Llenar el “vacío”

Con comida, comprando zapatos, bolsos (lo que sea, en realidad), haciendo planes y planes, manteniéndonos ocupados/as cada segundo, de cada día,…
La lista podría ser interminable.

Sin embargo, nada llenará ese “vacío”, nada será suficiente, si no entiendo de dónde viene.

Así que, ¿de dónde viene ese vacío?

¿Es soledad?
¿Es aburrimiento?
¿Es falta de afecto?
¿Es…?

Las personas somos seres realmente fascinantes.
Somos capaces casi de “cualquier cosa” para “tirar para adelante”.
Una de esas “cualquier cosa” que utilizamos especialmente es el “autoengaño”.
La otra son lo que yo llamo “sustitutivos”.

Me explico.

Me he enamorado de mi amigo/a gay, y yo soy heterosexual.
Soy capaz de montarme cualquier historia, cualquiera, que justifique por qué tengo la relación que tengo con esa persona, y cómo hacerla cada vez más cercana e íntima, aunque eso me esté, en realidad, “haciendo polvo”, con tal de seguir a su lado, de la manera que sea.
Es más, para “paliar” la frustración que siento y seguir con la espiral de “autojustificación”, “echo pestes” de todas las relaciones que he tenido, y defiendo a capa y espada que, la relación que tengo con esa persona, aunque platónica, “es la mejor que he tenido en toda mi vida”. (“Autoengaño”)
Y cuando ya estoy llegando al límite, cuando siento que ya no puedo más, me lío a comer, por ejemplo, ya que no puedo “comerme” lo que realmente quiero. (“Sustitutivo” ¿No se si me explico?)

Pensarlo bien.
¿Cuántas veces habéis hecho esto mismo?

Como no quiero discutir con mi pareja, por las consecuencias que pueda tener (o por el motivo que sea), tengo “fritos/as” a todos/as mis amigos/as contándoles la “última historia de terror” con mi pareja, en vez de solucionarlo con ella, con mi pareja, y tomar decisiones.
Deseo tener relaciones sexuales, pero no las tengo, así que me dedico a organizar la casa, casi de manera compulsiva.
Me aburro, me siento solo/a, en lugar de salir a conocer a gente, vacío la nevera y me enfado con mis amigos/as porque “nunca me llaman para hacer planes”, y conmigo mismo/a por vaciar la dichosa nevera.
Estoy enfadado/a, frustrado/a, molesto/a,… En lugar de expresar mis sentimientos, compartirlos y buscar soluciones, salgo a correr como si me fuera la vida en ello, cuando, en realidad, ni si quiera me gustar correr.

¿Qué estamos haciendo?

Pensando en esto, siempre me viene a la cabeza una escena del “casi final” de la película: ¿En qué piensan las mujeres?
Mel Gibson ha “propiciado” el despido de la mujer de la que está enamorado, Helen Hunt.
Va dando vueltas por la casa, sujetándose la cabeza entre las manos, dudando de qué hacer, se siente culpable, abatido.
Y, en un momento determinado, abre la nevera y la mira de arriba a abajo.
Y entonces, dice en voz alta:
¿Qué estás haciendo? Ella no está en la nevera.
Y continua:
¿Debería ir a verla a su casa? No, es demasiado tarde.
Y entonces, con firmeza, resuelve:
¡Nunca es tarde para hacer las cosas bien!

Así que sale en su busca, y va a su casa.
Le explica lo ocurrido, y ella se enfada, claro…
El final no os lo voy a destripar, tranquilos/as, aunque esta película ya tiene la friolera de 16 años.

Pero, a lo que voy.
¿Realmente creéis que Mel Gibson habría encontrado lo que estaba buscando, en la nevera?

Dejar de dar vueltas…
¿Queréis llenar el vacío?

Dejaros de “sustitutivos”, dejaros de “justificaciones”.
Reconocer vuestro vacío, ponerle nombre.

Actuar y hacer lo que queréis hacer. ¡Llenarlo!

¡Os sorprenderá lo mucho que se vacía vuestro armario y lo llena que seguirá vuestra nevera!

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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