Hacer algo por querer hacerlo o…

Para conseguir otro fin…

Os pongo un ejemplo: Cuando nos ponemos a dieta, por lo general, nuestro objetivo es perder peso.
Si no lo conseguimos, sentimos y pensamos que hemos fallado, hemos fracasado, nos hemos “equivocado”.

Sin embargo, si lo que queremos conseguir es tener hábitos de vida saludables, eso que estaremos haciendo ya (comer de forma equilibrada y saludable) es lo que queremos, lo que consigamos, como resultado o consecuencia, sea perder peso o no, será, podríamos decir, una “ventaja añadida” o no, pero no el fin que perseguimos.

De este modo, no podremos fallar, no podremos equivocarnos (si es que eso existe), porque estaremos andando el camino que queremos caminar, estaremos viviendo la vida justo tal y como la queremos, a nuestra manera.

A menudo nos planteamos objetivos que no sólo no son realistas, sino que no tienen en cuenta que hay consecuencias o resultados que no podemos “vaticinar” o predecir.
Otras veces, sencillamente, no les damos a estas consecuencias y resultados el auténtico valor que tienen sobre nosotros y nuestras vidas.

Ayer un paciente, que había dejado de fumar hacía 9 meses, antes de haber comenzado la terapia, me contó que había vuelto a fumar y que estaba muy contento, de hecho, por su decisión.
Si, yo me quedé tan atónita como vosotros ahora al leerlo.
Pero es que resulta que esta persona, al dejar de fumar, no había tenido en cuenta algunas consecuencias de su decisión, de vital importancia.

Tenía, y en realidad sigue teniendo, muy claros, los motivos por los que quería dejarlo, y lo dejó.

Pero esos motivos, no sólo no tenían en cuenta las consecuencias de dejarlo, sino que además perseguían un objetivo ulterior, no inmediato.
Además, no tuvo en cuenta el poder tremendamente reforzante que para él, tenía y tiene, el tabaco y, por tanto, que al dejar de fumar estaba eliminando un refuerzo muy importante y valioso para él.

Fumarse un cigarro está muy “a mano”, es decir, está fácilmente disponible y no requiere una reorganización de agenda o planificación, para poder encajarlo en nuestro día a día, por lo que su poder reforzante, aumenta aún más, porque es inmediato.

Una vez más, querer hacer algo, para conseguir otro fin, diferente al de hacer “ese algo”, puede alejarnos de nuestro objetivo, sin tan si quiera darnos cuenta.

En estos ejemplos os hablo de conductas que, podríamos decir, sólo nos incumben a nosotros mismos.
Pero ahora imaginar que implican a otra u otras personas.

Situaciones en las que yo “hago algo”, esperando que otro u otros hagan “otro algo” a su vez.

Algunos ejemplos: yo limpio la casa, esperando que mi compañero de piso haga lo mismo o, por el contrario, no limpio la casa, esperando que el otro “se anime” a hacerlo, ya que yo no lo estoy haciendo; le digo a mi pareja que “algo me gusta”, con la intención de que mi pareja me regale “ese algo”; no organizo una fiesta para mi cumpleaños, a ver si así mis amigos deciden organizarme ellos la fiesta…

Como bien sabéis, es algo en lo que “caemos todos”, por decirlo así, con la frustración y la decepción que en la mayoría de casos, eso supone.

¿Cuál sería la solución?

La “asertividad” lo deja muy claro:
Si quieres algo, pídelo directamente, sabiendo que tú tienes derecho a pedir lo que quieres y que los demás tienen también su derecho a no responder a tus demandas.

Desde luego, pedir algo directamente no te garantiza que vayas a conseguirlo, pero sin duda “maximizará” tus oportunidades, además de prevenir, en cierto modo, esa frustración y decepción.
Porque, como os decía, del mismo modo que vosotros tenéis el derecho de pedir lo que queréis, los otros tienen el derecho de no querer dároslo.

Una derivada de esto, aún más compleja e intrincada es hacer algo, buscando sentirme de una determinada manera.

Podemos usar los ejemplos anteriores: ponerme a dieta para sentirme mejor conmigo mismo, dejar de fumar para sentirme más responsable y capaz, limpiar la casa para sentirme más activo, o no hacerlo para sentirme respetado, decir que algo me gusta para sentirme escuchado, no organizar mi propia fiesta de cumpleaños para que cuando lo hagan mis amigos me sienta valorado y apreciado.

Puede que esos sentimientos, efectivamente, afloren como consecuencia de esas acciones, pero tal vez no lo hagan, porque la relación no es directa, suponemos que nos hará sentir así, pero realmente no podemos saberlo.

La próxima vez que os dispongáis a tomar una decisión, a hacer una elección, recordar esto.
¿Qué perseguís? ¿Cuál es vuestro objetivo?
¿Qué estáis buscando, en última instancia?

Porque de ello depende lo que consigáis, no tengáis duda.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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