Regalos con Corazón

Hay regalos cuyo valor es incalculable y su precio muy asequible.

Un regalo es un gesto de amor, cuanto más amor pongas en él, mayor será el regalo para la otra persona, verás la alegría en su cara, en sus ojos… ¡Y ese será tu regalo!

  • Una carta, de amor, como no puede ser de otra manera, que puede ir dirigida a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a cualquier persona a la que quieras.
  • Una llamada o vídeo-llamada, de esas interminables, para compartir tu cariño con una persona que está lejos.
  • Compartir un día juntos, con cosas especiales que hayas preparado.
  • Pasar un día en la nieve, en el campo, en Aranjuez, en cualquier lugar especial para ti, para vosotros.
  • Descargarse una guía gratuita y disfrutar de tu ciudad, como si fueras un turista más.
  • Una visita sorpresa.
  • Una visita guiada a un museo (consultarlo porque suele haber días y horarios en las que la visita es gratuita).
  • Una flor con una tarjeta que diga: te quiero.
  • Un desayuno en la cama.
  • Un «día libre» para la otra persona, ocupándote tú de sus quehaceres y obligaciones.
  • Un masaje con cariño, delicadeza y dulzura.
  • Una cena romántica a la luz de las velas.
  • Un baile íntimo, de esos «agarrados» con una música tenue y de esas que emocionan el corazón.
  • Una selección de fotos tuyas con esa o esas personas, o incluso una sola enmarcada.
  • Una historia o un cuento que creas para esa persona, adornado a tu gusto.
  • Una agenda forrada con recuerdos vuestros.
  • Una caja con mensajes en papel, de todo lo que quieres decirle a esa persona.
  • Una selección de canciones especialmente pensada para la otra persona.
  • Películas o series que grabas para esa persona.
  • Cualquier manualidad que se te pueda ocurrir: pintar un cuadro, tejer una bufanda calentita, una colcha de patchwork, una figura,…
  • Una gymkana que lleve a cualquiera de estos regalos.
  • Decorar la casa de forma especial, encendiendo velas por toda la casa, por ejemplo, con una canción especial para vosotros.
  • Cocinar un pastel o unas galletas o el postre favorito de la persona a la que quieres dar una sorpresa y hacerle un regalo.
  • Un carnet de una biblioteca pública con una lista de títulos que has escogido especialmente para esa persona.
  • Una relación de páginas web que le interesen a la persona para la que va destinada.
  • «La historia de lo vuestro», contada como más te guste y emocione, un «viaje» a través de los momentos que habéis compartido, con fotos, vídeos, canciones, todo lo que se te ocurra (me imagino algo parecido a lo que se ve en la película «Elizabethtown»).
  • Un «talonario de experiencias» o cosas que la persona podrá utilizar cuando quiera y que tú llevarás a cabo, como un masaje, un abrazo, una visita a Ikea, o cualquiera de las ideas que os he dado antes.
Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Regalos con Corazón

¿Cómo acertar con un regalo?

Sigue estos dos pasos…

1.- Escucha con el corazón.
Escuchar con los oídos bien abiertos no es suficiente.
Las personas, por lo general, solemos manifestar nuestra opinión sobre las cosas, dejando ver qué nos gusta y qué no, también, qué anhelamos o qué queremos al menos, supuestamente, pero…

No es lo mismo expresarlo en forma de «queja» que en forma de «deseo».

Me explico, hay personas que se quejan de no tener «ese algo que supuestamente les encanta», pero no manifiestan su deseo de tenerlo, sólo su queja por no tenerlo.
Si es el caso, el regalo «sofocará» la queja, pero no «inundará» de alegría, tiene que ver con lo que comentábamos en su momento, de «querer y odiar lo mismo, a la vez».

Y hay otras personas que, por mucho que las escuches y conozcas, no tienes ni la más remota idea de qué regalarles, personas a las que llamamos «difíciles de regalar», personas a las que parece que nada les satisface ni les hace felices.
Como podéis imaginar, la dificultad suele encontrarse en que ni ellos mismos saben qué quieren muchas veces.
Si es el caso, no desesperéis.
Asumir que la reacción de la persona a la que regaláis, muy probablemente, no se ajuste a vuestras expectativas, independientemente del regalo que le hagáis y entender que su reacción, hablará más de la persona que lo está recibiendo que de vuestro regalo.

Se que solemos pensar que son personas increíblemente exigentes y que es imposible satisfacerlas y «acertar».
Pero, ¿cómo vas a acertar si ni si quiera ellos mismos saben qué quieren y qué les hace felices?

2.- Regalar con el corazón.
Regalar algo que la otra persona «necesita» es muy práctico, pero todos sabemos que no «emociona», salvo en contadas excepciones.
A fin de cuentas, si necesitamos algo mucho, ya nos encargaremos nosotros de conseguirlo, ¿no?
Y justo ahí, podríamos decir, que está la excepción: que no podamos conseguirlo por nosotros mismos porque, tal vez, tengamos unas necesidades más prioritarias que cubrir, no nos atrevamos, no queramos hacerlo solos, etc.

Regalar con el corazón significa elegir un regalo que exprese lo que queréis expresar con ese regalo, un regalo que os emocione a vosotros al imaginar la cara de la persona a la que se lo entreguéis.

No os compliquéis con regalos elaboradísimos y complicadísimos, no necesitamos un Ferrari para ser felices.
El lenguaje del corazón suele ser mucho más sencillo.

Un regalo que llene tu corazón de alegría, y el de la persona a la que regalas, ese es el secreto para «acertar» con un regalo.

Publicado en Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Cómo acertar con un regalo?

¿Importa más el regalo o el envoltorio?

La respuesta parece evidente, pero no lo es.

Cada persona que pasa por nuestra vida es un regalo.
La forma en la que llegue, el momento en el que lo haga, cómo se vayan dando las cosas y el tipo de relación que lleguemos a tener con cada una de esas personas, es a lo que me refiero aquí como «envoltorio«.

Y es que parece que sólo podemos valorar a una persona en «su plenitud», si nos cuesta mucho «conseguirla» (de ahí la célebre frase de «hacerse valer») y si además se da justo en el orden y la forma que queremos y esperamos que ocurra.

El valor de una persona no depende de cómo la vea otra

Ya os hablé de que las cosas son como son, no como nos gustaría, y que no tiene ningún sentido que «nos perdamos algo», solamente porque no viene justo en la forma en la que nos habíamos imaginado que lo haría.

Cada vez que oigo algo así como: «es un chico estupendo, atento, divertido, inteligente, tenemos muchas cosas en común, pero… es feo», «me encanta ese chico pero, está demasiado pendiente de mí y eso me hace perder el interés»,… (y en vez de chico, podríamos decir chica, por supuesto).

No puedo evitar pensar que nuestras expectativas, una vez más, cuando no nuestros propios esquemas mentales de como «deberían» ser las cosas, están hablando por nosotros y que, más aún, podemos llegar a ser terriblemente injustos y crueles con otra persona, sólo por ese motivo, sin pretender serlo.

Desde luego que si no te sientes atraído por otra persona, la relación no va a funcionar.
Pero no sentirme atraído por una persona, es una cosa, y «acusarla» de «fea», es otra muy distinta.
Seguramente sea nuestra propia frustración la que está hablando, pero la otra persona no tiene la culpa, como podéis imaginaros, de nuestra frustración.

Respecto al segundo ejemplo que os ponía… ¿Qué os puedo decir?
Seguimos teniendo ese horrible modelo preconcebido de cómo se supone que tienen que desarrollarse las cosas en una pareja, y como se salga un centímetro, descartamos la relación de un plumazo.

Recuerdo todavía cuando vi las películas de Crepúsculo y leí los libros de «50 Sombras de Grey», porque mis pacientes me hablaban de ambos como «las grandes historias de amor de nuestro tiempo», y de sus personajes como «auténticos hombres», y me preguntaban mi opinión.

Cuando descubrí que los modelos que se estaban dando, en ambos casos, eran de auténticos perfiles de acosadores/controladores, que seguían ahondando en ese mito inexistente y tan dañino de que «tienes que cambiar a tu pareja», y que de hecho eso ocurrirá, porque «las personas cambian por amor», al mismo tiempo que dando un modelo totalmente irreal de mujer dependiente, vulnerable y frágil a la vez que fuerte, decidida e independiente, casi me da un pasmo.
Ya por no hablaros de esa fantasía en la que, la otra persona, satisface cada uno de mis deseos, necesidades y anhelos, antes incluso de que yo haya tenido tiempo de tenerlos tan si quiera, porque «eso es el amor».

¿Eso es amor?

Eso es videncia, ciencia-ficción y la receta perfecta para ser infeliz, para estar insatisfecha, frustrada, decepcionada y acabar odiando lo que amamos, en consecuencia, porque esos «modelos aparentemente perfectos sobre el papel» no existen.

No es realista y ya va siendo hora de que dejemos atrás esos modelos completamente absurdos, despiadados y profundamente dañinos para todos.

El «envoltorio», en este caso, la apariencia, puede ser de una persona entregada, atenta, galante, detallista, apasionada, entusiasta, pero hay que ir un pasito más allá, porque tal vez lo que subyace es algo muy distinto, se trate de un hombre o de una mujer.

De la misma manera que, porque mi pareja no satisfaga, como os decía, cada uno de mis deseos, necesidades y anhelos, no significa que no me quiera, que no le importemos yo y mi felicidad o que no quiera compartir su vida conmigo.

No es sólo que yo sea la responsable de satisfacer mis necesidades y cuidar de mí, es que, además, mi pareja tendrá su propia forma de hacer las cosas, la suya, no la del cuento de la Cenicienta, la Bella Durmiente o vaya usted a saber que «historia de ciencia-ficción», que no existen.

La próxima vez que una persona llegue a tu vida, plantéate:
¿Voy a ocuparme de conocer a esa persona y decidir si la quiero en mi vida o voy a seguir los pasos de un «modelo inventando por otras personas» para garantizar mi insatisfacción y hacer daño a otra persona y a mi misma?

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Importa más el regalo o el envoltorio?

Hacer algo por querer hacerlo o…

Para conseguir otro fin…

Os pongo un ejemplo: Cuando nos ponemos a dieta, por lo general, nuestro objetivo es perder peso.
Si no lo conseguimos, sentimos y pensamos que hemos fallado, hemos fracasado, nos hemos «equivocado».

Sin embargo, si lo que queremos conseguir es tener hábitos de vida saludables, eso que estaremos haciendo ya (comer de forma equilibrada y saludable) es lo que queremos, lo que consigamos, como resultado o consecuencia, sea perder peso o no, será, podríamos decir, una «ventaja añadida» o no, pero no el fin que perseguimos.

De este modo, no podremos fallar, no podremos equivocarnos (si es que eso existe), porque estaremos andando el camino que queremos caminar, estaremos viviendo la vida justo tal y como la queremos, a nuestra manera.

A menudo nos planteamos objetivos que no sólo no son realistas, sino que no tienen en cuenta que hay consecuencias o resultados que no podemos «vaticinar» o predecir.
Otras veces, sencillamente, no les damos a estas consecuencias y resultados el auténtico valor que tienen sobre nosotros y nuestras vidas.

Ayer un paciente, que había dejado de fumar hacía 9 meses, antes de haber comenzado la terapia, me contó que había vuelto a fumar y que estaba muy contento, de hecho, por su decisión.
Si, yo me quedé tan atónita como vosotros ahora al leerlo.
Pero es que resulta que esta persona, al dejar de fumar, no había tenido en cuenta algunas consecuencias de su decisión, de vital importancia.

Tenía, y en realidad sigue teniendo, muy claros, los motivos por los que quería dejarlo, y lo dejó.

Pero esos motivos, no sólo no tenían en cuenta las consecuencias de dejarlo, sino que además perseguían un objetivo ulterior, no inmediato.
Además, no tuvo en cuenta el poder tremendamente reforzante que para él, tenía y tiene, el tabaco y, por tanto, que al dejar de fumar estaba eliminando un refuerzo muy importante y valioso para él.

Fumarse un cigarro está muy «a mano», es decir, está fácilmente disponible y no requiere una reorganización de agenda o planificación, para poder encajarlo en nuestro día a día, por lo que su poder reforzante, aumenta aún más, porque es inmediato.

Una vez más, querer hacer algo, para conseguir otro fin, diferente al de hacer «ese algo», puede alejarnos de nuestro objetivo, sin tan si quiera darnos cuenta.

En estos ejemplos os hablo de conductas que, podríamos decir, sólo nos incumben a nosotros mismos.
Pero ahora imaginar que implican a otra u otras personas.

Situaciones en las que yo «hago algo», esperando que otro u otros hagan «otro algo» a su vez.

Algunos ejemplos: yo limpio la casa, esperando que mi compañero de piso haga lo mismo o, por el contrario, no limpio la casa, esperando que el otro «se anime» a hacerlo, ya que yo no lo estoy haciendo; le digo a mi pareja que «algo me gusta», con la intención de que mi pareja me regale «ese algo»; no organizo una fiesta para mi cumpleaños, a ver si así mis amigos deciden organizarme ellos la fiesta…

Como bien sabéis, es algo en lo que «caemos todos», por decirlo así, con la frustración y la decepción que en la mayoría de casos, eso supone.

¿Cuál sería la solución?

La «asertividad» lo deja muy claro:
Si quieres algo, pídelo directamente, sabiendo que tú tienes derecho a pedir lo que quieres y que los demás tienen también su derecho a no responder a tus demandas.

Desde luego, pedir algo directamente no te garantiza que vayas a conseguirlo, pero sin duda «maximizará» tus oportunidades, además de prevenir, en cierto modo, esa frustración y decepción.
Porque, como os decía, del mismo modo que vosotros tenéis el derecho de pedir lo que queréis, los otros tienen el derecho de no querer dároslo.

Una derivada de esto, aún más compleja e intrincada es hacer algo, buscando sentirme de una determinada manera.

Podemos usar los ejemplos anteriores: ponerme a dieta para sentirme mejor conmigo mismo, dejar de fumar para sentirme más responsable y capaz, limpiar la casa para sentirme más activo, o no hacerlo para sentirme respetado, decir que algo me gusta para sentirme escuchado, no organizar mi propia fiesta de cumpleaños para que cuando lo hagan mis amigos me sienta valorado y apreciado.

Puede que esos sentimientos, efectivamente, afloren como consecuencia de esas acciones, pero tal vez no lo hagan, porque la relación no es directa, suponemos que nos hará sentir así, pero realmente no podemos saberlo.

La próxima vez que os dispongáis a tomar una decisión, a hacer una elección, recordar esto.
¿Qué perseguís? ¿Cuál es vuestro objetivo?
¿Qué estáis buscando, en última instancia?

Porque de ello depende lo que consigáis, no tengáis duda.

Publicado en Mujeres, Nutrición, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Hacer algo por querer hacerlo o…

Trucos para fumar menos

Y también para dejar de fumar, progresivamente, si es lo que quieres.

  • «Fúmatelo más tarde».
    Tenemos dos opciones:

    1. Cuando te apetezca un cigarro, para un momento, y evalúa de 0 a 10 (siendo cero nada y diez lo máximo) cuánto te apetece ese cigarro.
      Decide de antemano a partir de qué cifra vas a elegir fumártelo o no hacerlo. Por ejemplo: si te apetece un 7 o más, lo fumas en ese momento, sino no.
    2. Elige fumarte el cigarro, no ahora mismo, sino dentro de 15 o 20 minutos.
      Puedes sumar esta opción a la anterior, de modo que si te apetece menos de un 7, como en el caso anterior, decides volver a evaluar cuánto te apetece más tarde, para volver a decidir.
      En caso de que el resultado de la primera opción sea siempre una puntuación alta, te recomiendo que optes por esta segunda, directamente.
  • «Conductas incompatibles con fumar».
    Sean conductas que nos impiden fumar o bien comportamientos que no tenemos asociados con fumar.
    Pueden ir desde correr, o lavarte los dientes, a planchar (en el caso de que normalmente nunca fumes si estás planchando).
    Lo ideal es que vayáis variando y no utilicéis siempre las mismas.
  • «Situaciones incompatibles con fumar».
    Hay espacios en los que no podemos fumar, bien porque no está permitido, como en un cine o en el metro, bien porque nos resulta incómodo o incluso desagradable, como en nuestra habitación o en el baño, por ejemplo.
  • «Tomar zumo de naranja».
    La vitamina C reduce el deseo y la necesidad de consumir nicotina, además de contribuir a una alimentación más saludable.
  • «Come una manzana».
    Es una de las recomendaciones habituales, el motivo es que al comer una manzana tenemos la sensación de «dientes limpios» y frescor en la boca, y de ese modo es menos probable que nos apetezca fumar un cigarro.
  • «Sustituye el café por un té».
    Muchas personas aseguran que el cigarro que más les cuesta no fumarse es el que les apetece cuando toman café.
    Una opción, es tomar té en vez de café.
    También puedes seguir tomando ese café, pero en situaciones en las que te asegures de que no puedes fumar o que el tabaco no está disponible.
  • «Elige dónde fumar».
    Por ejemplo, en invierno: sólo fumar en la terraza o en un espacio abierto y en manga corta o sin abrigo; en verano, puede ser lo contrario: espacio cerrado y con un abrigo.
  • «Cómprate una pitillera».
    Y llénala con el número de cigarros que hayas decidido que vas a fumar hoy, ninguno más.
  • «Fuma con la otra mano».
    Puede parecer una chorrada, pero la idea es romper las asociaciones que hemos generado con el hábito de fumar.
    Al fin y al cabo, es un acto que se repite muchas veces a lo largo del día, más, cuantos más fumes y más tiempo lleves haciéndolo, de modo que es una conducta o comportamiento que está muy asentado y, por tanto, es muy automática.
    De este modo conseguimos: «ir rompiendo el hábito».
  • «Empieza a practicar técnicas de relajación«.
    Uno de los efectos del tabaco es la sensación de relajación, de hecho, muchas personas que fuman se encienden un cigarro cuando se sienten estresadas, preocupadas o enfadadas.
    El tabaco como tal, la nicotina, es una sustancia excitante, sin embargo, el acto de fumar y el ritual que le acompaña (ver punto siguiente) tiene efectos relajantes.
    Al fumar y dar una calada, se hace una «especie» de respiración profunda, similar a la que se hace en las técnicas de relajación.
    Con la práctica de las técnicas de relajación, podremos llegar a sustituir un cigarrillo por una de ellas.
  • «Sal a dar un paseo».
    Aunque sea de 3 o 5 minutos.
    El motivo es que muchos de los cigarros que fumamos, sobre todo en horas de trabajo, los tenemos asociados con salir de la oficina, estirar las piernas, charlar con algún compañero o compañera, respirar aire libre, y también descansar la vista.
    Dejar de fumar no tiene que ser un castigo, precisamente por este motivo, es importante que te sigas concediendo esos descansos, pero para que no acreciente el deseo de fumar, a la vez que sales puedes dar un pequeño paseo, para que no lo asocies con el cigarrillo.
  • «No te prohíbas fumar».
    Os habréis fijado que en todo momento hablo de elegir y/o decidir, y es que es muy importante que no lo tomemos como una obligación o imposición, aunque sea propia nuestra, porque lo que conseguiremos será aumentar nuestro deseo por un cigarrillo, no reducirlo.

Con estos trucos conseguirás:

  1. Demorar el refuerzo, es decir, no responder al impulso o deseo, en el momento, sino hacerlo más tarde para que, de ese modo, progresivamente, el hábito de fumar responda cada vez menos a ese impulso o deseo, sino a una decisión consciente.
    Al ser una decisión cada vez más consciente, podremos llegar al momento en que elijamos, decidamos, no fumar, si así lo queremos.
  2. Dejar de asociar determinados estímulos, situaciones e incluso personas, al hábito de fumar, al acto de fumar, para poder prevenirlo y reducirlo.
  3. Desarrollar estrategias y comportamientos que me permitan «sustituir» la conducta de fumar por otra más saludable y reforzante.
  4. Hacer que fumar no esté siempre tan disponible, tan al alcance de nuestra mano, que fumemos de forma automática, casi compulsiva, sin tan si quiera darnos cuenta.
  5. Obtener refuerzos que no estén vinculados a fumar, de modo que fumar vaya perdiendo su efecto reforzante y placentero sobre nosotros.

La terapia psicológica para reducir el consumo de tabaco o eliminarlo comienza con un análisis pormenorizado del hábito de cada persona, lo cual nos permite adaptar las diferentes técnicas y recursos a cada caso concreto, para obtener los resultados más óptimos.
Si quieres saber más, contacta con nosotros.

Aquí os dejo también «la guía para dejar de fumar», editada por la Asociación Española Contra el Cáncer, para que podáis saber más y empezar a aplicar algunos de los consejos y recomendaciones que en ella se dan.

¡Elegir!

Publicado en Nutrición, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , | 1 comentario

Tú «puedes» ser quien eres

¿Cuánto tiempo malgastamos intentando ser quienes no somos?

¿Horas? ¿Días? ¿Años?

Esperamos que, si nos parecemos a la imagen que los demás tienen de nosotras y de cómo «debemos supuestamente ser», tendremos «el éxito» garantizado, pero no es así.

Cuando «nos forzamos» a nosotras mismas a ser diferentes de como somos, algo dentro de nosotras se rompe, se escinde, se quiebra.

Nos miramos al espejo y no nos reconocemos.

Tenemos miedo a decepcionar a los demás, a no estar a la altura, a que no nos quieran, a que nos dejen o abandonen, a que no nos acepten, a que nos critiquen, a que nos juzguen, a que nos rechacen, a que nos den de lado, a que nos «machaquen»…

Todos estos «miedos» son totalmente lógicos (seas hombre o mujer), al fin y al cabo, nos importa lo que los demás piensen de nosotras, por mucho que creamos que «estamos por encima de eso».

No lo estamos, somos «animales sociales», vivimos en sociedad, y nuestras necesidades afectivas nos unen, cuando no «nos atan» a los demás.

Somos la especie animal que nace más indefensa, la mayoría de los mamíferos cuando nacen son capaces de ponerse en pie y caminar, a nuestra especie le lleva varios meses.
Sin la atención, cuidado y protección de los demás, no sobreviviríamos.

Así es nuestra naturaleza, vinculada a la del resto de seres humanos.
Y claro que nos importa lo que piensen los demás de nosotras y la imagen que tengan de nosotras.

De hecho, esa imagen, ese concepto que se formen de nosotras, afectará a nuestras relaciones sociales, y por ende, a nuestras vidas.

Quienes trabajan en marketing y publicidad, lo tienen muy claro:
«No hay una segunda oportunidad para generar una primera impresión».

Lo he oído cientos de veces, y tienen razón.

Ahora bien…
¿Qué imagen tienes tú de ti misma?

Tal vez te hayas quedado atónita en este preciso momento porque ni te lo habías planteado.

La respuesta puede cambiar tu vida, no exagero.

Como os decía al principio, pasamos muchísimo tiempo tratando de ser de una determinada manera, y no nos dejamos «ser».

Tenemos en cuenta tantas variables, tantas opiniones, tantas personas, que tal vez, todavía ahora, sigas intentando contestar a la pregunta que te acabo de hacer.

Tengo una más…
¿Te gusta quién eres y cómo eres?

Se pone aún más difícil…

No nos enseñan a cambiar, menos aún a gestionar el cambio, pero mucho me temo que tampoco nos enseñan a querernos y aceptarnos tal y como somos.

Vivimos de espaldas a nosotras mismas, siempre mirando afuera, nunca adentro.

No me cabe ni la menor duda de que ese es uno de los motivos por los que la meditación cada vez tiene más «adeptos y adeptas».
La meditación te enseña a mirar en tu interior.

Si bien no hay garantías de que te vaya a gustar lo que veas cuando mires dentro, lo que es innegable es que estarás mucho más cerca de ser quien eres.

Hay muchos «disfraces», la mentira es uno de ellos, pero ninguno te sentará tan bien, como ser quien eres, tú misma.

¿Qué hace falta para conseguirlo?

La respuesta puede parecer obvia: Conocerte a ti misma.
Pero hay incluso un paso previo, y necesario, y es:
Darte permiso para ser quien eres.

Darse permiso implica aceptar lo que esto significa.

Darse permiso significa no juzgarse, no criticarse, no castigarse.
También significa aceptar el hecho de que habrá personas a las que les guste como soy y personas a las que no.
Implica aceptar que sea como sea yo, los demás tienen derecho a ser como son, que habrá personas que me respetarán y querrán tal y como soy, y otras que, sencillamente, no lo harán, y es muy posible que ni si quiera llegue a saber nunca por qué.

Darte permiso significa darte la oportunidad a ti misma, la oportunidad de elegir hacer las cosas a tu manera y ver qué pasa.
También darle la oportunidad a los demás de decidir si quieren estar a tu lado o no, y en qué medida quieren hacerlo.

Darte permiso significa concederte el derecho de abrazar la persona que eres, frente a ti misma y frente al mundo, dejando las luchas atrás, las consideraciones de qué es correcto o incorrecto, de qué es adecuado o inadecuado, de qué es apropiado o inapropiado, de qué es lo socialmente aceptado y deseable y que no.

Esta última parte se refiere a que no llegarás a ser completamente tú misma hasta que no decidas…
«Confiar en ti misma»: en tu criterio, en tu opinión, en tu elección; partiendo de que las equivocaciones no existen, que simplemente conseguimos los resultados que esperábamos u otros diferentes, y que confiar en ti no significa no escuchar a los demás, sino escucharte a ti primero. Tal vez tu voz interior te diga: «acude a una persona experta», y tal vez, en ese caso, decidas optar por la recomendación de esa otra persona, pero habrá partido de ti la decisión, será tu voz a la que estás escuchando, no obedeciendo la de otra persona, a ciegas.

Ser quien eres te acerca a ti misma, te conecta contigo misma, pero también con los demás. Te une, no te ata.

Tal vez, con esta reflexión, te quedes con la sensación de haber estado perdiendo el tiempo, pero quiero que ahora, en este momento, tengas en cuenta que cada uno tenemos que andar nuestro propio camino, y a nuestro propio ritmo, las cosas, como las personas y las ideas, llegan a nuestra vida cuando estamos preparadas para abrazarlas, aceptarlas e interiorizarlas, ni antes ni después.

¿Es este tú momento para decidir «ser quien eres»?

Publicado en Mujeres, Niños y Niñas, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Tú «puedes» ser quien eres

¿Por qué mentimos?

Me lo preguntan montones de veces en la consulta, con auténtico desconcierto y perplejidad.

Realmente nos cuesta entender por qué alguien nos miente, pero lo cierto es que todos, repito, todos, en mayor o menor medida, lo hacemos, mentimos.

Las «mentiras piadosas» (si es en lo que estáis pensando) están, relativamente, «bien vistas», porque se supone que lo hacemos por «compasión», por no hacer daño a otra persona, y eso nos parece deseable, «bueno».

Ahora bien, cuando alguien nos miente en algo importante, es diferente.
Por no hablar ya de que no se trate de un hecho aislado, si no de una tendencia general, eso a lo que nos referimos como «mentiroso compulsivo«.

No nos damos cuenta que, como la violencia, «las mentiras llaman a más mentiras».
Muchas veces sólo para poder mantener y respaldar la mentira inicial.

Hay ocasiones en las que las mentiras parecen tener un propósito claro, otras veces no… Lo que es claro es que responden a un interés personal, consciente o inconscientemente.

Ese interés puede ser proteger a otra persona o no hacerle daño, como decíamos, pero también puede ser dar una determinada imagen a otra u otras personas, que nos interesa que tengan de nosotros, por algún motivo en particular, desde conservar la idea de cómo creemos que nos ven los demás para poder así preservar nuestra autoestima y nuestro propio autoconcepto, a engañar a otra persona para conseguir algo que queremos.

He conocido casos de personas que mentían para conseguir un trabajo determinado, personas que mentían para poder mantener una relación de pareja, personas que mentían para no tener que pagar impuestos, personas que mentían para no tener que enfrentarse a sus parejas o a sus jefes o a sus clientes o a sus padres…

Si algo tienen en común las mentiras, de la primera a la última, es que son un reflejo de nuestra incapacidad, pero también de nuestro deseo de, no enfrentarnos a las consecuencias de decir la verdad, de ser quienes somos, de hacer lo que hacemos, de decir lo que decimos.

Y, al no enfrentarnos a esas consecuencias…
Las mentiras nos alejan de quienes somos y de cómo somos.

Creo que la mayoría de veces no nos damos cuenta de esto, no somos conscientes del altísimo precio que pagamos por mentir.

Y no es sólo traicionar la confianza de la otra persona y destruir esa relación, con lo importante que ya es esto de por sí, va más allá.
El mayor daño que hacen las mentiras es a nosotros mismos.

Porque al mentir, nos negamos a nosotros mismos, dejamos de ser las personas que somos, en un intento de complacer a los demás, de satisfacer las expectativas que tienen de nosotros, muchas veces, más bien, que tenemos nosotros mismos, para no decepcionarnos ni decepcionarles, para no tener que enfrentarnos a esa terrible realidad, en la que no somos las personas que creíamos ser.

Cuando una persona se siente «cómoda» con la mentira, nos desconcierta aún más, casi hasta el extremo.

No nos damos cuenta de que, tal vez, para esa persona, resulta más sencillo ser quien se ha inventado que es, que la persona que realmente es.

Hay personas que consideran que mentir es un acto de cobardía.
Yo pienso que es una expresión extrema de la falta de autoestima de esa persona, y el fiel reflejo de conflictos internos no resueltos, cuya raíz es tan profunda, que no le deja a la persona ser quien es, tal vez porque no se lo permitieron, cuando así lo quería, y en el intento de luchar por ser quien era, no lo consiguió, hasta que decidió dejar de luchar, porque ya no podía más.
Y eligió esta opción, que si bien tiene un coste altísimo, como os decía, le da la oportunidad de ser quien es, aunque sea a medias, y de espaldas a los ojos de los demás, al menos a la espalda de algunos.

En un mundo ideal, cada uno de nosotros somos las personas que somos, y no sólo nos sentimos orgullosas por ello, sino que además recibimos todo el apoyo, amor, compresión, aceptación y respaldo, que queremos y necesitamos.
Pero sólo, en un mundo ideal.

En el mundo real, hay actitudes, comportamientos, opiniones, maneras de vestir incluso, que no están bien vistas, y que de hecho, y aunque no hagan daño a nadie y se expresen desde el respeto a los demás, tienen «mala prensa» y suponen «pagar un peaje«, por cómo los demás creen que somos, ya que se infieren una serie de características o de valores incluso, detrás de esas expresiones de nuestra personalidad e individualidad.

Recuerdo mis primeras experiencias profesionales, recién salida de la universidad, y como me animaban, cuando no presionaban, a que fuera «de traje» a trabajar, y convenientemente maquillada, según los cánones de cómo se supone que «una profesional» va ataviada a trabajar.
Y, de la misma manera, recuerdo con mucha exactitud como, en mi última empresa (una empresa informática), mis compañeros comentaban que cuando en la oficina aparecía alguien «desaliñado», con el pelo largo, vaqueros, calcetines blancos y chanclas, entonces estábamos delante de uno de los «gurús» a los que admirar y respetar, y honrar con más honores que a Gandhi.

¿Y si al gurú le apetece ir en traje o a mí en vaqueros?

Las mentiras nos atrapan, y tienen unas consecuencias funestas, nos cargamos nuestras relaciones, nuestra credibilidad, nuestros afectos, nuestra auto-imagen,… nos lo cargamos todo.

Pero, si me lo preguntáis, os diré que entiendo perfectamente por qué alguien, en un momento determinado, decide mentir, más aún, si lo hace como una pauta en su vida.

Ojo, que lo entienda no significa que los justifique ni que lo quiera en mi vida.
Pero entenderlo, lo entiendo.

No me gustan las mentiras, como creo que no le gustan a nadie, pero soy muy consciente de que para algunas personas, es la única manera que encuentran de poder ser quienes son, aunque sea «a medias».

Cuando uno no se acepta a sí mismo, tal y como es, está en lucha constante, y no es una «lucha limpia», es una «lucha sucia«, llena de rencor, de reproches, de resentimiento, de cólera, de ira, de auto-desprecio, de falta de amor por uno mismo, de decepción, de disgusto, de auto-flagelación, de odio a uno mismo.

Por supuesto, si algo de ti no te gusta, cámbialo.
Pero si no puedes cambiarlo, como tu altura, acéptalo y asume las consecuencias, seas las que sean.

Ni tú ni nadie se merece ese nivel de auto-destrucción y castigo.
Ni tú te mereces eso ni las personas de tu alrededor se merecen no tener la oportunidad de elegir si, siendo como realmente eres, quieren estar a tu lado o no.

Al fin y al cabo, cuando metimos, no sabemos si estamos consiguiendo lo que conseguimos, o manteniéndolo, por nosotros mismos o por la ristra de mentiras que hemos esparcido aquí o allá.

Y eso lo único que conseguirá será convencerte de la necesidad incuestionable de seguir mintiendo, para mantener el «tinglado» que te has montado.
Por eso os decía: «las mentiras llaman a más mentiras«.

En ese proceso de auto-destrucción, de eliminación despiadada de quién eres y de cómo eres, lo único que consigues albergar en tu corazón es rencor hacía los demás.

Si, rencor, y del más profundo, porque al final son los demás, al menos en tu mente y en tu forma de ver las cosas, quienes no te aceptan como eres, quienes te obligan a ser otra persona, y quienes aprecian a esa «otra persona» en la que te conviertes gracias a las mentiras, y no a la persona que realmente eres, y eso te parece absolutamente despreciable.

Pero al final, tú lo sabes.
Eres tú quien no les está dando a los demás la oportunidad de elegir si quieren estar a tu lado o no, porque lo que tienen es una proyección modificada y deformada por ti, según tu criterio y lo que tú supones que los demás quieren y esperan de ti, y eres tú también quien no acepta el hecho de que esas personas pueden aceptarte como eres y querer estar a tu lado, o no hacerlo.

Elegir ser quien uno es, tal y como es, con sus luces y sus sombras, sus cicatrices y sus fortalezas, es una decisión que cada uno toma, pero no es una decisión fácil, aunque parezca la más lógica, de lo que podéis estar seguros es de que no encontraréis la paz ni la felicidad, hasta que toméis esa decisión.

No habrá felicidad en vuestra vida hasta que no os deis permiso para ser quienes sois, seres únicos y extraordinarios.

Publicado en Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

10 Ejercicios de Mindfulness

1. «Ahhh».
Este ejercicio nos permitirá relajar la musculatura facial y «oxigenarnos».
Se trata de bostezar con la boca bien abierta.
En primer lugar cogemos aire profundamente, y al exhalar pronunciaremos: «Ahhh», dejando que nuestra lengua se relaje, nuestra boca se abra por completo, y nuestros ojos y nariz se arruguen, potenciando al máximo el gesto y la profundidad de nuestro bostezo.
Podríamos considerar este ejercicio, como una de las técnicas de relajación.

2. «El juego de las sombras».
Similar a buscar formas en las nubes, se trata de fijarnos en las sombras que produce, el sol o la luz artificial, relajando nuestros ojos, tomándonos un momento sólo para observar, para dejar que nuestra creatividad, nuestros ojos y nuestros sentidos se deleiten en lo que tienen delante, solo eso.

3. «Escucha el silencio».
Siéntate cómodamente, en el sofá, en el suelo, donde quieras, puedes hacerlo en tu casa o en un espacio abierto, cierra los ojos y sólo escucha.
Percibirás pequeños sonidos, algunos lejanos, otros cercanos.
Sólo presta atención, sólo escucha, deja que el sonido te invada.

4. «Flota».
Túmbate relajadamente en tu cama, sobre el edredón, con tu cabeza ligeramente elevada (la altura que te resulte cómoda, no tiene que haber tensión ni en tu cuello ni en tu espalda).
Imagina que flotas en el agua, eso que muchas veces hacemos en el mar o en la piscina, dejándonos mecer por el agua, simplemente dejándonos estar, fluir, flotar.
Si la sensación no acaba de conectar contigo, imagina que estás tumbada sobre la arena, una arena fina, cálida, que se adapta a las formas de tu cuerpo, que te rodea y envuelve, te acoge y te abraza.

5. «Saborea».
Coge una fruta, la que quieras, y prepárala para poder comerla.
Cierra los ojos, coge un pedazo, un gajo, y saboréala en tu boca.
No la mastiques, no la muerdas, sólo deja que tus papilas gustativas se inunden de su sabor.
Degústala, aprecia cada uno de sus matices, de sus pequeñas notas de sabor.

6. «Juega».
Si, como un niño.
¿Para qué?
Para jugar, sólo eso.

7. «Cepíllate los dientes con la otra mano».
Un clásico que tal vez ya conozcáis.
La idea de este ejercicio es hacer algo que solemos hacer, algo que es una rutina para nosotros, de una manera diferente, de modo que fomentemos nuestra «flexibilidad mental» y podamos tomar conciencia de esa «nueva actividad» en la que se convierte.

8. «Piérdete».
¿Dónde?
En un parque, por ejemplo, no tienes que irte muy lejos, en realidad.
La idea es que «no trates de encontrarte», sólo que disfrutes de ese «nuevo camino» que acabas de encontrar.
Ya tendrás tiempo para encontrarte.
A veces, primero necesitas perderte… ¿Cómo sino vas a «encontrarte»?

9. «Cambia de ruta».
Ve al trabajo por otro camino, da igual que sea más rápido o más lento, si hay más semáforos o menos.
Descubrirás nuevos caminos, nuevas rutas, nuevas posibilidades, prestarás más atención, te fijaras más en los detalles, gracias precisamente a que «no es tu ruta habitual».

10. «Sal media hora antes».
Normalmente vamos con prisa a todas partes, midiendo los minutos, cuando no los segundos, para conseguir encajar todas y cada una de las cosas que tenemos en nuestra lista diaria.
Sólo con que nos tomemos tiempo, tiempo para deambular por las calles, observar las fachadas, re-descubriremos nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestras calles.
De algún modo, lo conocido se convertirá en nuevo y sentiremos, una vez más, que la vida y nuestra experiencia, se renuevan a cada paso, aunque ya creyéramos «haberlo visto todo».

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en 10 Ejercicios de Mindfulness

La Comodidad…

¡No es Felicidad!

Hoy lo hablaba con un paciente y me ha recordado lo trivial que parece y lo fundamental de hablar de ello, explícitamente, con todas las palabras.

La comodidad, como la tranquilidad, suena tentadora, seductora incluso.

Imaginaros una vida en la que un día se repite, sin fin, algo así como «El show de Truman» o «Atrapado en el tiempo», todo en su sitio, todo en orden, todo predecible, no pasa nada del otro mundo, ni grandes cambios, ni grandes sorpresas, ni grandes dramas, ni grandes problemas, sólo una sucesión de días, similares entre si, cuando no iguales, apacibles, tranquilos, sin sobresaltos.

Suena atractivo, sobre todo cuando llevas una época de estar subido en la montaña rusa, una y otra vez, en la que todo es impredecible, y has tenido idas y venidas, sorpresas y sobresaltos, dramas aquí y allá, problemas y movidas varios y variados.

La idea de saber qué esperar y de que no va a haber ningún cambio significativo no sólo nos tranquiliza, sino que también nos consuela, en cierto modo, es un bálsamo.
Nos da la sensación de que, por fin, podremos respirar, coger aire, vivir en paz, en definitiva.

Creo que todos necesitamos épocas así, yo las llamo «épocas o fases de barbecho» y pueden ser tanto en los sentimental, como en lo laboral, profesional, en el ámbito que sea, en realidad.
Son épocas para cargarnos de energías, para tomarnos tiempo para «calcular y definir» nuestro próximo movimiento, para recuperar la ilusión y la esperanza, para hacer acopio de fuerzas, para renovarnos y descansar, para aprender y re-aprender de todo lo vivido y experimentado, para tomar impulso y decisión.

Pero, como os digo, son épocas, no el objetivo al que encaminar nuestra vida.
Pretender llevar una vida «aséptica» no es un objetivo realista, ni posible, me atrevería a decir.

Más aún, ¿hasta qué punto es «deseable»?

Conociendo la naturaleza humana como la conocemos, sabemos que somos curiosos, más o menos intrépidos, pero sin duda curiosos, e inconformistas, siempre queremos más.
Nos gustará más o menos, y en cada uno de nosotros preponderará más un rasgo u otro, pero esa es nuestra naturaleza.

Teniendo esto en cuenta, ¿realmente creéis que nuestra felicidad reside en la comodidad?

Tal vez nos «conformemos» durante un tiempo, disfrutemos de la calma, la tranquilidad, la paz, pero irremediablemente esta sensación se verá alterada, se verá truncada.
No tiene nada que ver la tranquilidad y la paz que sentimos al saber que estamos andando el camino que queremos andar y viviendo la vida que queremos vivir, con todo lo que traiga y suponga, a la tranquilidad y la paz que sentimos cuando lo que estamos haciendo, en realidad, es no vivir, es evitar cualquier daño o mal.

Más aún, «nos aburriremos como ostras».
Y, ¿peor aún?

Será mucho más probable que caigamos en un cuadro depresivo en el que nuestro «compromiso con la vida» pase de ser prácticamente inexistente a ser casi nulo.

Ya os hablaré de este concepto más adelante, ahora me gustaría que os quedarais con la idea de que:
«Todos merecemos y necesitamos un descanso».

Como elección y para un fin mayor, es una gran idea, puede que la mejor, nos dará tiempo para «centrarnos con nosotros mismos», re-calcular ruta y re-emprender el vuelo cual «ave fénix».

Sin embargo, si me estoy dejando llevar por la desidia, por el dolor que siento, por la frustración, por la decepción, por la desesperanza… Lo que se está gestando es otra cosa, es un abandono de mi mismo y de mi vida, y si es así, si ese es el caso, es el momento de consultar a un especialista.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La Comodidad…

¿Qué regalar en Navidad?

Hay regalos cuyo valor es incalculable y su precio muy asequible.

Un regalo es un gesto de amor, cuanto más amor pongas en él, mayor será el regalo para la otra persona, verás la alegría en su cara, en sus ojos… ¡Y ese será tu regalo!

  • Una carta, de amor, como no puede ser de otra manera, que puede ir dirigida a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a cualquier persona a la que quieras.
  • Una llamada o vídeo-llamada, de esas interminables, para compartir tu cariño con una persona que está lejos.
  • Compartir un día juntos, con cosas especiales que hayas preparado.
  • Pasar un día en la nieve, en el campo, en Aranjuez, en cualquier lugar especial para ti, para vosotros.
  • Descargarse una guía gratuita y disfrutar de tu ciudad, como si fueras un turista más.
  • Una visita sorpresa.
  • Una visita guiada a un museo (consultarlo porque suele haber días y horarios en las que la visita es gratuita).
  • Una flor con una tarjeta que diga: te quiero.
  • Un desayuno en la cama.
  • Un «día libre» para la otra persona, ocupándote tú de sus quehaceres y obligaciones.
  • Una selección de fotos tuyas con esa o esas personas, o incluso una sola enmarcada.
  • Una historia o un cuento que creas para esa persona, adornado a tu gusto.
  • Una agenda forrada con recuerdos vuestros.
  • Una caja con mensajes en papel, de todo lo que quieres decirle a esa persona.
  • Una selección de canciones especialmente pensada para la otra persona.
  • Películas o series que grabas para esa persona.
  • Cualquier manualidad que se te pueda ocurrir: pintar un cuadro, tejer una bufanda calentita, una colcha de patchwork, una figura,…
  • Una gymkana que lleve a cualquiera de estos regalos.
  • Decorar la casa de forma especial, encendiendo velas por toda la casa, por ejemplo, con una canción especial para vosotros.
  • Cocinar un pastel o unas galletas o el postre favorito de la persona a la que quieres dar una sorpresa y hacerle un regalo.
  • Un carnet de una biblioteca pública.
  • Una relación de páginas web que le interesen a la persona para la que va destinada.
  • Un «viaje» a través de los momentos que habéis compartido, con fotos, vídeos, canciones, todo lo que se te ocurra.
  • Un «talonario de experiencias» o cosas que la persona podrá utilizar cuando quiera y que tú llevarás a cabo, como un masaje, un abrazo, una visita a Ikea, o cualquiera de las ideas que os he dado antes.

 

Publicado en Mujeres, Niños y Niñas, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Qué regalar en Navidad?