Un año de amor…

Aún ahí, en ese primer año… (casi te oigo suspirar…. Ayyyy…).

Estás enamorada, cegada de amor, caminando sobre las nubes

Aunque la tierra comienza a estar un poquito más cerca de tus pies.

Y, no sabes por qué, pero, es ahora cuando empiezas a sentir cierto vértigo, no cuando estabas en lo más alto.
¡Qué curioso! ¿Verdad?

¿Por qué será?

Sin duda tus hormonas han estado “haciendo su trabajo” hasta ahora, manteniéndote en una especie de “sueño químico”, en el que lo único que necesitabas entender, lo único que tenía que tener sentido era lo que sentías. Y lo sentías, vaya que si, como un tornado.
Así que todo era, y todo estaba, “perfecto”.

Ahora empiezas a ver los “peros”, las “dificultades”, las “rutinas”, ahora la “neblina química” empieza a dispersarse y te puede la inquietud y la incertidumbre de saber qué demonios habrá detrás de ella…

Has tenido tiempo para conocer, razonablemente bien, a la persona con la que estás, no es tanto que te preocupe ir a descubrir a estas alturas algún “terrible secreto” que te haga ver y conocer a una persona, que no sabías que estaba ahí (aunque no nos engañemos, eso nos da cierto miedo también).

Sobre todo lo que ahora te preocupa es si ese enamoramiento tan ideal y “bucólico-festivo” que has vivido y sentido, que vives y sientes, se convertirá en un sentimiento que dure y perdure.
No lo puedes saber, obviamente, pero la sola posibilidad de que se vaya desvaneciendo hasta desparecer, te aterra.

Es tan, tan difícil conocer a alguien que te guste, no digamos ya que “te enamore”, que la posibilidad de que haya sido sólo un espejismo, o una experiencia “temporal”, no entra en tu cabeza.
Pero, al mismo tiempo…

Hay un debate en toda regla abierto en tu razón.
Entre otras cosas porque, tu corazón siente ahora de una forma diferente, y tienes mucho miedo a que eso “signifique algo”.

Buscamos tres pies al gato, para intentar seguir de pie.

Tal vez, lo único que realmente está pasando es que la relación se está asentando.
¿Te lo habías planteado?

El motivo por el que el enamoramiento inicial tiene una “fecha de caducidad” es porque nuestro cerebro, literalmente, no lo aguantaría más tiempo.

Y está bien así, no podemos vivir en una montaña rusa constante de emociones arrebatadas y explosivas.

Todo sigue su curso, todo es como tiene que ser y, sobre todo, todo sigue siendo como tiene que ser y llevando el curso que tiene que llevar.

¿Ya no sientes lo mismo?

Es justo lo que tienes que esperar.

Los sentimientos cambian, las personas cambiamos, las relaciones también lo hacen, y es justo tal y como tiene que ser.

El ser humano no ha llegado donde ha llegado permaneciendo justo tal y como empezó, sin cambiar nada.

El cambio es inherente a la naturaleza.
Y nosotros somos pura naturaleza.

Entendiendo ahora que todo lo que te está pasando (a ti y a tu pareja, claro), es justo lo que tiene que pasar, imagino que podrás respirar aliviada (al menos un poco).

Ahora bien, ¿qué hacer?
¿Cómo gestionar este cambio?

Pues bien, igual que has construido la relación que has y estás construyendo con tu pareja, aquí tienes una nueva oportunidad de seguir haciéndolo.

Es el momento de que compartas, una vez más, tus sentimientos, tus pensamientos, tus inquietudes, tus deseos, tus anhelos, tus miedos, con esa pareja con la que estás construyendo la espectacular relación que estás construyendo y disfrutando cada día.

Puedes quedarte ahí, rumiando, dándole vueltas a todo eso que “crees” que está pasando, dejando que el miedo crezca, anide en tu corazón y vaya tomando el control de tus decisiones y acciones, en una precipitada caída sin remedio a los abismos.

O puedes apoyarte en tu pareja y tomar esta oportunidad sin igual para seguir construyendo, juntos, la relación que queréis y deseáis construir.

Habrá muchos otros momentos en los que paséis por esta situación, y los motivos serán muy diversos.
Cambios de trabajo, desplazamientos temporales por ocio o trabajo o cualquier otro motivo, situaciones complicadas, épocas en las que podáis veros menos, incluso enfermedades, cualquier tipo de circunstancia y situación que introduzca un cambio en el panorama actual que tenéis.

No es el momento de tener miedo, y aunque lo tengas, es el momento de crecer.

Crece con el cambio.
Crecer, juntos, con el cambio.

Si conseguís hacerlo, transformar está circunstancia en una oportunidad de crecimiento, de conoceros mejor, de reforzar vuestro vínculo, de aclarar los términos y condiciones de vuestra unión, de definir vuestros objetivos juntos y vuestro proyecto común, nada podrá pararos, ni si quiera vuestros propios miedos o, sobre todo, vuestros propios miedos.

Solemos pensar que es de “personas positivas” y/u “optimistas” el pensar de este modo, pero si miráis atrás en vuestra vida, en vuestras experiencias, os daréis cuenta de que los cambios llegan, los queramos o no, los busquemos o no.

Los cambios introducen nuevos componentes y también la partida de algunos otros, pero siempre suponen una evolución, aunque no sepamos en qué dirección.

Somos las personas que somos, gracias a esos cambios, y hemos llegado hasta donde hemos llegado gracias a ellos también.

No hace falta que tengas miedo, no necesitas tener miedo, para seguir creciendo en tu relación de pareja, con ella y con los cambios que vengan y estén por venir.

Simplemente el hecho ya de que os estéis encontrando ante un cambio, sea grande o pequeño, ya dice mucho de vuestra relación.

Ya lleváis un año juntos, y ahí seguís, el uno para el otro, porque queréis estar, nada más, y nada menos.

No busquéis un problema donde no lo hay.

Disfrutar del hecho de que estáis cambiando juntos y seguís buscando, y encontrando, la manera de seguir creciendo y estando juntos.

Todo lo que consigáis, todo lo que construyáis, ahora es “vuestro”, lo habéis hecho juntos.

¿No es maravilloso?

Seguir cambiando juntos y esperar con ilusión todo lo que encontréis, no os lo perdáis.

Esto es vuestra vida, este es vuestro camino.

¡Seguir caminando!
¡Seguir queriéndoos!
¡Seguir creciendo!
¡Seguir cambiando!

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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