Necesitar a los demás

¿Una realidad contra la que rebelarse o una realidad que nos puede hacer crecer?

Nuestro afán de ser independientes y autosuficientes, en ocasiones, nos lleva a cometer el error de creer que “no necesitamos a nadie”, que, en cierto modo, estamos “por encima del bien y del mal”…
Pero no lo estamos, somos personas, animalitos/as, como todos/as los/as demás, sujetos/as a limitaciones y necesidades, las tengamos en cuenta o no, es más, os puedo asegurar que si no las tenemos en cuenta, ya se ocuparán ellas de hacer que las tengamos en cuenta.

En realidad, parece “más fácil” vivir así, siendo independientes y autosuficientes, ¿verdad?

Porque, de ese modo, no hay nada que “te ate”, eres libre para entrar y salir y “hacer lo que se te plante, cuando se te plante”.
Y creemos que eso es la libertad, ¿o no lo es?

Sin embargo, el amor, la cooperación, el compañerismo, la ayuda, el apoyo, el respaldo, la comprensión, la presencia, la aceptación, la seguridad incluso, que una relación, una persona, puede llegar a brindarnos puede, simplemente, cambiarlo todo.

Sentirnos “solos/as ante el mundo” puede ser muy aterrador, de lo que no nos damos cuenta es de que, no suele ser cierto.

Muchas personas tienen miedo a la soledad, al aislamiento.
Sin darse cuenta de que, la mayoría de las veces, son ellas quienes “crean” y/o fomentan y/o alimentan y/o provocan esa soledad y ese aislamiento.

Nadie está solo/a, a menos que quiera estarlo.

La clave, en realidad, es a quién elegir, en qué manos sujetarte, en qué brazos cobijarte, en qué hombros apoyarte,…

La necesidad nos provoca la mayor motivación posible, ese motor que nos impulsa en el viaje que es la vida, lo que, “bien” gestionado, puede ser una ventaja indiscutible, no una losa.

Por otro lado, la “necesidad” tiene una “cara b”.
El miedo a perder “lo que tenemos” tomando decisiones que, hasta cierto punto, puedan ser “irracionales” (sólo que a veces esa supuesta “irracionalidad” se debe a que no estamos atendiendo a nuestra naturaleza más primordial o primaria, no a que no tenga ningún sentido lo que estamos haciendo o que estemos “perdiendo la razón”).

Y esto puede ser así si no tenemos en cuenta algo fundamental:

Las personas con las que hemos compartido nuestro tiempo y nuestro cariño, las personas que han “tocado nuestra alma” y que nos han cambiado por completo, que han tenido un efecto en nuestra vida regenerador y alentador, esas personas, esas relaciones, ese amor, son sanadoras, nos impulsan a ser, cada día, alguien mejor, más completo, más feliz, no tiene por qué ser una limitación, ni mucho menos.

Por este motivo, creo sinceramente que, bien esas personas continúen en nuestras vidas, bien se vayan por propia voluntad o porque ha llegado su momento, siempre formarán parte de nuestras vidas y de nosotros/as mismos/as, se que no en el modo o manera que nos hubiera gustado, pero lo cierto es que estarán ahí, siempre.

Porque son personas, son relaciones, es amor que de la forma más mágica y extraordinaria que pueda existir nos hacen llegar a donde nunca pensamos que podríamos llegar, a donde, de hecho, tal vez hubiéramos intentado llegar por nosotros/as mismos, pero no lo hubiéramos conseguido.

Y es que, nos guste o no, nos parezca un “atraso” o “involución” o “debilidad” o incluso “dependencia” o no, las personas con las que compartimos nuestro tiempo y nuestro amor, dejan una huellan, generan, en cierto modo, una “necesidad”, pero que no tiene por qué ser una limitación, en absoluto.

Se que, tal vez, este artículo os resulte un poco “contradictorio”, si habéis ido siguiendo el blog y habéis leído otros artículos míos, pero al igual que os ocurre a todos/as y cada uno/a de vosotros/as, mi vida también evoluciona, yo también cambio, conozco cosas nuevas, experimento cosas que nunca antes había experimentado, y conozco realidades que ni si quiera sabía que existían.

Y, en ese camino, me he encontrado con algo que, definitivamente, no esperaba, que me ha hecho comprender que puedes llegar a “necesitar a alguien“, y que lejos de ser una limitación o un “problema”, más allá del lógico miedo a perder algo que valoras, en extremo, puede ser un regalo del mismísimo cielo que te haga comprender que:
No sólo no estás solo/a, sino que puedes crecer, evolucionar, vencer tus miedos, sentirte impulsado/a, renovado, en paz y armonía contigo mismo/a, y aprender a confiar, a apoyarte, a “ceder” el control, a no depender sólo de ti, a dejarte querer, a dejarte cuidar, a dejarte ayudar, a dejarte ser tu mismo/a, sin limitaciones ni restricciones, llegando, por fin, a tu máxima expresión, a tu mayor plenitud, gracias a un “catalizador”, que te da, justo lo que necesitas, y gracias a ti, que por fin has dado ese paso, el de entregarte, por completo, a otra persona. 

Se que la “necesidad” no tiene “buena prensa”, pero resulta que puede ser la experiencia más enriquecedora que pueda llegar a pasarte, aunque sea contra todo pronóstico, tal vez, precisamente, porque es así, y te desarma, lo que puede ser, justo lo que necesitabas, bajar la defensas, y entonces, por fin… ¡Volar! ¡Atreverte! ¡Entregarte!
Ser libre y más tú que nunca, por fin.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
Esta entrada fue publicada en Familia, Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.