El Proceso de Cambio

Porque no es algo que pase “de la noche a la mañana”.

Requiere trabajo y tiempo.

Lo se: ¡Que decepción!

Los seres humanos lo queremos todo y lo queremos ya, así que, “¡Bienvenidos al club!”.

Cuando las personas vienen por primera vez a la consulta, suelo decirles que lo más importante en la terapia es que la persona quiera cambiar, y que lo que facilita que este proceso sea más “rápido” (tal vez sería más apropiado decir que lo que hará que fluya de una forma más armónica y progresiva) es que la persona se haya planteado ya: ¿qué pasa?
Incluso, que tenga alguna teoría al respecto.
Ahora veremos por qué y cómo encaja esto en el “proceso de cambio“.

Ya que, si esto ocurre, en muchas ocasiones lo que la persona necesita es una “clave” que le permita reordenar las piezas que, por otro lado, ella ya estaba empezando a encajar por si misma.

Para la PNL el proceso terapéutico tiene su efectividad en la transmisión del modelo del mundo que hace el terapeuta a su paciente.

Dicho en términos más sencillos, cuando los pacientes ya han empezado a hacer el puzzle, por si mismos, y el terapeuta les enseña cómo podría ser el modelo del puzzle, desde su punto de vista terapéutico, el proceso se completa con mucha mayor facilidad.

El proceso de cambio se representa en una “rueda”, por eso he elegido la imagen que ilustra esta entrada.

El motivo es que no es un proceso con un principio y un final, sino que se re-evalúa constantemente.
No es un proceso lineal y exponencial, por desgracia (o por suerte).

Me explico:

El momento previo al cambio se define como ese momento en el que el sujeto no ha identificado aún que “exista un problema” y se llama “Precontemplativo”.

El proceso de cambio comienza (podríamos decir) cuando el sujeto, efectivamente, toma conciencia de que “hay un problema”, lo denominamos “Contemplación”.

El estadio que le sigue se denomina “Preparación para el cambio o Determinación” y es el momento de poner en orden ideas, de plantear objetivos, de identificar y aprender todas las técnicas y estrategias necesarias para hacer “realidad” ese cambio.
Se trata de una fase “psicoeducativa” en la que el sujeto recibe una especie de “entrenamiento” en el que aprenderá todo lo que necesita para efectuar el cambio, y que este sea duradero.

Por fin, llega el momento del ansiado “Cambio”, que pudiera parecer el más “difícil”, pero no lo es.
Si bien, cada fase entraña su complicación, “la Acción o Cambio” (que es como se llama esta fase), está llena de aprendizaje adquirido, determinación y motivación, lo cual supone una ventaja aplastante respecto a las fases anteriores.
Es cierto que se encuentran ciertas dificultades u obstáculos al implementar las “medidas” que se han acordado en la terapia, pero también es la fase en la que encontramos nuestra ansiada “recompensa”: empezamos a conseguir todo eso por lo que hemos luchado y trabajado tanto.

Podríamos pensar que ese “cambio” y lo que obtenemos con él es suficiente recompensa, ya por si misma, para continuar con el cambio y hacer estable la fase siguiente, que se denomina “Mantenimiento”.
Pero tenemos que tener en cuenta también que, dicho cambio, implica también la “pérdida” de ciertas ventajas o cosas que conseguíamos antes, con nuestros antiguos mecanismos, que ahora ya no seguimos disfrutando o teniendo.

La fase de mantenimiento y la de “Recaída”, que es la siguiente, son las más desafiantes y complicadas, desde mi punto de vista, ya que requieren, no sólo de todo lo anterior, que también, sino conocernos a nosotros mismos lo suficientemente bien como para:

  • No engañarnos a nosotros mismos, poniéndonos obstáculos y barreras que, de hecho, no tendrían por qué estar ahí.
  • Perseverar en nuestro empeño.
  • Cultivar nuestra propia motivación.
  • “¡Ponérnoslo fácil!”.
  • Recordar todo lo aprendido y ponerlo en práctica, una y otra vez, sobre todo cuando las situaciones y/o el estrés nos animan, acuciantemente, a volver a eso que tan bien aprendido teníamos y tan automáticamente poníamos en marcha.
  • Resiliencia: capacidad de la que se habla mucho (y de la que yo misma ya os he hablado en otras entradas), que en este caso pasa por aceptar las recaídas y aprender de ellas, ya que nos brindan la gran oportunidad de seguir aprendiendo de nuestro proceso y de nosotros mismos para conseguir cambios mucho más estables y duraderos que nos sirvan como “andamiaje” para continuar en nuestra andadura y en la consecución de nuestros objetivos y éxitos futuros.

El proceso de cambio, por tanto, es complejo, y lleva su tiempo, como os decía al principio.
Ya que no se trata de pasos progresivos que uno vaya dando, sólo en una dirección ascendente, y que culminen en un punto, finalizando el proceso y dándolo por terminado.

También os digo, sin ningún genero de dudas, que: ¡Merece la pena!

El proceso de cambio, para mí, representa el proceso vital por el que cada uno pasamos en el que, lo único constante, es el cambio.
Si os fijáis, la ilustración que se hace de él es muy similar a la que se utiliza para representar el “ciclo de la vida”… Por algo será 😉

Vivir.
Cambiar.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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