La Comodidad…

¡No es Felicidad!

Hoy lo hablaba con un paciente y me ha recordado lo trivial que parece y lo fundamental de hablar de ello, explícitamente, con todas las palabras.

La comodidad, como la tranquilidad, suena tentadora, seductora incluso.

Imaginaros una vida en la que un día se repite, sin fin, algo así como “El show de Truman” o “Atrapado en el tiempo”, todo en su sitio, todo en orden, todo predecible, no pasa nada del otro mundo, ni grandes cambios, ni grandes sorpresas, ni grandes dramas, ni grandes problemas, sólo una sucesión de días, similares entre si, cuando no iguales, apacibles, tranquilos, sin sobresaltos.

Suena atractivo, sobre todo cuando llevas una época de estar subido en la montaña rusa, una y otra vez, en la que todo es impredecible, y has tenido idas y venidas, sorpresas y sobresaltos, dramas aquí y allá, problemas y movidas varios y variados.

La idea de saber qué esperar y de que no va a haber ningún cambio significativo no sólo nos tranquiliza, sino que también nos consuela, en cierto modo, es un bálsamo.
Nos da la sensación de que, por fin, podremos respirar, coger aire, vivir en paz, en definitiva.

Creo que todos necesitamos épocas así, yo las llamo “épocas o fases de barbecho” y pueden ser tanto en los sentimental, como en lo laboral, profesional, en el ámbito que sea, en realidad.
Son épocas para cargarnos de energías, para tomarnos tiempo para “calcular y definir” nuestro próximo movimiento, para recuperar la ilusión y la esperanza, para hacer acopio de fuerzas, para renovarnos y descansar, para aprender y re-aprender de todo lo vivido y experimentado, para tomar impulso y decisión.

Pero, como os digo, son épocas, no el objetivo al que encaminar nuestra vida.
Pretender llevar una vida “aséptica” no es un objetivo realista, ni posible, me atrevería a decir.

Más aún, ¿hasta qué punto es “deseable”?

Conociendo la naturaleza humana como la conocemos, sabemos que somos curiosos, más o menos intrépidos, pero sin duda curiosos, e inconformistas, siempre queremos más.
Nos gustará más o menos, y en cada uno de nosotros preponderará más un rasgo u otro, pero esa es nuestra naturaleza.

Teniendo esto en cuenta, ¿realmente creéis que nuestra felicidad reside en la comodidad?

Tal vez nos “conformemos” durante un tiempo, disfrutemos de la calma, la tranquilidad, la paz, pero irremediablemente esta sensación se verá alterada, se verá truncada.
No tiene nada que ver la tranquilidad y la paz que sentimos al saber que estamos andando el camino que queremos andar y viviendo la vida que queremos vivir, con todo lo que traiga y suponga, a la tranquilidad y la paz que sentimos cuando lo que estamos haciendo, en realidad, es no vivir, es evitar cualquier daño o mal.

Más aún, “nos aburriremos como ostras”.
Y, ¿peor aún?

Será mucho más probable que caigamos en un cuadro depresivo en el que nuestro “compromiso con la vida” pase de ser prácticamente inexistente a ser casi nulo.

Ya os hablaré de este concepto más adelante, ahora me gustaría que os quedarais con la idea de que:
“Todos merecemos y necesitamos un descanso”.

Como elección y para un fin mayor, es una gran idea, puede que la mejor, nos dará tiempo para “centrarnos con nosotros mismos”, re-calcular ruta y re-emprender el vuelo cual “ave fénix”.

Sin embargo, si me estoy dejando llevar por la desidia, por el dolor que siento, por la frustración, por la decepción, por la desesperanza… Lo que se está gestando es otra cosa, es un abandono de mi mismo y de mi vida, y si es así, si ese es el caso, es el momento de consultar a un especialista.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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