Equivocarse

En mi opinión, no existe.

Hacemos lo que queremos hacer, luego conseguimos los resultados que esperamos o no, pero eso no significa que nos equivoquemos.

Cuando tomamos una decisión, lo hacemos en base a la información disponible, sea mucha o poca.
Teniendo en cuenta esto, tomamos la decisión que nos parece más “adecuada”, podríamos decir que “mejor”.

Sin embargo, no podemos saber cómo va a salir y qué puede pasar.

Tal vez le dimos más peso a unas “cosas” que a otras, pero sabéis qué… ¡No somos videntes!

La teoría del caos lo deja muy claro: no podemos predecir eventos complejos.
Ya que las variables que intervienen son tan numerosas y complejas que, de hecho, lo más probable es que no las estemos considerando todas, porque tienden a infinito.

Así que, teniendo todo esto en cuenta, cuando tomes una decisión, se consciente de que no puedes tener ni la más mínima idea de cómo va a salir ni de qué va a pasar (lo se, es muy frustrante, y todos/as tenemos cierta tendencia a jugar a ser Dios pero, queridos/as míos/as, esto es lo que hay, nos guste o no), y más aún, procura estar lo más seguro/a posible (dentro de las limitaciones que todo ser humano tiene, claro, porque nunca se puede estar cien por cien seguro/a de nada), porque la única certeza que podrás llegar a tener es que estás haciendo lo que realmente quieres hacer.

Puedes hacer un listado interminable de opciones, evaluar pros y contras y ponderar cada uno de ellos, pedir opinión a los demás, incluso a un/a experto/a, tomarte tu tiempo, recopilar información,… de hecho yo lo recomiendo.
Sin embargo, una vez más, eso no te garantiza el “éxito”.

Escribiendo todo esto, recuerdo la anécdota que esta semana le contaba a uno de mis pacientes.
Hace unos años, cuando estaba decidiendo que coche iba a comprarme, mi padre (un hombre muy sabio), me dio el siguiente consejo: “Te compres el coche que te compres, elijas el que elijas,… ¡Que estés enamorada de él! Porque sino, si eliges otro porque es “más barato” o “más conveniente” o “más lo que sea”, cada vez que haya que hacer una reparación, que algo no funcione, cada vez que lo cojas y lo conduzcas y no responda como quieres… No vas a hacer otra cosa que quejarte y renegar, no lo vas a disfrutar, porque realmente no es el coche que querías”.

Creo que con esto ya, sobran las palabras…

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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