Las Expectativas

Pueden motivarnos o convencernos de que, sea lo que sea lo que nos planteamos, es un imposible.

La evaluación (muchas veces inconsciente) que solemos hacer es:

  • imposible-2Si el “punto de partida” se encuentra muy distante del “objetivo”, la distancia que hay que cubrir es excesiva, por lo que el objetivo nos parecerá imposible de alcanzar, desapareciendo nuestra motivación y empeño.
  • retoSi el “punto de partida” se encuentra a una distancia razonable del “objetivo”, lo veremos como un reto, y nos motivará para la consecución de dicho objetivo, ya que nuestra expectativa será de éxito.

En definitiva las expectativas componen:
Las ideas que nos formamos en nuestra cabeza sobre la “predicción de nuestro futuro” que hacemos, y pueden llegar a tener más peso y valor, que nuestra propia realidad, en si misma, porque llegan a convertirse en “nuestra realidad”, en la que creemos, a pies juntillas.”

Todo el análisis anterior se basa en nuestro criterio subjetivo y nuestra percepción: la evaluación o valoración que hacemos, tanto de nuestro “punto de partida”, como del “objetivo” que queremos alcanzar o conseguir, pasando por cómo creemos que nos sentiremos si lo conseguimos o si no lo hacemos.

De este modo si infravaloramos o sobrevaloramos, bien nuestro “punto de partida”, bien nuestro “objetivo”, o ambos, es claro que nuestras expectativas no serán realistas ni ajustadas.

Esas expectativas nos motivarán o nos bloquearán, según el caso.

Pudiera parecer entonces que, si sobrevaloramos nuestro “punto de partida”, podremos estar motivados para conseguir objetivos que, en realidad, se encuentran muy distantes.
Pero, en realidad, lo que eso casi nos garantiza es un “batacazo monumental” que nos llevará no sólo a la frustración sino también a una sensación de incompetencia, que puede ir creciendo e incapacitándonos para actuar, progresivamente.

Si infravaloramos nuestro “punto de partida”, que tal vez parezca más alentador porque, supuestamente, nos “garantiza” el éxito en la consecución de nuestros “objetivos”, puede que nos sintamos más tranquilos, pero también “nos aburriremos como ostras”, no habrá reto, en realidad, ni evolución, ni progresión, ni motivación.

Si infravaloramos nuestro “objetivo”, es posible que, nos brinde la oportunidad de seguir perseverando en la consecución de nuestros objetivos, y así poder seguir adelante, luchando por lo que queremos, aunque sólo sea un espejismo.
Estaremos soñando, engañándonos a nosotros mismos, una vez más, pero, en cierto modo, creemos que nos dará fuerza, por eso lo hacemos.

Si sobrevaloramos nuestro “objetivo” nos estaremos dando por vencidos antes si quiera de haberlo intentado, asumiendo que no podemos llegar ahí, que no somos capaces, dañando nuestra autoestima y auto-percepción sin razón.

A la luz de todo lo expuesto, no se qué os parecerá a vosotros, pero yo llego a la conclusión de que:
Cuando no lo tenemos claro, tenemos dudas y no sabemos muy bien si nuestra percepción se ajusta a la realidad, a lo que está ocurriendo, a nuestra capacidad y a dónde se encuentra realmente nuestro “objetivo”, lo único que podemos hacer para salir de dudas es intentarlo, ir a por ello, motivándonos a nosotros mismos con todas las herramientas que tengamos en nuestra mano, y re-evaluando la situación según vaya progresando para determinar, si decidimos perseverar en nuestro empeño, si redefinimos nuestro objetivo o si bien decidimos decantarnos por otro, y así por fin, sentar nuestras expectativas”.

Si queréis saber más sobre cómo definir nuestras expectativas y usarlas en nuestro favor, estar atentos a nuestras próximas publicaciones 😉
Seguiremos buscando respuestas, para que encontréis las vuestras.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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