El Rechazo Social…

Nos duele.
¡Nos duele, de verdad!

Y es que los estudios han confirmado que «el rechazo social» activa las mismas zonas cerebrales que las del dolor físico.

En los últimos tiempos, en los que la tecnología y el avance de la sociedad, están promoviendo que cada vez nos relacionemos con más personas y nuestra imagen sea cada vez más pública y esté más expuesta a los comentarios y juicios de los demás, es extraordinariamente importante que tomemos conciencia de
qué es el rechazo social y qué podemos hacer al respecto.

Wikipedia lo define así:

«El término rechazo social hace referencia a la circunstancia en la cual un individuo es excluido en forma deliberada de una relación social o interacción social. El tema incluye tanto el rechazo interpersonal (o rechazo por los pares) como también el rechazo romántico. Una persona puede ser rechazada por un individuo o por un grupo de personas.
Además, el rechazo puede ser activo, mediante el acoso o la ridiculización, o pasivo, mediante ignorar a la persona, o darle un «tratamiento silencioso.»
El receptor de la experiencia de ser rechazado la percibe de manera subjetiva, y la misma puede ser percibida aún cuando no está presente.

Si bien los humanos son seres sociales, ciertos niveles de rechazo son una parte inevitable de la vida. Sin embargo, el rechazo puede convertirse en un problema cuando es prolongado o consistente, cuando la relación es importante, o cuando el individuo es muy sensible al rechazo.
El rechazo por todo un grupo de personas puede tener efectos muy negativos, particularmente cuando da lugar a un aislamiento social.»

Por tanto, podemos identificar determinadas situaciones en las que se puede producir ese «rechazo social«:

  • Cuando nuestra pareja nos deja.
  • Si unos amigos quedan y no me avisan, o no me llaman.
  • En el trabajo convocan una reunión y no me invitan a ella.
  • Alguien nos deja en evidencia o se mete con nosotros o nos ridiculiza, de la manera que sea, en persona, a través de Whatsapp, Facebook, Twitter o cualquier red social, o cualquier otro medio.
  • No conseguir un trabajo que he solicitado.
  • Cuando sentimos que no nos escuchan o tienen en cuenta.
  • Si nos hacen callar, sistemáticamente.
  • Etc.

Situaciones en las que los niños y niñas pueden experimentar «rechazo social»:

  • Los niños se meten con ellos en el colegio, o en el barrio, o donde sea.
  • Otro niño o niñas les dice que no les gusta o que es feo o tonto o friki o cualquier forma de hacerle sentir inferior, por cualquier motivo.
  • Cuando alguien les deja en evidencia o se mete con ellos o les ridiculiza o insulta, de la manera que sea, en persona, a través de Whatsapp, Facebook, Twitter o cualquier red social, o cualquier otro medio.
  • Si unos amigos quedan y no les avisan, o no les llaman.
  • Cuando otros niños no quieren jugar con ellos o les ignoran.
  • No les escuchan o tienen en cuenta.
  • Etc.

El acoso escolar, como el acoso laboral, son sólo dos formas en las que podemos estar experimentando ese rechazo.
Rechazo, que como os decía al principio, duele.

Las soluciones, según el caso, son muy variadas, e irán encaminadas desde:

  • El entrenamientos en habilidades sociales.
  • Las técnicas de resolución de problemas y toma de decisiones.
  • Pautas concretas, en general, para afrontar y resolver esas situaciones.
  • Trabajar la autoestima, tan deteriorada en situaciones como estas, para recuperar el amor por uno mismo y la alegría.
  • Intervenciones diversas con los otros niños, sus padres, el colegio y profesores.
  • Tratamiento farmacológico para la ansiedad y/o la depresión, si fuera pertinente.
  • Hasta asesoramiento legal, en caso de que fuera necesario.

Recibir el apoyo y respaldo necesarios, en todo caso, es fundamental.

Si sientes ese dolor, ese rechazo, y ves que el tiempo y todo el trabajo que estás haciendo contigo mismo no hace que mejore, si ves que tu hijo está sufriendo acoso escolar, le ves triste y deprimido, y ya no sabes qué hacer: pide cita a un experto y resuélvelo por fin.

¡No hay motivo para que sigas sufriendo!
Ni tú, ni tus hijos.

Es el lema de nuestra página web y de nuestro ejercicio diario:
¡Deja de Sufrir, Comienza a Vivir! (Russ Harris)

Quiero aprovechar esta entrada, además, para compartir con todos vosotros la fantástica iniciativa que se ha puesto en marcha, recientemente, con el teléfono gratuito para denunciar los casos de acoso escolar (las llamadas no aparecen en las facturas y cualquiera puede utilizarlo):

Teléfono Acoso Escolar: 900 018 018.

 

Publicado en Mujeres, Niños y Niñas, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Te he decepcionado, me he decepcionado

Y es que yo no soy quién tu creías que era, no soy quien esperabas que fuera.

El dolor que siento por no «estar a la altura», por fracasar en mi intento de complacerte, de hacerte feliz, de ser quien TÚ quieres que sea, como TÚ quieres que sea, justo en el momento en el que TÚ lo necesitas y deseas, es una presión que ya no puedo soportar.

Ser quién no soy, es más de lo que puedo soportar.

Ese dolor me ha empujado, me ha empujado a hacer cosas que nunca creí que fuera a hacer, a decir cosas que ni puedo creer haber dicho.

Me miro en el espejo, y no me reconozco.

¿Qué ha pasado?

¿Cómo me he convertido en «esto»?

¿Qué más «tengo que» hacer?
¿Quién «tengo que» ser?

Tal vez te haya decepcionado, pero eso no es lo que más me duele, no lo es.

Lo que más me duele, lo que más me tortura, lo que hace que no pueda seguir respirando, es que me he decepcionado a mi mismo/a hasta tal punto que he empezado a odiarme a mi mismo/a.

No me reconozco.

¿Por qué tengo que ser quien TÚ quieres que sea?

¿A qué estamos jugando?

No funciona y no va a funcionar.

Y… ¡Que suerte que no lo haga!

¿Alguna vez has pensado algo de todo esto?
¿Alguna vez has sentido tanta rabia y furia dentro de ti que creías que ibas a explotar en mil pedazos, sin remedio, con un estruendo tan grande que lo absorbería todo?

¿Qué estás haciendo?

Cambia el discurso:

Te he decepcionado, y volveré a hacerlo.
Te lo puedo asegurar, te lo puedo garantizar.
Es más, de hecho, espero hacerlo, una y otra vez, cada vez que eso signifique que estoy siendo YO, no quien TÚ quieres que sea.

¡Decepciona!

Linkin Park – Numb lo explica con las palabras justas y exactas.
¡Sacarlo fuera!

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Te he decepcionado, me he decepcionado

Intentar «arreglarlo» todo

Es lo que «hay que hacer»… ¿O tal vez no?

Nos educan para ser resolutivos/as, proactivos/as, «solucionadores/as profesionales».
Es lo que está «bien visto», es lo que se espera de nosotros y nosotras.

Sin embargo, hay cosas, hay situaciones, que por mucho empeño que le pongamos, «no tienen solución», porque no se trata de «arreglarlo».

Si me ha pasado algo, como perder mi empleo o a un ser querido, voy a estar triste, pero es que «es lo que toca», es lo más adaptativo y lo que necesito en ese momento, estar triste.
No hay nada que «solucionar».
Simplemente (casi nada) hay que pasarlo.

Las emociones que consideramos «desagradables» o «negativas», suelen aparecer y estar ahí, por un motivo, aunque no nos gusten un pelo.
El motivo no es otro que darnos la oportunidad de superarlo, aprender de ello y cambiar para adaptarnos a la nueva situación que se nos plantea.
Tratar de sentirnos de otra manera, haciendo una especie de «alquimia», en un intento de «querer arreglar las cosas», en este caso, sólo empeora la situación.

Si yo estoy triste porque mi relación de pareja se ha acabado y «salto a los brazos» de otra persona, es cierto que «parecerá que el vendaval arrecia», que ya no todo es tan horrible y que he conseguido «superar el bache».
Pero lo que estaré haciendo, en realidad, será retrasar el duelo, postergarlo pero, inevitablemente, y más tarde o más temprano, llegará, porque la tristeza, así como la rabia, son dos emociones que necesitamos sentir para procesar lo que ha ocurrido y realmente poder seguir adelante con nuestras vidas.
Al retrasar el proceso, lo único que conseguiré será empeorarlo, hacerlo más difícil de gestionar, incluso pudiendo llegar a cronificarse.

Pero no sólo tratamos de «arreglar» cómo nos sentimos, puede que también a los demás e incluso a nosotros mismos.

Las mujeres tenemos «fama» de querer cambiar a los hombres (aunque lo cierto es que no es terreno exclusivo de las mujeres), más aún, a veces nos embarcamos en una especie de «cruzada» por «arreglar» a esa otra persona, como si fuera un «juguete roto».
Cuando lo que subyace es que pretendemos que esa persona se convierta en otra persona, una persona que no es.

Pararos a pensarlo un momento.
¿Cómo creéis que se sentirá la otra persona, sabiendo que no la aceptamos ni respetamos, tal y como es?
¿Cómo nos sentiremos nosotros al no conseguir lo que pretendemos y buscamos?

Frustración, dolor y decepción, se combinan y entremezclan.

Recuerdo ahora la película, «Cuando un hombre ama a una mujer», y unas palabras que decían algo así como:
«¡Deja de intentar arreglarme! ¡No se está arreglando!».

Se que en la mayoría de ocasiones, nuestro «interés» por «arreglar las cosas» es sincero y bien intencionado, buscamos nuestra felicidad y progreso, y también el de la otra persona, sin embargo…

Hay cosas que no se tienen que arreglar, sino respetar y aceptar, tal y como son, y las personas son, diría yo, las más importantes.

A veces, hay personas que acuden a terapia para intentar «transformarse», en una especie de «metamorfosis», en «otras personas».
Y yo siempre repito lo mismo:
«No se trata de que te conviertas en otra persona, se trata de aprender a gestionar lo que necesitas gestionar, de cambiar lo que quieres cambiar, y de aceptarte tal y como eres, con tus luces y tus sombras«.

Y no hablo sólo de personas.
En Grecia, por ejemplo, existe una ley que regula que las ruinas sólo pueden reconstruirse hasta un porcentaje, no más.

¿Y si las «cosas» están bien tal y como están, tal y como son?

El dicho reza: «si no está roto, no lo arregles«.

¿Y si nos equivocamos al suponer que «está roto»?
Incluso os diría: ¿y si no arreglamos lo que «está roto»?

Porque me planteo que, tal vez, en ese afán de «arreglarlo todo», es posible que estemos pretendiendo que, en realidad, las cosas sean distintas de como son, que las personas sean alguien que no son, sin tener en cuenta su esencia y su natural evolución.

Una vez más, las cosas son como son, no como me gustaría.

¿Qué arreglar y qué dejar tal y como está?
¿Dónde está el límite?

Lo pone cada uno, eso está claro.

Pero quiero que os planteéis una cosa.
En ese proceso de «arreglar», de cambiar, el resultado está siendo:

¿Frustración, dolor, impotencia, sentimientos de ser inapropiado, de estar mal tal y como se es, presión para convertirse en alguien diferente, no aceptación, rabia, ira, desesperanza, decepción?

O bien: ¿satisfacción, alegría, entusiasmo, ilusión, sensación de capacidad y fortaleza, de optimismo y esperanza, orgullo, decisión?

A mi mente viene ahora la que ya os he nombrado en otra ocasión, la Oración de la Serenidad:

Señor (Dios, Alá, Buda, Universo,…), concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

valor (fortaleza) para cambiar las que puedo cambiar

y sabiduría para reconocer (entender) la diferencia”.

Publicado en Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Intentar «arreglarlo» todo

Estoy cansado y harto de todo

¿Alguna vez te has sentido así?

Cansado, agotado, hastiado, desmoralizado, desmotivado, sin fuerza,… harto.

Las responsabilidades, las obligaciones, las cosas que no salen como uno espera, las exigencias desmedidas por parte de nuestro entorno, e incluso por parte de nosotros mismos.

No en vano es una de las teorías de la depresión.
Si no hay un equilibrio entre esta parte y la parte reforzante de nuestras vidas, de ocio y cosas y actividades agradables, la persona se deprime.
Aunque influyen más factores, de hecho, la mayoría de veces no se llega a producir un «cuadro depresivo», puede que sólo tristeza o cierta «sintomatología depresiva».

La falta de motivación, hoy en día, es muy habitual, por desgracia.
Yo diría que se alternan la desmotivación y la frustración.

Hablo con pacientes, amigos, profesionales, emprendedores, y todos coincidimos en que vivimos unos momentos en los que parece que por mucho que nos esforcemos, no conseguimos los resultados que esperamos y, al mismo tiempo, nos vemos obligados a cargar con infinidad de «muertos» que tenemos que «aceptar» para tratar de mantener nuestro «estatus anterior».

Soy muy consciente de que todos podemos caer en la tentación de dejarnos caer y arrastrar y, como se suele decir, «que sea lo que Dios quiera…»

No se a vosotros, a mi no me parece la actitud, aunque lo entiendo perfectamente, porque todos necesitamos «un descanso», dejar de «luchar», aunque sea por un momento.
De hecho, como ya os he dicho en alguna ocasión: «elige tus batallas».

Creo que es infinitamente más productivo que nos planteemos una fórmula más adaptativa y optimista, pero puede que no en un primer momento.

Sabiendo qué resultados podemos esperar (una aproximación, claro está) más ajustada será la inversión que hagamos, ajustando también nuestras expectativas, permitiéndonos gestionar nuestra motivación así como nuestra frustración, pero también nuestra ilusión y esperanza.

«Pensar en positivo» tiene mucha fama, parece ser «el remedio contra todos nuestros males» y lo que se espera de nosotros, que seamos capaces de «recuperarnos de» y «adaptarnos a» todo.
Esta capacidad se llama «resiliencia».

Por supuesto que «quedarse en el pozo» no es una opción.

Pero, queridos míos, hay que «patalear», hay que sacar la rabia, la impotencia, el enfado, la ira, también la tristeza y la decepción.
Eso no se puede quedar ahí.
Nos envenena, hace que no podamos disfrutar lo que tenemos y además, nos amarga, hace que veamos el mundo y nuestra vida como una mierda, e incluso que nos sintamos terriblemente solos.

Tomar lo positivo que nos ofrece esa opción que no queremos, nos ayudará a seguir adelante.
Pero ir directamente a este paso, sin haber sentido el dolor y haberlo expresado y sacado, no nos va a ayudar.

Se que es desagradable, que ninguno de nosotros quiere sentirse así, pero eso no cambia que lo sintamos, y que esté ahí.

Mirar para otro lado es tentador, pero las consecuencias pueden ser más perjudiciales que beneficiosas.
Ya que tener un incendio delante de nosotros, y mirar para otro lado, no hace que el incendio se apague, sino que lo consuma todo.

Tómate tiempo para experimentar el dolor, la rabia, la frustración, la impotencia, todo eso, todas y cada una de esas cosas que hacen que quieras «mandarlo todo a hacer puñetas».
¡Suéltalo!

Apóyate en las personas que te quieren, deja que te abracen, que te escuchen, que te consuelen y si, también, que «te aguanten».
Ellos quieren hacerlo y tú lo necesitas.
Compartir la carga te va a ayudar, no lo dudes ni por un segundo, te dará fuerza y también te recordará que no estás solo, te unirá aún más a esas personas que te quieren.

Recuérdate a ti mismo que son fases, son rachas, más o menos largas, pero pasan.
La clave es perseverar, no rendirse y tener paciencia, dejar que todo fluya y tomar todo lo que te beneficie de la experiencia y, siempre, seguir adelante.

Si ves que te quedas estancado en ese torrente de emociones desagradables que casi ni te dejan respirar, no dudes en pedir ayuda, podemos ayudarte.

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Estoy cansado y harto de todo

Dar por sentado

Que los demás son como yo, que los demás sienten como yo, que las cosas son como yo pienso, imagino, creo, deseo,…

Que se lo que piensa otra persona, que se qué es cierto y qué no, que se qué va a hacer el otro, que se cómo va a interpretar algo, que se qué va a pasar,…

Yo lo resumo en «jugar a ser Dios«.

Todos los seres humanos hacemos lo mismo, todos necesitamos tener un «modelo predecible del mundo» para poder «funcionar» en él.
Bien, asumida esta parte, que de hecho es así, toca flexibilizar opciones y el «grado de seguridad» que creemos tener al respecto.

Si no tuviéramos la capacidad de «anticipar», de «prever» qué va a pasar, difícilmente podríamos hacer planes o movernos por el mundo, es sólo que, hasta cierto punto.
Al final, lo que tenemos es una hipótesis no una «realidad contrastada».

Todos suponemos que mañana amanecerá, igual que hoy lo ha hecho y lo hizo ayer, y que habrá un nuevo día, y en función de eso planificamos y organizamos lo que vamos a hacer mañana, la semana que viene, el mes próximo o incluso este año.
Hasta ahí de acuerdo, el problema es pensar que sabemos exactamente cómo se van a desarrollar las cosas y que, en consecuencia, nuestros planes sean totalmente inamovibles.

Si sentamos una expectativa tan sumamente rígida y estricta, las probabilidades de que se cumplan son casi nulas, y eso nos encamina directamente hacia la frustración e insatisfacción.

Tener un plan y un modelo del mundo, como os digo, es necesario.
Más necesario aún casi, os diría, tener bien presente que tal vez, nada de lo que me planteo, se cumpla, con lo que es muy posible que necesite un «plan B» o incluso «Z», si es así, nada que decir.

Ahora bien, si vas por la vida esperando que todo siga un manual y dando por hecho que tú lo conoces al milímetro y perfección…
Perdóname que te diga, pero te vas a llevar un batacazo de tamaño sideral.

Hay muchas cosas que no sabes, más de las que sabes, de hecho.
Ni las sabes tú, ni las se yo, ni «el oráculo de los tiempos», por mucho que nos empeñemos.

Así que, ¿qué hacer?

Pues, por una vez tengo una fórmula absolutamente magistral e infalible.
¿Preparados?

¡Hacerme el favor de preguntar!

Dar por hecho que no sabéis.
Que no sabéis qué quiere tomar vuestra pareja cuando llegáis al bar, que no sabéis a ciencia cierta qué significa esa cara, o esa expresión o ese silencio, que no sabéis qué piensa la otra persona o qué quiere, qué va a pasar, qué vais a conseguir,…

Si veis algo que «no os encaja» o que no entendéis o, por supuesto, que no sabéis o incluso, simplemente, que os «chirría»…
¡Preguntar!

Recuerdo con toda claridad una de las primeras clases en la Universidad, en la Facultad de Psicología en la que yo estudié, y como, nos decían:
«Tener muy en cuenta que no podréis saber nada que no os cuenten vuestros pacientes».

Era una forma de decirnos: ¡No sois Dios!
No lo sabéis todo, no podréis preverlo todo, no podréis anticiparos a todo, no podréis resolverlo todo, entre otros motivos, porque si no lo sabéis, no sabéis qué pasa o qué está ahí, difícilmente podréis arreglarlo, solucionarlo o gestionarlo, si no es por pura «chiripa».

Y todo esto os lo digo, a falta de tener en cuenta una cosa más, muy importante también a este respecto.

¿Cómo te sientes cuando alguien da por hecho como eres, qué vas a hacer y cómo te sientes, como si te leyera como un «libro abierto», sin que tan si quiera hayas pronunciado palabra?

¿Cómo crees que se va a sentir la otra persona si eres tú quien da por hecho todo eso entonces?

Se que a todos, en mayor o menor medida, nos gusta la magia, y que alguien «te acierte» algo, como si se tratase del tarot, puede tener su gracia, misterio e intriga, pero, a partir de ahora, tener en cuenta que «ese juego» es un arma de doble filo.

¿Quieres conocerme, descubrirme e ir maravillándote con cada uno de los rincones de mi ser o quieres que sea como tu quieres que sea?

¿Quieres sorprenderte con lo que la vida te depare y disfrutar cada oportunidad y cada paso o quieres pretender saber de antemano cómo van a ser todas y cada una de las cosas de tu vida, viviendo más en tu mente que en la realidad, tal vez sólo por la satisfacción de «tener razón»?

Publicado en Mujeres, Niños y Niñas, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Dar por sentado

«Hacer las cosas de otra manera»

Estoy segura de que os suena la célebre frase de Albert Einstein:
«Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados».

Pero esa es la naturaleza humana, tendemos a «hacer las cosas de la misma manera».

Somos «animales de costumbres», y eso nos permite automatizar muchos procesos, que de ese modo no requieren nuestra «atención consciente».

Esta capacidad que tiene el ser humano nos permite «liberar» recursos intelectuales y atencionales que poder focalizarlos en otros aspectos y procesos.
Motivo por el que somos capaces de «hacer más de una cosa a la vez».

Sin embargo, en ocasiones, la automatización de esos procesos hace que «nos perdamos cosas», y es uno de los motivos por los que el Mindfulness recomienda practicar ejercicios como el que os voy a contar a continuación:

Después de 16 años conduciendo, este verano, por primera vez, he conducido en el lado contrario al que suelo hacerlo.
Si bien imaginaba que el mayor reto era coger la primera rotonda, y que después de eso, «todo iría bien», he de decir que me sorprendió muchísimo que conducir el coche fue bastante más sencillo de lo que yo pensaba, por supuesto que con la mano derecha le dí algún manotazo a la puerta del coche buscando la palanca de cambios, pero lo que realmente más me costó fue circular: mantenerme en el centro del carril, tomar las rotondas en el sentido de las agujas del reloj, girar a la derecha colocándome en el carril izquierdo, etc.

El conducir «de otra manera» me permitió vivir la experiencia de una forma completamente distinta, apreciando, nuevamente, detalles que, en cierto modo, habían quedado olvidados, convirtiéndolo en una «experiencia nueva».

¿Cuál es el motivo?

Muy sencillo, tras 16 años, haciendo «lo mismo» y «de la misma manera», mi cerebro tiene esos procesos totalmente «automatizados».
Recuperar el «control consciente» (hacerlo prestando atención a cada acción y detalle) es un requisito fundamental para poder «hacerlo de otra manera».

Reconozco que me generó tensión muscular y algo de nerviosismo, en cierto modo, «estaba alerta», pero, al mismo tiempo, me pareció fascinante la experiencia, porque me dí cuenta de que:

  • No importa el tiempo que lleves haciendo algo, puedes hacerlo de otro modo, y adaptarte a ello, mucho más rápido y más fácilmente de lo que imaginas.
  • Esa nueva experiencia te enriquece, te aporta nueva información, nuevos datos, nuevos detalles, incluso puede que un nuevo enfoque.
  • Nuestra capacidad de adaptación y aprendizaje es mayor de lo que imaginamos, muchas veces lo que ocurre es que no la usamos, no que no esté ahí.
  • La «costumbre» nos hace dar por sentado lo que sabemos, lo que somos capaces o no de hacer, incluso cómo funcionan las cosas… en cierto modo, alimentando nuestra «soberbia» y «matando nuestra curiosidad».
  • Nuestra expectativa parece que «va por su cuenta».
    Ya que suele ser la misma, «haciendo las cosas de forma diferente» que «haciendo lo mismo».
    Tendemos a esperar los mismos resultados o resultados diferentes, respectivamente, aunque no tenga ningún sentido, desde un punto de vista lógico.
    Me parece fascinante y me hace pensar que esta «expectativa», es posible que sea «inconsciente», porque cuando «lo piensas fríamente» tienes claro que no se cumple ni cumplirá, ni lo uno ni lo otro.
  • Sobreestimamos o subestimamos (según el caso), los resultados que vamos a obtener.
    Porque, al hilo de lo anterior, ahí estaba yo (la primera), pensando, en el fondo, que iba a poder conducir el coche y llevarlo, igual que siempre.
  • Nuestras predicciones, en consecuencia, «están un poco cogidas por los pelos».
    Si eres consciente de ello, podrás recalcular ruta mucho antes 😉
  • La tensión muscular, el estrés, la ansiedad, pueden ser reflejo de que estamos haciendo las cosas de una forma nueva, no necesariamente que haya ni un peligro ni una amenaza, solamente que necesitamos tener nuestros recursos atencionales «a tope», para que no se nos escape nada.

Así que mi recomendación de hoy es:

«Hacer las cosas de forma diferente y prestar atención a cada detalle, siempre hay algo nuevo que podemos aprender y disfrutar».

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en «Hacer las cosas de otra manera»

«La mayoría de las mujeres pierden la confianza en sí mismas a partir de los 30 años»

Esta campaña de publicidad de Pavofrío me ha dejado con los pelos de punta:

Mensaje al futuro

Algunas personas me han preguntado qué pienso al respecto, si realmente creo que es así, si creo que «La mayoría de las mujeres pierden la confianza en sí mismas a partir de los 30 años«.

Cuando me lo preguntaron, inmediatamente me trasladé mentalmente a la época en la que tenía, 8, 10, 12 años, en la que quería ser piloto de aviones y estaba totalmente segura de que conseguiría todo lo que me propusiera, a cuando tenía 15 años y sentía y pensaba que yo era estupenda y fantástica, y que cualquier hombre sería afortunado de estar a mi lado, y que si no quería estarlo, que no lo estuviera, no pasaba nada…

¿Qué pasa después?

¿En qué momento dejas de tener esa imagen de ti misma y empieza el «circo de los horrores»?

En mi opinión, empieza cuando llegamos a la conclusión (bien porque nos lo hagan saber directamente o porque lleguemos a esa conclusión, por nosotras mismas) de que: «a los demás no les gusta cómo somos o que «está mal cómo somos» y que deberíamos cambiar y/o ser de otra manera».

Ese rechazo que sentimos puede venir de amigos, de amigas, compañeros o compañeras, vecinos, familiares, modelos que vemos en televisión o en las revistas o blogs de tendencias,… Puede ocurrir en el colegio, en el instituto, incluso en la universidad o en nuestros primeros trabajos.

Pero, sin duda, el «rechazo» que más nos duele, con diferencia, es el que proviene de nuestros padres y madres, y los de las personas a la que amamos, de nuestras parejas.

La mayoría de las veces, sobre todo en estos últimos casos que os menciono, lo que pretenden (aunque es cierto que no siempre es así, por desgracia) esas personas es ayudarnos, quieren que seamos felices, mejores personas (por decirlo así), que saquemos todo nuestro potencial y lleguemos a donde queramos llegar, sacando lo mejor de nosotras mismas.
Y, por eso, tratan de animarnos a que hagamos cambios o nos hacen notar ciertos aspectos que podríamos «mejorar» de nosotras mismas.

Sólo que, a veces, las formas y maneras, hacen que el mensaje no llegue con claridad, sobre todo en el caso de las críticas o los reproches.

Yo puedo «sentirme muy querida por alguien» aunque, en realidad, esa persona «me quiera muy poco», del mismo modo que puedo sentirme «muy poco querida» por alguien que «me quiera muchísimo», porque la clave es que la forma de amar de la otra persona y la mía «se entiendan».

Ese rechazo que sentimos, por tanto, puede ser (dijéramos que) «real» o «percibido».
Ya que por diferentes hechos y comentarios, como una ruptura sentimental, o incluso que no nos digan que están «orgullosos de nosotras», podemos llegar a esa misma conclusión.

¿Por qué nos pasa esto?

Todos queremos gustar.
Todos queremos que nos quieran.
Todos queremos amor en nuestras vidas.

Así que, mucho me temo, que llegamos a la conclusión de que: «tenemos que cambiar, para adaptarnos a lo que se espera de nosotras, a la imagen que tienen de nosotras los demás, especialmente nuestros padres y nuestras parejas, para gustarles y que nos quieran».

Una «conclusión errónea», sin duda, pero una «conclusión habitual».

En ese camino, en ese «transformarnos», hasta a veces deformarnos, intentando encajar en «el zapato de cristal de la Cenicienta», progresivamente…

Nos perdemos.

Nos miramos en el espejo y no nos reconocemos.

Y nos preguntamos:
¿En qué momento dejé de ser yo?
¿En qué momento empecé a dudar de mí?
¿En qué momento la opinión de los demás pasó a ser más importante que la mía?
¿En qué momento mis virtudes se convirtieron en complejos?
¿Qué demonios ha pasado?

Tal vez encontremos las respuestas, tal vez no, pero sin duda podemos hacer algo al respecto:

Como mujeres adultas, volver atrás, como propone la campaña, volver a conectar con ese «yo» nuestro anterior a todo esto, al dolor, a la crítica, al rechazo, a la duda, al cuestionamiento personal, nos permite volver a nuestra esencia, a nuestro «yo» sin filtros ni disfraces ni máscaras.
Nuestro auténtico y genuino «yo» está ahí, sigue ahí:

  • Hacer el ejercicio de decidir ser una misma, y aceptar que habrá personas a las que les guste y personas a las que no, pero que lo más importante es ser una misma, para poder quererte a ti misma, con todas tus partes.
  • Darle la oportunidad a los demás de que te quieran y te valoren tal y como eres, o no lo hagan.
  • Tener claro que, les gustes a los demás o no, te quieran o no te quieran, nunca dudes de ti, porque eres una persona única y extraordinaria, maravillosa en tu complejidad y tu belleza.

Con respecto a las niñas, esas mujeres que van creciendo cada día, es inmensamente importante que:

  • Reciban el apoyo, comprensión y aceptación de sus padres, ya que les dará además la pauta de cómo tienen que ser sus relaciones en la vida, a qué aspirar, qué es aceptable y qué no, en sus relaciones.
  • Nos tomemos tiempo para conocerlas, para saber cómo son y que adaptemos nuestro comportamiento a ello, animándolas a ser ellas mismas.
  • Quererlas tal y como son, y darles nuestro amor, asegurándonos de que ese amor les llega.

Amando y respetando a vuestras hijas, vuestras hijas aprenderán a amarse y respetarse a sí mismas y serán las mujeres que pueden llegar a ser, felices y plenas.

Quiero compartir con vosotros y vosotras una historia de Jorge Bucay que utilizo para trabajar la autoestima con mis pacientes, que espero que os guste:

La historia del anillo – Vídeo

También os dejo un ejercicio que poder hacer con las niñas, utilizando esta misma historia:

La historia del anillo – Ejercicio para hacer con los niños

Publicado en Mujeres, Niños y Niñas, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en «La mayoría de las mujeres pierden la confianza en sí mismas a partir de los 30 años»

¿Por qué es tan importante la «intimidad» en una relación de pareja?

Y con intimidad, no me refiero sólo a las relaciones sexuales.

Recuerdo una película en la se encontraban unas mujeres hablando precisamente de esto, y una de ellas decía:
«si, claro, el sexo significa «te quiero», pero el besarse, el «enrollarse» es… «me gustas«.

¿Qué diferencia una «amistad» de una relación de pareja?
¿Qué diferencia a una relación de pareja de «otro tipo de relación»?

El «modelo de relación de pareja» que tenemos va cambiando con el tiempo, no sólo a nivel personal, sino incluso cultural y social.

Coloquialmente, hoy en día, relacionamos la intimidad en una relación de pareja con el deseo y la pasión, pero es algo mucho más amplio.

La teoría de Robert Sternberg, por ejemplo, diferencia entre la pasión y la intimidad, añadiendo el compromiso, definiéndolos como los tres componentes de una «relación completa».

¿Que entendemos por «intimidad»?

La intimidad está relacionada con esa necesidad de cercanía, de contacto, psicológico y físico; de querer apoyarse en la otra persona y que la otra persona se apoye en ti, de mostrarle tu cariño, afecto, comprensión, dulzura, ternura, cuidado y recibir de ella, de esa otra persona, eso mismo (cada uno a su manera, claro está).

La intimidad también se expresa en querer compartirlo todo con la otra persona (es casi un impulso incontrolable), incluido tu cuerpo y tu alma, tus pensamientos, tus vivencias, tus dudas, tus miedos, tus ilusiones, tus proyectos,…

Descansar en los brazos de otra persona y que esa persona descanse en los tuyos, creando un «lazo», no sólo físico, sino emocional y psicológico.
Es una unión que va más allá de las palabras, más allá de los compromisos o «papeles firmados», es la unión de dos personas que deciden caminar juntas un mismo camino, lleno de amor, aceptación, ilusión, les lleve a donde les lleve, con los obstáculos que encuentren en el camino, reforzando su vínculo, celebrando que afrontan lo que afrontan en la vida, juntos.

Esa intimidad que da el abrir el corazón por completo a otra persona, mostrándole todo lo que hay en él, sus lados «brillantes» y sus lados «oscuros», las cosas de las que te sientes «orgullosa» y las cosas de las que, no tanto, recibiendo amor, aceptación y más amor aún, celebrando que sois las personas que sois, únicas.

Esa conexión, esa unión, no puede compararse a ninguna otra y, en mi opinión, hace que «todo lo demás» tenga sentido.

Cuando conectas con otra persona, te entiendes, todo fluye.
No me refiero sólo a las ideas y pensamientos, valores y objetivos en la vida, me refiero al tipo de conexión que crece, de hecho, lo quieras (y tal vez busques) «conscientemente» o no, que hace que te entiendas sin palabras, la conexión en la que, de forma instintiva y natural, hasta los cuerpos se entienden, y buscan estar juntos, disfrutar juntos, entremezclarse hasta confundirse, siendo su destino casi inexorable.

Las relaciones sexuales son sólo una muestra más de esa intimidad, unión y conexión.

Pensar en: ¿qué nos queda en nuestra relación si no hay intimidad?

Responsabilidades, obligaciones, compromisos, quehaceres, encaje de horarios, acuerdos y desacuerdos, negociaciones, luchas (entre ellas, las luchas de poder), reproches, expectativas, intereses enfrentados,… complicaciones varias y variadas.
En otro ámbito de cosas: familiaridad, compañía, tal vez estabilidad, rutina,… pero también desidia, aburrimiento, frustración, más aún, soledad.

¿Qué sentido tiene «tanta complicación» sin conexión?

Suelo decir que, cuando la intimidad desaparece en una relación, la otra persona, de algún modo, se convierte en «el enemigo», precisamente por esto, porque pasa a ser «la otra parte», ya no estáis en el mismo barco, remando en la misma dirección, algo ha cambiado, ahora hay «dos bandos».

Y, ¿qué se pierde?

Cosas que todas necesitamos: sentirnos deseadas, atractivas, valiosas, importantes, admiradas, apoyadas, aceptadas, queridas, respetadas, necesitadas, hasta cierto punto incluso.
En resumen, se pierde la conexión.
Y los hombres, las necesitan igual que nosotras.

Como dice Sternberg, no sólo es difícil encontrar y conseguir este tipo de «relación completa», sino que el mayor reto suele ser mantenerla.
Él habla de la «necesidad» de un proyecto común (sea el que sea), yo añado la «necesidad» de renovar y alimentar la relación (en toda su globalidad), cada día.
Y, en ese camino, la intimidad es fundamental.

La intimidad, marca la diferencia.
Cuidarla, mimarla, alimentarla, es un gran gran gran regalo.

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Por qué es tan importante la «intimidad» en una relación de pareja?

Cómo manejar la «Frustración» en 6 pasos

Eso que tratamos de enseñar a los niños, para que entiendan que no siempre van a conseguir lo que quieren y que «tienen que» aprender a aceptarlo, fomentando valores como el esfuerzo y la perseverancia, cuando muchos adultos…
«Nos las vemos y nos las deseamos para no explotar en un rapto de ira incontrolable cuando no conseguimos lo que queremos».

Ya os he hablado de «aceptar que las cosas son como y no como me gustaría» y de qué pasa cuando las cosas vienen en una forma distinta a lo que deseábamos.

La frustración es una emoción natural para el ser humano.
Dicho de otro modo, no tiene ningún sentido tratar de eliminarla, «reprimirla» o «hacer como que no está ahí».

La frustración es y será, está ahí.

Ahora bien, eso no significa que nos tengamos que dejar llevar por ella, saltando a la escala de la ira y la rabia.

¿Estás frustrado?

Bien.

¿Qué hacemos?
Aplicar la «Inteligencia Emocional»:

  1. Dilo, en voz alta: «¡Estoy frustrado!»
    Reconocer que se trata de una «emoción legítima» le restará intensidad, además de ser un ejercicio de respeto hacia nosotros mismos y hacia lo que sentimos.
    Así comienza la aceptación y el sosiego que nos permitirán seguir adelante.
  2. «¿Por qué estoy frustrado?»
    A esta parte, dedícale su tiempo porque muchas veces la respuesta no es directa ni sencilla.
  3. Indefectiblemente, parte de esa respuesta pasará por «una expectativa que albergabas que no se ha cumplido».
    ¿Esa expectativa es razonable, realista?
    Más aún, ¿depende de ti?
  4. «Reajusta».
    Puede que este punto resuelva la situación y manejar la frustración.
    Me explico, si tu expectativa no era realista y la sustituyes por una que se ajuste más a la realidad, es posible que la frustración disminuya e incluso desaparezca, al acercarte a tu objetivo.
  5. «Recalcula ruta».
    Puede que el punto anterior no lo resuelva o no te ayude a gestionarlo, porque tal vez se trate de una «expectativa» a la que no quieres «renunciar».
    Bien, pues si es así, toca redefinir cómo conseguirla y ponerse manos a la obra con un nuevo plan de acción.
  6. «Acepta que tal vez no llegues a conseguir lo que quieres».
    Si como os decía ahora mismo es una «expectativa» a la que no quieres renunciar, pero de hecho se trata de algo realmente difícil de conseguir, la manera de manejar la frustración será a través de la aceptación.
Publicado en Niños y Niñas, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Cuando lo que quieres no viene «en la forma que lo quieres»…

¿Qué vas a hacer?

¿Vas a elegir vivirlo o no vivirlo?

No se cuál será vuestra experiencia, la mía es que «las cosas no suelen venir en la forma o en el momento en el que las quieres y deseas».

Sin embargo, en ocasiones, por no decir casi siempre, es mucho mejor así.

¿Por qué?

Porque, por desgracia para algunas cosas, la naturaleza humana es la que es, y cuando conseguimos las cosas sin esfuerzo, no las valoramos tanto.

Cuando consigues lo que quieres, en el momento y forma en que lo quieres, lo das casi por sentado.
Es algo así como: «claro, como tenía que ser».

Y no dedicas ni media neurona a preguntarte de dónde viene, qué significa para ti o cuánto lo valoras, simplemente, está ahí, punto.

Por contra, cuando algo llega a tu vida, lo que sea, un ascenso u oportunidad laboral, una persona, un regalo, un viaje, una visita inesperada, una oportunidad, en definitiva, que ni si quiera habías buscado, puede que incluso sea algo que te cambie los planes por completo y te haga plantearte mil y una cosas, entonces crees que eres la persona más afortunada del mundo y estás agradecido hasta la médula.
Sea como sea, cuando eso ocurre, sobre todo si habías perdido toda esperanza de que pudiera llegar tan si quiera a ocurrir, es como si el cielo se abriera.

Cuando recibes sin esperar te quedas atónito.
Cuando recibes esperando, ya tienes una expectativa, si esta no se satisface, parece que eso que estás recibiendo es menos valioso, porque no se ajusta a lo que tú tenías en mente.

«Las cosas más extraordinarias de nuestra vida suelen llegar de forma inesperada, será tal vez por eso que son tan extraordinarias».

Nuestra mente, nuestro cerebro, puede ser nuestro mayor aliado o nuestro mayor enemigo, está en nuestras manos cómo lo «usemos».

Como ya os he repetido en más de una ocasión, una de mis frases favoritas es de John Lennon y dice:
«La vida es lo que pasa, mientras haces otros planes«.

Así que, ¿vas a vivir lo que la vida te da la oportunidad de vivir?
¿O vas a seguir obsesionándote porque venga en «el formato correcto»?

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario