Cambiar de Vida

Eso que muchos nos hemos planteado y pocos hemos llegado a hacer.

Sobre todo, cuando vuelves de vacaciones, y experimentas esa mal llamada “depresión post-vacacional”, más aún, cuando has tenido la oportunidad de viajar a otros lugares, conocer otras realidades, imbuirte en otras culturas, en otras posibilidades. Porque vuelves preguntándote: “¿Pero yo qué demonios estoy haciendo yo con mi vida?”

Después de unas merecidísimas vacaciones, todos, en mayor o menor medida, hemos experimentado la relajación, la emoción, la desconexión, incluso, si somos afortunados/as, la plenitud.

Si hemos tenido la gran oportunidad de viajar a otro país, habremos tenido la gran oportunidad de experimentar en nuestra propia piel que es posible vivir de otra manera, de una forma más vívida aún. Aunque, en realidad, no hace falta que nos vayamos tan lejos. No se vosotros/as, pero yo en cuanto salgo de Madrid, y veo otras realidades, sea en otros pueblos o capitales de provincia, efectivamente veo que, vivir de “otra manera” es posible.

Y esa otra manera, como ya os estaréis imaginando, tiene menos estrés, menos prisas, menos complicaciones, más naturaleza, menos tiempo invertido en desplazamientos, más tiempo con mis seres queridos, con aficiones, etc.

Esa otra manera nos inspira (si, también nos da envidia, reconozcámoslo), nos inspira para cambiar de vida, o al menos proponérnoslo.

Y sino, que le pregunten a los gimnasios… ¿Será casualidad que todos tengan ofertas durante este mes de septiembre para nuevos socios…?

Si tocamos tierra, y bajamos del “mundo de las ideas” al “mundo real”, a nuestro día a día, todos esos “propósitos de nuevo año escolar” son francamente difíciles de llevar a cabo (o al menos eso parece): hacer ejercicio todos los días, ver menos la televisión y leer más, caminar en vez de coger el coche para hacer los recados, si voy al trabajo en transporte público, bajarme una o dos paradas antes para ir caminando hasta el trabajo (y, por supuesto, no coger el ascensor…), etc.

Cosas pequeñas, estaréis pensando, sin mayor importancia, en realidad, tal vez por eso, pasado un mes o dos, pasan al baúl de los recuerdos y desaparecen como la nieve en Madrid, sin dejar a penas rastro.

Yo os diría, que en realidad no son cosas pequeñas o grandes, porque al final, que un cambio se instaure en nuestras vidas, no depende únicamente de los 21 días famosos que se supone que hacen falta para que un nuevo comportamiento o rutina, se convierta en hábito, depende en realidad de nuestra motivación (que no de la importancia subjetiva o incluso objetiva que le demos a ese cambio, así que lo de que sea pequeño o grande, más importante o menos importante, realmente, no son variables relevantes, sólo juicios, valoraciones) y, más aún, de lo presente que la tengamos en nuestro día a día.

Hay más variables que influyen, como por ejemplo que sea un momento y/o una situación propicia para hacer ese cambio.

Por ejemplo, yo escribo este artículo hoy, que ya tenía planeado escribir hace unas semanas, pero además, ayer llegó a mis manos (momento en el que no podía sentarme tranquilamente a escribir) una preciosa explicación de lo que iba a significar a nivel cósmico el eclipse de superluna total (cambios radicales, una nueva era que se abre ante todos nosotros/as = extra de motivación el compartirlo con todos/as vosotros/as, ya que es un momento idóneo para hacerlo), que tuvo lugar ayer por la noche, y del que acabo ver imágenes (un recordatorio para escribir esta entrada muy oportuno, ahora que tengo tiempo para escribir y dejar que la inspiración me guíe. Gracias cosmos ;).

Por el contrario, hay ocasiones en que no encontramos ni el momento, ni la motivación, ni esa ayuda del cosmos, decidimos cambiar algo, pero no sabemos muy bien cómo, se nos escapa entre las manos (no encontramos el cuándo), no conseguimos convertirlo en realidad, hacerlo. Si quieres saber cómo hacerlo, pincha aquí.

Explicaciones posibles que nos damos a nosotros/as mismos/as:

  • No es el momento.
  • Realmente, no es tan importante para mí.
  • Ya lo haré en verano, cuando tenga más tiempo.
  • Ya lo haré en invierno, que salgo menos.
  • Cuando abran un gimnasio cerca de mi casa…
  • Cuando la cajetilla cueste 4€…
  • Cuando pese 80 kilos…

En ocasiones, todo esto serán justificaciones para no hacer lo que implica hacer el cambio que queremos conseguir. En otras palabras, a todos/as nos gustaría ser astronautas o súper-modelos (por poner dos ejemplos), muy pocos estaremos dispuestos a hacer todo lo que hay que hacer para conseguir serlo.

Como ya os habré mencionado anteriormente en alguna entrada, y sino, aprovecho a hacerlo ahora, recordar que nuestro cerebro está preparado para protegernos, es su función más vital, más primigenia, más importante. De modo que será capaz de construir todo un “andamio psicológico” para que nuestra autoestima no se ponga en riesgo.

¿Qué significa esto? Que es muy posible que mi cerebro me diga que no es el momento, en lugar de: no lo haces porque eres un/a vago/a, no tienes fuerza de voluntad, no te importa tu salud, ni tu calidad de vida, y como consecuencia de todo esto no te quieres, no te respetas, nunca conseguirás la calidad de vida que podrías tener, y tu vida será un fracaso y la malgastarás.

Y como bien sabéis que los seres humanos somos complejos, en realidad, nos conviene bastante más la primera explicación, porque resulta que la segunda, como tal vez ya intuyáis, es típica de un cuadro depresivo (ver más).

¿Cambiar o no hacerlo?

No es una pregunta con una respuesta fácil.

Pero lo que si os puedo decir es que:

Si habéis tenido una “gran revelación”…

Si habéis vivido algo que realmente os ha sacudido de arriba a abajo…

Si os ha hecho tener una certeza que tal vez no podáis explicar ni racionalizar…

Si ha hecho que veáis las cosas, vuestra propia vida, de otra manera…

Si os ha cambiado, en definitiva.

Por supuesto que podéis dejarlo a un lado y seguir igual que lo estabais haciendo hasta ese momento.

Pero tener en cuenta que nuestro cerebro es un sistema complejo, que trabaja a su ritmo, va uniendo puntos, tal vez no sea un proceso consciente para ti, pero muy posiblemente, en ese momento, en ese momento justo en el que ha ocurrido algo que te ha sacudido, te ha cambiado, era justo el momento en el que tenía que ocurrir, aunque no lo entiendas, cuando algo nos cambia, pasa a formar parte de nosotros/as mismos/as y darle la espalda, por tanto, es darnos la espalda, es ir en contra de nosotros/as mimos/as, y ese camino es un acto de crueldad que nos conduce a la insatisfacción, al dolor, al desamor, también a la comodidad.

Así que, te lanzo la siguiente pregunta…

¿Quieres una vida cómoda o quieres una vida que te apasione?

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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