que currárselo, tienen que esforzarse, para ganarse su amor, eso que nuestras abuelas llamaban “hacerse valer”.

No hay víctimas ni culpables en este proceso, por mucho odio que hayas podido llegar a albergar en tu corazón, por encontrarte en una situación de necesidad, provocada por alguien (supuestamente, claro, porque esa necesidad la estás creando tú), que sientes que “te ha estrujado como a un limón”.

La responsabilidad de aprender a cuidarte y protegerte es tuya, no de la otra persona.
Entiendo que esto te reviente el hígado, pero así es.

No voy a justificar, bajo ningún concepto, que una persona utilice, deliberadamente, a otra, para su beneficio, incluso aún a costa del perjuicio de otra persona, es inadmisible y deplorable, pero también os digo que “hay que valer” para hacerlo, causar un daño a otra persona, de forma deliberada, por mucho que podamos creer, no es fácil, ni plato de gusto para la mayoría de las personas.

Sin embargo, hay personas a las que no les genera ningún conflicto en absoluto.
Es más, son personas que gozan de un prestigio y carisma social, fortísimo, y que nos dejan atónitos, ante su corte de seguidores, nos generan cierta envidia y admiración, de hecho, y podemos estar tentados de “seguir su ejemplo”.
Como te imaginas, esa tropa de seguidores y admiradores, son presa de su “embrujo”, porque todos podemos llegar a caer…
Al fin y al cabo, son personas que parece que “han llegado”, lo tienen todo, montones de amigos, planes inagotables, cosas, personas pendientes de ellas, chicos y/o chicas que las cortejan y “beben los vientos por ellas”, trabajos con reconocimiento, negocios prósperos,…
Que las apariencias no os engañen, ahora sabéis cómo lo han conseguido… están dispuestas a utilizar “cualquier medio a su alcance” para conseguir su objetivo.
Si vosotras no seguís ni habéis seguido su ejemplo, motivos, tenéis buenos e incontables para no hacerlo.
No os preocupéis, vosotras encontraréis vuestro propio camino, uno mucho más acorde con vosotras, que os haga sentir orgullosas de vosotras mismas.

A partir de ahora, identificar a las personas así, y manteneros lo más alejadas posible de ellas, es mi consejo.
Y, ante todo, y sobre todo, dedicaros a re-aprender a amar, a ser amados y a amaros, como os merecéis, todo cobrará sentido y se equilibrará, desde ahí, no necesitáis el odio ni un escudo protector, ahora ya sabéis cómo reconocerlo y entender lo que pasa, no necesitáis invertir ni un segundo más, dedicároslo a vosotras mismas.

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El “buen amor”

Tal vez pueda parecer exagerado, suele sonar así cuando no lo has experimentado por ti mismo.

Creemos que esta sobrevalorado, puede que precisamente porque nos da mucho miedo, rabia y vergüenza reconocer, que todavía no lo hemos sentido.

Al fin y al cabo, eso significa admitir que nos falta algo, que tenemos algo realmente importante “pendiente”, algo que no depende de nosotros… ¿o si?

¿Quien ha dicho que tenga que ser el amor de otra persona?

No podéis llegar ni a imaginar el auténtico poder que tiene amarse a uno mismo.

El amor en estado puro, no viene de fuera, está dentro de nosotros y es una fuente inagotable, nuestro recurso mas preciado, sin lugar a dudas.

Solo que no sabemos que esta en nosotros, que vive en nosotros.

No tenemos que buscarlo fuera, es una búsqueda inútil, no lo encontraremos.

Aprender a verlo e identificarlo en nosotros nos permitirá reconocerlo en otros cuando lo encontraremos.
Así aprenderemos a elegir.

Que no lo sientas ahora, no significa que no esté ahí, solo hay que alimentarlo, que potenciarlo, que practicarlo, entonces florecerá.

A veces, tenemos la gran fortuna de experimentarlo, de vivirlo, “de fuera hacia dentro”, y lo utilizamos como modelo, para interiorizarlo y hacerlo propio, pero esa es solo una de las maneras posibles.

Puede que lo descubramos en otras personas que se lo procesan a si mismas y resplandecen al hacerlo, llamando nuestra atención.
Es otra opción posible.

Pero no me digas que la sola idea, leyéndolo aquí, no resulta ya atractiva.

¿Os imagináis?

Un amor que te cuida y te mima, te apoya y te encumbra, para llegar mas alto, mas arriba, donde nacen tus sueños.

Un amor incondicional, que puede que nadie haya podido o sabido darte hasta ahora, pero al que no por eso tienes que renunciar.

El genuino amor, la seguridad que infunde, la perspectiva que te da de ti mismo y de la vida, definitivamente, lo cambia todo.

¿Imaginas mirarte al espejo y que no haya un solo pero, ni un solo reproche, ni un solo cambiaría esto o aquello, pondría aquí o quitaría allá?

Pues ese poder esta en tus manos.

Es muy agradable vivirlo y sentirlo de fuera a dentro, pero no es necesario que ocurra en esa dirección.

De hecho, cuando pasa en esa dirección, pareciera que si la persona se va, todo ese amor se irá con ella.

Los demás son espejos en los que nos miramos, es innegable, pero el reflejo que nos devuelven no siempre es claro, positivo o nutritivo, y en primera instancia depende de nosotros mismos.

Mira dentro primero y plantéate si quieres hacer esto por ti, quererte bien, darte lo que necesitas y empezar a presentarte al mundo desde ahí.

En realidad, si lo pensamos, en muchas ocasiones es algo que hacemos por los demás, y mas que gustosos, nos llega de alegría.

Dar amor a una persona extraordinaria que vemos que, por muy diversos motivos, no ve en si misma lo que nosotros vemos en ella.

Y de hecho nos duele, nos duele profundamente ver que esa persona se trata a si misma con dureza, con poco cariño, con crueldad en ocasiones.

Tal vez no ha tenido la oportunidad de que la quieran bien, tal vez la han convencido, con el tiempo y el incesante machaque diario, de todas y cada una de esas cosas que se echa en cara, por las que se condena, se juzga y que puede que no se perdone a si misma.

Y eso nos duele aún más, ¿como alguien puede hacerle eso a otra persona, nos preguntamos?

No cesamos en nuestro empeño de hacerle ver a esa persona lo que nosotros estamos viendo, y no vamos hacerlo.

¡Muy bien! Eso es querer bien, no dejes de hacerlo.

Ahora decide también dirigir ese extraordinario e incalculable amor hacia ti mismo, no sólo tu te beneficiarás de ello, serás un modelo inestimable para otros.

La capacidad ya está en ti, una vez más, se trata de practicarla, y en este caso también, dirigirla y focalizarla, en ti.

Recorre tus heridas, tus cicatrices, no tengas prisa.
Ve con cuidado, con mimo, con detalle.
La tarea lo merece, es tu vida, eres tú, viviendo feliz, quitándote las cargas que ya no te sirven, que ya no te valen más, que no necesitas.

Cuando una persona así, una persona como tú, llegue a tu vida, ahora si sabrás reconocerla, elegirla y, juntos, crecer aún más.

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Tomar una “mala decisión”…

Decidimos en base a la información que tenemos disponible, y tomamos la opción que creemos mejor, en ese momento.

Teniendo esto en cuenta, no creo que sea posible tomar una “mala decisión“.

Después, las cosas salen como esperábamos o no, pero eso no podemos saberlo, hasta que no actuemos y veamos cuáles son los resultados.

Una vez que vemos las consecuencias de nuestra decisión, tal vez podamos “valorar”, “juzgar”, si ha sido una “buena decisión” o una “mala decisión”, pero sólo a posteriori podremos saberlo.

Aún así, como os digo, se tratará de una valoración, de un juicio, y como tal, sólo puede ser parcial y dependiente de la perspectiva de quien lo mire y valore.

Como se suele decir: “A toro pasado, todo se ve muy claro”.

No somos videntes, no podemos saber cómo van a salir las cosas, qué resultados van a tener, cómo nos van a afectar, a nosotros, y a los demás.

En cierto modo, y con respecto a ciertas situaciones, podemos tener una idea, más o menos clara, de “por dónde van a ir los tiros”.

Sin embargo, siempre debemos tener en cuenta que hay una parte importante que escapa a nuestro control, que no podemos predecir ni calcular.

¿Qué podemos hacer, entonces?

Este último punto, casi os diría, que es el más importante.

Muchas veces nos vemos atrapados en la culpa cuando las cosas no salen como esperábamos y queríamos.
Nos flagelamos pensando lo estúpidos que hemos sido, nos martirizamos por no “haberlo visto venir”, nos devanamos los sesos tratando de volver al pasado y rehacer lo hecho, como si eso fuera posible, en un intento desesperado por subsanar “el mal” que hemos provocado.

¡No podemos saberlo todo!
Ser amables y comprensivos con vosotros mismos, si hubierais sabido que las consecuencias iban a ser funestas, no hubierais hecho o dicho, lo que sea que hayáis hecho o dicho.

Hay decisiones muy difíciles en esta vida, por no decir casi imposibles, que nos veremos en la encrucijada de tomar, sabiendo que, hagamos lo que hagamos, “pagaremos un precio”, alguien saldrá herido, con alguien “quedaremos mal”, alguien se ofenderá o disgustará o enfadará o preocupará.

Hay decisiones en las que, necesariamente, “algo vamos a perder”.

Decidir, por otro lado, elegir, siempre conlleva una pérdida.

Sin embargo, siempre hay una ganancia.
La ganancia es el control sobre nuestras vidas, ya que, al elegir, al decidir, tratamos de acercarnos a la vida que queremos vivir.

Aunque no siempre salga como esperamos, desde luego podremos tener la tranquilidad de saber que hemos hecho, todo lo que estaba en nuestras manos.

Aceptar la parte que se escapa de ellas, de nuestras manos, es uno de los aprendizajes más duros que tenemos que hacer en nuestras vidas.

Desde cuando tomamos una decisión sobre la educación de nuestros hijos a cuando decidimos saltarnos un semáforo o nuestra dieta, siempre hay consecuencias, nos guste o no.

Siempre esperamos lo mejor, puede que ese “mejor” sea que no nos pillen, o que no pase nada, y puesto así, parece infantil, lo sé.

Pero es importante que tengamos en cuenta que, hay ocasiones, en las que no encontramos la manera de justificarnos a nosotros mismos, de una forma racional y objetiva, por qué estamos haciendo lo que sea que estamos haciendo, y por infantil que sea el razonamiento, lo tomamos y nos vale.

Raramente dejamos las decisiones importantes que atañen a nuestras vidas al azar, en general, no somos kamikazes, pero también es cierto que, en no pocas ocasiones, no somos conscientes de las implicaciones y consecuencias de una decisión, aparentemente trivial.

La próxima vez que toméis una decisión, del tipo que sea, tener en cuenta que lo habéis hecho lo mejor que habéis sabido, creído y podido, en base a la información que teníais disponible, y aceptar con cariño y respeto, no sólo vuestra decisión, sino también vuestras limitaciones (todos las tenemos).

No hay fórmulas mágicas e infalibles, sólo podéis confiar en vosotros mismos y en vuestro “buen criterio”, en vuestra capacidad para, seguir adelante.

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Vivir en una época que no parece ser la tuya

 

Hay personas que consideran que su sistema de creencias, de valores e incluso sus formas de hacer y entender las cosas no encajan con los momentos que viven y vivimos.

Creo que, en cierto modo, todas nos hemos sentido “extraterrestres” en algún momento, cuando no, “perros verdes”.

Cuando vivimos y sentimos momentos que nos desconciertan por completo, en los que no entendemos nada ni a nadie.

Sea porque creemos en el “amor cortés” o en el “poliamor”, porque nos encantan los libros en papel o porque sólo leemos a través de nuestro ebook.

Se que la sensación que nos deja puede llegar a ser bastante desagradable, ya que nos hace sentir, en cierto modo, fuera de lugar e incomprendidas, desplazadas y apartadas de los demás.
No se a vosotras, a mi me suena muy muy parecido al “rechazo social”.

Sin embargo, para mí, es la muestra inequívoca de que pensáis por vosotras mismas y no renunciáis a hacerlo.
Y eso… ¡No puede ser malo!
¿No os parece?

Es cierto que puede causar cierta incomprensión en los demás y que vosotras dudéis de vosotras mismas también.
Pero tal vez es que no estáis eligiendo al “interlocutor” adecuado.

Del mismo modo que no explicamos matemáticas de bachillerato en educación infantil, compartir ciertas ideas, creencias o pensamientos, con determinadas personas es casi garantía de frustración absoluta.

No me entendáis mal, no es cuestión de inteligencia o de superioridad o inferioridad.

El proceso de aprendizaje requiere una gradación y progresión, pasos de la evolución de cada una, que no es lineal ni tienen un final, en realidad.

Por tanto, según de la persona que se trate, simplemente se encontrará en un punto u otro, como para poder entender, comprender e incluso valorar lo que tú quieras compartir con ella, por no hablar ya de sus gustos personales.

Hago está aclaración, y de hecho, hago hincapié en ella, porque muchas veces pecamos de “soberbia” y pensamos que, simplemente, la otra persona no “está a mi nivel”.

Y no es cuestión de niveles, es cuestión de ligas, más bien diría yo.

El fútbol, como el baloncesto o el curling son deportes muy respetables y dignos, que merecen su consideración, cada uno de ellos, aunque algunos tengan más seguidores que otros, o más prestigio social, sin embargo, no son comparables ni equiparable.
Es cierto que tienen ciertas semejanzas, pero cada uno tiene su belleza y valor.

Como en la historia del anillo… Nadie puede deciros el valor que tenéis.

Tener tus propias ideas.
Hacer las cosas a tu manera.
Creer, lo que eliges y decides creer.
Ser tu propia guía en tu camino, en el que habrá momentos de duda, de indecisión, de fatiga, de desaliento, de confusión, de sentirte perdida, es una elección y la clara de muestra de que estás viviendo tu vida.

Ahora bien, las reglas del juego, son las que son, nos gustarán o no, las compartiremos o no, pero ahí están.
¿Quieres jugar?
Entonces tendrás que seguirlas, más o menos a tu manera, habrá cosas que podrás cambiar o adaptar, pero otras que no.
La aceptación siempre está ahí, en un amable, pero a veces brutal, recordatorio.

No te rindas, dudar sólo significa que te estás parando a pensar, y no dejándote llevar como una autómata por la vida.
Considerar toda la información disponible, o al menos intentarlo, es muestra de sabiduría no de incompetencia.

Los medios de comunicación, las modas, intentan decirnos qué y cómo, pero ellos no saben nada de tu felicidad.
Tu felicidad vas a encontrarla tú, y tu felicidad la conoces tú, no hay modelos estándar, aunque a veces nos encantaría que los hubiera, para poder saber qué hacer en cada momento y qué esperar.
Pero… ¡Que aburrida sería entonces la vida!

El momento que vives es ahora.
No importa cómo, sólo hazlo a tu manera.
Nunca estás sola, aunque a veces te lo pueda parecer.
No te preocupes, es sólo que aún no has encontrado a tus compañeros y compañeras en el camino, pero siempre hay personas como tú.

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No puedo parar…

Siempre “tengo” que estar haciendo cosas…

Nada de tirarme en el sofá a no hacer nada. ¡Eso es de vagos!

Planes, quedadas, reuniones, organizar la casa, más planes, hasta mudanzas de amigos… ¡Lo que sea!

Y, a mí, me parece lo “normal”.

¡Qué pérdida de tiempo, sino…! ¿No?

Aunque, si te digo la verdad… Estoy un poco exhausto y, me he empezado a notar, no se, como que voy corriendo a todas partes y estoy un poco… agobiado.

Pero es lo normal, ¿no?

Quiero decir, viviendo en una gran ciudad, todos llevamos este “ritmo de locos” de acá para allá… ¿Verdad?…

¿Os suena?

La palabra “normal” no nos gusta especialmente a los psicólogos porque creemos que etiqueta y estigmatiza, según como se use.
Pero, si os digo la verdad, no creo que haya una sola persona, sobre la faz de la tierra, que no haya sentido un gran alivio, más de una vez en su vida al haber escuchado la palabra… “Normal”.

A mi no me interesa tanto qué es normal o qué no lo es, como qué te hace sentir malestar.

Si llevando ese ritmo de vida estás empezando a sentir síntomas de ansiedad y agotamiento, estás descubriendo que ya todo empieza a resultarte aburrido, sin mucho sentido, rutinario, podríamos decir, y te sientes un poco a la deriva, metido en una dinámica que no para, como si fuera un tiovivo, pero no recuerdas muy bien por qué te metiste en ella, y definitivamente, no tienes nada claro porque sigues en ella… Pero si sabes que, si paras, te sientes culpable, por no estar haciendo “algo productivo”.

Entonces, ha llegado el momento de hacerse algunas preguntas porque, normal o no, algo está pasando.

Te lo dice tu cuerpo, te lo dice tu mente.
Escúchales.

Tendemos a pensar que si estamos involucrados en mil y una actividades, aquí y allá, con personas por todas partes, y planes, a cual más espectacular, entonces “todo va bien”, y la consecuencia lógica y directa tiene que ser, forzosamente:
¡Que eres feliz, como un regaliz!

Bueno, dime, en tu experiencia y opinión…
¿Eres Feliz, sólo por tener tu agenda llena?

No poder parar ni un segundo, y digo “no poder”, no “no querer”.
Son cosas muy distintas.

“No quiero parar” significa que llevo el ritmo de vida que quiero llevar… Nada que decir al respecto. Adelante.

“No poder parar” significa que estoy atrapado en una dinámica que no tiene fin, hay momentos en los que realmente noto las consecuencias de una sobrecarga de actividad y me planteo la idea de que me beneficiaría cambiar de ritmo, pero “no puedo hacerlo”, porque hacerlo, bajar el ritmo, me genera mucho malestar, me hace sentir culpable, incluso, así que sigo sin parar, en una inercia casi descontrolada.

Hay varias explicaciones posibles…

Puede que estés intentando llenar un vacío, puede también, y al mismo tiempo, que tengas miedo de quedarte sólo contigo mismo, por “lo que pueda pasar”: la soledad, tus propios pensamientos, el aburrimiento, asaltar la nevera, fumarte Tabacalera entera, disgustarte, entristecerte, sentirte sólo,…; puede que tengas miedo de la imagen que das a los demás, puede que tengas miedo de qué pasará si dejas de “ser productivo”.

Dedicarse tiempo a uno mismo es fundamental para conocerse a si mismo, pero solemos dedicar infinitamente mucho más tiempo a conocer a los demás.

En nuestra cultura, en nuestra sociedad, nos han enseñado que las respuestas están afuera, no dentro de nosotros y, desde luego, que el modelo social de éxito es el de una persona extrovertida que tiene “más entradas en la agenda que la de Dios”, y “más citas que la muerte”.

Cuando pregunto: ¿Quién es la persona que mejor te conoce?

Raramente la respuesta es: yo mismo.
Y no sólo eso, sino que nos quedamos bastante desconcertados ante la mera posibilidad de que esa persona pueda ser yo.
Nos parece egoísta, “pagado de sí mismo”, narcisista, incluso.

De la misma manera, cuando alguien me dice: Soy tímido y/o introvertido (porque son cosas diferentes), me lo dicen con una voz tenue y casi avergonzada, en un hilo de voz, como si estuvieran confesando un oscuro y aterrador secreto.

Bueno, parece entonces que la consecuencia lógica de todo esto es que lo deseable y esperable es:

¡No parar ni un segundo!

En caso contrario, eres un desastre, un fracaso, un paria, un perdedor.

No me parece entonces extraño que sintamos presión, por todas partes, para estar en “modo On”, todo el santo día.

¿Qué pasa con lo que tú quieres? ¿Qué pasa con lo que tú necesitas?

Más complicado aún…
Porque claro, resulta que, “todos queremos ser felices”.
Y a través de ese modelo que nos da la sociedad, nos dice claramente dónde está la Felicidad:

Si haces planes a todas horas, rodeado de personas diferentes, a cada momento entonces = “Eres Feliz”.

¿No te habías enterado?

Llegados a este punto, si no habéis leído aún el artículo anterior, os invito a que lo hagáis ahora: “La Trampa de la Felicidad”.

Y una vez que lo hayáis hecho, sabréis que nada de todo eso os hará felices, a no ser que tenga sentido para vosotros y, definitivamente, no vais a saber qué tiene sentido para vosotros y que no, si no os conocéis bien a vosotros mismos.

Yo me pregunto:

¿Qué sentido puede tener no dedicarme tiempo a mi mismo, para dedicarlo a hacer lo que “se supone que tengo que hacer para Ser Feliz”?

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La Trampa de la Felicidad

No sólo es el título del libro de Russ Harris, es una realidad.
La Felicidad es una Trampa.

La búsqueda de la Felicidad se ha convertido en una persecución.

Perseguir la Felicidad es perseguir una quimera.

 

¿Dónde está ese lugar llamado “Felicidad”?

¿Es el “puesto de trabajo soñado”, es el viaje idílico a Nueva Zelanda, es casarse, es tener hijos…?

Hay infinidad de libros, consejos, decálogos de qué hacer y cómo hacerlo, y parece que todos tenemos algo que decir al respecto.

Y no es de extrañar, en realidad.
Cada uno, al fin y al cabo, entendemos por Felicidad, cosas completamente diferentes.

Cuando nos aferramos a esas teorías y “recetas”, escritas por otros, puede que incluso, enunciadas como “científicamente contrastadas”, “nos estamos agarrando a la Felicidad de otros”.
Nadie ha encontrado su camino sin buscar el suyo propio.

Más aún, no se trata de perseguir un “ansiado estado de bienestar fugaz y transitorio”.

¿Qué sentido puede tener eso?

Si dedicamos nuestra vida a esa búsqueda, probablemente lo único que consigamos sea frustración y decepción.

A Will Smith “parece” que le sale “bien”, en la película: “En busca de la Felicidad”.
Pero, ¿qué pasa si no conseguimos “eso” que nos hemos propuesto?

Ser Feliz no es no tener problemas.

Ser Feliz requiere aceptación y compromiso.

Ser Feliz es vivir la vida que quieres vivir, con las opciones que tienes disponibles.

Yo nunca seré violinista en la Orquesta Filarmónica de Viena, ni primera bailarina del Ballet Ruso,…
Y eso no significa que no vaya a ser feliz o que, de hecho, no lo sea.

Puede que tengas pocos amigos, que tu trabajo no te acabe de gustar, que tengas ansiedad, o cualquier otra circunstancia.
Y eso tampoco significa que no vayas a ser feliz o que, de hecho, no puedas serlo.

Como ya os he dicho en más de una ocasión, hay muchas cosas en esta vida que no elegimos, pero que están ahí.
Lo que siempre podemos elegir, es nuestra actitud y decidir qué vamos a hacer con ellas.

Yo misma me considero una incansable y apasionada buscadora de la Felicidad.
Parece contradictorio, ¿verdad?

La Felicidad no es lo que nos han vendido ni venden.
La Felicidad no es un estado estático.

La Felicidad es una elección constante.

Solemos pensar que uno no puede ser feliz, todo el tiempo, porque asociamos la Felicidad con: confeti, fiestas, celebraciones, paseos al atardecer, días en la playa, vacaciones, cero preocupaciones, una “vida resuelta”, amigos por todas partes, cero soledad, planes y planes y más planes,…

¡Eso no es Felicidad!
¡Es un día en la vida de Paris Hilton!
(En las Redes Sociales, al menos).

El verdadero reto no es Ser Feliz cuando todo encaja a la perfección.
El auténtico reto, la auténtica Felicidad es ser feliz, a cada paso que das.

No porque siempre tengas “éxito”, no porque siempre consigas lo que quieres, no porque todos los días sean de fiesta y sol.

La Felicidad es un camino, tu camino, el que eliges cada día, a cada paso.

Cada una de las cosas que haces, cada día, tiene que tener un sentido para ti, ése es su propósito, ir en la dirección que tú quieres ir, no un resultado concreto.

Marcarse como objetivo: Ser Feliz, no tiene sentido.

La Felicidad no es una meta, es una consecuencia.

Día a día, todos hacemos cosas que no nos apetece especialmente hacer, cuando no decimos que “nos sentimos obligados a hacerlo”, eso no tiene sentido, ni para nosotros, ni para nadie.

Yo puedo elegir cumplir con mis responsabilidades, o no hacerlo, es mi elección.

Lo realmente importante es que yo (si, yo), tenga claro por qué lo estoy haciendo, cuáles son mis razones y motivos, cuál es mi auténtica motivación.

Entonces, y sólo entonces, mi vida tendrá sentido para mí, y podré decir, que soy Feliz.
Venga lo que venga.

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Buscando tres pies al gato…

El principio de “la Navaja de Ockham” viene a decir que:
a igualdad de condiciones, la explicación más sencilla tiende a ser la correcta“.

Entonces… ¿qué hacemos retorciendo las palabras, las ideas y la realidad?

En el camino de “tratar de entender”, nos perdemos en “encontrar” lo que no se ha perdido.

Como os decía con respecto a las dudas, la mayoría de veces lo que realmente pasa es que nos falta información, no que tengamos un “rasgo de personalidad despiadado” y que nos está haciendo la vida imposible: la indecisión.

A veces, nuestro entendimiento y forma de ver las cosas no llegan a captar toda la complejidad de una realidad, eso no significa que sea distinta de como realmente es, sólo que nos estamos devanando los sesos en tratar de entenderlo, y buscamos sin descanso una respuesta, que parece que no llega.

El tercer pie puede ser, precisamente, el que “nos inventamos” para tratar de seguir de pie.

No es necesariamente que estemos eligiendo complicarnos la vida, ni darle vueltas a lo mismo, una y otra vez, por el “vicio” de hacerlo, tal vez ese pie que estamos buscando es el que creemos que tiene la clave para que todo cobre sentido.

Sin embargo, como ocurre en no pocas ocasiones, ese ejercicio que estamos haciendo nos puede llevar justo a donde no queremos ir.

Cuando buscamos, y de hecho parece que encontramos, una explicación nueva, integradora y reveladora, creemos haber dado por fin con la forma de gestionar nuestra angustia, nuestra incertidumbre, y eso nos alivia, aunque la explicación no tenga ningún sentido, por lógica que pueda parecer.

En ocasiones, sentir angustia, como puede ser sentir incertidumbre o frustración, es justo lo que tenemos que sentir y por mucho que busquemos o nos “inventemos”, no vamos a encontrar ese tercer pie.

Como decíamos al comienzo: “a igualdad de condiciones, la explicación más sencilla tiende a ser la correcta“.

Hay ciertas cosas que hemos venido a aprender, en esta vida…
Una de ella es a tener paciencia, otra, a gestionar y tolerar la incertidumbre.

La vida conlleva estas emociones, por mucho que no nos gusten, por mucho que tratemos de controlarlo todo, no podemos, no lo conseguimos.

Si te has “pillado” a ti mismo buscando “tres pies al gato”, no significa más que que estás tratando de comprender y aceptar lo que sea que está pasando en tu vida y que no consigues entender.

Comprensión y cariño, cariño y comprensión.
Una vez más: “a igualdad de condiciones, la explicación más sencilla tiende a ser la correcta“.

Y eso que no conseguimos “encajar”, no tiene que ser necesariamente malo…

Cuando algo, decimos, “es demasiado bueno para ser verdad” nuestra incredulidad parece estar ganando la partida, tratando de encontrar la razón “de peso y objetiva” por la que, efectivamente, éso demasiado bueno, no es verdad.

Podría parecer que nos estamos tratando de “sabotear a nosotros mismos”, pero lo cierto es que sólo estamos tratando de entender.

Nos resulta excesivamente fácil, a veces, pensar mal de nosotros mismos, no digamos ya de los demás.

¿Por qué íbamos a querer “aguarnos la fiesta”?

Yo, personalmente, no creo que sea la “pulsión de muerte” a la que se refería Freud.

Creo más bien que responde a nuestra necesidad de comprender qué pasa y por qué pasa, que tal vez no solucione ni cambie nada de nuestra realidad, pero nos da un esquema posible de qué va a pasar a continuación, nos ayuda a “organizar las cosas en nuestra cabeza” y, así, poder seguir adelante. No es un capricho.

Parece que todo gira en torno a lo mismo, ¿verdad?

El control.

Y, en cierto modo, así es.
Todos necesitamos tener “cierto control” sobre nuestras vidas.
La filosofía del Mindfulness hace hincapié en el vivir el aquí y el ahora, disfrutar el momento, y no puedo estar más de acuerdo, pero, sinceramente, cómo vamos a conseguirlo, cómo vamos a disfrutar el aquí y el ahora si estamos angustiados por lo que vendrá a continuación, ya que ni siquiera podemos entender qué pasa, aquí y ahora.

Cuando nos quedamos estancados, bloqueados, es el momento de buscar nuevas respuestas, de abrir nuestra mente, de probar, de intentarlo, una y otra vez, todas las veces que haga falta.

¡No te rindas! ¡Sigue buscando!

 

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¿Puede ser el amor para siempre?

Todos sabemos ya (o casi todos, porque se le ha dado bombo y platillo), que el enamoramiento inicial dura entre 6 meses a 2 años.

Lo que muchos tal vez no sepáis es que eso, el enamoramiento inicial, es una emoción.

Las emociones, por definición, son reacciones psicofisiológicas de mucha intensidad, cuyo ascenso y caída son relativamente rápidos y tienen poco recorrido.

El amor, por su parte, es un sentimiento, su intensidad puede ser menor, pero su recorrido y duración mucho mayores.

Cuando ya se te ha roto el corazón un “número razonable de veces” (en realidad, con una, es suficiente), tiendes a pensar que no, que el amor no dura, menos aún, para siempre.

Jorge Bucay tiene una visión que me gusta especialmente.
Dice algo así como que él desea enamorarse, una y otra vez, y que su enamoramiento se convierta en amor y se renueve, una y otra vez, volviéndose a enamorar dentro de ese amor.
Me parece sencillamente precioso.

La teoría dice que los ingredientes para una relación “equilibrada” pasan por: pasión, intimidad y compromiso; y para que la relación dure en el tiempo, un proyecto en común.

Entonces…
¿Tal vez las relaciones no duren pero el amor si?

Para mi, el amor es una energía tan potente, tan sagrada, que me cuesta creer (porque elijo creer otra cosa, claro) que se transforme en “nada”.
Es más, de hecho, yo siempre he pensado que:
“El amor es como la energía: “ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”, como dice Jorge Drexler.

Aunque se que buscamos en nuestras vidas, con todas nuestras fuerzas, algo que perdure, que trascienda el tiempo y los cambios, y raramente lo encontramos….
Creo que el amor, el amor auténtico y sincero, es una de esas cosas, que trasciende el tiempo, las circunstancias, y los avatares de la vida, aunque no se conserve exactamente en su forma original.

El amor, en realidad, está en nosotros.
Nosotros somos los que perduramos en el tiempo.
Si, cambiamos, es cierto, pero seguimos siendo nosotros, y nuestra capacidad de amar, sigue ahí, y con ella, el amor.

Las relaciones vienen y van, pero el amor perdura, siempre vive en ti, tanto el que has dado y das, como el que recibes.

Creer que después de haber compartido una relación de pareja durante años con otra persona, de la noche a la mañana, sencillamente esa persona me será indiferente, no me despertará ningún sentimiento, no es realista.
Los sentimientos no funcionan así, no desaparecen, de repente.

Se que es muy triste que la evolución de una relación la haga menos significativa, menos intensa o menos relevante para nosotros.
No tiene por qué pasar, pero a veces pasa.

Leía hace poco un artículo que hablaba de que nos enamoramos de tres personas diferentes en nuestra vida, y de ninguna más.

La primera es nuestro primer amor, un amor idealista que queremos que dure para siempre, pero no puede hacerlo.
La segunda es la persona con la que nos esforzamos y esforzamos para que la relación vaya adelante, para que funcione y perdure.
La tercera es la persona a la que no esperamos, con la que, contra todo pronóstico y aunque las condiciones y circunstancias sean las más favorables para que la relación no prospere, lo hace, y no sabemos por qué, pero todo encaja.

El amor está en todas partes.
Yo, personalmente, no creo que el amor tenga límites, ni numéricos ni de otro tipo, más que los que nosotros mismos nos pongamos y le pongamos.

El amor puede ser para siempre si tú quieres que lo sea.
Su forma cambiará, pero nunca desaparecerá.

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Un año de amor…

Aún ahí, en ese primer año… (casi te oigo suspirar…. Ayyyy…).

Estás enamorada, cegada de amor, caminando sobre las nubes

Aunque la tierra comienza a estar un poquito más cerca de tus pies.

Y, no sabes por qué, pero, es ahora cuando empiezas a sentir cierto vértigo, no cuando estabas en lo más alto.
¡Qué curioso! ¿Verdad?

¿Por qué será?

Sin duda tus hormonas han estado “haciendo su trabajo” hasta ahora, manteniéndote en una especie de “sueño químico”, en el que lo único que necesitabas entender, lo único que tenía que tener sentido era lo que sentías. Y lo sentías, vaya que si, como un tornado.
Así que todo era, y todo estaba, “perfecto”.

Ahora empiezas a ver los “peros”, las “dificultades”, las “rutinas”, ahora la “neblina química” empieza a dispersarse y te puede la inquietud y la incertidumbre de saber qué demonios habrá detrás de ella…

Has tenido tiempo para conocer, razonablemente bien, a la persona con la que estás, no es tanto que te preocupe ir a descubrir a estas alturas algún “terrible secreto” que te haga ver y conocer a una persona, que no sabías que estaba ahí (aunque no nos engañemos, eso nos da cierto miedo también).

Sobre todo lo que ahora te preocupa es si ese enamoramiento tan ideal y “bucólico-festivo” que has vivido y sentido, que vives y sientes, se convertirá en un sentimiento que dure y perdure.
No lo puedes saber, obviamente, pero la sola posibilidad de que se vaya desvaneciendo hasta desparecer, te aterra.

Es tan, tan difícil conocer a alguien que te guste, no digamos ya que “te enamore”, que la posibilidad de que haya sido sólo un espejismo, o una experiencia “temporal”, no entra en tu cabeza.
Pero, al mismo tiempo…

Hay un debate en toda regla abierto en tu razón.
Entre otras cosas porque, tu corazón siente ahora de una forma diferente, y tienes mucho miedo a que eso “signifique algo”.

Buscamos tres pies al gato, para intentar seguir de pie.

Tal vez, lo único que realmente está pasando es que la relación se está asentando.
¿Te lo habías planteado?

El motivo por el que el enamoramiento inicial tiene una “fecha de caducidad” es porque nuestro cerebro, literalmente, no lo aguantaría más tiempo.

Y está bien así, no podemos vivir en una montaña rusa constante de emociones arrebatadas y explosivas.

Todo sigue su curso, todo es como tiene que ser y, sobre todo, todo sigue siendo como tiene que ser y llevando el curso que tiene que llevar.

¿Ya no sientes lo mismo?

Es justo lo que tienes que esperar.

Los sentimientos cambian, las personas cambiamos, las relaciones también lo hacen, y es justo tal y como tiene que ser.

El ser humano no ha llegado donde ha llegado permaneciendo justo tal y como empezó, sin cambiar nada.

El cambio es inherente a la naturaleza.
Y nosotros somos pura naturaleza.

Entendiendo ahora que todo lo que te está pasando (a ti y a tu pareja, claro), es justo lo que tiene que pasar, imagino que podrás respirar aliviada (al menos un poco).

Ahora bien, ¿qué hacer?
¿Cómo gestionar este cambio?

Pues bien, igual que has construido la relación que has y estás construyendo con tu pareja, aquí tienes una nueva oportunidad de seguir haciéndolo.

Es el momento de que compartas, una vez más, tus sentimientos, tus pensamientos, tus inquietudes, tus deseos, tus anhelos, tus miedos, con esa pareja con la que estás construyendo la espectacular relación que estás construyendo y disfrutando cada día.

Puedes quedarte ahí, rumiando, dándole vueltas a todo eso que “crees” que está pasando, dejando que el miedo crezca, anide en tu corazón y vaya tomando el control de tus decisiones y acciones, en una precipitada caída sin remedio a los abismos.

O puedes apoyarte en tu pareja y tomar esta oportunidad sin igual para seguir construyendo, juntos, la relación que queréis y deseáis construir.

Habrá muchos otros momentos en los que paséis por esta situación, y los motivos serán muy diversos.
Cambios de trabajo, desplazamientos temporales por ocio o trabajo o cualquier otro motivo, situaciones complicadas, épocas en las que podáis veros menos, incluso enfermedades, cualquier tipo de circunstancia y situación que introduzca un cambio en el panorama actual que tenéis.

No es el momento de tener miedo, y aunque lo tengas, es el momento de crecer.

Crece con el cambio.
Crecer, juntos, con el cambio.

Si conseguís hacerlo, transformar está circunstancia en una oportunidad de crecimiento, de conoceros mejor, de reforzar vuestro vínculo, de aclarar los términos y condiciones de vuestra unión, de definir vuestros objetivos juntos y vuestro proyecto común, nada podrá pararos, ni si quiera vuestros propios miedos o, sobre todo, vuestros propios miedos.

Solemos pensar que es de “personas positivas” y/u “optimistas” el pensar de este modo, pero si miráis atrás en vuestra vida, en vuestras experiencias, os daréis cuenta de que los cambios llegan, los queramos o no, los busquemos o no.

Los cambios introducen nuevos componentes y también la partida de algunos otros, pero siempre suponen una evolución, aunque no sepamos en qué dirección.

Somos las personas que somos, gracias a esos cambios, y hemos llegado hasta donde hemos llegado gracias a ellos también.

No hace falta que tengas miedo, no necesitas tener miedo, para seguir creciendo en tu relación de pareja, con ella y con los cambios que vengan y estén por venir.

Simplemente el hecho ya de que os estéis encontrando ante un cambio, sea grande o pequeño, ya dice mucho de vuestra relación.

Ya lleváis un año juntos, y ahí seguís, el uno para el otro, porque queréis estar, nada más, y nada menos.

No busquéis un problema donde no lo hay.

Disfrutar del hecho de que estáis cambiando juntos y seguís buscando, y encontrando, la manera de seguir creciendo y estando juntos.

Todo lo que consigáis, todo lo que construyáis, ahora es “vuestro”, lo habéis hecho juntos.

¿No es maravilloso?

Seguir cambiando juntos y esperar con ilusión todo lo que encontréis, no os lo perdáis.

Esto es vuestra vida, este es vuestro camino.

¡Seguir caminando!
¡Seguir queriéndoos!
¡Seguir creciendo!
¡Seguir cambiando!

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¿Cómo sentirse segura?

Lo primero que quiero que te plantees es:
¿Qué te hace sentir segura?

¿No sabes qué contestar?

De acuerdo, piensa en esto entonces:

¿Cuándo te has sentido segura, realmente segura?

Tal vez tu respuesta tenga que ver con otro persona, alguien que te haya cuidado, protegido o apoyado, en una situación en la que tú no sabías qué hacer o que no sabías cómo gestionar.

Pero piensa esto: fuiste tú quien le pidió ayuda a esa persona, y si no lo hiciste, lo que desde luego hiciste fue aceptarla.
Fuiste tú quien eligió cuidar de sí misma, darse seguridad a sí misma.

La seguridad, la auténtica seguridad viene de una misma.

Cuanto más seas tú misma, más te escuches, más te cuides, más hagas lo que sea que necesites hacer por y para ti, más segura te sentirás.

Habrá veces en que la seguridad te la dará el pedir ayuda a otra persona, como decíamos, pero eso sólo es indicativo de fortaleza, no de debilidad.

Se que cuando otra persona nos da su apoyo, su comprensión, su aceptación, su amor y cariño, sentimos una fuerza que nos hace sentir capaces de todo, y es una sensación, realmente extraordinaria.

Y, ¿sabes qué?

No te voy a decir que tienes que prescindir de buscar esa seguridad o que no debes “depender” de los demás.

Lo que te voy a decir es que trabajes en ti para saber elegir a personas así en tu vida, para saber reconocerlas y mantenerlas, para establecer relaciones nutritivas y de apoyo mutuo, cuyo valor es absolutamente incalculable.

Todos somos humanos, todos, hombres y mujeres, tenemos necesidades afectivas, decir lo contrario sería un absurdo.

Hay muchos, muchísimos tipos de amor, que tu corazón puede sentir y compartir.
Está en tu mano abrir tu corazón a todo ese amor, no sólo a recibirlo, sino también a sentirlo y a darlo.

Amar es confiar.

Y, precisamente por ese motivo, necesitamos que nuestro corazón este abierto, pero también fuerte.
Fuerte para aceptar todo lo que significa el amor, entre otras cosas, estar tan cerca de otra persona que sintamos miedo.
Miedo a que nos puedan hacer daño y también miedo a perder a esa persona.

Sentir miedo, como ya sabéis, no es nada malo, simplemente nos “avisa” de un potencial riesgo o peligro.
Nadie quiere perder a quien ama, ni que la persona a la que ama le haga daño, pero ese miedo que sentimos no es una confirmación de que efectivamente vaya a ocurrir.

Cuanto mejor nos conozcamos a nosotras mismas y a las personas que tengamos a nuestro alrededor, con las que compartamos nuestras vidas y nos compartamos a nosotras mismas, mayor seguridad iremos ganando.

Dicho todo esto, por mucho que los demás nos digan ciertas cosas, como que: somos guapas, inteligentes, divertidas, atractivas, risueñas, o lo que sea, si no estamos preparadas y dispuestas a aceptarlo, si no nos lo creemos nosotras mismas, ellos no podrán hacer milagros.

¿Os ha pasado?

¿Que os digan que sois mujeres absolutamente extraordinarias y maravillosas, y que no os lo creáis, por mucho que os lo repitan?

Ahí tenéis la prueba.
Por mucho que los demás nos digan o hagan, por mucho que insistan y nos lo expliquen, dándonos razones y muestras, aquí y allá, la seguridad en nosotras mismas, nos la daremos nosotras, no los demás.

Cuando te sientes segura de ti misma, y te dicen alguna de estas fantásticas cosas, puedes aceptarlo como lo que es, un cumplido, y no hará otra cosa que reforzar, eso que tú ya sabes, y te hará sentir aún más feliz, más segura, más decidida, más fuerte.

Como el budismo y la meditación llevan diciendo años…
Las respuestas no están fuera, están en nuestro interior.

Desde qué necesitas a qué quieres o cómo eres realmente, nadie puede decírtelo, menos aún convencerte.

Llegar a ser justo la mujer que tú quieres ser, depende de ti, del trabajo que hagas contigo misma, del tiempo, mimo y cuidado que te dediques.
Y, entonces, florecerás.

No me entendáis mal, toda ayuda es bienvenida.

Y es que el amor, cuando es bueno, sano, sincero y auténtico, te ayuda a sanar las heridas, pero, claro, una vez más, sólo si tú le abres la puerta y le dejas entrar.

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