El modelo del mundo que damos a nuestros/as hijos/as

Condiciona la manera en que nuestros/as hijos/as ven y verán, interpretan e interpretarán el mundo y su realidad.

En una ocasión tuve a un paciente que acudía a consulta con síntomas de ansiedad y depresión que se venían manteniendo durante varios años ya.
Me decía que no sabía muy bien que le pasaba porque, en general, su vida era “feliz” porque, aparentemente al menos, “lo tenía todo”.
Una casa, un trabajo, sus hijos, una esposa a la que quería…
De lo que se “quejaba” era de su trabajo, de que no le aportaba nada. Era tedioso, rutinario, no le presentaba ningún reto y, además, él sabía que podía hacer mucho más, llegar mucho más allá y lo anhelaba.
Su personalidad era muy perfeccionista y se motivaba por los retos y las cosas nuevas.
En cierto modo, estaba decepcionado consigo mismo, y se veía sin salida, porque su responsabilidad para con sus “obligaciones” económicas y familiares le pesaba hasta tal punto que no le dejaba ver más allá.
En resumidas cuentas, dejar el trabajo, no era una opción.

Después de mucho trabajar durante la terapia, decidió hacer cambios, de una forma coherente y responsable.
Vendió su casa y aceptó otro trabajo dentro de su empresa.
Estos cambios redundaron en una considerable mejoría, pero aún así, “no estaba del todo bien”, “no acababa de ser feliz”.
Al continuar con la terapia, se dio cuenta de que, si bien los cambios que había llevado a cabo en los últimos meses habían sido muy significativos, no era suficientes.
Y, finalmente, después de mucho trabajo terapéutico, consideraciones y preparación, decidió dejar su empleo y embarcarse en otro proyecto profesional.

Y aquí viene la parte concreta que me interesa explicaros respecto al modelo que damos a nuestros/as hijos/as.
Porque cuando le contó a sus hijos la decisión que había tomado (ya habíamos trabajo en consulta toda la parte de la “responsabilidad mal entendida” y la repercusión que realmente tendría o podría llegar a tener en sus hijos), su hijo mayor le dijo:
“¡Ah, papá! ¿Es que los trabajos se pueden dejar?”

Lógicamente, él no era consciente (aunque ya lo habíamos visto en la consulta, pero a veces las personas necesitamos verlo, oírlo y experimentarlo por nosotras mismas) del modelo del mundo, y en este caso, del trabajo y las responsabilidades, que les estaba dando a sus hijos.
Él llevaba años debatiéndose internamente sobre qué hacer, no le gustaba su trabajo ni le aportaba suficiente pero, aún así, él seguía en él, pagando un precio más alto del que realmente creía estar pagando, en realidad.
Y, de este modo, les estaba “diciendo” a sus hijos que: aunque no te guste tu trabajo, aunque no te aporte, aunque no sea lo que quieres, aunque te genere insatisfacción, angustia, ansiedad y cierta depresión y sufrimiento, tienes que seguir en él, porque la responsabilidad es más importante que la felicidad.

Cuando esto pasó, él se dio cuenta de que, efectivamente, había tomado la mejor decisión, no sólo para sí mismo, sino para la vida, educación y modelo del mundo que les estaba proporcionando a sus hijos, aunque sus miedos y sentido de la responsabilidad le dijeran lo contrario, en un primer momento.

El modelo del mundo que damos a nuestros hijos/as va mas allá de lo que explícitamente les decimos.

Nuestros hijos/as unen los puntos y llegan a sus propias conclusiones.
Al igual que hacemos los adultos, ven la realidad y sacan sus propias conclusiones.

En el caso de nuestros/as hijos/as, es importante que tengamos en cuenta que:

  • Su pensamiento es “egocéntrico”: los/as niños/as aún no han desarrollado la empatía y la capacidad de ponerse en el lugar del otro, motivos por los cuales las explicaciones que se den a sí mismos les tendrán a ellos/as mismos/as como “actores/actrices principales”, causantes de lo que sea que ocurra en su entorno.
  • Además, el “pensamiento crítico” (simplificaremos diciendo, la capacidad de pensar por nosotros/as mismos/as), la desarrollamos muchos años después, motivo por el cual, no tenemos “filtro” cuando somos niños/as.
    Como se dice de los/as niños/as, son esponjas, lo absorben todo, toda la información, tal cual.

Los modelos de interpretación de la realidad que proporcionamos a nuestros/as hijos, a nuestros/as alumnos/as, a los/as niños/as de nuestro entorno, en general, formarán su sistema de creencias, su interpretación del mundo y determinarán su experiencia de la vida, de una forma directa, sin filtros.
Uno de los motivos por los que la educación es tan crucial.

Si este sistema se ha cimentado sobre pensamientos irracionales, distorsionados, absolutistas, negativistas… La lista es larga, podemos decir en pocas palabras, que son pensamientos que no son adaptativos ni funcionales ni se ajustan a la realidad, estos pensamientos conformarán toda su interpretación y su mundo, su realidad y su vida (no sólo las nuestras).

Algunos ejemplos:

  • “Las necesidades de los demás están por encima de las mías propias”.
  • “Haz lo que debes y tienes que hacer”.
  • “Uno/a no puede ser feliz todo el tiempo”.
  • “La vida es así, uno/a no consigue lo que quiere”.
  • “La gente es mala”.
  • “El mundo es un lugar peligroso del que hay que protegerse”.
  • “El mundo da miedo”.
  • “No te puedes fiar de los demás”.
  • “La realidad es horrible”.
  • Etc.

¿Te ha pasado alguna vez que te has “pillado” a ti mismo/a diciendo o haciendo algo que tus padres hacían o decían?
¿Incluso esas cosas cosas que decías que nunca pensarías, dirías y mucho menos harías?
¿Te habías prometido a ti mismo/a que nunca serías como tus padres pero ahora ves que haces exactamente lo mismo?

Siendo ya adultos, nos sorprendemos (y a veces asustamos y enfadamos con nosotros/as mismos/as) viéndonos a nosotros/as mismos/as tan parecidos a nuestros padres, haciendo esas cosas que decíamos que nunca haríamos ni diríamos.
Un/a psicólogo te diría… “Estás reproduciendo modelos”.

Sea lo que sea lo que quieras hacer en tu vida y de hecho estés haciendo, sea lo que sea lo que pienses del mundo, de tu entorno, de los demás y de ti mismo/a, no te afecta ni te conforma sólo a ti, afecta a los demás, contribuirá a su construcción como seres humanos.

Si quieres cambiar, si quieres cambiar tu mundo, si quieres cambiar tu forma de ver el mundo y verte a ti mismo/a, ahora tienes una razón aún más para hacerlo, tus cambios contribuirán a la felicidad de tus hijos/as… ¿Puede haber algo mejor?

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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