Querer y Odiar lo mismo, a la vez

Parecen sentimientos antagónicos, pero en realidad no lo son, pertenecen a un mismo espectro.

No puedo odiar a una persona que me es indiferente.
Del mismo modo que no puedo amar o querer a alguien que me es indiferente.

Los seres humanos somos complejos, podemos sentir cosas muy contrapuestas (al menos aparentemente) y al mismo tiempo.

Sin embargo, nos parece muy extraño que algo que se nos antoja eterno y puro como el amor, pueda estar relacionado de algún modo con el odio, oscuro y malvado.

¿Cómo llegamos a amar y a odiar lo mismo, a la vez?

Cuando no conseguimos eso que deseamos con toda nuestra alma, eso por lo que hemos trabajo y luchado con todo nuestro ahínco, eso con lo que soñamos y fantaseamos durante horas cada día, eso que en cierto modo da sentido a nuestras vidas, a por qué nos levantamos por las mañanas, a por qué seguimos luchando…
Cuando no lo conseguimos se abre una brecha.

Necesitamos entender qué pasa, por qué no lo conseguimos, por qué el universo nos lo está negando.

Puede que intentemos quitarle importancia a lo que queremos conseguir, para que la frustración y desesperación no sean tan insoportables.
Puede que sigamos perseverando en nuestro empeño y saquemos fuerzas de donde no las tenemos.
Puede que aceptemos el hecho de que tal vez nunca lo consigamos pero seguir abiertos a la posibilidad de que algún día lo tengamos y dejar que todo siga su curso.
Puede que pidamos ayuda a nuestros/as amigos/as, a nuestros/as compañeros/as, a nuestra religión, a nuestro/a psicólogo/a, para tratar de entender qué ocurre y cómo podemos acercarnos más a conseguir lo que queremos.

O puede que nos encabritemos como caballos salvajes, con tal frustración y enfado que comencemos a “demonizar” aquello que teníamos en un pedestal.
Esa rabia que sentimos por no estar consiguiendo lo que queremos la proyectamos contra lo que queríamos conseguir.
Centrándonos en todo “lo malo” que tiene eso que queremos conseguir, pensando que de ese modo nuestro dolor disminuirá, se hará más soportable y podremos relativizarlo y no dar tanta importancia a que no lo hayamos conseguido.

Pero en realidad lo que conseguimos es despertar un odio que antes no estaba ahí.
Porque lo cierto es que por mucho que nos empeñemos en no querer y no desear lo que queremos y deseamos, no lo conseguimos, no funciona.
Ir en contra de nosotros/as mismos/as nunca funciona, por mucho que lo intentemos.

De este modo, nos encontramos a nosotros/as mismos/as amando con todas nuestras fuerzas algo que, a la luz de esta nueva información, en realidad, resulta que es “muy malo”.
Se produce tal desconcierto en nuestros cerebros que no sabemos cómo resolverlo.
¿Cómo puedo amar tanto algo tan “malo”?

Pero lo seguimos amando, con todas nuestras fuerzas, sólo que ahora, además, también lo odiamos.
Lo odiamos, entre otras cosas, porque se nos está negando, más aún, ese alguien o ese algo que amo me está negando la oportunidad de “tenerlo” y disfrutarlo.

Y, por si fuera poco, esa misma ambivalencia se desplaza hacia nosotros/as mismos/as, ya que cambia nuestra auto-imagen.
¿Qué clase de persona ama algo realmente “malo”?
¿Qué clase de persona siente odio?
¿Qué clase de persona odia lo que ama?
Más aún:
¿Qué estoy haciendo?
¿Qué pasa conmigo?
¿Quién soy yo en realidad?

El odio, como la rabia, está en todos/as nosotros/as, nos guste o no.
Lo que nos está pasando, en realidad, no es que estemos cambiando como personas o que tengamos que cambiar nuestro auto-concepto.
Lo que está ocurriendo es que nuestra estrategia de afrontamiento nos está rompiendo por dentro, nos está destrozando, devastando lo que creíamos saber, lo que creíamos conocer, de nosotros/as mismos/as, del mundo y de los demás.

Todo por no aceptar que: las cosas son como son, no como me gustaría y seguir perseverando en hacer las cosas de la misma manera, esperando resultados diferentes.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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