10 Ejercicios de Mindfulness

1. “Ahhh”.
Este ejercicio nos permitirá relajar la musculatura facial y “oxigenarnos”.
Se trata de bostezar con la boca bien abierta.
En primer lugar cogemos aire profundamente, y al exhalar pronunciaremos: “Ahhh”, dejando que nuestra lengua se relaje, nuestra boca se abra por completo, y nuestros ojos y nariz se arruguen, potenciando al máximo el gesto y la profundidad de nuestro bostezo.
Podríamos considerar este ejercicio, como una de las técnicas de relajación.

2. “El juego de las sombras”.
Similar a buscar formas en las nubes, se trata de fijarnos en las sombras que produce, el sol o la luz artificial, relajando nuestros ojos, tomándonos un momento sólo para observar, para dejar que nuestra creatividad, nuestros ojos y nuestros sentidos se deleiten en lo que tienen delante, solo eso.

3. “Escucha el silencio”.
Siéntate cómodamente, en el sofá, en el suelo, donde quieras, puedes hacerlo en tu casa o en un espacio abierto, cierra los ojos y sólo escucha.
Percibirás pequeños sonidos, algunos lejanos, otros cercanos.
Sólo presta atención, sólo escucha, deja que el sonido te invada.

4. “Flota”.
Túmbate relajadamente en tu cama, sobre el edredón, con tu cabeza ligeramente elevada (la altura que te resulte cómoda, no tiene que haber tensión ni en tu cuello ni en tu espalda).
Imagina que flotas en el agua, eso que muchas veces hacemos en el mar o en la piscina, dejándonos mecer por el agua, simplemente dejándonos estar, fluir, flotar.
Si la sensación no acaba de conectar contigo, imagina que estás tumbada sobre la arena, una arena fina, cálida, que se adapta a las formas de tu cuerpo, que te rodea y envuelve, te acoge y te abraza.

5. “Saborea”.
Coge una fruta, la que quieras, y prepárala para poder comerla.
Cierra los ojos, coge un pedazo, un gajo, y saboréala en tu boca.
No la mastiques, no la muerdas, sólo deja que tus papilas gustativas se inunden de su sabor.
Degústala, aprecia cada uno de sus matices, de sus pequeñas notas de sabor.

6. “Juega”.
Si, como un niño.
¿Para qué?
Para jugar, sólo eso.

7. “Cepíllate los dientes con la otra mano”.
Un clásico que tal vez ya conozcáis.
La idea de este ejercicio es hacer algo que solemos hacer, algo que es una rutina para nosotros, de una manera diferente, de modo que fomentemos nuestra “flexibilidad mental” y podamos tomar conciencia de esa “nueva actividad” en la que se convierte.

8. “Piérdete”.
¿Dónde?
En un parque, por ejemplo, no tienes que irte muy lejos, en realidad.
La idea es que “no trates de encontrarte”, sólo que disfrutes de ese “nuevo camino” que acabas de encontrar.
Ya tendrás tiempo para encontrarte.
A veces, primero necesitas perderte… ¿Cómo sino vas a “encontrarte”?

9. “Cambia de ruta”.
Ve al trabajo por otro camino, da igual que sea más rápido o más lento, si hay más semáforos o menos.
Descubrirás nuevos caminos, nuevas rutas, nuevas posibilidades, prestarás más atención, te fijaras más en los detalles, gracias precisamente a que “no es tu ruta habitual”.

10. “Sal media hora antes”.
Normalmente vamos con prisa a todas partes, midiendo los minutos, cuando no los segundos, para conseguir encajar todas y cada una de las cosas que tenemos en nuestra lista diaria.
Sólo con que nos tomemos tiempo, tiempo para deambular por las calles, observar las fachadas, re-descubriremos nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestras calles.
De algún modo, lo conocido se convertirá en nuevo y sentiremos, una vez más, que la vida y nuestra experiencia, se renuevan a cada paso, aunque ya creyéramos “haberlo visto todo”.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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