Ocúpate de las cosas según lleguen

“Pre-ocuparnos” es lo que hacemos antes de “ocuparnos” de algo.

Pero, a diferencia de los deportistas de élite, no necesitamos esa “concentración previa” para poder ocuparnos de las cosas y conseguir los mejores resultados.

De hecho, eso de “pre-ocuparse” suele ser una inversión completamente infructuosa.

Creemos que al “preocuparnos” estaremos preparados para lo que vaya a ocurrir, que desarrollaremos habilidades, recursos y una especie de “red de contención” que harán que eso tan horrible que creemos que va a pasar, no ocurra y entonces todo irá bien.

La realidad es distinta.

Al preocuparnos, anticipamos que eso “malo” que creemos que puede llegar a ocurrir no sólo efectivamente va a ocurrir sino que, en nuestra mente, de hecho, ya está ocurriendo, con el sufrimiento de quien se encuentra indefenso, ante una situación que le hace daño pero que no puede cambiar.

Como todavía no ha ocurrido, no podemos ocuparnos de ello, no podemos hacer nada, porque todavía no ha pasado, si es que llega a pasar.

Pensaréis que soy una exagerada, pero igual que si ahora os digo que penséis en pepinillos o en que os estáis comiendo un limón y empezáis a salivar, como si efectivamente tuvierais todo ese vinagre y ácido inundando vuestra boca, de la misma manera, nuestra mente tiene el poder de hacer que nuestro cuerpo y nuestras emociones reaccionen a esas ideas y pensamientos como si efectivamente ya estuvieran pasando.

Como nuestra mente es capaz de hacer que nuestro cuerpo reaccione ante nuestro pensamiento de lo que imaginamos que va a pasar, como si fuera una realidad que está ocurriendo ya, en este momento, lo que anticipamos es el sufrimiento, que ya estamos sintiendo, en consecuencia, y no la solución.

Hasta que no pase, lo que sea que vaya a pasar, no podré ponerle remedio, no podré tomar acciones, no podre buscar soluciones.

“Pre-venir” y “Pre-ocuparse” son cosas diametralmente distintas.
Soy una firme defensora de la prevención.

“Pre-venir” significa desarrollar un plan de medidas para minimizar las probabilidades de que algo ocurra y/o sus posibles consecuencias, tomando las acciones necesarias y disponibles para poder hacer lo que llamaríamos una “prevención de daños”.

“Pre-ocuparse”, sin embargo, implica empezar a “predecir” toda suerte de catastróficas desdichas y sufrir por ello como si ya estuviera ocurriendo.

Os pongo un ejemplo muy sencillo:

Llevar hábitos de vida saludables, reduce la incidencia y severidad de posibles enfermedades, como el cáncer, y redunda en una mejor calidad de vida.
Esto es prevención.

Preocuparme por si tengo cáncer y no me lo detectan en los análisis clínicos porque, seguro que algo terrible me pasa y no lo están viendo…
Obviamente, es preocupación.

Como os podéis imaginar, la preocupación nos paraliza, el sufrimiento nos invade y nos bloquea, nos deja abatidos, agotados, sin opciones ni de estar bien ahora ni de encontrar soluciones posibles para el futuro, más aún, nos impide ocuparnos convenientemente de lo que ocurra, cuando ocurra (si es que llega a ocurrir), porque hemos gastado toneladas de energía en el sufrimiento y desgaste por algo que imaginamos que puede llegar a ocurrir pero que, de hecho, no ha ocurrido al menos, no aún.

Y si hacemos todos juntos un ejercicio de honestidad, estoy segura de que me reconoceréis que eso tan horrible que os imaginabais que podría llegar a ocurrir, en realidad, la mayoría de veces, no llega a pasar, y si algo pasa, no se acerca ni de lejos al cataclismo que avecinabais, con toda seguridad.

Somos grandes contadoras de historias, pero nos parecemos más a Mary Shelley que a J. K. Rowling.

“La realidad supera la ficción”.
Estoy de acuerdo, pero esperar lo peor no nos garantiza que vaya a ocurrir.

Ya os hablé de las “profecías auto-cumplidas” y  de la anticipación “positiva”, y de cómo podemos utilizarlas en nuestro beneficio, para “utilizar el poder de nuestra mente en nuestro beneficio”.

Como dicen los superhéroes:
“Un gran poder implica una gran responsabilidad”.

“Nuestra mente tiene un potencial infinito”, aprender a “usarla” nos guiará en nuestro camino a la felicidad.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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