¿Me volveré a enamorar?

¿Sabéis esa sensación…?

Esa sensación casi de irrealidad, de película de ciencia ficción que no consigues creerte, porque es tan sublime, que no puede ser verdad, en la que sientes que, como dice Luz Casal: «toco el cielo con la manos».

Yo lo llamo: «Caminar sobre las nubes«, porque es algo tan extraordinario, que no parece de este mundo.

Cuando lo sentimos por primera vez es… ¿qué puedo decir?
Las palabras se me quedarían cortas.

Por algo, no me canso de decir que:
«Lo que mueve el mundo, es el amor».

Pensarlo bien.

¿Qué os ha movido para hacer las «mayores locuras» en vuestras vidas?
¿Qué os ha propulsado al séptimo cielo, a «otro nivel»?
¿Qué ha sido capaz de hundiros en la más profunda de las miserias?

Más aún:
¿Qué os hace colaborar con una ong o donar dinero o material escolar o alimentos a un colectivo determinado?
¿Qué os hace «ceder» vuestro postre a otra persona?
¿Qué os hace seguir adelante, aún cuando ya no tenéis fuerzas para hacerlo?

El amor, siempre es el amor.

¿Será por eso que le damos tanta importancia?
¿Será ese el motivo por el que, sin él, sentimos que nos falta algo, absolutamente primordial, sin lo que no podemos vivir?

El amor está en todas partes, absolutamente en todas.
Y es que hay «muchos tipos de amor», muchísimos, más de los que podáis imaginar.

Creo que, «estamos hechos para amar«.
El qué o a quién, ya es otro tema, pero es amor.

Lo que esa «capacidad de amar» que tenemos puede llegar a conseguir, lo que nos puede llegar a hacer sentir y hacer, sólo puedo calificarlo como «magia».

Y, ¿sabéis que es lo mejor?

Que esa capacidad, «nuestra capacidad de amar», no desaparece.
No importa cuántas veces nos rompan el corazón, cuántos desengaños tengamos, cuántas desilusiones, cuántas historias malogradas, cuántas decepciones, cuántas traiciones, cuántos dolores lleguemos a sentir en nuestro corazón o cuántas veces nos repitamos y tratemos de convencernos de que eso tan «milagroso» no va a volver a pasarnos.

«Nuestra capacidad de amar», siempre está ahí.
Nadie puede llevársela, nadie puede arrebatárnosla.

¿No me creéis?

Cuando nos enamoramos por primera vez, y se acaba, sentimos, creemos, pensamos y tenemos la certeza, con cada fibra de nuestro ser, de que eso, eso tan increíble, nunca volverá a ocurrirnos, no volveremos a sentirlo, porque no puede haber nada igual y menos aún, creemos que pueda existir la posibilidad de que seamos tan afortunados, de que se repita más de una vez.
Como si con esa «partida», se hubiera ido el «amor» de nuestras vidas, para siempre.

Sin embargo, con el tiempo, descubrimos, que es posible volver a sentir amor, puede que no con esa misma intensidad, al menos al principio, pero poco a poco, ese músculo que es nuestro corazón, vuelve a latir, vuelve a sentir.
Y, como buen músculo que es, cuanto más lo entrenamos, más es capaz de sentir.

¿En qué consiste ese entrenamiento?

Lo primero y fundamental, amaros a vosotros mismos, con toda intensidad y plenitud.
Dedicar tiempo, cariño y esmero, como lo haríais para «conquistar» o «enamorar» a alguien, a conoceros a vosotros mismos, ya que cuanto más os conozcáis, más capaces seréis de hacer por vosotros mismos todas y cada una de esas cosas que os hacen felices.
El objetivo final es: «enamoraros de vosotros mismos«.
Si, habéis leído bien.

¿Os parece egoísta o ególatra o autocomplaciente?
Decirme una cosa: ¿cuál va a ser y es la relación más importante que vais a tener en vuestras vidas?
La relación más importante que vais a a tener, en vuestras vidas, es con vosotros mismos; es la única relación que podéis tener la seguridad que durará, toda la vida.
Si tenéis una relación saludable y amorosa con vosotros mismos, podréis amar a los demás de una forma saludable y amorosa, tan importante o más que eso, sabréis cuál es el amor para vosotros, qué queréis y qué no queréis.

Es por este motivo que, se suele decir, que no puedes querer a nadie si no te quieres a ti mismo.

Lo segundo es aceptar que, tal vez, no os volváis a enamorar otra vez que, tal vez (sólo tal vez) no encontréis a esa persona con la que compartir vuestras vidas y vuestro amor.
Tal vez este punto os parezca contradictorio, pero tiene su sentido.
Es la manera de desterrar las expectativas, de ir «a la caza con desesperación».
Ya os explique lo frustrante que puede ser buscar pareja y qué hacer, buscarla o no.

El tercer punto del «entrenamiento» consiste en amar todas las cosas y a todas las personas, abriendo vuestro corazón con alegría y entrega, a la fabulosa experiencia que es amar, que es vivir.
Empezar por cosas pequeñas: las flores, la sonrisa de un niño, la persona que te cede el asiento en el autobús, la casa ordenada y recogida, el amigo que te escribe para ver cómo estás, la llamada de alguien que te echa de menos, un pastel recién hecho, la ducha tibia que te das cada día, la comida rica que comes hoy,…
Cuando tienes «amor en tu corazón» se produce una especie de «efecto llamada».
Podéis creerme o no, reíros como le pasó a una de mis pacientes recordando el libro de «El Secreto», pero, sea cierto o no…
¿Qué queréis albergar en vuestro corazón?
¿Amor o resentimiento?

Caminar sobre las nubes es posible, más de una vez en nuestras vidas, incluso.

Te puedes «volver a enamorar», con más intensidad incluso que la primera vez, sintiendo y experimentando algo, que jamás llegaste tan siquiera a imaginar o soñar, con ese entusiasmo infantil de quien vive algo, por primera vez en su vida.

Cada vez que nos enamoramos, en cierto modo, es como si fuera la primera vez, porque es la primera vez con esa persona, con esa situación, con esas circunstancias, con tu «yo» de ahora.

Caminar sobre las nubes es una de esas cosas que hace que «la vida valga la pena».

Ese sentimiento de que todo es posible, que no hay límites, de plenitud, alegría, felicidad, euforia, y paz y armonía, al mismo tiempo.
Ese cocktail explosivo nos propulsa, nos catapulta a conseguir y alcanzar lo más sublime de nuestras vidas y de nosotros mismos, saca lo mejor de nosotros.
Porque el amor, cuando es auténtico, cuando es sincero, desinteresado y puro, es mejor que la «pócima secreta» de Asterix y Obelix.
No hay nada igual.

¿Estáis en ese punto?
¿Caminando sobre las nubes?

Según lo he escrito he sonreído, esa sonrisa que se expresa con toda la cara, porque me hace muy feliz el pensar en esa felicidad y plenitud que debéis estar sintiendo.
Ahora, en este momento, sois capaces de cualquier cosa, absolutamente de cualquier cosa.
Utilizar ese gran poder que el universo os ha regalado y compartirlo, no habrá nada que no podáis conseguir.

Si, por el contrario, os encontráis en ese dolorosísimo momento en el que estáis «en proceso de des-enamoraros» o de hecho, ya ha ocurrido, os quiero decir:

¡Volveréis a amar!
¡Os volveréis a enamorar!

Publicado en Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Me volveré a enamorar?

5 Mitos sobre las dietas

Hay muchos, como bien sabréis.
Yo me voy a centrar en el componente psicológico, como no podía ser de otra manera, de 5 de ellos:

  • «Si quieres adelgazar, la única manera es no comer».
    Esta frase creo que todas la hemos oído, y seguramente la hemos dicho también en más de una ocasión.
    Yo no voy a entrar en cuestiones nutricionales, lo que si os voy a decir es que, desde el punto de vista psicológico, es una excusa perfecta para comer lo que nos de la gana.
    A fin, de cuentas, no comer no es una opción, más aún, es una tortura, y es obvio y evidente que yo no me voy a torturar a mi misma, ¿quién hace eso?
    Así que, lo más lógico e inteligente es no hacer dieta. Está claro.
  • «El lunes empiezo» o «Cuando acaben las Navidades o pase la Semana Santa o el verano o mi cumpleaños».
    La clave no es cuándo empieces, aunque en cierto modo puede ayudar, la clave es la motivación.
    Esta claro que si no hay ricos manjares paseándose ante nuestros ojos por doquier, nuestro «deseo por la comida» no se verá tan estimulado, pero ese deseo seguirá ahí.
    De modo que si no tengo claro cuál es mi motivación o motivaciones para seguir unas pautas de alimentación concretas, lo más probable es que, no sólo ningún momento sea bueno, sino que las probabilidades de que yo sea capaz de mantener en el tiempo esas pautas, sean muy bajas.
  • «Me pongo a dieta para perder unos kilos».
    Suele ser el objetivo, ¿no?
    Pero como ya os he dicho en alguna ocasión, las dietas son difíciles de mantener en el tiempo, porque el principio del que parten es: «tienes que restringir la comida (algo que te gusta, y puede que mucho) para conseguir el cuerpo o físico que quieres, porque estás gorda, eres fea, no gustas,…».
    Desde el punto de vista psicológico eso significa: «no está «bien» como eres y tienes que castigarte para conseguir ser como quieres ser y gustar a los demás».
    ¿Se os ocurre una forma más cruel de machacarnos a nosotras mismas, despreciarnos y no querernos?
  • «Es mejor no decirle a la gente que estás a dieta».
    Si bien es cierto que la gente te puede preguntar cómo lo llevas o cuánto has perdido, muchas veces lo que resulta «incómodo» es cuando «te la saltas».
    Al fin y al cabo, si «la dieta está funcionando», lo que recibirás de los demás, probablemente, sean cumplidos, alabanzas o mensajes de ánimo, y pueden funcionar a modo de «refuerzo«, para continuar con el plan que estás siguiendo.
    Sin embargo, si, como os decía, «te lo saltas» la gente te lo puede «recriminar», cuestionar o incluso reprobar, y sobra decir que eso no resulta agradable, más aún, podemos sacar conclusiones más generales aún sobre qué imagen tienen los demás de nosotras, como personas, lo cual nos puede no sólo desanimar, sino despertar en nosotras cierto sentimiento vengativo o reivindicativo, también tristeza, el abanico es amplio.
    La cuestión aquí es que, en no pocas ocasiones, la comida funciona como un «ansiolítico» y/o como un «antidepresivo», de modo que si estas emociones, que van de la rabia a la tristeza, pasando por la ansiedad, se despiertan, muy probablemente vamos a sentir la necesidad de comer a nuestro antojo y «pasarnos la dieta por el olvido».
  • «No soy capaz de perder peso».
    Este es otro clásico.
    Vamos a ver, si no comes, adelgazas, tardas más, tardas menos, pero adelgazas.
    Ahora bien, ¿estás dispuesta a hacer lo que «tienes que hacer» para perder peso?
    Porque claro, tú quieres perder peso, por eso te pones a dieta, por eso consultas casi hasta al oráculo a ver qué dieta está de moda o funciona, le preguntas a tus amigas por trucos y por las dietas y milagro, y estás leyendo esta entrada incluso.
    Pero no tiene nada que ver querer perder peso a querer hacer lo que necesitas hacer para conseguir ese objetivo.
    Sin embargo, tal vez, si que estés dispuesta a hacer cambios en tus hábitos de vida y alimentación, para cuidar más y mejor de ti misma, y estés dispuesta a aceptarte a ti misma y a tu cuerpo, para sentir paz, armonía, satisfacción con lo que tienes.
    ¿Qué te parece?
Publicado en Nutrición, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en 5 Mitos sobre las dietas

4 Apps para aprender a Relajarte y Meditar

«Breathe2Relax»: está en inglés, pero el vídeo que muestra cómo funciona la respiración diafragmática es muy explicativo y aunque no sepáis inglés vais a entender la técnica estupendamente.
Como primera aproximación, es fantástica y sencilla.
Esta aplicación, además, permite hacer las respiraciones con una pauta de tiempo, sin que tengáis que estar contando vosotros, que la aplicación calcula preguntándote primero cuál es tu nivel de estrés. Una vez más, aunque no sepáis inglés, aparece el dibujo de un cilindro que se llena y se vacía para simbolizar el inhalar y el exhalar, por lo que es muy intuitivo.
Además, esta aplicación contiene información sobre los beneficios de la respiración diafragmática, así como los perjuicios del estrés sobre el cuerpo.

«Intimind»: esta app está en español, el único inconveniente es que sólo está disponible para iOS.
Tiene unos vídeos fantásticos donde explica qué es Mindfulness, cómo se practica, su funcionamiento y demás.
Si queréis ver cómo funciona la aplicación, ver este vídeo.

«Calm – Meditate, Sleep, Relax»: la parte gratuita es bastante básica, pero interesante.
Da la posibilidad de planificar el tiempo que quieres estar meditando o bien, si no quieres establecer un tiempo, la posibilidad de hacer sonar una campana cada ciertos minutos, según lo que tú definas.
Asimismo, permite establecer avisos que te recuerden tus ejercicios de meditación, y ofrece diferentes imágenes y sonidos para las meditaciones también.

«Headspace»: ofrece un programa de 10 días, con meditaciones diarias de 10 minutos, para que aprendas y te familiarices con la meditación, y decidas si quieres suscribirte o no.
Muy interesante porque además incluye meditaciones para niños.
Esta app también está en inglés y su lenguaje es un poco más complicado de seguir.
Si queréis ver cómo funciona la aplicación y algunos contenidos, entrar en su canal de Youtube.

Publicado en Familia, Niños y Niñas, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en 4 Apps para aprender a Relajarte y Meditar

¿A partir de qué punto dejas de madurar…?

¿… y empiezas a «pudrirte»?

¿Por qué digo eso?

Porque me planteo:
¿Hasta que punto madurar implica perder la ilusión?

Se espera de nosotros que seamos responsables, sabios, que hagamos lo correcto, que tengamos recursos para enfrentar lo que sea y que seamos ecuánimes incluso.
Y, según avanzamos en edad, cada vez más.

¡Que presión!

Intentamos ser «todopoderosos» y «estar a la altura» en cualquier circunstancia, aunque no sea realista, ni saludable para nosotros mismos.

Madurar no es saberlo ni poderlo todo.

Madurar implica hacerse responsable de sí mismo, y eso significa, entre otras cosas, aprender a pedir ayuda, saber en quién apoyarse y cuándo, conocerse a uno mismo y saber dónde están los propios límites.

En cierto modo, «lo que se espera de nosotros», teniendo en cuenta que no somos «impermeables» a las «expectativas» de los demás, es una de las motivaciones que nos empuja y determina a la hora de tomar decisiones e ir por la vida, buscando conseguir «la aprobación» de los demás.

Sin embargo, cada uno tiene que encontrar su camino a la felicidad, su manera de hacer las cosas, sentar sus propias expectativas de qué espera de si mismo y qué es lo quiere.
Si no es así, inevitablemente, te encuentras perdido, te sientes presionado y confundido, insatisfecho.

Hay momentos de la vida en que, te paras a pensar sobre tu vida y en qué quieres de ella.

A veces ese momento llega en lo que se considera, «la mitad del camino», aunque en realidad, puede ocurrir en cualquier momento de nuestras vidas.

Sea cuando sea, con 20 o con 40 o incluso con 60 años, creemos tener una imagen muy clara de «cómo son las cosas» y de «qué esperar».
Creyendo, en mi opinión equivocadamente, que «estamos de vuelta de todo», que ya nada nos sorprende, ni nos va a sorprender, y que «no esperamos nada de nadie».

Una vez más, la vida nos mostrará, más tarde o más temprano, que las cosas no son «blancas» o «negras» que, de hecho, hay una «escala de grises» mucho más compleja que todo eso.

Una posible consecuencia de ese «modo de pensar», de ese creer que la vida ya no puede sorprenderte y que, más o menos, ya «lo has vivido todo», es preguntarse:
¿Para qué seguir «esforzándose» ni lo más mínimo?

Creo que, en algún momento, a todos nos has pasado, hemos pensado y sentido que ya sabemos cómo son las cosas y cómo van a ser, y nos sentimos abatidos, decepcionados, desilusionados, sin fuerzas ni energías para seguir.
No esperamos nada de la vida ni de los demás.
Y, simplemente, nos dejamos «arrastrar».

Este concepto, es psicología, se conoce como «indefensión aprendida», y es una de las teorías que explica la depresión.

Sin embargo, la vida siempre te sorprende, y las personas, aún más, sobre todo, cuando menos lo esperas y más lo necesitas.

La ilusión, como la esperanza, puede que no tengan ninguna base objetiva y empírica contrastable, pero lo que es seguro es que, psicológicamente, nos permiten y ayudan a vivir la vida de otra manera, más alegre, más entusiasta, más activa, más satisfactoria, más feliz, en definitiva.

No importa lo mucho que madures.
No importa lo mucho que creas saber de la vida y de los demás.
No importa lo mucho que hayas vivido, visto y conocido.
No importa lo mucho que creas que la vida ya no puede sorprenderte.

Si quieres vivir la vida.
Si quieres disfrutar la vida.
Si quieres ser feliz.

Pon tu contador a cero.
Toma cada oportunidad que se te presente.
Abre los ojos y los brazos a cada nuevo aprendizaje, a cada nueva experiencia que el universo te brinde, con entusiasmo, como cuando un niño abre un regalo porque, de hecho lo es.
Valora las pequeñas cosas, los pequeños gestos, hay amor y belleza en cada uno de ellos.
Y cuando creas que no puedes hacer nada, simplemente, tómate tu tiempo, espera a que las circunstancias sean más favorables, y entonces, actúa.

Siempre hay algo que puedes hacer y cambiar, y es, tu actitud.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿A partir de qué punto dejas de madurar…?

5 Trucos para comer lo que quiero (de forma saludable)

Prohibir o prohibirse es absurdo.
No lo hagáis, no funciona.

Ahora bien, si que hay «trucos» que podéis usar para «limitar» lo que coméis y hacerlo de una forma más saludable:

1.¿Sabéis «eso» sin lo que no podéis vivir, «eso» que os encanta?
Seguir tomándolo, simplemente, comprarlo de una marca o de un establecimiento que os guste menos.
La idea es «no castigarse», seguir tomando lo que queremos, de modo que la sensación psicológica no sea de estar «a dieta» ni de estar restringiéndose nada.
Así, no se producirá ansiedad, ni angustia, ni esa sensación de urgencia por comer algo, provocada por el deseo reprimido. Además, es posible que ahorréis algo de dinero, si se trata de un producto menos conocido o barato 😉

2. ¿Queréis comer algo dulce?
Por supuesto, adelante, sólo tener en cuenta una cosa.
Los alimentos ricos en calorías y azúcares suelen estar ya preparados y al alcance de nuestra mano, simplemente para abrir y consumir, eso hace que la «recompensa» sea muy fácil de conseguir, y justo además en el momento en el que la deseamos. El resultado suele ser que, cuando la bolsa o el paquete (de lo que sea) se ha vaciado, es cuando me doy cuenta de «todo» lo que he comido… pero entonces ya es tarde.
Mi recomendación: hacer vuestros propios dulces.
Serán más sanos y, probablemente, tendrán menos calorías, siendo su sabor mucho más natural y rico.
Más aún, no satisfaréis el deseo en el mismo momento, de modo que tendréis más «control» sobre lo que coméis y cuando lo coméis.

3. Si os vais a dar un capricho, aseguraros de no tener hambre.
Me explico: si tengo hambre (igual que si tengo sed) y empiezo a comer un alimento rico en calorías y azúcares, no pararé hasta «saciarme», de esta manera lo convertiré en un alimento «esencial» cuando debería ser un alimento de uso ocasional, ingiriendo un importante número de calorías.
Comeros una ensalada, un segundo y una pieza de fruta. Si después os sigue apeteciendo «ese capricho», adelante, comeréis mucho menos que si empezáis por él.

4. Cuando os apetezca (por no decir que «os entre el ansia») de comer algo, tratar de demorarlo, no lo comáis inmediatamente.
Inicialmente os recomendaría que lo retrasarais unas horas (a ser posible, y sobre todo si se trata de un alimento rico en azúcares, consumirlo antes de ir a hacer algo de ejercicio, sea caminar, nadar, o alguna actividad que tengáis planificada), progresivamente podréis retrasarlo cada vez más, incluso días.
La idea, una vez más, es que no «respondáis» al deseo inmediatamente.

5. Elegir alimentos integrales, como pauta general.
No sólo su índice glucémico es menor, con lo cual su impacto también, sino que además a nuestro organismo le cuesta más tiempo asimilarlos y digerirlos, con lo que el aporte de energía será más progresivo y la sensación de saciedad también (tardaremos más tiempo en tener hambre).

Publicado en Nutrición, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en 5 Trucos para comer lo que quiero (de forma saludable)

¿Realmente quieres un Ferrari?

Inmediatamente habrás contestado que SI, claro.
Pero, ¿estás segura?

Imagínate lo que debe costar, no se… El impuesto de circulación, el seguro, lo que debe consumir de combustible… Eso ya por no hablar de lo que cuesta el coche en sí mismo.

Aunque te lo regalarán, pongamos. ¿Lo querrías?

A todas (o al menos eso creo), nos haría ilusión «dar unas vueltas», pasearnos por ahí con él, pero «tenerlo» es otra cosa, ¿no?

¿Cómo dormirías por las noches sabiendo que está en el garaje, sin nadie que lo vigile?
Peor aún, ¿y si tuvieras que dejarlo en la calle?

Suelo poner los coches muchas veces como ejemplo, porque me encantan, pero como podéis imaginar voy más allá.
La reflexión que quiero haceros hoy es un poco más compleja.

Tener un «Ferrari» implica una inversión tremenda (por no decir un gasto), además de que implica asumir «ciertos riesgos potenciales» importantes.

Aún así parece «el sueño de cualquiera».

Imaginar pasaros la vida anhelando un Ferrari: el «Ferrari de las relaciones», el «Ferrari de los trabajos», de las casas, de las mujeres, de los maridos, de los vestidos, de lo que sea.
¿Disfrutaríais «el Volkswagen Escarabajo» que tenéis?

Sinceramente creo que, pasarse la vida torturándose por lo que uno no tiene, no sólo es una pérdida de tiempo total, sino una falta de respeto y consideración absoluta, tanto hacia una misma, como a cada una de las personas y cosas que tienes en tu vida.

«¡No necesitas un Ferrari para ser feliz!».
Tenlo claro.

Ahora bien, ¿qué pasa si «te lo encuentras»?
¿Y si lo tuvieras, de repente, al alcance de la mano?

Tendrías muchas cosas que considerar, ¿verdad?

Como dicen en las películas de superhéroes:
«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad«.

Y, cuando nos vamos haciendo adultos, las responsabilidades nos van dando urticaria a velocidades de hiperespacio, hasta el punto de mirar atrás y ver la infancia con añoranza, como si ese tiempo fuera «el regalo de los dioses».

Como tal vez ya habréis leído en una entrada anterior, creo que la vida sencilla es la más extraordinaria de las vidas, la más feliz y completa, y pasa por «disfrutar lo que tenemos».

Si tener un Ferrari va a significar que «hipotequemos nuestra vida» (puede que aún más de lo que ya lo esté), ¿hasta que punto te va a «interesar» tenerlo?

Por otro lado, si has encontrado «tu Ferrari», te has dado unas vueltas y has descubierto que es, simplemente, «perfecto para ti».
¿Qué vas a hacer?

Puede que el coste no sea económico, como os decía, me refiero a cualquier cosa, persona, relación o lo que podáis imaginar, en nuestras vidas.
Todo al final, en la vida, implica una elección, implica un coste e implica un beneficio.

Tener un trabajo extraordinario, puede significar tener que pasar menos tiempo con las personas que quieres, estrés, echar de menos tu casa, tener horarios de vértigo, desgaste físico y emocional.
Y esto lo podéis aplicar a cualquier otra circunstancia.

El balance de «coste-beneficio» que tendréis que hacer no se reducirá simplemente a números, sino a algo más profundo.
Tendréis que tener en cuenta qué queréis realmente y qué precio estáis dispuestas a pagar.

Cuando yo me compré mi coche, mi padre (un hombre sabio) me dijo: Cristina, cómprate el coche que quieras, dentro de lo que puedas permitirte, pero cuando lo elijas, que sea uno del que estés «enamorada completamente» porque sino, cada vez que lo cojas, cada vez que estés en un atasco, cada vez que le tengas que hacer una reparación, cada vez que tengas que meter cosas en el maletero, pensarás lo mismo… «¡Vaya mierda!» y cada vez que tengas que cogerlo o hacer algo con él, irás «penando y despotricando».
Ya os lo decía, un hombre sabio.

Muchas veces, cuando tomamos decisiones importante, tomamos en consideración muchas otras cosas, cosas que después, con el tiempo y la distancia, nos parecen vacías, incluso insignificantes.
Tener siempre en cuenta que tomamos decisiones en base a la información que tenemos disponible, en ese momento, y optamos por la opción que nos parece «mejor», si bien, como ya os he dicho en más de una ocasión, eso no nos garantiza que, con el tiempo, lo veamos de la misma manera, ya que las circunstancias, nuestras vivencias, y nosotras mismas, cambiamos, y es entonces cuando toca «reajustar» y «recalcular» ruta.

Así que, claro, por supuesto, hacer vuestro análisis de pros y contras, de costes y beneficios, tomaros tiempo para pensarlo bien pero, hagáis lo que hagáis, escucharos bien, trataros con cariño, comprensión y aceptación.

Sólo si tenéis claro qué queréis y cual es la opción que os enamora, qué os hace felices, podréis tomar la decisión que encuentre el equilibrio entre lo que queréis, lo que necesitáis y lo que es mejor para vosotras.

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Realmente quieres un Ferrari?

¿Por qué a veces nos hacen callar o no nos dejan hablar?

¿Porque hay veces que no nos escuchan determinadas personas?

¿Qué hacer?

Hoy os dejo un artículo escrito por la periodista Marian Benito para «Yo Dona» (El Mundo) en el que hemos colaborado:

http://www.elmundo.es/yodona/lifestyle/2016/09/16/57d2b10f468aeb474b8b45bc.html

Si os surgen más preguntas cuando lo leáis, no dudéis en compartirlas.
Estaremos encantadas de contestarlas 😉

¡Espero que lo disfrutéis!

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en ¿Cansada de que te interrumpan cuando hablas o directamente no te dejen hablar?

La «vida sencilla»

Con placeres sencillos, con detalles sencillos, con pensamientos sencillos, con deseos sencillos, con personas sencillas…

Un desayuno que se alarga y extiende, sin prisas, sólo con buena conversación y risas compartidas.

Un paseo por la naturaleza, un baño en un lago, tranquilo, observando los árboles, el color de las hojas, respirando ese aire puro, limpio, deleitándote en los colores, del agua, del cielo, de la arena.

Los reencuentros con amigos, las risas al recordar viejas historias vividas y compartidas.

Sentarte en el salón, observar sus detalles, recrearte en el color de las paredes, en los cuadros que tienes colgados, en las fotos que llenan los espacios con los grandes y pequeños momentos vividos, recordando los mil y un movimientos de muebles que has hecho, el significado de cada uno de los libros y de las cosas que tienes en las estanterías, las plantas que viven y crecen alrededor.

Ir a coger el autobús, sin prisa, disfrutando el paseo.

Tomarte un té o un café, saboreándolo, dejando que su calor y sus sabores te reconforten.

Ver viejas fotos, repasar los detalles de tu vida, las personas que ha habido y hay en ella.

Sentir esa paz, esa tranquilidad, esa quietud, resultado de estar en armonía, conectado con el momento presente, abierto a lo que el mundo y la experiencia te tenga reservado, así como agradecido por todo lo vivido, con alegría e ilusión por todo, lo pasado, lo presente y lo futuro.

Viajar viviendo la experiencia, sin prisas ni plannings agotadores, que impliquen ir corriendo de aquí para allá, visitando un monumento, y otro, y otro, y otro más, hasta casi desfallecer, con tus ojos y tu cerebro tan plagados de estímulos que ya casi ni los pueden procesar, con la sensación de urgencia y agobio, de que hay que verlo todo, visitarlo todo, porque sino, no habrás «disfrutado» el viaje, te habrás «perdido algo».

Sin embargo, cuando «vas a la carrera», lo que te estás perdiendo, es la experiencia, «te estás perdiendo tu vida».

Creo que, hoy en día, tenemos la sensación de que si no «acumulamos» experiencias, planes chulos, cosas divertidas, viajes aquí y allá, cenas con amigos, visitas a Ikea, bolsos nuevos, camisas de moda, espectáculos en boga, conciertos irrepetibles, festivales memorables, bla bla bla, estamos «tirando nuestras vidas», se nos está «escapando entre los dedos».

¿Realmente es eso lo que queréis?
¿Es eso lo que os hace felices?

No creáis, la respuesta no es tan sencilla.
Yo misma me paré a pensar en ello hace unas semanas.

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que, efectivamente, «os estáis perdiendo algo»?
¿La sensación de que, tal vez no estáis acabando de «sacarle jugo a la vida»?

Si os ha pasado y habéis optado por «llenar vuestras agendas hasta los topes» de actividades y planes, sabréis, que esa, no siempre es la respuesta.
Ya que no se trata tanto de «cuántas cosas vives», sino de «cómo las vives» y de «con quién las vives y compartes».

Me encanta hacer fotografías, ¿sabéis por qué?

Porque en ese momento, en ese preciso momento, paro y capturo el momento, ese momento, con todos su detalles, con sus olores, con sus colores, con su sencillez y complejidad, al mismo tiempo.
Sin afán de hacer una especie de «catálogo» de todo lo que he visto, es el momento lo que me inspira, lo que estoy sintiendo, lo que veo, lo que me despierta en mi interior.

Para mí, esta es la vida sencilla, la que se compone de todos y cada uno de esos pequeños detalles, extraordinarios todos ellos, que según escribo me hacen sonreír, agradecida de haberlos vivido y contenta de poder rememorarlos, de volver a sentirlos, de atesorarlos en mi memoria y en mi experiencia, y que no tienen fin, están ahí, por todas partes, sólo hay que «mirar».

Cada día, por ajetreado que sea, por repleto de obligaciones, responsabilidades y quehaceres que sea, tiene todos esos pequeños detalles, que lo hacen maravilloso.
Un niño que sonríe jugando, mientras tú vas corre que te corre a hacer la compra…

No te lo pierdas, sólo para, para un momento, unos segundos, observa la escena, atrápala, sonríe tu también, guárdala con cariño, en el recuerdo de «eso» que ha sido hoy, tu día.

La vida está llena hasta los topes de cosas absolutamente extraordinarias, y la mayoría de ellas, son muy pequeñas, casi imperceptibles, pero están ahí.
Lo que pasa es que vamos «con tanta prisa», que nos pasan totalmente desapercibidas.
Otras veces, son nuestros pensamientos los que nos distraen.
Me explico, andamos pensando en lo siguiente que vamos a hacer, en lo que queremos y no tenemos, en lo que estamos planificando, en lo que está por venir, en lo que anhelamos, en lo que no hemos conseguido, en la lista de la compra,… con el potencial que tiene nuestro cerebro, las temáticas son infinitas, en cualquier caso, «no estamos ahí, estamos en otra parte».

La «vida sencilla» es la más extraordinaria, la más completa, la más llena, y está ahí, al alcance de todos nosotros, sólo tenemos que mirar mejor, con más cuidado, respirar profundamente, hacerla nuestra y disfrutarla.
¡La vida es maravillosa y sencilla!
¡No la compliquéis! ¡Es mucho más fácil ser feliz!

Publicado en Familia, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

¿Buscar pareja o no buscarla? – Parte 2

La primera parte acaba con una pregunta…
¿Qué hacer?

Aquí tenéis algunas respuestas 😉

Primer punto: aceptar que las cosas son como son.
Como me decía mi psicóloga hace años, difícilmente vas a poder «jugar», si no aceptas «las reglas del juego» primero.
Teniendo claro que «por mucho que yo haga» eso no me garantiza conseguir lo que quiero, aunque desde luego si hará que sea más probable; me quitaré un peso de encima y me ayudará a ajustar expectativas, quitándome de la cabeza todas esas ideas de «incompetencia» y «falta de valía», de las que os hablaba más arriba, que no sólo no son ciertas, sino que no me van a ayudar a tener una relación más saludable conmigo misma, ni con los demás.

Segundo punto: ¡cabréate!
Si, ahora toca cabrearse, porque lo siguiente será aceptar el hecho de que, tal vez, sólo tal vez, «no encuentres a ese alguien especial».

Ya se, ya se, es descorazonador, derrotista y deprimente, y no queréis ni planteároslo.
Lo entiendo.

Sin embargo, aceptar esta opción (que no es otra cosa que una opción, porque, para bien o para mal, ninguna tenemos bola de cristal para saber qué pasará, ni cuándo, ni cómo, ni en qué forma), te libera.
Te libera de entrar en cada bar, en cada autobús, en cada tienda, en cada supermercado, en cada librería, en cada consulta del médico, en cualquier lugar que te puedas imaginar, y en los que no, también, buscando, con el radar puesto y activado, ese «elegido» o «elegida» para ser tu pareja y el amor de tu vida.

Llamarme exagerada, pero vosotras y yo sabemos, que eso pasa, que no nos gusta, que no lo queremos reconocer, que nos hace parecer desesperadas y un poco «psicópatas», a los ojos de los demás, e incluso ante nuestros propios ojos, pero pasa, ocurre.

No es, ni más ni menos, que las ganas que tenemos de vivir un gran amor, una gran historia de amor, de esas que te hacen sonreír hasta que te duela la cara y sentir tanta alegría en el corazón que vayas paseando por encima de las nubes, como si de un anuncio de compresas de los de antaño se tratara.

¿No sería estupendo dejar de dedicarle tanto tiempo y esfuerzo a algo que no depende ti, o al menos no sólo de ti, e invertirlo en vivir y disfrutar?

Ya os he dicho en alguna ocasión: «expectativas bajas, éxito asegurado».
Si a eso le sumamos el estar con los ojos bien abiertos, sin desgastarnos en una búsqueda sin sentido, invirtiendo nuestro tiempo en todas y cada una de esas cosas que queremos vivir, con todas y cada una de las personas que tenemos en nuestras vidas y con las que queremos compartir nuestro cariño y afecto, viviremos y disfrutaremos la vida, en toda su grandiosidad.

¿Con pareja o sin ella?
Creerme, soy muy consciente de que «las cosas» en pareja se viven, se disfrutan y se experimentan de «otra manera», llegan a un «nivel de intensidad y profundidad», por decirlo así, muy distinto, ya que las emociones en juego lo son también.
Cuidado, no digo que sea mejor ni peor, sólo digo que es diferente y algo que todas, en algún momento o en muchos momentos, queremos vivir y experimentar (al igual que les pasa a los hombres, tenerlo claro).

El tiempo dirá pero, creerme, toda esa «ansiedad» y «frustración» por no encontrar pareja y por el desgaste que produce estar en el modo «búsqueda activa» (a través de los medios que sean) no os van a ayudar nada más que a «espantar» a las personas con las que os encontréis (se que suena duro y tal vez injusto, pero así es), más aún, no estáis siendo vosotras mismas, sino el producto de la desesperación y la tristeza.

Por favor, no os hagáis eso a vosotras mismas.
¡Sois mujeres maravillosas y excepcionales, todas y cada una de vosotras! (Y a vosotros, hombres, os digo exactamente lo mismo).

Que no hayas «tropezado» aún con esa persona especial, que conecta contigo, te quiere tal y como eres, te ve realmente como persona y comparte su intimidad y complicidad contigo, es sólo cuestión de tiempo, de suerte, azar, destino, no lo sé.
Lo que si se es que «pasa cuando tiene que pasar» y que por muy «perro verde» que creas que eres y por muy difícil (tirando a «misión imposible») que te parezca que pase, pasará, y cuando lo haga, será extraordinario.
Mientras tanto… ¡Disfruta! ¡Hay tanto por hacer y por experimentar! ¡Y tantas personas con las que compartirlo!

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Buscar pareja o no buscarla? – Parte 2

¿Buscar pareja o no buscarla? – Parte 1

Un dilema, ¿verdad?

En cierto modo, creo que pensamos que es como «buscar trabajo de forma activa», al fin y al cabo, «no va a venir a buscarte el trabajo a casa», ¿no?
Al menos, eso es lo que solemos decir.

Sin embargo, si conocéis a alguien que este «buscando pareja de forma activa», o si sois vosotras mismas las que estáis en ese «modo», sabréis que lo que genera es más frustración que otra cosa.

Este fin de semana salía la conversación de «las aplicaciones para conocer pareja», por ponerlas un nombre.
Ya os comenté en otra entrada del blog (¿Qué quieren las mujeres?) que, en mi opinión, se han convertido, al menos en algunos casos, en una especie de «supermercados», ya que creo que llegan a «cosificar» a las personas.
La persona con la que hablaba me daba varios argumentos, muy lógicos todos ellos, de hecho, de por qué es una buena opción para maximizar oportunidades de conocer a otras personas, y en eso estoy totalmente de acuerdo.

¿Por qué entonces generan estas aplicaciones, tanto frustración y «odios», como «pasiones» y «adicciones»?
Creo que la respuesta tiene que ver con nuestras expectativas.
Si bien es cierto que es una opción fantástica para conocer a gente, nuestra expectativa, muchas veces, cuando las usamos suele ser otra, lo que esperamos es encontrar pareja, por no deciros que esperamos encontrar al «amor de nuestras vidas».
No en vano, el comentario suele ser: esta aplicación es para «algo serio», esta aplicación es para «tener un rollete», esta para «esto», esta para «lo otro».

Yo misma recomiendo a mis pacientes el uso de estás aplicaciones, siempre y cuando tengan claro, que es una forma más de conocer a gente, ni la única, ni la garantía de «encontrar a ese alguien especial».

Como os decía, las expectativas son clave en este aspecto.
Si yo espero encontrar «al amor de mi vida», todo lo que no sea «eso», psicológicamente, me dará la sensación de estar alejándome de lo que busco, no acercándome, menos aún de estar disfrutando de la vida y de lo que tengo.
Ya que me dejará la impresión de que «ese alguien especial no existe» o bien que me equivoco al hacer las cosas o que no soy lo suficientemente atractiva, o lista, o simpática, o lo que sea, o que es imposible que me enamore o que se enamoren de mi… o cualquier otra opción que implique que no voy a encontrar «lo que busco», con la consiguiente decepción, como es lógico.
Más aún, que nunca voy a encontrar a «nadie», que no voy a conseguir ser feliz o estar en pareja o tener el proyecto de vida que quiero tener o cualquier otro deseo que albergue en mi corazón.

Os podéis imaginar entonces que, cada vez que hablas o quedas con alguien, y «no sale», precisamente, como tu esperabas, se te rompe el corazón un poquito más, y si la ilusión que habías puesto en ello era muy grande, ese poquito se convierte en un montón.

¿Cómo no estar frustrada y decepcionada y enfadada?

Cuando «decidimos» (ya que a veces es una decisión inconsciente), entrar en «modo búsqueda activa», damos algo por hecho, que puede ser fuente de «muchas complicaciones».

Damos por hecho que «encontrar pareja» depende, fundamentalmente, de nosotras y de lo que hagamos para «conseguirla».

Sin embargo, ahí precisamente reside la semilla de la frustración, ya que es un «intento» de controlar algo, que en realidad, no podemos controlar.

Igual que no controlamos de quién nos enamoramos, por mucho que queramos «maximizar oportunidades», eso no nos garantiza nada.

Conozco a personas muy activas, con trabajos que les permiten conocer a decenas de personas semanalmente, con muchas inquietudes y hobbies, que se relacionan con muchas personas a lo largo de los días, que hablan con unos y con otros, que participan en actividades de diferente índole, en distintos momentos y con distintos colectivos.
Y tampoco eso garantiza que «encuentren a ese alguien especial».

Me diréis entonces: muy bien, entonces, ¿qué demonios hago?
¡Fantástica pregunta!

Esperar a la «Parte 2» y encontraréis algunas respuestas 😉

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Buscar pareja o no buscarla? – Parte 1