Cambiar de Vida

Eso que muchos nos hemos planteado y pocos hemos llegado a hacer.

Sobre todo, cuando vuelves de vacaciones, y experimentas esa mal llamada «depresión post-vacacional», más aún, cuando has tenido la oportunidad de viajar a otros lugares, conocer otras realidades, imbuirte en otras culturas, en otras posibilidades. Porque vuelves preguntándote: «¿Pero yo qué demonios estoy haciendo yo con mi vida?»

Después de unas merecidísimas vacaciones, todos, en mayor o menor medida, hemos experimentado la relajación, la emoción, la desconexión, incluso, si somos afortunados/as, la plenitud.

Si hemos tenido la gran oportunidad de viajar a otro país, habremos tenido la gran oportunidad de experimentar en nuestra propia piel que es posible vivir de otra manera, de una forma más vívida aún. Aunque, en realidad, no hace falta que nos vayamos tan lejos. No se vosotros/as, pero yo en cuanto salgo de Madrid, y veo otras realidades, sea en otros pueblos o capitales de provincia, efectivamente veo que, vivir de “otra manera” es posible.

Y esa otra manera, como ya os estaréis imaginando, tiene menos estrés, menos prisas, menos complicaciones, más naturaleza, menos tiempo invertido en desplazamientos, más tiempo con mis seres queridos, con aficiones, etc.

Esa otra manera nos inspira (si, también nos da envidia, reconozcámoslo), nos inspira para cambiar de vida, o al menos proponérnoslo.

Y sino, que le pregunten a los gimnasios… ¿Será casualidad que todos tengan ofertas durante este mes de septiembre para nuevos socios…?

Si tocamos tierra, y bajamos del «mundo de las ideas» al «mundo real», a nuestro día a día, todos esos “propósitos de nuevo año escolar” son francamente difíciles de llevar a cabo (o al menos eso parece): hacer ejercicio todos los días, ver menos la televisión y leer más, caminar en vez de coger el coche para hacer los recados, si voy al trabajo en transporte público, bajarme una o dos paradas antes para ir caminando hasta el trabajo (y, por supuesto, no coger el ascensor…), etc.

Cosas pequeñas, estaréis pensando, sin mayor importancia, en realidad, tal vez por eso, pasado un mes o dos, pasan al baúl de los recuerdos y desaparecen como la nieve en Madrid, sin dejar a penas rastro.

Yo os diría, que en realidad no son cosas pequeñas o grandes, porque al final, que un cambio se instaure en nuestras vidas, no depende únicamente de los 21 días famosos que se supone que hacen falta para que un nuevo comportamiento o rutina, se convierta en hábito, depende en realidad de nuestra motivación (que no de la importancia subjetiva o incluso objetiva que le demos a ese cambio, así que lo de que sea pequeño o grande, más importante o menos importante, realmente, no son variables relevantes, sólo juicios, valoraciones) y, más aún, de lo presente que la tengamos en nuestro día a día.

Hay más variables que influyen, como por ejemplo que sea un momento y/o una situación propicia para hacer ese cambio.

Por ejemplo, yo escribo este artículo hoy, que ya tenía planeado escribir hace unas semanas, pero además, ayer llegó a mis manos (momento en el que no podía sentarme tranquilamente a escribir) una preciosa explicación de lo que iba a significar a nivel cósmico el eclipse de superluna total (cambios radicales, una nueva era que se abre ante todos nosotros/as = extra de motivación el compartirlo con todos/as vosotros/as, ya que es un momento idóneo para hacerlo), que tuvo lugar ayer por la noche, y del que acabo ver imágenes (un recordatorio para escribir esta entrada muy oportuno, ahora que tengo tiempo para escribir y dejar que la inspiración me guíe. Gracias cosmos ;).

Por el contrario, hay ocasiones en que no encontramos ni el momento, ni la motivación, ni esa ayuda del cosmos, decidimos cambiar algo, pero no sabemos muy bien cómo, se nos escapa entre las manos (no encontramos el cuándo), no conseguimos convertirlo en realidad, hacerlo. Si quieres saber cómo hacerlo, pincha aquí.

Explicaciones posibles que nos damos a nosotros/as mismos/as:

  • No es el momento.
  • Realmente, no es tan importante para mí.
  • Ya lo haré en verano, cuando tenga más tiempo.
  • Ya lo haré en invierno, que salgo menos.
  • Cuando abran un gimnasio cerca de mi casa…
  • Cuando la cajetilla cueste 4€…
  • Cuando pese 80 kilos…

En ocasiones, todo esto serán justificaciones para no hacer lo que implica hacer el cambio que queremos conseguir. En otras palabras, a todos/as nos gustaría ser astronautas o súper-modelos (por poner dos ejemplos), muy pocos estaremos dispuestos a hacer todo lo que hay que hacer para conseguir serlo.

Como ya os habré mencionado anteriormente en alguna entrada, y sino, aprovecho a hacerlo ahora, recordar que nuestro cerebro está preparado para protegernos, es su función más vital, más primigenia, más importante. De modo que será capaz de construir todo un «andamio psicológico» para que nuestra autoestima no se ponga en riesgo.

¿Qué significa esto? Que es muy posible que mi cerebro me diga que no es el momento, en lugar de: no lo haces porque eres un/a vago/a, no tienes fuerza de voluntad, no te importa tu salud, ni tu calidad de vida, y como consecuencia de todo esto no te quieres, no te respetas, nunca conseguirás la calidad de vida que podrías tener, y tu vida será un fracaso y la malgastarás.

Y como bien sabéis que los seres humanos somos complejos, en realidad, nos conviene bastante más la primera explicación, porque resulta que la segunda, como tal vez ya intuyáis, es típica de un cuadro depresivo (ver más).

¿Cambiar o no hacerlo?

No es una pregunta con una respuesta fácil.

Pero lo que si os puedo decir es que:

Si habéis tenido una “gran revelación”…

Si habéis vivido algo que realmente os ha sacudido de arriba a abajo…

Si os ha hecho tener una certeza que tal vez no podáis explicar ni racionalizar…

Si ha hecho que veáis las cosas, vuestra propia vida, de otra manera…

Si os ha cambiado, en definitiva.

Por supuesto que podéis dejarlo a un lado y seguir igual que lo estabais haciendo hasta ese momento.

Pero tener en cuenta que nuestro cerebro es un sistema complejo, que trabaja a su ritmo, va uniendo puntos, tal vez no sea un proceso consciente para ti, pero muy posiblemente, en ese momento, en ese momento justo en el que ha ocurrido algo que te ha sacudido, te ha cambiado, era justo el momento en el que tenía que ocurrir, aunque no lo entiendas, cuando algo nos cambia, pasa a formar parte de nosotros/as mismos/as y darle la espalda, por tanto, es darnos la espalda, es ir en contra de nosotros/as mimos/as, y ese camino es un acto de crueldad que nos conduce a la insatisfacción, al dolor, al desamor, también a la comodidad.

Así que, te lanzo la siguiente pregunta…

¿Quieres una vida cómoda o quieres una vida que te apasione?

Publicado en Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Cambiar de Vida

La tríada del mal: Control excesivo/Hiper-responsabilidad — Perfeccionismo — Procastinación

¿Por qué ese título…?

Para abrir boca, os diré que estos tres aspectos: el control excesivo/ la hiper-responsabilidad, el perfeccionismo y la procastinación, son indicadores de «rigidez mental», factor de «mal pronóstico» a nivel psicológico, tanto por las probabilidades de padecer un trastorno como a la hora de recuperarse de él.
Ahora veréis claramente por vosotros/as mismos/as por qué.

Vayamos por partes, como diría Jack El Destripador

Control excesivo: a nivel psicológico, implica que el tipo de explicaciones que nos damos a nosotros mismos sobre lo que nos ocurre a nosotros mismos y lo que ocurre en nuestro entorno, suele tenernos a nosotros mismos como origen, causantes y responsables.

De este modo, y simplificando, si «las cosas van bien» yo soy él/la responsable, y si «las cosas van mal» yo soy él/la responsable.

Si «las cosas van bien» mi autoestima y mi auto-concepto se verán reforzados (y la idea de control, falacia de control, en realidad, también).

Si «las cosas van mal» mi autoestima y mi auto-concepto se verán seriamente dañados (y, por extraño que parezca, la idea de control también se verá reforzada, ya que en este caso la idea dominante es que «no hemos hecho suficiente», léase: «no hemos controlado suficiente»).

Permitirme que haga notar el hecho de que nosotros somos los principales causantes de lo que nos ocurra, «bueno o malo», no hay espacio en esta explicación para considerar otros factores, en cierto modo, nos estamos creyendo «Dioses y Diosas». Pero lo cierto es, que el mundo no funciona así, ya que de ser así, nadie moriría por causa de catástrofes naturales, ¿no os parece?

Perfeccionismo: primer punto fundamental, LA PERFECCIÓN NO EXISTE (como le decimos a los niños respecto a los monstruos y fantasmas). La perfección es una idea, una idea ideal, no real.

¿Qué implica esto? Que por mucho que yo la busque y la persiga, no la encontraré. Lo que si es seguro es que pagaré un precio personal altísimo.

  • ¿Cuántas horas de estudio se necesitan para sacar un 5 en un exámen?
  • ¿Y para pasar de un 5 a un 6?
  • ¿Y de un 6 a un 7?
  • ¿Y de un 7 a un 8?
  • ¿Y de un 9 a un 10?

Tendemos a pensar que es una progresión lineal, es decir, vamos sumando un número fijo de una nota a la siguiente, pero esa regla de tres, en este caso, no funciona, ya que, más bien, se van multiplicando exponencialmente las horas, no sumando. Son necesarias cada vez más y más horas para alcanzar el objetivo, el nivel de exigencia es mucho mayor, la misma inversión de tiempo y esfuerzo no valdrán.

Si para pasar de un 6 a un 7, por ejemplo, he necesito invertir 10 horas de estudio, es muy posible que para pasar de un 9 a un 10 con 30 horas de estudio extra no tenga ni para empezar.

Así que, teniendo en cuenta que la perfección no existe, y que para conseguir un 10 (que no deja de ser algo arbitrario, no simboliza la perfección, como muchas veces tendemos a creer), hay que invertir muchísimo tiempo y esfuerzo, mi pregunta es: ¿merece la pena perseguir la perfección?

Porque aún hay más variables que tener en cuenta: ¿cuántas cosas he dejado de hacer en el camino de perseguir la perfección?, ¿qué coste personal he pagado? ya no sólo de tiempo y esfuerzo, sino de autoestima y auto-concepto,…

Procastinación: palabro donde los haya, significa postergar, en otras palabras «dejar para mañana lo que puedo hacer hoy».

Se que con todo lo anterior, en cierto modo, «desentona», pero es una consecuencia directa del control excesivo y del perfeccionismo.

Planteémoslo así:

Tengo algo que hacer (ya sabéis que si empieza por «tengo…», tiene mala pinta… porque denota obligación, no elección, y nuestro cerebro funciona especialmente mal ante los mandatos y obligaciones… espíritus libres que somos, ya sabéis ;o).

Ese algo que hacer, desde mi perspectiva, depende casi única y exclusivamente de mi, consecuencia: «si sale bien, soy un/a campeón/a», «si sale mal, soy un desastre». E incluso, si sale bien, es posible que no me lo acabe de creer del todo ya que, cuando llevamos mucho tiempo expuestos a este tipo de dicotomías, y teniendo en cuenta que en este mundo, hay muchísimas más cosas (por no decir una infinidad de cosas) que no controlamos, más que las que si controlamos, lo más probable es que nuestra autoestima y nuestro auto-concepto estén bastante tocados y erosionados.

Ese algo que hacer, tengo que hacerlo perfecto, no me vale un bastante bien, y aquí vuelve la obligación, y también el nivel de exigencia desproporcionado (porque ya hemos dicho que, lo perfecto, no existe).

¿Consecuencia? Si tengo que enfrentarme a algo, que creo que depende únicamente de mí, y que el resultado «decidirá» mi valía, poniendo en riesgo mi autoestima y mi auto-concepto, en un juego de azar en el que tengo todas las de perder, ya que la perfección es inalcanzable, con lo cual, no se trata de un reto que me motive, sino que eso que me estoy planteando conseguir es un imposible,… Ahora si, ¿consecuencia? Ni si quiera lo voy a intentar.
¿Por qué? Porque tal y como esta planteado el precio es excesivamente alto, y no voy poder pagarlo, así que ¿para qué intentarlo?

Si al principio a este «mecanismo» le llamaba la tríada del mal es además porque tanto el control como el perfeccionismo tienen muy buena prensa, de hecho, son valores que nos inculcan y fomentan, tanto en la escuela como en nuestra familia, pensando que con ello nos motivan hacia la excelencia, pero lo cierto es que fomentan algo totalmente opuesto, la procastinación, el postergar que, como bien sabemos todos, tan mala prensa tiene, porque «es de vagos».
Y en ese juego maquiavélico que pueden llegar a ser «las profecías autocumplidas«, acaba ocurriendo precisamente lo que queremos evitar, y no sólo es el postergar las cosas, sino acabar dañando tanto nuestra autoimagen que desarrollemos un cuadro depresivo muy arraigado, ya que nuestra forma y manera de ver la vida y de entenderla, están totalmente sesgadas e infectadas de este virus de tres cabezas.

Publicado en Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La tríada del mal: Control excesivo/Hiper-responsabilidad — Perfeccionismo — Procastinación

Quedarse demasiado tiempo en una relación de pareja – Parte 2

Hace unas semanas hablaba con una paciente precisamente de este tema, y me dí cuenta de que había una parte muy importante que no había reflejado en el artículo anterior.

«Esperamos» a no sentir «nada» (lo pongo entre comillas porque yo misma me pregunto si es posible no sentir nada…) para poner fin a una relación.

De lo que no nos damos cuenta es de que, procediendo de este modo, lo único que nos garantizamos es que la relación se haya deteriorado tanto, una vez que pongamos punto y final de forma efectiva, que las probabilidades de que la ruptura sea dolorosa y destructiva, son muchísimo mayores.

¿Por qué esperamos a que nuestros sentimientos cambien y/o desaparezcan?

Si seguimos el modelo cognitivo propuesto por la psicología, el famoso A-B-C (si, a nosotros, psicólogos, también nos gustan las siglas, y si es en inglés, como bien sabéis, ¡mejor que mejor!), que viene a decir que nuestros pensamientos condicionan nuestros sentimientos/emociones, y todo ello cómo nos comportamos, según este modelo el cambio de pensamiento va primero y las emociones que provoca se dan en un «segundo momento» y «en concordancia» con dicho pensamiento, pero como bien sabréis por vuestra propia experiencia personal, por mucho que nuestro pensamiento pueda llegar a cambiar, no siempre nuestros sentimientos acompañan como esperaríamos…. Ni en forma, ni en tiempo (cuando esto pasa, como ya indique en la primera parte de esta entrada, tenemos herramientas concretas que podemos utilizar para «acelerar» el proceso, y que el cambio se armonice).

Cuando se produce esta discrepancia, entre lo que pienso y lo que siento, lo cierto es que solemos darle más peso a lo que sentimos que a lo que pensamos y, una vez más, ya tenemos el auto-engaño montado, ya que al final las explicaciones que nos damos a nosotros/as mismos/as van en la línea de lo que queremos conseguir.

Este es el caso, por ejemplo, en muchos casos de malos tratos, en los que la relación de pareja se mantiene porque «aún quiero a mi pareja y ella me quiere a mí, muchísimo».

¿Qué implica todo esto?

Que si espero a poner fin a mi relación de pareja a ya no «sentir nada» por ella o al menos «no sentir nada romántico», por decirlo así, aunque ya lleve tiempo pensando y valorando la posibilidad de romper mi relación, me aseguro que me habré quedado demasiado tiempo en esa relación.

¿Cómo resolverlo? Como ya os dije en la primera parte, de nada sirve que rompa mi relación si no tengo claro qué es lo que quiero hacer y que quiero hacerlo, así que, reflexionemos para ordenar nuestras ideas y provocar un cambio de pensamiento:

¿Somos esclavos de nuestras emociones?

¿Es que por sentir algo tenemos que actuar forzosamente de forma acorde con eso que sentimos?

¿Quién dice que por querer a alguien tengas que tener una relación de pareja con esa persona?

¿Si siento deseos de darle con un bate de béisbol a la persona del coche de al lado, en un atasco, porque no me ha cedido el paso…? Entonces… ¿le doy?

Me encantó la película de «Relatos Salvajes» y os la recomiendo, es un claro ejemplo de personas que se dejan llevar por sus emociones hasta el extremo, en concreto emociones muy «poderosas» y destructivas también que tienen que ver con la rabia/ira sin control, campando a sus anchas. ¡Ojo!, tener en cuenta que, en la película, sin consecuencias también,… Pero en el mundo real, como bien sabemos, hay consecuencias, nos guste o no.

En resumen, las emociones pueden ser muy poderosas, pero sólo en la medida que nosotros les demos poder en nuestras vidas.

El duelo es un proceso largo, sinuoso, con idas y venidas (es decir, no es lineal ni progresivo, necesariamente), y es posible que lo estemos llevando a cabo respecto a nuestra relación de pareja mientras aún estamos en ella. Si es así, siento deciros que es el miedo el que está tomando decisiones por vosotros y que, si, efectivamente, ya os habéis quedado demasiado tiempo en esa relación.

Ser generosos, ser amorosos, con vosotros y con vuestra pareja, decir adiós desde el amor, no desde la rabia ni el rencor, tampoco desde la indiferencia. Habéis vivido una historia (más o menos) repleta de amor con esa persona y, como escuche en una película, si empieza con champán y tarta, debería acabar del mismo modo.

 

Publicado en Pareja | Etiquetado , , , , , , , | Comentarios desactivados en Quedarse demasiado tiempo en una relación de pareja – Parte 2

Quedarse demasiado tiempo en una relación de pareja – Parte 1

¿Cuándo es suficiente?

¿Cuándo ha llegado el momento de poner fin a una relación de pareja?

Muchas mujeres, me plantean que, haciendo revisión de las distintas relaciones de pareja que han tenido en su vida, hasta ese momento, se dan cuenta de que, tal vez, se quedaron demasiado tiempo en esas relaciones, no supieron cortarlas «a tiempo» e incluso no vieron la necesidad de hacerlo.

Todos sabemos que es difícil, cuando no, muy difícil, conocer a alguien que realmente nos guste, alguien con quién realmente conectemos y nos planteemos un camino juntos.

Es precisamente esta, una de las razones que nos frena a la hora de decidir poner fin a una relación.

Valoramos los pros y los contras, tanto de la persona como de la relación, y nos saboteamos a nosotros mismos sin pestañear. Ya que si el análisis no sale como esperábamos, nos decimos a nosotros/as mismos/as que esa persona, esa relación, es mucho más que un listado, que no podemos simplificar las cosas de ese modo ni convertirlo en una decisión que se parezca a si compramos una lavadora nueva o no.

Incluso usamos la célebre frase:
«El corazón tiene motivos que la razón no entiende«.

No me malinterpretéis, saber si una relación ya ha llegado hasta donde podía llegar no es sencillo, ni fácil.

Nos invade el miedo, el miedo a no estar haciendo lo correcto, a no tener motivos suficientes ni de peso para dejarlo, el miedo a estar sólo/a, y el miedo más penetrante aún de estar cometiendo un error del que nos vamos a arrepentir se cierne sobre nosotros como un manto que nos asfixia.

Plantéate esto, resulta esclarecedor:
¿En qué momento decides dejar tu trabajo y buscar uno nuevo y cambiar?

Cuando ya no aprendes nada nuevo, cuando no ves opción de avanzar y progresar, cuando ni si quiera ves opción de mantener el puesto y estatus que ya tienes,…

Contéstame ahora a la pregunta del principio:
¿Cuándo ha llegado el momento de poner fin a una relación de pareja?

Los motivos para cada uno variarán, pero en realidad no importan, porque lo único que importa eres tú.
Tú decidirás si lo que quieres o lo que es bueno para ti.

Yo podría simplificarlo diciendo que en el momento mismo que te lo has planteado, ya es probablemente el momento para dejarlo.

Si te sientes asfixiado/a, si descubres que estás mejor, más contento/a, más feliz, más tranquilo/a sin esa persona que cuando estás con ella, si la alegría, la atracción, sea lo que sea que sentías por esa persona, si esa emoción no se ha convertido en sentimiento, en amor, o bien era amor y ha pasado a ser simplemente cariño, creo que todos lo tenemos más claro.

  • ¿Cómo te ves dentro de 6 meses?
  • ¿Y de un año?
  • ¿Y de dos?
  • ¿Y de cinco?
  • ¿Y de diez?
  • ¿Está esa persona presente?
  • ¿Está la relación que tenéis ahora presente también?

Se que al leer esto, es posible que penséis: «un momento, yo estaba esperando respuestas, no más preguntas».

Voy a compartir con vosotros/as una máxima personal:
«Si sea lo que sea lo que te estás planteando hacer, el único motivo por el que no lo estás haciendo es el miedo… Adelante, ¡házlo!».

Ya encontrarás la manera, seguro que lo harás, sólo necesitas la determinación de hacerlo, el resto irá viniendo, según vaya siendo el momento y se presente la necesidad.

Cosas que ya os puedo adelantar…

Echarás de menos a esa persona, sentirás que la necesitas, que no puedes vivir sin ella, que todo lo que te espera, de ahí en adelante, es sombrío y aterrador, pensarás en ella, puede que de un modo obsesivo incluso, su nombre vendrá a ti, como un mantra, como un pensamiento intrusivo e incontrolable, recordarás cada frase que te tocó el corazón, cada momento excepcional que vivisteis, viajes, regalos, sorpresas, macarrones con chorizo que al levantar la vista y verle a él o a ella hacían que supieran a manjar de dioses, sólo porque él o ella estaban allí.

Todo eso ocurrirá, y del mismo modo, pasará.

Toda emoción crece, mucho o poco, asciende en su intensidad, permanece, más o menos tiempo, y del mismo modo que una ola, aunque sea un tsunami, desciende y desaparece.

Tener siempre esto en cuenta, es como funciona, sabiendo que es así, no sólo puedes anticiparlo o «predecirlo», sino saber que pasará y que podrás activar todos los recursos a tu alcance para hacer que el proceso sea natural, no traumático, y evolucione.

Muchas veces, el sentimiento permanece, eso significa que has querido y quieres a esa persona, que fue, y puede que sea, importante para ti, en tu historia, en tu vida, no que no puedas vivir sin ella ni que hayas «tomado una mala decisión».

Dicho todo esto, os puedo decir con toda claridad que, si no estáis preparados para poner punto y final a esa relación, aunque os obliguéis a hacerlo (por motivos propios o ajenos), no funcionará, volveréis, porque, hasta que no es tu momento, no es el momento.

¿Cómo hacer que llegue tu momento?

Pon en orden tus pensamientos, tus sentimientos, tus emociones, tus planes de futuro, y distingue entre: lo que quiero, lo que es bueno para mí, y lo que voy a hacer.

Sea cual sea el resultado de ese análisis, tu decisión será consciente y consecuente, podrás vivir con ella, tendrá sentido para ti, podrás mantenerla en el tiempo, claro que te tendrás que repetir a ti mismo/a el análisis y que te surgirán dudas, pero entonces, y sólo entonces, estarás en el camino.

Que una relación se acabe, no es dejar de amar, ni a esa persona, ahora, ni a otra o a ella misma, en el futuro.

Para mí, el amor ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, como la energía (me encanta cómo lo describe Jorge Drexler en su canción: Todo se transforma).

La capacidad de amar, de sentir, es tuya y sólo tuya, nadie puede quitártela, está ahí, en ti, ni si quiera depende de la persona que tengas delante o a tu lado. Está ahí, en ti.

Una canción más: Where does the good go? (¡Gracias Anatomía de Grey!)

Publicado en Pareja, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Quedarse demasiado tiempo en una relación de pareja – Parte 1

Declaraciones de intenciones al comenzar una relación

Es casi lo mismo que hablar de profecías autocumplidas

Cuando ocurre aquello que justo creíamos que iba a ocurrir, es cuando hablamos de una profecía autocumplida.

Desde un punto de vista psicológico, se explica porque ponemos el foco en aquello que queremos que ocurra o, generalmente, no queremos que ocurra, de tal manera que nuestras acciones, pensamientos, decisiones e incluso emociones, van encaminadas justo en esa dirección, haciendo mucho más probable que aquello que planteábamos acabe ocurriendo.

El libro de «El Secreto» hace una lectura «positiva» de esto, y habla de si, por ejemplo, estás buscando pareja, dejar un lado de la cama libre e incluso del armario, «haciendo espacio» a aquella persona que buscas y/o esperas.

Sin embargo, lo que muchas veces no tenemos en cuenta es que nuestro cerebro no procesa el «no…» de lo que queremos, o en este caso, de lo que no queremos (como cuando hacemos el famoso ejercicio de «no pienses en…» y es justo en lo que piensas).

Un ejemplo: «no quiero que mi pareja sea celosa», como es algo importante para mí, lo tengo bien presente (como si con eso ya me garantizara que no fuera a ocurrir sin que yo me diera cuenta), me lo recuerdo, me lo repito, y cuando comienzo una relación, lo expreso con estas mismas palabras, porque creo que de eso modo «prevendré» que ocurra.

Sin embargo, tantas veces, nos encontramos con que, justo eso que no queríamos, es lo que acabamos teniendo, en este caso, una pareja celosa, y tenemos la sensación de que, de algún modo, y sin saber cómo, llevamos años saliendo con «la misma persona», pero con cuerpos y nombres diferentes.

¿Cómo llega a ocurrir?

Es un mecanismo psicológico algo complicado.

Resulta que como ya lo he expresado de viva voz: «no quiero una pareja celosa», y además se que estoy alerta, en cierto modo, nos relajamos, más bien yo diría que nos convencemos de que estamos «a salvo». Y cuando empezamos a ver los primeros signos de que mi pareja tiene celos y los expresa con disgusto, reproches, críticas, etc., nos recordamos que es algo que ya hemos hablado y que nuestra pareja nos ha dicho que no es celosa, y como ya tenemos ese filtro activado, esa supuesta barrera protectora que hemos montado, y además resulta que mi pareja me gusta un montón, y claro, no quiero dejarla, pues me convenzo una vez más de que eso que esta pasando «entra dentro de la normalidad» y no hay que darle importancia (y aquí empieza todo un discurso muy elaborado sobre que no hay que ser puntilloso/a, que en una relación hay que ceder, bla bla bla).

Y de este modo, ya tenemos el autoengaño montado, convincente, «racionalmente estructurado» y alicatado hasta el techo, listo para servir y tragar.

En la película «American Playboy«, el protagonista dice que «hacen falta 26 puntos para que una mujer confíe en ti, una vez conseguidos, puedes dedicarte a ver el fútbol…» Y añade, un punto si le regalas flores, un punto si le preparas la cena (sobre todo si es un desastre porque así ve que realmente te estás esforzando y te gusta), etc.

Obviamente, es una película, es ficción, pero en sus palabras guarda algo de verdad.

Hay ciertas cosas, actitudes, conductas, que si las vemos en una fase muy temprana de la relación, nos ahuyentaran como alma que lleva el diablo (pero si, claro que hay excepciones, por ejemplo si es tal el deseo que tenemos de tener pareja que, en cierto modo, estamos «desesperados/as» por tener una relación, y nuestras barreras están especialmente bajadas, somos especialmente permisivos).

Sin embargo, si ya hace un tiempo que estamos conociendo a esa persona, y en cierto modo, confiamos en ella, nos resulta muy difícil incorporar esa nueva información que tenemos, a la imagen que ya nos hemos creado de esa persona (a este proceso lo denominamos «disonancia cognitiva«, fundamental para que se produzca un cambio, tanto de pensamiento como de conducta, pero no es automático, ni infalible).

Y, recuerda, al comienzo de una relación, todos enseñamos nuestro lado más brillante, como los pavos reales con sus colas de plumas espectaculares, pero, al igual que la luna, todos tenemos un «lado oscuro» menos brillante y menos conocido también.

¿Cómo prevenirlo?

No hay fórmulas magistrales, como tantas veces oímos en psicología.

Lo cierto es que cuando comenzamos una relación, cuando comenzamos a conocer a alguien, es justamente eso en lo que tenemos que centrarnos, en conocer a esa persona, y dejar a un lado nuestras construcciones teóricas sobre cómo va a a ser, tanto la persona como la relación.

Más aún, si «te pillas a ti mismo/a» fantaseando sobre vuestro futuro, es una clara señal de alerta. Alerta ya que está entrando en juego nuestro querer, nuestro anhelar, nuestro desear, y no lo que realmente está ocurriendo.

Cuando conocemos a alguien, es mucho más lo que no sabemos que lo que sabemos, dijéramos que hay muchos «huecos de información por llenar». Podemos llenarlos con lo que vamos conociendo, o bien con nuestras proyecciones, es decir, con lo que queremos que sea. Sabemos que, al inicio de una relación, es cuando se da el «enamoramiento«, posible precisamente porque es mucho más lo que no sabemos e imaginamos, que lo que realmente conocemos. Teniendo en cuenta que es un proceso natural para nuestro cerebro, es imperativo que seamos prudentes, que «tomemos tierra» y que nuestro «yo soñador/a» no nos eleve más allá de dónde podamos verla.

Y si esto ya te ha ocurrido o te está ocurriendo ahora, es el momento de recalcular ruta y objetivar: ¿qué sabes? y, ¿qué te estás imaginando?

Publicado en Pareja | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Declaraciones de intenciones al comenzar una relación

Infidelidad

Los motivos que llevan a una persona, en un momento determinado, a una infidelidad hablan de sus propios deseos, no de mí, ni de ti (nos resulta muy sencillo, en muchos casos, pensar que mi compañero/a es un/a sádico/a (disfruta haciéndome daño), y busca hacerme daño con esa infidelidad, si bien, en la mayoría de ocasiones, las motivaciones que le han llevado a ella, no tienen nada que ver con eso, ni con nosotros/as).

Es más, nos lo planteamos como: «las causas de una infidelidad«, pero lo cierto es que, hablando de las personas y de sus decisiones, raramente podemos predecir o explicar por completo su conducta (¡no estamos en su cabeza!), como pasa con los tornados; pero como sabemos, somos buscadores de respuestas y explicaciones, ciertas o no, que nos dejen tranquilos/as, y creemos que si llegamos a entender por qué mi pareja me ha sido infiel, entonces podré seguir adelante.

La incredulidad, ese «no me puedo creer que mi pareja me haya sido infiel” habla de que tú no estás procesando e integrando lo ocurrido (este aspecto se desarrolla en otra entrada de este blog, ya que contamos con herramientas muy potentes para trabajar este aspecto concreto en terapia), no de que necesites saber por qué lo ha hecho tu pareja (si es que hubiera una explicación y estuviera dispuesto/a a compartirlo con nosotros/as).

Sin embargo, nos sentimos «idiotas» por no «haberlo visto venir», «por no haberlo sabido predecir», como si tuviéramos una bola de cristal… Intentando controlar lo incontrolable, jugando a ser «dioses y diosas todopoderosos/as», principio y fin del universo (digo esto porque tendemos a pensar que cuando otro/a hace algo, ese algo es por mí, por ejemplo: si llego a la oficina y mi compañero no me saluda, es que está enfadado conmigo, le pasa algo conmigo, no nos planteamos el millón de cosas, pensamientos y personas que hay en su vida y la repercusión que puedan tener en él…, no, la causa soy yo).

Si hay una especie de «declaración de principios», al comienzo de la relación, en la que ambos aseguráis: «jamás te seré infiel», respiraréis tranquilos/as, aliviados/as, como si hubierais dado con «la vacuna definitiva para la infidelidad«, pero lo cierto es que no “previene” en absoluto de nada, más bien lo que hace es que nos resulte totalmente inconcebible que pueda llegar a ocurrir o haya ocurrido de hecho dejándonos, tal vez, anclados en esa incredulidad, y nos refuerza también en la idea de que la otra persona, efectivamente, «pretendía hacerme daño adrede porque sabía lo importante que era para mí y aún así lo hizo».

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, te oigo decir… si, si, pero, ¿por qué somos infieles?

Respuestas posibles: volver a sentirnos deseados/as; mejorar nuestra seguridad en nosotros/as mismos/as y/o nuestra autoestima; recuperar la chispa en nuestra relación (algunas personas creen que al «probar otras opciones» podrán reafirmarse en la decisión de continuar con su pareja); falta de relaciones sexuales en nuestra relación; no desear a mi pareja actual y no tener valor para dejarla o realmente no querer hacerlo; estar pasando por un «mal momento» en nuestra relación de pareja, estar a punto de casarnos y querer «disfrutar» de nuestra libertad, una vez más; un embarazo deseado o no (afecta al deseo sexual por varias razones y también a la auto-imagen); una oportunidad que se nos muestra ante nosotros «servida en bandeja»; curiosidad; aburrimiento; querer cambiar nuestra rutina; averiguar qué sentimos por nuestra pareja; enamorarnos de otra persona; querer a otra persona; desear a otra persona; estar borrachos/as y por tanto, desinhibidos/as; explorar nuestra sexualidad y nuestras fronteras;…

Estas son algunas de las respuestas que se me ocurren, pero hay otras muchas que no puedes llegar ni a imaginar. Recuerdo una pareja, sus relacione sexuales habían desaparecido por completo desde hacía meses, no hablaban de ello y cada vez se estaban separando más, física y emocionalmente. Después de trabajar intensamente en la terapia la comunicación entre ellos, uno de los miembros de la pareja por fin confesó que desde que su pareja había dejado de fumar sufría un problema de halitosis grave y que no se atrevía a decírselo porque no quería hacerle daño, pero que le hacía tener una respuesta de rechazo físico hacia ella, y que era el motivo principal por el que no quería mantener relaciones sexuales.

Como suelo decir, la realidad supera la ficción.

Si tu pareja te ha sido infiel o bien has sido tu quien ha sido infiel, y no sabes qué hacer, te recomiendo pedir asesoramiento a un profesional antes de compartirlo incluso con tu pareja y tomar decisiones, ya que aquí hemos hablado de las mal llamadas «posibles causas», pero cómo gestionarlo, qué hacer, depende de tu caso concreto, ya que hay muchas cosas que tener en cuenta, y en estos momentos tus emociones (la culpa, el miedo, la tristeza,…) te pueden estar «nublando el juicio».

Publicado en Pareja | Etiquetado , , , , , , , | Comentarios desactivados en Infidelidad

«¡No me puedo creer…!»

¿Cuántas veces te has visto a ti mismo, te has oído a ti mismo repitiéndote esta frase?

En esos momentos, entramos en bucle, nos repetimos de forma «obsesiva»: ¿qué ha ocurrido?, ¿qué ha pasado?, ¿cómo?, ¿por qué?,… Y la respuesta es: «No me lo puedo creer…», «Es que, no me lo puedo creer…».

A esos momentos, los llamamos: «Incredulidad».

Lo que está pasando a un nivel más profundo, es que nuestro cerebro está buscando respuestas (de un hemisferio al otro) para integrar eso que ha ocurrido dentro de nuestra red neuronal (almacén de nuestros conocimientos y experiencias).

Una vez tenemos las respuestas, no sólo entendemos cognitivamente lo que ha ocurrido, sino que nuestra emocionalidad cambia, deja de ser tan intensa, la sensación de emergencia y alerta se apacigua.

De esta forma, el trauma, deja de ser tal, para pasar a ser una experiencia, tal vez dolorosa, frustrante,… pero no agónica.

Este proceso natural para nuestro cerebro, ya que está «construido» para ayudarnos y protegernos, no siempre ocurre por sí sólo.

En ocasiones, nos faltan conocimientos y/o recursos para llevar este proceso a cabo, en otras ocasiones, nuestro cerebro ya tiene lo que necesita para «procesar» lo ocurrido, pero tal vez necesite un «empujón» para acelerar el proceso o desbloquearlo si no está avanzando por sí mismo.

Si te sientes identificado/a, contamos con métodos científicamente contrastados para hallar la solución que mejor se adapte a ti. Si quieres saber más, ponte en contacto con nosotros y te informaremos de forma gratuita.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , | 1 comentario

¿Cómo «acabar bien» una relación de pareja?

Ya hemos hablado en otra entrada de este blog de «la importancia de acabar bien una relación», ahora bien, y cómo lo hacemos…

Lo primero es ponernos cómodos/as, no hay tiempos establecidos para este proceso, cada persona va a su ritmo, y respetarlo es el primer paso.

Los que estéis leyendo esto y hayáis hecho terapia, o seáis profesionales de la psicología o la educación, sabéis que la curva de aprendizaje no es lineal, va en ascenso, pero tiene avances y retrocesos, que son precisamente los que nos permiten seguir avanzando, al darnos la oportunidad de reafirmar lo nuevo que hemos aprendido. Así que tener paciencia y no desfallezcáis en vuestro empeño (desde luego que esto se aplica a cualquier tipo de aprendizaje).

Daros tiempo para reflexionar y para escuchar vuestros pensamientos y emociones, la mayor parte de la información que necesitáis en este proceso ya está ahí, con vosotros/as.

Para esto os pueden ayudar:

  • El ejercicio que ya señalaba en otro lugar: elaborar un relato de nuestra historia de amor, incluyendo lo que sentimos y experimentamos, además de lo que ocurrió, cómo evolucionó nuestra relación, nos permite integrar la información y tener una visión más global.
  • Hablar con los/as amigos/as de lo ocurrido: es una opción que nos puede producir un gran «desahogo emocional», si bien también es cierto que nos puede mantener enganchados en lo que sentimos, sea ira, rencor, amor, deseo,… y enganchados también en repetir el mismo discurso una y otra vez, ya que al no escribirlo, resulta más complicado darle una coherencia, de principio a fin, además de que entran en juego las «bienintencionadas» opiniones de los invitados al coloquio, todo lo cual nos puede generar aún más confusión así como sobrevalorar eso que estamos sintiendo, debido al tiempo que le estamos dedicando.
  • La meditación es un ejercicio fantástico que nos permitirá entrar en contacto con lo que sentimos, y que también os recomiendo.
  • Aceptar lo que sentimos y darle espacio para que se desarrolle o bien desaparezca, no podemos saberlo, pero sin duda nos ayudará a tomar decisiones.
  • Hacer una lista de pros y contras es un ejercicio muy común en los procesos de toma de decisiones, si bien cuando hablamos de sentimientos se nos queda un poco cojo, y si vuestra tendencia es a «racionalizar» una situación como esta, en caso de que os decidáis por esta opción, que no sea la única.
  • Hacer «limpieza» de todo lo que nos regalo, compartimos o nos recuerda a esa persona y a esa relación: es una parte del proceso, no el proceso en sí mismo; si os recomiendo que antes de dar este paso tengáis bien claro qué queréis, en esta parte del proceso puede ser prematuro.
  • Pedir ayuda a un terapeuta: es posible que todos estos ejercicios, una vez emprendidos, os muestren obstáculos que no sepáis cómo salvar: emociones que no podéis aceptar o procesar, pensamientos que os torturen y para los que no encontréis respuesta, hechos que han sido traumáticos para vosotros y que no sabéis cómo afrontar y superar, etc. De ser así, no os angustiéis, es posible que os falten recursos para elaborarlo, de ser así, acudir a un profesional, del mismo modo que llamaríais a un experto para que os ayudara en cualquier otro área de vuestra vida que no supierais cómo solucionar.

Quedar con nuestra ex-pareja, antes de tomarnos este tiempo para reflexionar por nosotros mismos, para compartir con ella lo que sentimos y lo que pensamos, nos garantiza que se nos quedarán cosas en el tintero, y además tiene sus «peligros», como todos bien sabéis: puede acabar en situaciones que van desde el conflicto al «sexo de despedida», fomentando el rencor, la ira, las dudas y tal vez las rumiaciones respecto a por qué se acabo y qué es lo que queremos realmente. Siempre digo que «obligarnos» a cerrar algo antes de que estemos preparados para hacerlo no tiene sentido porque no va a funcionar, del mismo modo que tampoco lo tiene que nos dejemos llevar por nuestros impulsos para después machacarnos y culpabilizarnos por haberlo hecho. Teniendo eso en cuenta, ¡bienvenidas sean todas las opciones!

Los ejercicios que os he propuesto son para vosotros/as mismos/as hasta aquí.

Una vez hecho todo ese trabajo, del que podéis sentiros orgullosos/as y satisfechos/as, sean cuales sean los resultados, el siguiente paso es compartirlo con vuestra ex-pareja. Según escribo esto oigo todo tipo de motivos, y algunas excusas para no hacerlo, y si es vuestra elección, adelante, podéis usar la técnica de la silla vacía o escribir una carta que queméis al viento en su lugar.

Pero si tenéis la oportunidad de compartirlo con vuestra ex-pareja y habéis experimentado en otras ocasiones el dolor, la incomprensión, la frustración e incluso la desesperación y el sufrimiento de haber perdido o acabado con relaciones y personas que realmente amabais sin haber intercambiado ni media palabra, sabréis lo tremendamente difícil que resulta, y el tiempo grande que lleva, pasar página y estar en paz con uno mismo porque el rencor sigue ahí, y te cuesta no sólo creer en las personas, sino también en el amor y en que merece la pena arriesgarse, y eso te convierte justo en la persona que no quieres ser: como decía un paciente, amargado por no amar (tal vez lo sacó de la canción de Mecano, jejeje). Además, es un regalo precioso que podéis hacerle al otro también (ver: la importancia de «acabar bien» una relación).

Si habéis decidido compartirlo con vuestra ex-pareja, os doy algunas recomendaciones sólo generales, para entrar en detalles tendrían que adaptarse según el caso:

  • Utilizar mensajes Yo, en lugar de mensajes Tú.
  • Hablar de hechos concretos y en caso de añadir valoraciones, dejar claro que son vuestras, no verdades inmutables.
  • Hacer un esquema previo no está demás, pero si os genera malestar, tener en cuenta que tampoco es necesario.
  • A la hora de hacer una crítica, tener siempre en cuenta que todos nos equivocamos y que hacemos las cosas lo mejor que podemos y sabemos.
  • Reservar un espacio para hablar de vuestros sentimientos. Eso es oro puro, no lo saquéis de la conversación sólo porque sea doloroso, el dolor nos recuerda que hay algo que necesita ser atendido, no descuidado.
  • Ser concretos y sintéticos, no se trata de hacer una revisión exhaustiva de toda vuestra historia, esa ya la vivisteis.

Una vez que hayáis llegado al punto que seáis capaces de alegraros por lo que habéis compartido con esa persona y os sentáis afortunados y agradecidos por ello, viendo también aquello que no os gustó, que os dolió, tanto por parte de vuestra ex-pareja como por vuestra propia parte, haciéndoos responsables de ella, con vuestras luces y vuestras sombras, cambiando lo que deseéis y aceptando lo que elijáis, habréis llegado a cerrar el círculo y esta etapa de vuestras vidas.

¿La «mala noticia», por decirlo así,…? Llegar a este punto no significa que hayáis llegado al final. Como ya os decía, el proceso no es lineal, así que es posible que vuelvas a sentir «tentaciones» de volver a ver a esa persona o hablar con ella, que la sigas echando de menos, que te siga gustando o que la sigas queriendo, pero no tienes por qué asustarte, recuerda que esa persona fue importante en tu vida y puede que aún lo sea, eso no significa que no puedas elegir seguir adelante con tu vida, significa que has amado, de corazón. ¡Alégrate por eso! Y cada vez que pienses en esa persona, mándale luz y ese amor tan precioso.

Publicado en Pareja | Etiquetado , , , , | 1 comentario

La importancia de «acabar bien» una relación de pareja

Cuando una relación acaba, acaba una etapa de nuestras vidas.

Podríamos simplificarlo, diciendo que es importante, para empezar una nueva etapa, haber acabado y cerrado la anterior, para no «llevarnos» los rencores, expectativas no cubiertas, dolores y miedos, de una relación a otra.

Pero es más que eso.

Ciertamente, cuando una relación acaba, el proceso de duelo entra en marcha, no sólo por la pérdida, también por lo que podría haber sido y deseábamos que fuera, y no llegó a ser.

Podemos tener la «tentación» de revisar una y otra vez, con todo detalle, de una forma casi obsesiva, cada uno de los detalles de esa relación para intentar «averiguar» qué salió mal y en qué nos equivocamos. Es un ejercicio que según lo planteemos, puede ser constructivo o por el contrario, muy destructivo.

Constructivo en cuanto a que nos ayude a procesar e integrar nuestras emociones y sentimientos. Un ejercicio muy interesante (ver más en: «Cómo «acabar bien» una relación de pareja») y recomendable es elaborar un relato de esa historia de amor, incluyendo lo que sentimos y experimentamos, además de lo que ocurrió, cómo evolucionó nuestra relación; nos ayudará no sólo a comprender qué ocurrió sino también a nivel emocional, integrando esa historia dentro de la «gran historia de nuestras vidas«, dándole un sentido, así como un nivel de comprensión más profundo, y su lugar, un capítulo, con principio y final.

Destructivo puede llegar a ser también este ejercicio si nos centramos en analizar los detalles, buscar culpables, centrarnos en el dolor, en los reproches (en la mierda, al fin y al cabo), haciendo que esas emociones, en lugar de procesarse, incrementen en intensidad e incluso en relevancia en nuestras vidas y en nuestras decisiones. Este ejercicio, en consecuencia, no nos ayudará a elaborar nuestras emociones y sentimientos ni a integrar la historia en nuestra historia.

En numerables ocasiones nos sentimos «empujados» a hacer este ejercicio destructivo porque queremos que lo que nos ha ocurrido no vuelva a suceder: perdernos en la relación y en la otra persona, dejando de ser nosotros mismos, confiar en quien no «debíamos», tener expectativas poco realistas de la relación y esperar más de lo que la otra persona quiere o puede darnos, etc.

Sin embargo, este ejercicio se convierte en una «profecía autocumplida» que nos empuja exactamente a lo que no queremos tener en una relación, confirmándonos de ese modo que lo que pensábamos es exactamente así.

Por ejemplo: si mi pareja me ha sido infiel y ha sido el motivo de que la relación se acabe para mí, puedo llegar a la conclusión, tras «analizar» el comportamiento de la otra persona e incluso el mío propio, que no se puede confiar en las personas (hombres o mujeres), de ese modo, la próxima vez que conozca a una persona que me atrae, puedo someterla a toda clase de «interrogatorios» respecto a cómo acabaron sus relaciones anteriores y a qué piensa de la infidelidad, acompañado de toda una serie de declaraciones respecto a lo deleznable que son para mí las infidelidades. De este modo, espero «protegerme» de que lo que me ocurrió en mi relación anterior y que no vuelva a ocurrir en las siguientes, y es incluso posible que sienta cierta «seguridad» de que al haberlo declarado e insistido tanto ello, haya dado con la profilaxis «perfecta»para «prevenir» futuras infidelidades. Si a pesar de todo esto, vuelve a ocurrir una infidelidad entonces, para mí, quedará completamente confirmada la tesis inicial: «no se puede confiar en las personas» (aquí tenemos la profecía autocumplida).

No me doy cuenta de que lo que estoy haciendo es darle un papel central a la infidelidad en mi relación y construyendo un castillo de naipes en la base de que: «como ya lo he dicho y la otra persona me ha asegurado que no ocurrirá, estoy a salvo»; en lugar de concentrarme en conocer a la otra persona para, paso a paso, descubrir si es la relación que deseo y el/la compañero/a que deseo tener a mi lado en la vida, y en caso de que no sea así, poner fin a la relación (antes de que tal infidelidad pueda llegar incluso a producirse; ver: ).

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, acabar bien una relación, nos permitirá:

  • Honrar el amor que hemos sentido y compartido.
  • Honrarnos a nosotros mismos por haber amado, por haberlo intentado.
  • Respetarnos a nosotros mismos, con nuestras luces y nuestras sombras, como seres humanos falibles, que desean amar y compartir.
  • Respetar a la otra persona, que al igual que nosotros, es un ser humano falible.
  • Reconocer nuestra valentía (que como ya sabemos, no es la ausencia de miedo).
  • Darnos la oportunidad a nosotros mismos de ir acercándonos, cada vez más, a las personas que queremos llegar a ser, lo cual implica un «recalcular ruta» (al modo gps) constante.
  • Darnos la oportunidad a nosotros mismos de cambiar los aspectos de nosotros mismos que no nos gustan, desde el amor, la comprensión y la aceptación, no el machaque, la culpa, el dolor ni el resentimiento.
  • Validarnos a nosotros mismos por las decisiones que hemos tomado, que es posible que no nos haya llevado a los resultados que nosotros queríamos obtener, pero que sin duda fueron las decisiones que en ese momento concreto de nuestras vidas, nos parecieron más oportunas (recordar que las personas buscamos el «éxito», buscamos triunfar, conseguir lo que nos proponemos, y que además somos inteligentes, si tomamos determinadas decisiones, teníamos «buenos motivos», aunque ahora nos parezca tan lejano que no consigamos comprender por qué lo hicimos).
  • Conocernos mejor a nosotros mismos ya que, al exponernos a determinadas situaciones vemos aspectos de nosotros mismos que tal vez ni sabíamos que estaban ahí.
  • Descubrir nuestros posibles «puntos débiles», ya que como siempre digo en consulta, incluso Superman tiene su «criptonita», y el problema no es tenerla, es no saber el efecto que puede llegar a tener en nosotros.
  • Aceptarnos tal y como somos.
  • Aceptar a los demás tal y como son, y reconocer cuándo estamos intentando «cambiar a la otra persona».
Publicado en Pareja | Etiquetado , , , , , , , , | 1 comentario

La Impaciencia

file000349823764A veces, sin darnos cuenta, anhelamos tanto conseguir algo, lo deseamos con tantas fuerzas, que nuestro comportamiento, nuestra conducta y nuestras palabras nos alejan de ello, sintiéndonos frustrados y confundidos.

Muchas veces no somos conscientes del mensaje que realmente estamos dando con dicho comportamiento.

Por ejemplo, si anhelamos tener una relación de pareja, un compañero o compañera, nuestra conducta es proactiva, proponemos planes, nos mostramos abiertos, receptivos, buscando, pero a veces pasamos la frontera, dando el mensaje de estar «desesperados/as» e incluso puede parecer que «perseguimos», y eso nos muestra ante los demás poco «atractivos/as», sin darnos cuenta.

Es como una estrategia de venta, si nos sentimos presionados a «comprar», es muy posible que el producto pierda interés para nosotros, e incluso despertar nuestra suspicacia, y llevarnos a preguntarnos «¿realmente este producto será tan «bueno» si me lo están «intentando» vender a toda costa?».

Aún así, es posible que finalmente «nuestro/a posible comprador/a», finalmente decida «adquirir» el producto, sin embargo, siempre nos cabrá la duda de si ha «elegido» el producto, por el producto en sí mismo, o más bien por una estrategia de venta hábil o persuasiva.

Esto es aplicable también a cuando nos mostramos muy extrovertidos o «excesivamente disponibles».

No caemos en la cuenta de que es muy posible que estemos despertando una respuesta de «rechazo» en vez de una respuesta de «acercamiento».

¿Cómo encontrar el punto medio?

Mi primer consejo es «estar con los ojos abiertos», es decir, observar la reacción del posible «comprador/a»: Mostrarse abierto/a y receptivo/a es algo positivo, no tenemos que esperar como muebles a que «vengan a buscarnos», ahora bien, si ante una propuesta y/o invitación o proposición, la reacción no es de acercamiento y/o aceptación de la «oferta», es muy posible que el/la comprador/a no este interesado/a en nuestro producto, si es así, insistir o perseverar, nos introducirá en el proceso que os comentaba antes… Intentar convencer de que «nuestro producto» merece ser comprado, y precisamente en este movimiento es cuando empieza a perder valor (y no porque no le interese a esa persona, ya que, como infinidad de veces habréis oído, para gustos, colores), no solo para nuestro/a comprador/a, sino para nosotros/as mismos/as.

Como segundo consejo os diré, que no importa lo mucho que deseéis algo, o lo vital que consideréis que es algo para vosotros/as en vuestras vidas, si lo convertís en el «centro de vuestras vidas», es casi seguro que desencadenaréis una tendencia obsesiva y que os conducirá a una profunda frustración.

La forma en la que explico esto en la consulta es a través de la Teoría del Caos, esta teoría, más allá de su formulación matemática, postula que son tantas las variables que influyen en que un acontecimiento determinado se de, en un momento concreto, que es casi imposible predecirlo. En la parte que a nosotros nos interesa, tendría que ver con que es «casi imposible» provocarlo o hacer que ocurra.

En psicología hablamos del locus de control, refiriéndonos a qué tipo de explicaciones nos damos a nosotros mismos sobre por qué ocurren las cosas, bien sea a nosotros mismos o a nuestro entorno, este concepto se utiliza para explicar una de las teorías sobre la depresión, pero en este caso nos interesa para entender la «falacia de control» y cómo podemos estar haciéndonos responsables (que no culpables) de por qué ocurre lo que ocurre.

Si yo pienso que, por ejemplo, mi hijo ha tenido un accidente de moto porque yo no he rezado tres veces el rosario, me estoy haciendo responsable de algo que ha ocurrido, sobre lo que realmente no tengo ningún control (falacia de control). Este comportamiento, el rezar tres rosarios en nuestro ejemplo, tendría en este caso una función de ritual obsesivo a través del cuál, esperaríamos controlar lo que ocurre en nuestro entorno.

La falacia de control es tal porque, en un primer momento, nos hace creer erróneamente que podemos controlar lo que ocurre, proporcionándonos cierta tranquilidad, sin embargo, en un segundo momento se apodera de nosotros la frustración y la impotencia, ya que realmente la contingencia no es tal, es decir, no está en nuestras manos.

De aquí viene mi tercer consejo, encarguémonos de lo que realmente está en nuestras manos, que es nuestra actitud, las interpretaciones que damos y hacemos, y la forma en la que decidimos vivir lo que está ocurriendo, mostrémonos receptivos, abiertos, proactivos, las tres son grandes cualidades y fortalezas, se trata únicamente de dosificarlas, y de utilizarlas en nuestro beneficio, no en contra de él; y en caso de que no consigamos aquello que anhelamos, no desesperemos, entendamos que influyen muchas otras variables que escapan a nuestro control, y sigamos nuestra búsqueda, no invirtamos toda nuestra energía, dosifiquemos, una vez más.

Por último, respecto a la impaciencia en conseguir nuestros objetivos de cambio, bien sean de pérdida de peso, horas de estudio, hábitos de limpieza o cuidado personal, cambio de nuestra actitud y/o comportamiento, las recomendaciones que os hago son las siguientes:

  • Ten clara cuál es tu motivación para conseguir eso que te has propuesto, escríbela y tenla no sólo presente sino también visible, te ayudará a perseverar en tu empeño.
  • Márcate objetivos siguiendo las indicaciones SMART: eSpecífico, Medible, Asumible, Realista, y delimitado en el Tiempo.
  • Especifica objetivos a corto plazo, ya que son más motivadores y reforzantes que los objetivos a largo plazo, así que coge este último y descomponlo en pequeñas metas, pequeños objetivos que te acerquen a ese más grande y lejano.
  • Si te resulta complicado realizar este proceso por ti mismo, asesórate con un experto.
Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La Impaciencia