Patrones de pensamiento que nos hacen daño

“Esta persona me ha causado un daño sabiendo lo que hacía”.

“Yo tengo la culpa de que mi pareja me haya dejado”.

“Nunca conseguiré…”.

“Esto es insoportable”.

“Soy idiota”.

“Si es que soy demasiado bueno/a”.

“Y de bueno/a soy tonto/a”.

Autoculpabilizarnos, regodearnos en la “mierda”, “saltos cuánticos” a partir de la información que realmente tenemos disponible, explicaciones generales a partir de hechos concretos, conductas específicas de las que inferimos rasgos de personalidad generales.

La lista es muy larga, son las distorsiones cognitivas, que desde la terapia cognitivo-conductual se entienden como:  percepciones y pensamientos distorsionados que realiza el sujeto acerca de sí mismo, del mundo y del futuro, llevándolo a desarrollar estados de ánimo disfuncionales. Estas distorsiones se relacionan con las falacias lógicas, suponiendo un fallo en el manejo de los procesos de información, y por tanto, vinculándose a la racionalidad y a alteraciones del pensamiento crítico.

La terapia, en este sentido, se centrará en trabajar sobre dichas distorsiones con el objetivo de convertirlos en pensamientos, ideas, más concretos, objetivos y que se ajusten de una forma más adecuada a lo que está ocurriendo, ciñéndose a los hechos y no a valoraciones.

Si bien esta es la idea general y podéis encontrar diversos listados que recojan distorsiones cognitivas, desde las formuladas por Albert Ellis y Aaron T. Beck, a otras recopilaciones (Distorsiones Cognitivas), es recomendable contar con la ayuda de un profesional que nos ayude a entender el calado que dichas distorsiones pueden tener, no ya sólo en nuestro día a día, sino incluso en nuestra forma de ver el mundo, de vernos a nosotros mismos y de ver nuestro futuro.

Otra forma de trabajar sobre estas distorsiones cognitivas nos la proporciona la ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) cuyo enfoque, si bien es diferente, puede ser complementario.

Desde esta perspectiva, se trabaja fundamentalmente en los procesos de fusión y de-fusión que provocan que nos “hagamos uno” con estos pensamientos, creyéndolos a pies juntillas, como verdades inmutables, cuando no son ni más ni menos que palabras, cuyo significado es arbitrario y establecido por consenso, a veces sólo bajo nuestro propio consenso. De este modo, los procesos de de-fusión, consisten en desvincular los significados que atribuimos a estas palabras, “liberándonos” en consecuencia del malestar que nos producen.

Este trabajo se lleva a cabo trabajando con un profesional, identificando los pensamientos con los que nos fusionamos y aplicando distintas técnicas, como el uso de metáforas y ejercicios de visualización.

Está muy de moda (lo cierto es que lo escucho mucho en la consulta) “intento pensar en positivo”, o incluso “hay que pensar en positivo”.

Pero ¿y qué demonios significa eso?, ¿cómo se hace? Me preguntan muchas veces en la consulta.

Como os he relatado en esta entrada, hay diversos enfoque para trabajar en los patrones de pensamiento que nos hacen daño, si bien esto no significa que empecemos a vivir en “el mundo de la piruleta” sino en “el mundo con los ojos abiertos”.

Por este motivo, muchas veces encuentro a personas desesperadas, intentando con todas sus fuerzas eso de “pensar en positivo” y no sólo me dicen que no les funciona sino que además no se lo creen.

Pues bien, después de todo lo que habéis leído en esta entrada, espero que ya tengáis claro que no se trata de que lo estéis haciendo mal, o que no sirváis o que no tengáis remedio, todo lo contrario… ¡No os funciona porque eso no funciona! Como ocurre muchas veces en las matemáticas, no es que el problema no tenga solución, es que está mal planteado.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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