Consejos prácticos para llevar una dieta saludable

Llevar una «dieta saludable», no es hacer dieta.
Es «alimentarse con sentido y proporción, cariño, respeto y cuidado».

No voy a insistir en lo que seguramente ya habréis encontrado en la hoja magistralmente confeccionada y automáticamente sacada por vuestro/a endocrino/a del cajón de los horrores y la despersonalización.
Con que paséis por eso una vez, ya es más que suficiente.

En este artículo os voy a dar pautas muy concretas para organizaros las comidas, haciendo hincapié en una perspectiva psicológica, no nutricional.
Recordar: buscamos ponérnoslo fácil, tener éxito y tratarnos con cariño, cuidado, respeto e incluso mimo.
Así que nada de «dietas infierno«, «autoflagelaciones«, ni «absurdos e innecesarios sacrificios titánicos«.

  1. Hacer el menú de la semana, por ejemplo el viernes.
    Dejarlo por escrito e incluir también la media mañana y la merienda (tal vez os parezca excesivo, pero luego os explicaré por qué os va a beneficiar).
    Para ello podéis utilizar algún libro de recetas (a mi me encantan) o buscar en internet las que mejor se ajusten a vuestros gustos.
    Sea como sea, hacerlo siempre después de haber comido, no antes.
  2. Con el menú hecho, ir a la nevera y a la despensa, y apuntar todo lo que necesitéis para poder preparar el menú.
    Esa va a ser vuestra «lista de la compra».
  3. Al día siguiente (y que sea al día siguiente también tiene su razón de ser), ir a hacer la compra, de esos productos que habéis apuntado, no otros.
    Una vez más, procurar hacerlo con el estómago lleno.
  4. Cuando lleguéis a casa con la compra, lo primero que os recomiendo hacer es coger una pieza de fruta (bien del frigorífico, de la bolsa de la compra o del frutero), y comérosla antes de empezar a colocar la compra.
    Creerme, os va a venir fenomenal, porque a estar alturas es muy posible que ya estéis salivando como «los perros de Paulov».
  5. Si habéis comprado más de lo previsto (todo puede pasar), a la hora de guardarlo en el congelador, hacerlo en paquetes individuales, con raciones individuales.
  6. Al día siguiente, una vez más (ya vamos por el domingo), reservaros entre 2-4 horas para cocinar el menú de toda la semana.
    Se que tal vez os parezca mucho, pero os aseguro que la inversión merece la pena, y además los alimentos aguantarán perfectamente.
  7. Una vez lo tengáis cocinado, repartir lo cocinado en recipientes individuales.
    No importa que comáis en casa o en la oficina, hacerlo igualmente.
  8. ¡Ya lo tenéis listo!
    Ahora coger cada recipiente y a la nevera 😉

Ahora os voy a explicar los beneficios de hacerlo así:

  • Al hacerlo en varios días, no estamos pensando durante horas y horas en: comida, comida, comida.
    De esta manera, nuestro «deseo» por la comida y nuestras ganas de comer, no son las que toman las decisiones.
  • De esta misma manera, recuperamos la «sensación subjetiva de control» sobre la comida y nuestra alimentación, además de la satisfacción de saber que estamos cuidando de nosotros mismos y haciendo algo por nosotros mismos, por nuestro bienestar, por nuestra plenitud, favoreciendo y alimentando nuestra autoestima, y la relación con nosotros mismos, la más importante que vamos a tener, en toda nuestra vida.
  • La recomendación de procurar hacerlo todo con el estómago lleno es para que completemos todas las acciones sin hambre, de modo que tampoco interfiera en lo que estamos haciendo.
  • Al programar todas las comidas, no nos paramos a pensar en: ¿qué me apetece?, o en: ¿cuánta hambre tengo?
    Simplemente comeremos lo que tenemos previsto, y como lo hemos planificado antes, teniendo en cuenta nuestras necesidades nutricionales y calóricas diarias.
    De esta manera, sabremos que estamos aportando a nuestro cuerpo justo lo que necesita, ni más, ni menos, no en función de nuestro estado anímico concreto del momento.
  • Tener las raciones calculadas también nos ayuda a esto mismo, a no comer demás, ni de menos tampoco.

Si, a pesar de todas estas recomendaciones, ves que te cuesta organizarte la comida, y que tu «deseo» por la comida o las ganas que tienes de comer, te están ganando la partida, no lo dudes, pídenos asesoramiento.

Publicado en Mujeres, Nutrición, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Consejos prácticos para llevar una dieta saludable

Porque, disfrutarlo, es la consecuencia.

Yo, cuando estoy saboreando un momento, respiro profundamente, me fijo en cada uno de los detalles de esa experiencia que estoy viviendo, los represento en mi cabeza y guardo en mi memoria, como si estuviera pintando un cuadro…

Con cada respiración, absorbo un poco más, «atrapo el momento», lo hago mío, lo respiro, lo siento en mi cuerpo…

Y, me digo a mi misma, ahora estás viviendo esto, siéntelo, graba esta imagen, esta sensación, así podrás volver a ella, recordarla y re-experimentarla, siempre que quieras, será tuya, para siempre.

Esta es la filosofía del Mindfulness, que nos anima a vivir conectados con el presente, a vivir cada momento con plena conciencia de lo que estamos viviendo, de manera que lo saboreemos y disfrutemos con mayor plenitud y satisfacción.

Ahora que estamos de vuelta de vacaciones, y como se dice con respecto a los viajes, los puedes disfrutar por partida triple: preparándolos, viviéndolos y recordándolos.

Así que volver a todo eso que habéis vivido durante las vacaciones, esos maravillosos recuerdos que están grabados en vuestra memoria, y volver a saborearlos, os darán fuerza y ánimo para enfrentaros a todos los retos que tenéis por delante.
Serán vuestros para siempre.

Y, ahora, disfrutar «este momento», momento de nuevos comienzos, momento de cambios, momento de nuevos retos, momento de nuevos proyectos, de nuevas perspectivas, de nuevas ilusiones, de nuevos «fascículos coleccionables» en cada kiosco…
Respirar todas esas nuevas posibilidades que se abren ante vosotros.
¡Es emocionante!

Publicado el por Cristina | 1 comentario

Hoy, día 29 de agosto de 2016, «volvemos a la carga», preparados con nuevos contenidos, reflexiones, vivencias y experiencias que compartir.

Lo primero que quiero deciros, tiene que ver con algo que me han pedido varios lectores del blog en estos meses.
Y es que, por lo que me han comentado (cosa que aprovecho para agradecerles), se hace relativamente «engorroso» leer los artículos con: o/a, os/as, etc, ya que dificulta seguir el hilo de lo escrito, así como su comprensión.
Como podéis imaginar, la razón por la que incluyo siempre esas «coletillas» es para no hacer diferencias de género/sexo en lo que escribo, incluyendo a todos y a todas.
Se me ocurría que utilizar el «@» era otra opción, pero tras escribir algún artículo de prueba, creo que el efecto es similar, y no avanzamos mucho.

Así que, a partir de ahora, habrá artículos escritos en femenino y otros en masculino, en ambos casos me estaré refiriendo tanto a hombres como a mujeres, a no ser que especifique algo concreto, de ser el caso.
Procuraré que haya un equilibrio, pero puede que en el algún caso no sea así, os pido disculpas de antemano si es así, el objetivo, como os digo, es facilitar la lectura y comprensión, no otro.

En segundo lugar, me gustaría invitaros a sugerir cualquier tema que consideréis interesante o que os genere curiosidad, del que queráis saber más u os genere cualquier duda.
¡Será un placer incluirlo en el blog!

No se vuestras vacaciones, las mías este año han sido un poco «atípicas», con menos días de «descanso», pero con experiencias a raudales, únicas y excepcionales, que mi cerebro aún anda procesando y que me siguen haciendo sonreír.

Han sido unas vacaciones maravillosas y todas esas experiencias una bendición, por la que me siento muy agradecida y feliz.

Así que aquí me tenéis, llena de energía y emocionada por «la vuelta al cole», con un montón de ideas que quiero compartir con todos vosotros.

¡¡¡Empezamos el curso 2016-2017!!!
¡¡¡Allá vamos!!!

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en ¡¡¡Empezamos el curso 2016-2017!!!

¿Es que sólo hay uno?

Un día como hoy, que muchos de nosotros nos preparamos para iniciar nuestras vacaciones, albergamos la ilusión y la esperanza de cargar pilas y conseguir una nueva perspectiva, que nos guíe a partir de septiembre, cuando un nuevo «año escolar» comienza, con un nuevo camino que descubrir y recorrer.

Estos siete meses, para muchos de nosotros, han sido agotadores, de mucho trabajo, reflexión y cambios, cambios por todas partes.

Yo me quiero «despedir» hasta septiembre, que continuaremos con este blog (seguiremos atendiéndoos en la consulta a partir del día 9 de agosto de 2016, con todo nuestro cariño, como siempre) con una reflexión más.

Durante el verano, solemos viajar, a veces muy muy lejos, otras veces aquí al ladito, lo que es seguro es que nuestra perspectiva se amplia y enriquece, vayamos a donde vayamos.

Viajar es uno de los placeres más sublime que existen, al menos en mi opinión.

Nos da la oportunidad de conocer nuevas realidades, nuevas opciones, nuevos caminos, nuevas posibilidades,…

Así que, hoy, como siempre, os animo a que disfrutéis a tope de estos días que están por venir, serán extraordinarios, os cambiarán, como todo lo maravilloso y mágico que hay en este mundo.

Para los que estáis de vuelta o planeándola, permitirme daros la «bienvenida» y animaros a reflexionar y revivir, durante unos minutos, sobre todo lo que habéis vivido y experimentado, un regalo de este maravilloso universo que todos habitamos, para sacarle, todavía, un poquito más de jugo, si cabe.

Los viajes se disfrutan por triplicado: al organizarlos, al vivirlos y al recordarlos/compartirlos.

La Felicidad no conoce un sólo camino, y el viajar nos muestra claramente que esto, de hecho es así.

Viajar, abrir vuestra mente, disfrutar de las personas a las que queréis, de las personas que conoceréis en vuestro camino, compartir, soñar, volar,…

¡Nos vemos a la vuelta con más y mejor!
¡Feliz Verano!

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en ¿Cuál es mi camino?

Necesitar a los demás

¿Una realidad contra la que rebelarse o una realidad que nos puede hacer crecer?

Nuestro afán de ser independientes y autosuficientes, en ocasiones, nos lleva a cometer el error de creer que «no necesitamos a nadie», que, en cierto modo, estamos «por encima del bien y del mal»…
Pero no lo estamos, somos personas, animalitos/as, como todos/as los/as demás, sujetos/as a limitaciones y necesidades, las tengamos en cuenta o no, es más, os puedo asegurar que si no las tenemos en cuenta, ya se ocuparán ellas de hacer que las tengamos en cuenta.

En realidad, parece «más fácil» vivir así, siendo independientes y autosuficientes, ¿verdad?

Porque, de ese modo, no hay nada que «te ate», eres libre para entrar y salir y «hacer lo que se te plante, cuando se te plante».
Y creemos que eso es la libertad, ¿o no lo es?

Sin embargo, el amor, la cooperación, el compañerismo, la ayuda, el apoyo, el respaldo, la comprensión, la presencia, la aceptación, la seguridad incluso, que una relación, una persona, puede llegar a brindarnos puede, simplemente, cambiarlo todo.

Sentirnos «solos/as ante el mundo» puede ser muy aterrador, de lo que no nos damos cuenta es de que, no suele ser cierto.

Muchas personas tienen miedo a la soledad, al aislamiento.
Sin darse cuenta de que, la mayoría de las veces, son ellas quienes «crean» y/o fomentan y/o alimentan y/o provocan esa soledad y ese aislamiento.

Nadie está solo/a, a menos que quiera estarlo.

La clave, en realidad, es a quién elegir, en qué manos sujetarte, en qué brazos cobijarte, en qué hombros apoyarte,…

La necesidad nos provoca la mayor motivación posible, ese motor que nos impulsa en el viaje que es la vida, lo que, «bien» gestionado, puede ser una ventaja indiscutible, no una losa.

Por otro lado, la «necesidad» tiene una «cara b».
El miedo a perder «lo que tenemos» tomando decisiones que, hasta cierto punto, puedan ser «irracionales» (sólo que a veces esa supuesta «irracionalidad» se debe a que no estamos atendiendo a nuestra naturaleza más primordial o primaria, no a que no tenga ningún sentido lo que estamos haciendo o que estemos «perdiendo la razón»).

Y esto puede ser así si no tenemos en cuenta algo fundamental:

Las personas con las que hemos compartido nuestro tiempo y nuestro cariño, las personas que han «tocado nuestra alma» y que nos han cambiado por completo, que han tenido un efecto en nuestra vida regenerador y alentador, esas personas, esas relaciones, ese amor, son sanadoras, nos impulsan a ser, cada día, alguien mejor, más completo, más feliz, no tiene por qué ser una limitación, ni mucho menos.

Por este motivo, creo sinceramente que, bien esas personas continúen en nuestras vidas, bien se vayan por propia voluntad o porque ha llegado su momento, siempre formarán parte de nuestras vidas y de nosotros/as mismos/as, se que no en el modo o manera que nos hubiera gustado, pero lo cierto es que estarán ahí, siempre.

Porque son personas, son relaciones, es amor que de la forma más mágica y extraordinaria que pueda existir nos hacen llegar a donde nunca pensamos que podríamos llegar, a donde, de hecho, tal vez hubiéramos intentado llegar por nosotros/as mismos, pero no lo hubiéramos conseguido.

Y es que, nos guste o no, nos parezca un «atraso» o «involución» o «debilidad» o incluso «dependencia» o no, las personas con las que compartimos nuestro tiempo y nuestro amor, dejan una huellan, generan, en cierto modo, una «necesidad», pero que no tiene por qué ser una limitación, en absoluto.

Se que, tal vez, este artículo os resulte un poco «contradictorio», si habéis ido siguiendo el blog y habéis leído otros artículos míos, pero al igual que os ocurre a todos/as y cada uno/a de vosotros/as, mi vida también evoluciona, yo también cambio, conozco cosas nuevas, experimento cosas que nunca antes había experimentado, y conozco realidades que ni si quiera sabía que existían.

Y, en ese camino, me he encontrado con algo que, definitivamente, no esperaba, que me ha hecho comprender que puedes llegar a «necesitar a alguien«, y que lejos de ser una limitación o un «problema», más allá del lógico miedo a perder algo que valoras, en extremo, puede ser un regalo del mismísimo cielo que te haga comprender que:
No sólo no estás solo/a, sino que puedes crecer, evolucionar, vencer tus miedos, sentirte impulsado/a, renovado, en paz y armonía contigo mismo/a, y aprender a confiar, a apoyarte, a «ceder» el control, a no depender sólo de ti, a dejarte querer, a dejarte cuidar, a dejarte ayudar, a dejarte ser tu mismo/a, sin limitaciones ni restricciones, llegando, por fin, a tu máxima expresión, a tu mayor plenitud, gracias a un «catalizador», que te da, justo lo que necesitas, y gracias a ti, que por fin has dado ese paso, el de entregarte, por completo, a otra persona. 

Se que la «necesidad» no tiene «buena prensa», pero resulta que puede ser la experiencia más enriquecedora que pueda llegar a pasarte, aunque sea contra todo pronóstico, tal vez, precisamente, porque es así, y te desarma, lo que puede ser, justo lo que necesitabas, bajar la defensas, y entonces, por fin… ¡Volar! ¡Atreverte! ¡Entregarte!
Ser libre y más tú que nunca, por fin.

Publicado en Familia, Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Necesitar a los demás

Darle vueltas

Lo que en psicología conocemos como «tendencia de pensamiento obsesivo», es mucho más común y frecuente de lo que podamos imaginar.

En realidad, a todos/as nos puede pasar, si nos encontramos en una situación especialmente estresante y que nos preocupe mucho.

Así que, si eres de los/as que «les dan vueltas a las cosas»… ¡Bienvenido a la especie humana!

Podríamos decir que este mecanismo se activa, cuando nuestro cerebro está buscando, incansablemente, una solución para eso que nos preocupa, sin resultados.

Cuanto más tiempo le dedicamos, más ansiedad nos genera, más vueltas le damos, y en consecuencia más importante nos parece, al no encontrarle solución, aumentando la preocupación y la sensación de urgencia por resolverlo, también.
De ahí que lo califiquemos como tendencia obsesiva.

Todo ello hace que este mecanismo se «acelere», en una búsqueda incesante sin respuesta.

De este modo, el «darle vueltas» puede pasar a «modo lavadora», y si se acelera más aún, incluso a «modo giróscopo».

¿Por qué lo asociamos con «darle vueltas»?

El «pensamiento vertical», que es el que solemos utilizar y el que predominantemente nos enseñan a nivel académico, es un tipo de pensamiento lógico, racional, analítico, nos lleva a considerar siempre la misma información, esta es, la información que hemos ido «recopilando» en nuestra experiencia y aprendizaje, según los parámetros habituales de cómo suceden las cosas.

Es por este motivo que, la sensación es (y, de hecho, suele ser así), que estamos considerando lo mismo una y otra vez, vamos de un punto a otro y vuelta a empezar, por tanto, «dando vueltas».

¿Cómo parar?

El «pensamiento lateral«, definido por Edward de Bono, es un pensamiento creativo en el que nos salimos de los parámetros habituales y establecidos, es un tipo de pensamiento en el que se consideran posibles soluciones, de una forma no lógica, no racional, siendo considerada como una de las técnicas efectivas de resolución de problemas, que es más que recomendable aprender y aplicar.

Salirse de lo establecido, pensar diferente, no sólo es enriquecedor, sino que nos puede ayudar a «parar la lavadora«, además de encontrar soluciones para nuestros problemas y preocupaciones.

La meditación, el mindfulness, el estar presente, el vivir en el aquí y el ahora son otros recursos muy útiles también, como podéis imaginar.

Hacer una «locura», de vez en cuando, tampoco viene nada mal, para «sacar los pies del tiesto«. 😉

Expandir nuestra mente, nuestra conciencia, establecer nuevas conexiones cerebrales, a fin de cuentas, promoviendo la flexibilidad cognitiva, no sólo es uno de los objetivos de la terapia, sino un signo de «buen pronóstico» y de «salud mental», que nos ayudará a ser más nosotros/as mismos/as, a ser más felices y a ganar en calidad de vida, sin duda.

¿Quieres parar?
¿Quieres aprender a hacer las cosas de «otra manera»?

Podemos ayudarte: llámanos y te informaremos.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Darle vueltas

El patito feo

Simplemente, no había encontrado su lugar.

Se suele decir que:
«Sobre gustos, no hay nada escrito«.
Y que: «Para gustos, colores«.

Y es totalmente cierto.

Nos empeñamos en encajar en un determinado modelo de «lo bonito», «lo deseable», «lo atractivo» y/o «lo bueno», pero muchas veces no lo conseguimos.

¿Por qué?
Más aún, ¿por qué esa obsesión de encajar en los modelos establecidos por otros/as?

A todos/as nos gusta gustar.
Todos/as, en cierto modo, queremos ser populares, queremos ser guapos/as, atractivos/as, buenos/as, listos/as,…
Tener reconocimiento, éxito, y eso, entre otras cosas, se supone que pasa por: tener muchos/as amigos/as, pareja, hijos/as, amigos/as en el trabajo, en el vecindario… Casi en todas partes.

Somos «animales sociales», estamos «programados» para vivir en sociedad, lo cual, bien pensado, es muy lógico, teniendo en cuenta que eso «garantiza» una mayor probabilidad de supervivencia y de perpetuación de nuestra especie.

Por eso, nuestra «tendencia general» es a relacionarnos, a vincularnos con los/as demás y a querer gustar a los demás, llegando, por momentos, a buscarlo y desearlo con todas nuestras fuerzas, por encima incluso de otras «necesidades básicas».

Dicho todo esto, si ese relacionarnos y vincularnos, ese tener éxito, gustar y ser socialmente reconocidos, pasa por dejar de ser uno/a mismo/a, no va a funcionar.

El patito feo se sentía fuera de lugar, no encajaba, y además, era «feo».
Las etiquetas, las valoraciones, pueden ser muy crueles, sobre todo cuando damos por sentado que son «hechos incontestables», «realidades inmutables».

Ser «diferente» (entiéndase por diferente, salirse de los cánones establecidos) es muy duro, muy difícil, imprevisible, solitario a veces, aterrador por momentos.
Te puede hacer dudar de ti mismo/a, llegando incluso a la conclusión de que estás equivocado/a, que no «está bien» como eres, que tienes que cambiar y «adaptarte» a lo que la sociedad y los demás, esperan de ti, en definitiva, convertirte en una persona que no eres, cuestionándote a ti mismo/a de una forma muy, muy dolorosa.

Cuando andas un camino para el que no hay mapa ni hoja de ruta establecida, puedes sentirte perdido/a, desorientado/a, confundido/a, equivocado/a, más aún, fracasado/a.

Lo fácil que sería seguir el camino que sigue la mayoría de la gente, ¿verdad?
Pero entonces, ¿por qué no lo hacemos?
¿Qué pasa con nosotros/as?

Pues pasa que no es nuestro camino, que no nos sentimos identificados/as con él, ni motivados/as por él.

Ver las cosas de forma diferente, entenderlas de forma diferente, ser «diferente», en definitiva, es un regalo.
Un «regalo extraño», si me permitís la coletilla.
Extraño porque nadie quisiera sentirse fuera de lugar y perdido/a.
Sin embargo, es muy improbable (por no decir imposible), que consigamos resultados diferentes, haciendo las cosas de la misma manera (ya lo decía Einstein).

Las personas que quieren una vida extraordinaria, saben que es su responsabilidad y su privilegio encontrar su propio camino, y que por mucho que puedan llegar a aprender del camino de los demás, eso no cambiará el hecho de que necesitan sus propias respuestas.

Ya hablé de encontrar nuestro lugar en el mundo.
Aquí quiero hacer hincapié en el hecho de que nuestro hogar está donde nosotros/as estemos.
Difícilmente encontraremos nuestro lugar en el mundo si estamos perdidos/as en nosotros/as mismos/as.

Tomar como referencia a los demás es tentador, pero muchas veces un error.
Al fin y al cabo, compararnos sólo va a dejar «vencedores» y «vencidos».
Todos/as, en algún momento, buscamos modelos, que nos inspiren, que nos guíen, en ocasiones, que abran nuestra mente a otras posibilidades, a otras realidades, a otras opciones.

La inspiración se encuentra en cualquier lugar, de hecho, en los lugares más insospechados.
Una película, una canción, una fotografía, una historia, un cuento, una fábula, una reflexión, una frase, una entrada de Facebook o de Twitter, un momento de «comprensión súbita», un encuentro inesperado, una persona con una visión de la vida distinta a la tuya,…

Sólo si «nuestra mente está en calma», centrada, ubicada en el presente, en el aquí y el ahora, la información fluirá, las respuestas se nos rebelarán, para darnos cuenta de que, en realidad, siempre han estado ahí, es sólo que no las veíamos, tal vez porque aún no estábamos preparados, tal vez porque estábamos mirando en el lugar «equivocado».

Todos/as podemos ser «patitos feos» o, al menos, sentirnos así, en algún momento de nuestras vidas.
¡¡¡No-pasa-nada!!!
Es más, os diría que eso significa que estáis siendo vosotros/as mismos/as, nadie más. ¡Bien por vosotros/as! ¡Ese es el camino!
No hay un molde con el que nos hayan hecho a todos/as y cada uno/a de nosotros/as, somos variados, somos diversos, todos/as, en realidad, somos diferentes.

Todos somos «patitos feos» y al mismo tiempo «cisnes».
Depende de quién nos mire, depende de quién nos escuche.
Podría deciros que lo más fundamental es cómo nos miremos nosotros/as mismos/as y cómo nos escuchemos pero, aunque en cierto modo es cierto, sería sólo parte de la realidad.
Cómo nos miren los demás y cómo nos escuchen, nos va a afectar, en unos casos más, en otros menos, pero no hay que despreciar el hecho de que no somos totalmente «impermeables» a lo que piensen los demás, máxime aún, lo que piensan las personas a las que queremos.

Por muy seguros o seguras que estemos de nosotros/as mismos/as, si lo que nos «devuelven» las personas a las que queremos es la imagen de «patito feo», una parte de nosotros/as, más o menos grande, lo creerá.
Al fin y al cabo, todos/as buscamos aceptación y aprobación.

Sin embargo, es conveniente que tengamos en cuenta que lo que una persona piensa respecto a nosotros/as está directamente influenciado por y relacionado con sus gustos, sus experiencias, sus creencias, sus prejuicios incluso.
Lo que una persona piensa, habla de ella, no de nosotros/as.
Es por este motivo, que tal vez nunca llegue a «comprendernos del todo» o a aceptarnos del todo o a aprobarnos del todo, no porque algo en nosotros esté «mal», sino porque su criterio es otro.

Ser conscientes, por tanto, de nuestro lado «patito feo» nos da una ventaja, una ventaja significativa, ya que nos ayuda a entender mejor a los demás, nos ayuda a entender mejor el mundo y cómo funciona, y nos brinda la posibilidad de hacer de este mundo, un lugar mejor, al comprender que, la diversidad, la diferencia, es precisamente la norma y no la excepción, es algo con lo que tenemos que aprender a vivir y aprender a gestionar, así como aprender a valorar y respetar.

Todos nos beneficiamos de las diferencias, de una manera u otra.

El sufrimiento que conlleva sentirse diferente y llegar a la conclusión de que eso es «malo» es completamente innecesario.

Ser diferente, como ser sensible, es una fortaleza, no una debilidad, ya que amplia nuestra mente, nuestro mundo, nuestra realidad, conectando con lo más sublime que tiene el ser humano, que es capaz de los actos y gestos de amor más extraordinarios de este mundo.

Publicado en Familia, Niños y Niñas, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

¿Perder el tiempo?

Cuando una relación «no sale como queremos y esperamos», «no acaba bien» (que es lo que solemos decir), tendemos a pensar que, «hemos perdido el tiempo».

¿Por qué esa crueldad hacia nosotros/as y hacia nuestra ex-pareja?

Invertimos nuestro tiempo, nuestro cariño, nuestro afecto, nuestro amor, «en donde» queremos invertirlo, según el momento y la información disponible con la que contamos.
Y cuando hacemos esa inversión, la hacemos de todo corazón.

Cuando uno hace una inversión, nunca sabe qué réditos va a tener, es un riesgo que todos asumimos, nos guste o no, contemos con él o no.
No podemos saber cómo va a salir, ni qué va a pasar, ni qué vendrá de su mano.

Hacer una inversión es un motivo de orgullo, de satisfacción personal.
Porque, cuando haces eso, cuando inviertes, lo que haces es vivir e invertir en la vida que quieres vivir, con toda la ilusión que tienes por ella, asumiendo todos los riesgos. Eso es valentía y ganas de vivir.

Ninguno/a somos Nostradamus.
¡Y que alivio que no lo seamos!

¿Realmente creéis que es mejor vivir, sabiendo de antemano, lo que la vida nos depara? ¿Todo lo que nos depara?
¿Cuántas cosas «nos perderíamos» o no disfrutaríamos por miedo a lo que está por venir, o simplemente por «precaución»?

Vivir, ya de por si, es una apuesta.
Y, cada uno/a, lo hacemos lo mejor que sabemos y podemos, sólo nos queda asumir que nos vamos a equivocar y que otras veces vamos a acertar.

Y, si en el camino, somos capaces de tratarnos con cariño, comprensión y aceptación, nuestro viaje, nuestra apuesta, será infinitamente más satisfactoria, enriquecedora y maravillosa.

Creo que no es posible, o al menos muy improbable, «perder el tiempo».

Otra cosa es que la inversión que hagas, no salga como quieres.

Pero de lo que no cabe duda, es que cada una de las cosas que vives, cada una de las cosas a las que te enfrentas, cada una de las cosas que experimentas, te conforman como persona y van a formar parte de tu paso por esta increíble aventura que es la vida.

Puedes disfrutarla y «sacarle todo el jugo» que puedas, o puedes mirar atrás con arrepentimiento, culpa e insatisfacción.
Una vez más, como siempre la elección será tuya.

Y, os lo digo yo que, he invertido en «pozos secos» (por llamarlo así), con todo mi ahínco, durante años, y es posible que vuelva a hacerlo, porque ninguno/a sabemos si hay agua, a veces, hasta que no llegamos al «fondo».
Pero, ¿sabéis qué?
¡No me arrepiento de nada!

Es cierto que, hay cosas que, me hubiera gustado «ser capaz» de ver o entender antes pero, en el fondo se que, aún no estaba preparada para verlo o entenderlo, necesitaba vivir, experimentar eso, aunque haya conllevado mucho dolor en su momento.

Por eso, cada minuto, cada segundo de mi vida, ha merecido la pena, era una inversión necesaria para vivir el siguiente minuto y segundo que le seguían, me han hecho, cada uno de ellos, la persona que soy.

Mi camino es mi camino, el de nadie más.
Puede que más «accidentado» de lo que me hubiera gustado, pero entonces, yo no sería yo y mi vida no sería mía.

Nuestro tiempo es el bien más preciado que tenemos en este mundo.
Gracias a todas las «malas inversiones» (por llamarlo así), que he hecho en mi vida, hoy en día, soy extremadamente cuidadosa y exquisita en con quién compartirlo y en qué invertirlo.

Es algo que me ha llevado tiempo aprender, pero que estoy infinitamente agradecida de haber aprendido.

Cada segundo, cada minuto, cada día, cuentan.
Y cada día, cuentan más.

La mayor «lección» que he aprendido y que sigo aprendiendo cada día, es saber mejor qué elegir y a quién elegir, de acuerdo a cómo soy yo, a cómo son los demás, a cómo son las cosas y a lo que yo quiero.
Muchas de mis «inversiones fallidas» se han debido a falta de información, de conocimientos, de conciencia, por eso, cada día, que tengo más información, que conozco más cosas y personas nuevas, que mi nivel de conciencia se va expandiendo y ampliando, cada día, mi vida es más mi vida, y yo soy más yo.

¡No pierdas el tiempo, inviértelo!

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Perder el tiempo?

Etiquetas

¿Qué nos dicen realmente?

Las etiquetas, aparentemente, son un «instrumento del lenguaje» que nos permite referirnos a una cantidad más amplia de información, con un significado compartido por nuestra cultura, con sólo una palabra.

¿Son hechos o valoraciones?

La mayoría de las veces, las etiquetas son valoraciones, por lo que podemos llegar a categorizar personas, comportamientos, cualidades, objetos, situaciones,… creando un ranking, comparando, degradando, ensalzando,…, según el caso.

¿Para qué sirven, entonces?

Se trata de «significados compartidos», socialmente establecidos, dependientes de la cultura en la que nos encontramos, que tienen un gran peso a la hora de interpretar la realidad, de modo que nos ayude a comprender, procesar e interpretar la información, de cara a ayudar, además, en la comunicación interpersonal.

La interpretación que hacemos cada uno/a de su significado es diferente ya que las asociaciones que hemos hecho y hacemos, así como la construcción de dicho significado  es personal.

Aún así, nos resulta «cómodo» movernos en este sistema, en el que parece que todo está «atado», colocado en su lugar, bien ubicado para que así sepamos a qué atenernos, por dónde nos andamos, de modo que sepamos qué esperar y qué hacer.

Pero es sólo una ilusión.
La realidad es mucho más compleja.

Como dice la PNL, el mapa no es el territorio.

Una etiqueta no es la persona, no es la situación, no es la relación,…
Una etiqueta no es una definición, aunque nos de información.

Las etiquetas sólo limitan la realidad, no la explican, no nos ayudan a entenderla mejor.
En realidad, la reducen, la simplifican, y «aparentemente» esto nos «facilita las cosas», sin embargo, lo que suele ocurrir, es que perdemos tanta información, que los errores se multiplican, por no hablar de los «malos entendidos» y las confusiones.

Los psicólogos/as no solemos facilitar «un diagnóstico», y es precisamente por este motivo.
Porque las «etiquetas» pueden causar más perjuicio que beneficio, «estigmatizando» a la persona, no ayudándola a entender su problemática, ni cómo gestionarla, ni cómo resolverla, sólo colgándola un «san Benito», una losa con la que cargar, una «marca de la vergüenza», una huella, a veces, imborrable.

Las etiquetas nos limitan a una cajita en la que podemos movernos, y fuera de la cual no podemos salir.

Las etiquetas pueden hacernos mucho daño, sin embargo, el mayor de ellos ocurre cuando las hacemos propias, cuando las integramos en nuestro propio autoconcepto, en la visión que tenemos de nosotros/as mismos/as, sin tener en cuenta, tan si quiera, lo que realmente pensamos nosotros/as al respecto.

Creo que fue en una película donde escuche esta frase:
«Las etiquetas, sólo para la moda».

Una etiqueta no te dice quién eres ni quién es el/la otro/a, tal vez, lo único que haga, sea limitar tu libertad para decidir quién eres, si ese es el caso…
¿Qué etiqueta vas a elegir tú?

Publicado en Mujeres, Niños y Niñas, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Huir

Eso que a veces nos pide el cuerpo, pero que parece que «está mal».

La respuesta de ansiedad activa un mecanismo de «huida o lucha»… ¿Por algo será, no?

Y es que, como suelo decir:
«Elige tus batallas».

«Una retirada a tiempo, es una victoria».

Me encantan los refranes, como bien sabéis, para mí, encierran una sabiduría casi infinita.

Pero, ya en serio, yo soy «peleona» y «guerrera» por naturaleza, pero he aprendido que esa parte de mi puede suponerme una frustración totalmente innecesaria, si no la aplico donde corresponde.

Habrá «batallas» que claramente no te interese luchar, bien porque sea una «inversión» desproporcionada de recursos, o simplemente innecesaria, bien porque sea prácticamente «imposible» ganarla, bien porque no tenga ningún sentido lucharla, sin más.

Pareciera que para ser «proactivos/as» y «resolutivos/as» (que es lo que se «supone» que se espera de todos/as nosotros/as), nos tuviéramos que «meter en todos los charcos».
Yo no lo creo.

«Batallas» que yo considero innecesarias:

  • Convencer a otra persona de algo y/o hacerle ver su error.
  • Forzar a tu cuerpo y/o a tu mente a hacer o pensar algo.
  • Cambiar a otra persona.
  • «Convertirme en otra persona», para conseguir que una relación funcione o un trabajo o un estatus, por ejemplo.
  • Engañarme a mi mismo/a.
  • Hacer algo que no me gusta o no quiero hacer, en absoluto.
  • Convencerme a mi mismo/a de algo que realmente no pienso o siento.
  • Compararme con los demás.
  • Pretender cambiar ciertas «cosas» o hacer que funcionen de otra manera, cuando no dependen de mi o no sólo de mi.

Como siempre os digo, ir en contra de vosotros/as mismos/as es «una batalla» en la que sólo podéis perder.

Se que «huir» parece de cobardes, nos devuelve la imagen de nosotros/as mismos/as de que somos «acomodaticios/as», «vagos/as»,… lo que sea.
Pero no hay caminos definidos para la felicidad, sólo vosotros/as podéis definir dónde está vuestra felicidad.

Yo creo que sólo hay una «huida» que os va a complicar más la vida que mejorarla, y es huir de vuestros problemas, y por ende, de vosotros/as mismos/as.

Si ahora, estando aquí, no gestionas tu salud, tus problemas familiares, tus hábitos de alimentación o sueño, tus finanzas, tus relaciones personales, tus pensamientos,…
¿Realmente crees que a 3.000 o a 5.000 o a 10.000 kilómetros vas a hacerlo mejor?

Como dice Russ Harris:
«Deja de sufrir, comienza a vivir«.

Publicado en Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Huir