Podemos elegir nuestras Valoraciones

Cuando me refiero a las valoraciones, me refiero a un tipo de pensamientos en concreto.

Diferenciamos entre dos tipos de pensamiento en este caso:

Por un lado los que se refieren a hechos, como por ejemplo: hay 5 manzanas, es un pensamiento descriptivo que refleja un hecho objetivo y contrastable.

Por otro lado los que se refieren a valoraciones (juicios y opiniones también): las manzanas son deliciosas, que refleja una opinión subjetiva y, como bien sabemos, cada uno tiene la suya, pero eso no lo convierte en realidad.

Y, ¿por qué digo esto último?

Porque nuestro cerebro no diferencia entre si se trata de pensamientos relacionados con hechos o con valoraciones, las emociones que genera no no discriminan entre estas dos opciones.

De este modo, ante un pensamiento como “soy débil”, lo cual es una valoración parcial y subjetiva, no un hecho objetivo y contrastable, nuestras emociones al respecto pueden ser tristeza, rabia, enfado, desesperanza, confusión, debilidad, y no tendrán nada que ver con si se trata de un hecho o no.

Si nos centramos en “re-convertir” / “re-formular” este tipo de pensamientos generales, subjetivos, derrotistas y catastrofistas en otros más objetivos, que describan de una forma más ajustada a los hechos acontecidos, no centrándonos (al menos no exclusivamente) en la valoración que hacemos de esos hechos, la emocionalidad que despierten será también distinta y más ajustada.

Siguiendo el ejemplo anterior, una alternativa podría ser:
“No me gustó mi comportamiento en la reunión de equipo de mi trabajo el jueves”, y añadir, por ejemplo, “trabajaré en mis habilidades asertivas para expresar mejor lo que pienso en este tipo de reuniones”.
Puede que sienta disgusto, decepción e incluso irritación, pero la intensidad y la forma de esas emociones será totalmente distinta a las que despiertan una afirmación como “soy débil”, que además no nos da ninguna opción de cambio, mejora ni esperanza, al fin y al cabo.

Ante este planteamiento normalmente la respuesta es que eso es muy difícil de hacer.

Si, es cierto que requiere esfuerzo y control consciente, es decir, que le dediquemos tiempo a trabajar en nuestros pensamientos, a cambiarlos, y que a veces no tendremos ni idea de cómo hacerlo, y justo para eso tenemos la terapia y la práctica, que es la mejor forma de aprender cualquier habilidad nueva que nos planteemos.

Visto desde esta perspectiva, ¿crees que podemos elegir nuestros pensamientos?

No estamos acostumbrados a plantearnos los contenidos de nuestra mente (que eso son los pensamientos al fin y al cabo), damos por hecho que son ciertos (tienen criterio de verdad, en otras palabras) y nos “fusionamos” con ellos como dice la terapia ACT, identificándonos con ellos y dejándonos arrastrar por el sufrimiento, en muchos casos.

Así que esta es la buena nueva:
¡PUEDES ELEGIR TUS PENSAMIENTOS!

Si esta entrada te ha resultado interesante y quieres saber más, trabajar en tus propios pensamientos y emociones, llámanos sin compromiso.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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2 respuestas a Podemos elegir nuestras Valoraciones

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