Rebelarse

¿Para qué?

Intentamos luchar contra viento y marea, nos “partimos la cara”, una y otra vez, y…

¿Para qué?

¿Cómo elegir tus batallas?

¿Cómo saber cuándo seguir y cuándo decir: ¡Basta!?

Yo tiendo a pensar que, cuando es suficiente, lo sabes, cuando llega ese punto, algo dentro de ti te dice: ¡Para!

A veces la lucha es con nosotros/as mismos/as, no tiene nada que ver con los demás, tenemos la “lavadora” a 5.000 revoluciones, y no para.

Yo soy una “rebelde” experta.

Me he rebelado contra mis circunstancias, contra mis problemas de salud, contra las normas establecidas, contra mi cuerpo, contra mi pelo, contra los demás,…
Si no lo he hecho con mis actos, desde luego que si lo he hecho con mis pensamientos.

Me he rebelado una y otra vez, he despotricado y he soltado sapos y culebras por la boca.

Lo he intentado, una, y otra, y otra, y otra vez más.

Y, al final, ¿sabéis qué?

Me ha dado igual, nada ha cambiado.

Bueno, una cosa si, que he estado más frustrada y más enfadada que “una mona”.

Conseguí albergar tanta rabia en mi interior, que si me pinchaban, salía bilis en vez de sangre.

Vivía “encabronada con el mundo”.
De esto que, te miro, y te perdono la vida, vamos.

Con esa soberbia que nos da creernos superiores por nuestra inteligencia, pensando que con “las vueltas” necesarias, conseguiremos todas las respuestas, sólo si no nos rendimos.

Así que, si, me rebelaba, contra todo, en mi mente al menos.

Ya no me rebelo, porque no me merece la pena, no voy a conseguir nada, y lo se.
Ahora bien, lo que no ha cambiado, lo que sigue formando parte de mi, es que no me rindo, jamás.

Si quiero algo, si realmente lo quiero, con cada fibra de mi ser… ¡Allá que voy!
Mi experiencia me ha demostrado que, tardaré más, tardaré menos, pero lo conseguiré, justo cuando sea el momento, ni antes ni después, sólo necesito paciencia, perseverancia y aceptación.

Si, por el contrario, resulta que realmente, no lo quiero tanto, y he entrado en complicadísimos análisis de pros y contras, que no entiendo ni yo, o justificaciones, o excusas, o cualquier tipo de análisis lógico enredado y con 7.000 derivadas posibles… llego a la conclusión de que, realmente, eso no lo quiero, así que no me interesa ni lo más mínimo seguir invirtiendo ni tiempo, ni esfuerzo, ni energía, ni ilusión en ello, y simplemente lo dejo ir, y lo acepto tal y como es, aunque no me guste.

¿Resignación?
Tal vez, pero una vez que “esas cosas” y/o “esas personas” están fuera de mi vida… No sabéis lo “agustito” que me quedo.

Así que, en definitiva…

¿Rebelarse? No merece la pena.

¿Luchar por lo que quieres y perseverar? ¡Siempre!

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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Una respuesta a Rebelarse

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