¿Por qué hay personas que «parece» que «nunca» son felices?

Tal vez porque no saben qué quieren, tal vez «no saben» ser felices, tal vez no valoran lo que tienen, tal vez nada es suficiente…

Yo creo que todos/as sabemos lo que queremos, otra cosa es que no hayamos tenido «esa conversación» con nosotros/as mismos/as.

¿Qué hacer?
¿Lo correcto?
¿Lo mejor para nosotros/as mismos/as y/o para los demás?
¿Lo que queremos?

Es evidente que lo ideal sería la opción que aunara las tres, pero no siempre es «posible».
Al final, tenemos que elegir, y toda elección implica una renuncia.

Se que todos/as queremos ser felices, es sólo que a veces nosotros/as mismos/as somos «nuestros peores enemigos/as», y acabamos alejándonos de lo que realmente queremos y deseamos.
La frustración, decepción y el dolor, en definitiva, que esto causa, pueden llegar a ser insoportables.

Entonces, ¿por qué lo hacemos?
Como en muchas ocasiones, la razón es el miedo.
Miedo a las consecuencias, a los problemas, a los inconvenientes, a los sentimientos, a hacernos daño, a hacer daño a los demás,…

Si tomas una decisión, si eliges una opción, y ves que «realmente» no es lo que quieres, ¿por qué no tomar otra opción?
Todos/as tenemos derecho a «cambiar de opinión», ¿o no?

Lo se, lleva trabajo, hay que echarle mucho valor y coraje, enfrentarse a las consecuencias, aceptar que hay cosas que «no se pueden deshacer», tomar decisiones,…

¿Pero sabes qué?
Es tu vida y sólo tienes una, esta.
Ninguno/a sabemos con certeza qué pasará después.
¿Te vas a arriesgar?

Se que no es fácil, se que da muchos quebraderos de cabeza, se que conlleva mucho dolor, sacrificio incluso, pero creo firmemente que merece la pena.

Luchar por lo que queremos, lo que queremos de verdad, no es fácil.
Más aún, luchar por ello no nos garantiza conseguirlo.
Pero, ¿para qué sino estamos aquí?
¿Para vivir una «vida gris» y vacía?

Publicado en Mujeres, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Por qué hay personas que «parece» que «nunca» son felices?

Palabras que no valen nada

Nada, nada, nada, nada.

Ya lo decía la canción de Los Piratas – «Promesas que no valen nada»

Alguien nos dice:
«Te quiero, pero no puedo estar contigo».

¿Puede alguien, por favor, explicarme qué significa eso?

Es un claro ejemplo de palabras que no dicen nada, que no valen nada.

Si quieres a alguien te buscas la vida para estar con esa persona, como sea.
Lo has hecho tú que estás leyendo esto y lo he hecho yo, cuando me ha tocado.
Porque todos amamos igual, en ese sentido, amar es amar.

Pero escuchamos u oímos, lo que queremos escuchar u oír.
Nos quedamos con la «parte que nos interesa».
Nos engañamos, a fin de cuentas.

Si alguien te dice eso: «Te quiero, pero no puedo estar contigo».
Amigo, amiga: «¡Te han dado la patada!».

Y por mucho que tú quieras que esa persona te quiera, ahí tienes ese «pero» que en el fondo es una negación de lo anterior.

Si alguien te quiere, va a estar contigo, no lo dudes ni un segundo.
No hay «peros» que valgan, sólo son excusas y justificaciones.
Así que, siento en el alma ser yo quien te lo diga, pero esa persona, no te quiere.

Tal vez, pienses, bueno, hay muchos motivos por los que puedes querer a alguien y no estar con esa persona…
Si a ti «te vale», nada que decir.
Pero, sinceramente, cuando tú realmente quieres a otra persona, ¿quieres estar con ella?

Más aún, ¿de qué te sirve que alguien «te quiera tanto» si no quiere estar contigo?

Si, es verdad, tal vez, «alimente tu autoestima» o «tu ego», en cierto modo, sin embargo, el resultado no cambia: ¿por qué entonces estás tan triste, dolido/a y «descorazonado/a»?

Otros ejemplos de «palabras que no valen nada«:
«No eres tú, soy yo».
«No sabes la envidia que me da el hombre/la mujer que se case contigo».
«Yo me casaría contigo, pero…».
«Ojalá te hubiera conocido antes».
«Ahora necesito estar solo/a».
«Ahora necesito centrarme en mi carrera».
«No estoy preparado/a para tener una relación de pareja».
«Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, pero…».

Me encanta este vídeo del principio de la película: ¿Qué les pasa a los hombres?
Lo deja más claro que el agua.
Yo no lo hubiera podido explicar mejor.
Ya os volveré a hacer referencia a esta película porque estoy preparando una entrada sobre el libro que la inspiró 😉

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Palabras que no valen nada

¿Olvidar o Recordar?

A veces es una lucha, un pulso con nosotros/as mismos/as.

¿Queremos recordar aquel tiempo en que fuimos tan felices u olvidarlo?

Se suele decir que: «todo tiempo pasado fue mejor».

Y lo cierto es que nuestro cerebro está preparado para recordar mejor «lo bueno» que «lo malo».
De hecho, si fuéramos capaces de recordar con todo detalle e intensidad nuestro peor dolor de muelas…
Muy posiblemente nos volveríamos «locos/as».

Nuestro cerebro es una gran «máquina» que está diseñada para «protegernos», para asegurar nuestra supervivencia.

Una de sus «funcionalidades» es que selecciona qué recordamos y qué olvidamos.
Por mucho que nos empeñemos en olvidar, no funciona, como seguramente ya habréis podido comprobar por vosotros/as mismos/as.
Se suele decir que, olvidar, es cuestión de tiempo… Pero no siempre es así.

Por cierto, aquí sólo un apunte, porque desarrollaré el tema en otra entrada, pero, de momento, tener en cuenta que nuestros recuerdos no son copias fidedignas de lo que ocurrió ni cómo ocurrió.

Yo os puedo poner un ejemplo personal.
Este octubre hará 14 años que mi abuela paterna falleció.
Aún recuerdo sus manos, su olor, las arruguitas de su cara, como cantaba coplas mientras hacía la casa, su ensaladilla rusa, su acento andaluz,…
Me acuerdo de ella, cada día.

Al principio, recordar todo eso, me hacía llorar como una magdalena de tristeza, añoranza, nostalgia, pena, dolor por su ausencia.

Ahora, cada vez que me acuerdo de cualquiera de esos detalles, incluso ahora que lo estoy escribiendo, me emociono y las lágrimas se agolpan en mis ojos, sin embargo, soy tan feliz de poder recordarla así, porque así, vive en mi recuerdo, vive en mí, sigue a mi lado, no se ha ido, no del todo.
Puedo hablar con ella cuando quiero, imagino lo que me diría, la cara que pondría al ver que tengo el pelo más corto y rojo, lo contenta y orgullosa que habría estado cuando me licencié, lo que la preocuparía que fuera autónoma,…

Hay personas y situaciones, momentos, que no olvidamos, por mucho que lo intentemos, están impresos en nuestra memoria, a fuego.
«Se nos agarran por dentro», es la mejor manera que se me ocurre de explicarlo.
No empeñamos en «sacarlos», «echarlos fuera», pero no lo conseguimos.

De hecho, cuanto más lo intentamos, más presentes están.

Es como el mítico ejercicio… ¿Preparados/as?
Lo único que tienes que hacer es concentrarte y «no pensar en un Elefante Rosa».
Sólo eso, «no pienses en un Elefante Rosa», concéntrate y «no pienses en un Elefante Rosa».

¿En qué estás pensando?

Lo se, en un… «Elefante Rosa».
(En alguna ocasión alguien me dice que en un «Elefante Azul» o alguna de sus variantes… Bien, «acepto barco», pero para crear esa imagen… ¿Sabes en qué has pensado primero? ¿Adivina?)

Se que me repito como la cebolla, y que ya os lo he dicho muchas veces, pero si, aquí viene, otra vez: no tiene ningún sentido ir en contra de nosotros/as mismos/as, no funciona.

Nuestra naturaleza es la que es, no cambia.

En consulta siempre digo: yo me ocupo de entender y comprender, no de juzgar, criticar, ni machacar.

¿Por qué digo esto?

Porque me parece bastante más interesante y «productivo» que os ocupéis de entender por qué recordáis lo mismo una y otra vez, que «machacaros» por hacerlo.
Es muy posible que vuestro cerebro este «tratando» de deciros algo, y no lo estéis entendiendo.
Más aún, nuestro cerebro, como nuestro cuerpo, nos hablan, y cuando no los «atendemos», empiezan a ¡gritarnos!

Es como la ansiedad, no suele empezar con una «crisis de ansiedad» o un «ataque de pánico» brutal.
Nuestro cuerpo y nuestro cerebro nos han estado dando muchas «señales» bastante tiempo atrás, pero no les hemos hecho ni caso.
Y cuando eso ocurre… Pues bien, nuestro cuerpo y nuestro cerebro, redoblan esfuerzos, hasta que los escuchamos.

Del mismo modo, cuando algo «muy traumático» nos ha ocurrido, es frecuente que nuestro cerebro, en cierto modo, lo «bloquee», y no seamos capaces de recordarlo, por mucho que lo intentemos.

La conclusión final es…
Escuchar a vuestro cuerpo, escuchar a vuestro cerebro.
Esforzaros por entender y comprender, de ese modo hallareis las respuestas que estáis buscando.
Dejar que «las cosas sigan su curso», y si veis que la situación empeora o no mejora, consultar a un especialista.

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Olvidar o Recordar?

¡Empezando!

Tendemos a pensar que tenemos que hacer «grandes movimientos» para poder cambiar de vida, dar «grandes pasos», hacer «grandes gestos»…
No es cierto.

Creemos que si queremos cocinar más tenemos que apuntarnos a un mega-curso de cocina, si queremos aprender un idioma tenemos que irnos a ese país, si queremos cambiar nuestros hábitos necesitamos años de terapia y montones de motivación y ganas,…

Cambiar de vida empieza por dar un paso.

Define qué quieres, a dónde quieres ir, qué quieres conseguir.

Traza un plan realista, ponte metas a corto plazo, pequeñas, pasos que puedas dar en un día, hoy.
Y, simplemente, empieza.

Elige una receta y ve al mercado a comprar los ingredientes.
Descárgate una aplicación de idiomas y aprende tres palabras: hola, adiós y gracias, por ejemplo.
Llama a esa persona y dila que la quieres, simplemente, que la quieres.

Cambiar de vida, en realidad, sólo depende de que realmente quieras hacerlo.
Si quieres hacerlo, vas a hacerlo.
¡Hoy!

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en ¿Cómo cambiar de vida, hoy?

La Crisis de los 40

La solemos asociar (o eso creo) con hombres que de repente se apuntan al gimnasio, se compran una moto o un descapotable (o al menos se lo plantean), empiezan a arreglarse más, salen o quieren salir más, se dejan bigote o barba (o se lo quitan), empiezan a «fijarse» en mujeres más jóvenes, etc.

Pareciera pues que se trate de un cambio significativo en las «costumbres» y los «hábitos» de las personas que cumplen esa edad, los 40.
Cambio que asociamos con una vuelta a los 20 (por decirlo así), con una especie de «involución», tal vez motivada por las obligaciones y responsabilidades, algo así como un «efecto Peter Pan» repentino.

Es entonces… ¿Un capricho?

Me preguntaron hace unas semanas sobre ella, y me quedé pensando…

Esto que denominamos la «crisis de los 40» o «crisis de la mediana edad»,  yo la he visto y tratado, en hombres y mujeres de 30, de menos de 30 y más de 40, también.

Yo, personalmente, no creo que sea ningún capricho.
Más bien, creo que es un momento de reflexión y cambio muy profundos, al que todos/as llegamos, en un momento u otro, y que puede darse más de una vez en la vida.

Desde un punto académico, yo lo relaciono con lo que, en términos de la Terapia de Aceptación y Compromiso, conocemos como «Depresión Exitosa» (no me gusta la traducción, así que os pongo el término original: «Successful Depression»).

Esta corriente la define como la depresión que se produce en un sujeto que, aparentemente, teniendo en cuenta las normas y convenciones sociales para su «sexo» y edad, «lo tiene todo», y sin embargo no sólo no es feliz, sino que padece depresión (e incluso sintomatología ansiosa, ya que ambos cuadros están muy relacionados y vinculados).

La explicación que da la ACT es que este cuadro depresivo ocurre en ese momento de la vida porque es el momento en el que la persona ha llegado a un momento de su vida en el que ya «ha conseguido todo» lo que la sociedad esperaba de ella (o puede que incluso ella, de ella misma): el trabajo estable, la pareja, la familia, la casa, el coche, el dinero, o lo que sea, y es entonces, cuando tiene esa «supuesta estabilidad» que, aparentemente, todos/as buscamos.

La persona, entonces, se encuentra, como dice ACT, en la «mitad de la escalera» y, gracias a esa estabilidad, puede «permitirse» el parar a plantearse qué viene después y si realmente es esa la escalera que quiere seguir subiendo, más aún, cómo ha llegado hasta allí y si es realmente lo que quiere.

En ese momento, especialmente si hemos estado funcionando en modo «piloto automático», paramos y empezamos a tomar conciencia de todo lo que hemos hecho, de las decisiones que hemos tomado y sus consecuencias, por qué las hemos tomado, de todo en lo que «nos hemos metido», de lo que tenemos y si es que lo queremos, del precio que hemos pagado y estamos pagando, de lo que hemos dejado atrás, etc.

¿Realmente crees entonces que es un capricho?
¿O es que somos tan ingenuos/as que creemos que en todo momento somos plenamente conscientes de lo que estamos haciendo y de sus implicaciones?
Más aún, ¿puede que estemos dando por sentado que vamos a querer lo mismo y de la misma manera, siempre?
¿Nada de lo que vivamos, experimentemos o conozcamos nos va a cambiar?

Y si llegamos a la conclusión de que lo que «tenemos» no es realmente lo que «queremos», por decirlo llanamente, nos venimos abajo.

Lo realmente complejo de este tipo de depresión no es ni su sintomatología ni su tratamiento, que si que tiene características muy específicas.

La auténtica dificultad de la «depresión exitosa» es que las implicaciones y consecuencias que puede llegar a tener, para una persona, el darse cuenta de todo esto, le supondría unos cambios tales y un nivel de aceptación de sí mismo/a y de sus circunstancias, así como de lo que está por venir, de tal calibre, que puede ser más de lo que pueda procesar y asumir.

Yo he visto, en la consulta y fuera de ella, hombres y mujeres como castillos que han «llorado como bebés desconsolados» al tomar conciencia de este hecho.
Y no me extraña.

Es muy duro, muy difícil, incluso desgarrador, el darte cuenta de que donde estás no es donde quieres estar, todo lo que supone «quedarse» en donde estás y lo que podría suponer «ir a donde quieres».
Pero, como podéis imaginar, el no tomar conciencia de este hecho puede ser aún más «perjudicial» incluso para la persona, ya que se sentirá muy triste, ansiosa, frustrada e incluso enfadada, sin saber por qué, y sin opción por tanto de cambiarlo.

No hay fórmulas mágicas, cada uno/a tiene que tomar sus decisiones.

He conocido casos de personas que «se han quedado donde estaban» y personas que «han ido a donde querían ir».
También hay casos intermedios, personas que deciden hacer ciertos cambios, pero no «radicales» podríamos decir, y ver qué pasa.

Ninguna de las opciones es fácil, todas tienen consecuencias, todas suponen aceptación y renuncia, de ciertas cosas.

Sea cual sea la decisión que tomes, o estés en el camino de tomar, tómate primero tu tiempo, tienes mucho en lo que pensar, que considerar y ponderar.
Y si necesitas ayuda en el proceso, no dudes en pedirla.

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La Crisis de los 40

¿Cómo afrontar un momento difícil?

Algunos consejos:

  • Haz un listado de todas las cosas que tienes pendientes: lo que sea, no importa.
    El objetivo es mantenerte ocupado/a, poner orden en tus cosas y finalmente sentirte satisfecho/a por estar poniendo el foco en algo «provechoso» para ti.
  • Apóyate en tus amigos/as y en las personas que te quieren: a veces pensamos que se van a «cansar» de nosotros/as, pero nos quieren, no lo harán, y en estos momentos, necesitas a esas personas, su cariño, su atención, su escucha, sus consejos, su presencia, su compañía.
  • Organízate: haz planes, queda con gente, busca cosas que hacer, cosas que tengan sentido para ti, que te llenen, organiza tu casa, tus armarios, tus papeles, tu trabajo,…
  • Se cariñoso/a, amable y considerado/a contigo mismo/a: estás pasando un momento difícil, hay cosas que no te va a apetecer hacer, vas a estar de un humor irritable, te va a costar sonreír, te va a costar hacer las cosas.
    Todo eso es perfectamente lógico, se comprensivo/a contigo mismo/a, como lo eres con los demás.
  • Date permiso para enfadarte, para llorar, para soltar sapos y culebras por la boca: ya lo sabes sentir es sentir, no entiende de conveniencias ni de qué es correcto o que no, sientes lo que sientes, no hay más.
    Desahogarte te proporcionará cierto alivio, es posible que no «solucione» las cosas, pero te ayudará a procesar tu dolor.
  • Escribe: te ayudará a procesar tanto tus pensamientos como tus emociones, te permitirá entender, evolucionar y resolver.
  • Planifica cosas agradables: te ayudará a ver el «otro lado de la realidad», que ahora mismo no estás viendo.
  • Baila: no se por qué, pero ayuda. Ayuda a sacar «todo lo malo» y cargarte de energía.
    Tal vez, en tu caso, sea otra cosa lo que te ayude a esto mismo: salir con la bici, cocinar, ocuparte del jardín, pintar,…
    Lo que sea, hazlo.
  • Ponte límites: sobre todo de tiempo, para llorar, para aburrirte, para hablar de ello, para pensar en ello.
    Seguramente te parezca muy artificial, pero es el modo de que le dediques tiempo sin que se convierta en tu única realidad, en toda tu vida, porque de ser así, te puede acabar consumiendo.
  • Sal a pasear, a tomar el aire: la actividad no sólo te hará generar endorfinas, también te ayudará a procesar lo que está ocurriendo.
  • Céntrate en la resolución de problemas: si algo tiene solución, soluciónalo, si no la tiene, acéptalo.
  • Tómate tiempo para descansar: cuando pasamos por un momento difícil, todos nuestros recursos, intelectuales y físicos están en marcha, buscando soluciones y la manera de superar lo ocurrido, y es agotador.
    Aunque pienses que físicamente estás «bien», tu cuerpo tiene que recuperarse de un trauma, de un golpe, todo nuestro ser está sintiendo lo que está pasando, no sólo nuestro corazón y nuestra alma.
  • Cuida de ti: proporciónate lo que necesitas, en estos momentos, más que nunca, tú eres responsable de ti mismo/a y te necesitas más que nunca, haz por ti mismo/a lo que harías por una persona a la que quieras muchísimo, tu hermano/a, tu hijo/a, tu sobrino/a.
  • Haz lo que «quieras» hacer: esta vida es de titanes, de valientes, seguramente tengas que tomar decisiones difíciles, puede que arriesgadas, decisiones en las que no sepas cuáles van a ser las consecuencias ni los resultados.
    Si quieres ser feliz, la opción más «fácil» o más «correcta» seguramente no sea la mejor para ti.
    Sea como sea, toma una decisión, asume los costes y beneficios, y sigue adelante.
  • Ten paciencia: por lo general las respuestas y las soluciones no vienen así como así, por arte de magia.
    No lo sabemos todo, no tenemos todas las respuestas, lleva su tiempo.
  • No tomes decisiones precipitadas: una vez más, tómate tu tiempo. Ten en cuenta que estás pasando un momento difícil, y te puedo asegurar que no es el momento para tomar decisiones, deja que las cosas vayan encajando.
    Cuando llegue el momento, sabrás qué hacer.
  • Di «te quiero» todas las veces que puedas: comparte tus sentimientos y emociones, compártelos contigo mismo/a y con los demás.
    Puede que estés enfadado/a, furioso/a incluso, decepcionado/a, triste, dolido/a,… pero sigues amando, y esa es la parte más extraordinaria de la vida.
    Parece que expresar nuestra rabia nos resulta natural, pero no nuestro amor, no solemos encontrar el momento para decir un «te quiero»… Pues este es el momento, más que nunca.
  • Supera el día: las metas a medio-largo plazo nos parecen absolutamente inalcanzables en estos momentos, no conseguimos ver más allá. Sentimos que no tenemos ganas, ni energía, ni fuerzas para llegar allí.
    Así que céntrate en hoy y aplica todo lo anterior.
    Mañana, ya se verá.
    Ayer, ya pasó.
  • Ten esperanza: hoy no sabes qué hacer, no sabes qué va a pasar, no sabes cómo te vas a recuperar, ni cómo vas a recomponerte después de lo ocurrido.
    La creencia, por irracional que parezca, de que «todo irá bien», que «con el tiempo todo encontrará su lugar y estarás mejor, serás feliz, otra vez», te ayudará en estos momentos en los que sólo ves oscuridad alrededor.
Publicado en Mujeres, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Cómo afrontar un momento difícil?

«Soy esclavo de mis palabras…

Y dueño de mis silencios».

Una frase célebre que compartió conmigo hace unos días una de mis pacientes… Nunca deja de sorprenderme la sabiduría de las personas con las que trabajo cada día, son uno de los muchos beneficios añadidos de mi maravillosa profesión, un gran regalo, cada día, y por el que estoy tan agradecida.

Sabéis que yo normalmente escribo mis propios artículos, pero hoy voy a compartir con vosotros un cuento tibetano que viene al caso también:
http://rincondeltibet.com/blog/p-mantener-cerca-los-corazones-cuento-tibetano-4920

Ya escribí sobre qué si hacer en una discusión y qué no hacer en una discusión.

Sin embargo, a veces, no ocurre en muchas ocasiones pero, a veces, nuestra mejor opción es: guardar silencio.

Hay momentos en los que las cosas se han complicado tanto, que hablar sobre ellas, no aclara nada, sino que, más bien, las complica.
Entramos en justificaciones, disculpas, mezcladas con reproches, resentimientos, ataques, enfados, comparaciones, y un largo etcétera; en una espiral que puede causar y causarnos mucho daño, y que realmente no soluciona nada, es más, no nos quedamos más tranquilos/as, aunque en un primer momento parezca que si.

Como ya os dije en otra ocasión, como decía Confuncio:
«A veces, lo más difícil de hacer es, no hacer nada».

No significa que hayas tirado la toalla, significa que estás dando tiempo al tiempo para que las cosas se coloquen.

Nuestro impulso suele ser hablar, arreglar, resolver,… lo antes posible.
Sin embargo, en ocasiones, esa «premura» juega en nuestra contra, como cuando nos presionamos por tomar decisiones cuando aún no tenemos información suficiente para hacerlo y nos torturamos pensando que somos «inseguros/as e indecisos/as».

En un momento de «calentón», de «amargura», de «agobio», de «frenesí», de «dolor», podemos llegar a decir y a hacer cosas que realmente no sentimos ni pensamos, pero que la presión del momento y de lo que sentimos nos empujan a hacer o decir.

Queremos controlarlo todo, sobre todo los posibles daños… Queremos hacer las cosas «bien», cerrar capítulos y así poder «seguir con nuestras vidas» (como si de hecho no lo estuviéramos haciendo ya), sin daño ni dolor, sin embargo, a veces, aún no ha llegado el momento, aún es demasiado pronto.

Esperar y tener paciencia son dos lecciones vitales que todos/as hemos venido a este mundo a aprender, nos guste o no.
Sin saber qué va a pasar después, qué podemos esperar o qué nos depara la vida, es por eso (entre otros motivos) que los horóscopos y las líneas de tarot tienen tanto éxito… Queremos saber y queremos saberlo ya.

No se trata de postergar o «procastinar», se trata de esperar a que llegue el momento de actuar, porque cuando hemos llegado a este punto, decir, no es suficiente.

¡Date tu tiempo!
Cuando llegue el momento, sabrás qué hacer.

Publicado en Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en «Soy esclavo de mis palabras…

¿Cambiamos las personas?

¿En lo esencial?

No, no cambiamos.

Podemos cambiar la forma de gestionar las cosas, de interpretarlas, de entenderlas, de gestionarnos a nosotros/as mismos/as y entendernos, de comportarnos en determinadas situaciones muy concretas; podemos aprender nuevos recursos, nuevas técnicas, a tomar decisiones, a hablar en público, a afrontar nuestros miedos… Y muchísimas otras cosas.
Y todo esto que podemos llegar a cambiar y aprender tiene un requisito previo indispensable:
¡Querer cambiar, de verdad!

No porque otro me lo pida, no porque sea más conveniente, no porque me sienta presionado/a u obligado/a a hacerlo, no como resultado de un ultimátum, no porque me obliguen directamente a hacerlo,…

Tal vez, durante un tiempo, efectivamente cambiemos, pero los cambios no perdurarán…
En realidad, todos/as lo sabemos, pero a veces nos aferramos a que «las cosas cambien», a pesar de todo.

No ya sólo las cosas, sino las personas.
Se nos atribuye normalmente a las mujeres la esperanza y perseverancia porque nuestras parejas cambien y por intentar cambiarlas.
Sin embargo, como pasa muchas veces con esas distinciones arbitrarias entre hombres y mujeres, no existen en realidad.
También hay hombres que «esperan» e intentan que su parejas cambien.
Me remito simplemente a lo anterior, las personas no cambiamos en lo esencial, y en lo que cambiamos y cuándo cambiamos, depende sólo de nosotros/as mismos/as, no hay nada que los demás puedan hacer o decir.

Como el agua, nuestro «ser» encuentra su camino, tiene la tendencia que tiene y la naturaleza que tiene, y es la que va a seguir.

Quienes somos, no cambia.

Tal vez os preguntéis ahora, entonces: ¿la terapia funciona?
La respuesta es un rotundo SI, la terapia funciona.
Cambiarás y, al mismo tiempo, seguirás siendo tú, porque la terapia no cambia quien eres, ni lo hace, ni lo va a hacer, no es su objetivo.
Ahora bien, la terapia tiene un requisito previo e imprescindible para que pueda funcionar:
¡Querer cambiar, realmente!

Recuerdo ahora la fábula de la rana y el escorpión, ¿la recordáis?:

Había un escorpión a la orilla del río, que quería cruzar al otro lado, pero los escorpiones no saben y no pueden nadar, así que si lo intentara por sí mismo, se hundiría y moriría.
En el río, había una rana, y el escorpión le pidió que la cruzara en su espalda, hacia el otro lado.
La rana no lo veía claro, tenía miedo, y le dijo al escorpión:
Pero, si te subes a mi espalda, me picarás y moriré.
A lo que el escorpión le contesto:
Yo nunca haría eso, piensa que si yo te pico, tu te hundirías y morirías, de modo que yo me hundiría también, y moriría como tu. Así que nunca haría eso.
A la rana le «convenció» la explicación, más o menos, y decidió hacer la «buena obra» que el escorpión le pedía.
De modo que se acercó a la orilla y permitió que el escorpión se subiera a su espalda, para llevarle al otro lado.
Cuando iban por la mitad del camino, el escorpión, finalmente y de forma irremediable, picó a la rana…
Y la rana, sintiendo ya los efectos del veneno y como se hundía, le preguntó al escorpión:
¿Por qué me has picado si sabes que tú te hundirás también y morirás, como yo?
¿Qué le contestó el escorpión?
Lo se, pero… ¡Es mi naturaleza!

Moraleja:

  • No esperes lo imposible, ni de otros/as ni de ti mismo/a, no va a ocurrir, ni con terapia ni sin ella.
  • Las personas, en lo fundamental, no cambiamos.
  • Podemos tener toda la «buena voluntad» del mundo, si no queremos cambiar realmente, no lo haremos.
  • Las personas podemos «intentar» ir en contra de nosotros/as mismas, de nuestra naturaleza.
    Pero no lo vamos a conseguir, no funcionará.
  • Más aún, si tu «intuición» te dice que algo no va a funcionar, probablemente no lo hará.
  • Así que escúchate a ti mismo/a, tomes la decisión que tomes, ya sabías lo que iba a pasar, que no te sorprenda, porque sólo te estabas engañando a ti mismo/a.
Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Cambiamos las personas?

¿Por qué hay personas que cambian de opinión «cada 5 minutos»?

Se debe a un estilo cognitivo que en psicología denominamos «Impulsividad«.

Según la Wikipedia:
«Es la predisposición a reaccionar de forma inesperada, rápida, y desmedida ante una situación externa que puede resultar amenazante, o ante un estímulo interno propio del individuo, sin tener una reflexión previa ni tomar en cuenta las consecuencias que pueden provocar sus actos.»

¿Cómo podemos identificar a una persona impulsiva?
Hoy quiere esto, mañana aquello.
Hoy te dice que no va a renunciar a ti, unos días después te dice «adiós».
Hoy hace planes de futuro contigo, a los dos días los cancela por otros.
Hoy te da seguridad, mañana te la quita.
Hoy está seguro/a de lo que está haciendo, mañana cree que es un error y se ha equivocado.

Por supuesto que todos/as tenemos derecho a cambiar de opinión.
Pero, en este caso, no se trata de eso.

Desde fuera, parece que estas personas realmente «no saben lo que quieren», pero pudiéramos llegar a la conclusión incluso de que «están jugando con nosotros/as», «nos están mareando», «nos están utilizando» o «tienen otro interés en nosotros/as más allá de nosotros/as mismos/as».

Sin embargo, la realidad es más profunda de lo que parece.
La mayoría de ellas, te puedo decir que, no quieren hacerte daño, ni por lo más remoto, te pedirán perdón y realmente lo sentirán en el alma, de hecho puede que te quieran muchísimo, con todo su corazón incluso, y ellos/as mismos/as estarán destrozados/as por el daño que te están causando y se están causando a si mismos/as.
Tal vez tú no las creas, pero no tienes ni idea de con qué están lidiando.

La persona impulsiva tiene una lucha interna brutal entre:
Lo que quiere, lo que necesita y lo que es mejor para él/ella.
En términos de la Psicología Transaccional: su «yo niño/a», su «yo padre» y su «yo adulto/a».

En realidad, todos/as tenemos está lucha, en cierto modo, en más de una ocasión, casi os diría constantemente en nuestras vidas, sólo que según cuál sea la «parte dominante» nos encontraremos en equilibrio como tendencia habitual o no.

Nuestro/a «yo niño/a» representa nuestros deseos, nuestros anhelos,… Un/a niño/a ahora quiere pizza, en cinco minutos chuches, y dentro de tres un helado…
Lo quiere «todo» y lo quiere ya, y ese «todo» cambia a cada momento.
¿Y qué pasa si no consigue lo que quiere?
Pues que tiene una pataleta monumental, rebota contra las paredes, dice cualquier cosa, en cualquier momento y situación. Ya que un/a niño/a no entiende de normas sociales, no tiene en cuenta las consecuencias ni las implicaciones, no negocia, ni razona, ni planea.
Como os decía: «lo quiere todo y lo quiere ya», lo demás no importa.

Nuestro «yo padre» (se identifica con el padre porque suele representar la «figura de autoridad», pero puede variar según los casos) representa las obligaciones, las responsabilidades, las normas, la «moralidad». Es esa parte de nosotros/as que nos «machaca con lo que «tenemos» que hacer» y podemos identificarlo con frases que contienen: «debería…», «mi deber es…», «lo que tengo que hacer…», «es culpa mía que…», «debo hacer lo correcto», «tengo que hacer esto, porque es lo que hay que hacer»,…
Esta parte de nosotros/as es estricta, es autoritaria, a veces incluso intimidatoria, nos amenaza con los «castigos de infierno» y las «torturas del alma y la moral».
Esta parte tiene muy claro «lo que está bien» y «lo que está mal», «lo que se debe hacer» y «lo que no».
¿Su forma de conseguirlo?
Tiene mucho que ver con cómo nos hayan educado y los «métodos» que hayan utilizado.
Algunos de estos métodos (sobre todo en el caso que nos ocupa) son «coercitivos», no tiene por qué suponer gritos ni voces, a veces es la manipulación emocional, lo que podéis estar seguros es que contienen altas dosis de culpa.

Nuestro «yo adulto/a» es el que media entre las dos partes, escuchando a ambas, es la tercera parte que pone paz, busca soluciones, es la encargada de encontrar un equilibrio entre las partes y llegar a un acuerdo, a un consenso, de modo que recibamos lo que queremos y lo que necesitamos, consiguiendo lo mejor para nosotros/as. Es, en realidad, la parte que realmente «cuida» de nosotros/as y la que tenemos que desarrollar y «educar» según nos vamos haciendo adultos/as y, por tanto, responsables de nosotros/as mismos/as.

Repasado esto, volvamos al comienzo.
En el caso de las personas impulsivas, podremos ver con mucha claridad, que sus decisiones, sus actos y sus palabras estarán muy condicionados por qué parte de sí mismos/as está «al mando» en ese momento, aunque ellos/as no sean conscientes de este hecho.

Las personas impulsivas buscan el equilibrio, la estabilidad, por todos los medios, porque ellos/as mismos/as están exhaustos de la «montaña rusa emocional» en la que se ven inmersos.
Es por este motivo que, aunque parezca paradójico, muchas personas impulsivas son además personas muy «controladoras», en un esfuerzo casi inhumano de conseguir la previsibilidad, estabilidad, organización y orden que en realidad no tienen en sus vidas y que tanto ansían.
De este modo, la impulsividad tendría que ver con su «yo niño/a» y el control con su «yo padre».

Pero ninguna de estas dos «estrategias» (por llamarlo así) funcionan.

Porque lo que en realidad necesita la persona impulsiva no es «controlar más».
Pueden tener un trabajo o profesión estable, una relación de pareja de muchos años e incluso hijos/as (que son para toda la vida), casa/s, coche/s,… Nada de todo eso les da la estabilidad ni la felicidad que buscan, y no entienden por qué si, de hecho, «parece que lo tienen todo».
El auténtico reto para la persona impulsiva es entender cómo y dónde conseguir su anhelada estabilidad y felicidad, porque no está fuera.
Ya que está no reside, ni más ni menos, que en sí mismos.

Hasta que la persona impulsiva no sea capaz de escuchar a sus dos partes en conflicto, y nutrir y escuchar a su «yo adulto/a» para que medie entre ellas y sea la que tome decisiones, irá saltando de un modo a otro, según el momento.
Ya que, si sólo escuchamos a nuestro «yo niño/a» nos meteremos en unos «líos de campeonato», haremos daño a otras personas, iremos como «pollos sin cabeza», en un rapto hedonista y «descontrolado», es cierto que «tendremos lo que queremos en el momento que lo queremos», aparentemente, pero pagaremos un precio altísimo, que nos pesará enormemente.
Si sólo escuchamos a nuestro «yo padre» llevaremos una vida «recta e impecable», pero con un peso sobre los hombros y el pecho que no nos dejará ponernos en pie ni respirar. Nuestra vida nos parecerá vacía, una tortura de a quién complacer y de quién o qué hacernos cargo, sólo habrá obligaciones y responsabilidades, cero diversión y esparcimiento, más aún, nadie se estará «encargando» de nuestras propias necesidades, anhelos y deseos.

Y lo curioso de esto, por decirlo así, es que cuando hemos pasado mucho tiempo atendiendo a nuestro «yo niño/a», saltaremos a un «yo padre» férreo, intransigente e inflexible, en un intento de «controlar los daños», del mismo modo que cuando hemos pasado mucho tiempo atendiendo a nuestro «yo padre», saltaremos a un «yo niño/a» totalmente descontrolado/a, caprichoso/a y anárquico, en un intento de «hacernos felices».

Como ya os decía, ninguna de esas fórmulas funciona a largo plazo, y la «montaña rusa» se hace cada vez más «peligrosa», con más consecuencias, con más implicaciones, con más daños a sus espaldas.

Si tú te sientes identificado/a con todo esto, por mucho que te cabree y te duela, seguramente ahora (si no lo habías hecho ya antes) te estés dando cuenta de qué es lo que realmente te pasa, y por qué en ocasiones «no eres capaz de controlarte», cuando quieres realmente hacerlo, y por qué «no consigues lo que quieres», aunque realmente lo desees con toda tu alma, más aún, por qué tienes «problemas» en tus relaciones, por qué has hecho daño a personas a las que realmente querías y por qué los demás tienen la imagen que tienen de ti, muy contrapuesta en determinadas ocasiones y según de que se trate (no suele ser en todas las áreas de la vida), pero con la resultante de que les cueste confiar en ti o «comprometerse por completo» contigo porque se dan cuenta de que ni tú mismo/a sabes lo que quieres, porque estás en lucha, estás en conflicto, contigo mismo/a.

Si tu caso es que te encuentras en una relación o cerca de una persona impulsiva, tenga el papel que tenga en tu vida, lo que te puedo decir es que no hay nada que puedas hacer o decir.
No importa la «seguridad» o el apoyo o los consejos que le des a esa persona, lo mucho que la quieras, la «paciencia» que tengas, lo disponible y a su lado que estés, lo mucho que sofoques, extintor en mano, los «fuegos de sus dramas», lo que atiendas sus necesidades y complazcas sus deseos, lo que te comprometas con ella, lo mucho que la escuches y entiendas, ni el amor que le des, por mucho que quieras hacer todas y cada una de esas cosas, de corazón, con toda tu entrega y amor; hasta que no resuelva el «quilombo» que tiene montado, nada, absolutamente nada, podrá cambiar las cosas, sólo esa persona puede hacerlo, por mucho que te duela y entristezca.
Esto es una explicación, no una justificación, y se muy bien que no cambia lo que está pasando, ni cómo te estás sintiendo, pero espero que te ayude a «encajar» las piezas para poder seguir con tu vida y ser feliz, y que, en el caso de que esa persona «vuelva a tu vida», una vez haya resuelto todo lo que necesita resolver, si la sigues amando y decides hacerlo, puedas llegar a perdonarla y tener un futuro juntos/as, en la forma que sea.

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Por qué hay personas que cambian de opinión «cada 5 minutos»?

La Culpa

Como Wayne Dyer ya decía en su célebre libro «Tus zonas erróneas», es una de las emociones más inútiles que hay, junto con la preocupación.

La culpa nos hace vivir en el pasado.
Revisando una y otra vez lo que hicimos y sintiéndonos en el presente apesadumbrados/as, tristes, impotentes, frustrados/as, dolidos, malas personas incluso, responsables del «daño» causado a otros/as y/o a nosotros/as mismos/as cuando, en realidad, cada uno es responsable de sus emociones, no lo somos nosotros/as.

La culpa nos tortura.
Porque no podemos volver atrás, no tenemos una máquina del tiempo que nos permita deshacer lo hecho, reparar el «daño».

Me parece infinitamente más productivo vivir una vida con sentido para mi mismo/a, a cada paso, lo cual pasa por tomarse tiempo para tomar decisiones y procurar hacer lo que realmente queremos hacer, consiga los resultados que espero o no, y resolver lo que me encuentre en el presente, haciendo planes mirando al futuro, claro, pero centrados/as en el presente, que pasarme la vida mirando atrás con dolor y amargura.

Como ya os dije, no creo que las equivocaciones existan.
Pero ahora os voy más allá incluso…
La culpa es uno de los instrumentos que tiene la sociedad y la religión para «controlar» a las masas.
Su historia es ancestral, pero una construcción al fin y al cabo, no es una emoción inherente al ser humano, nos educan en ella.
Nos educan en ella para asegurarse de que no nos salgamos del «camino establecido», para que sigamos como «masa borreguil» y no nos planteemos qué queremos o qué no, sino que simplemente hagamos «lo correcto», «lo adecuado», «lo bueno», y así todo siga en su cuadrícula, controladito y sin dar «muchos problemas».
Pero… ¿bueno para quién? ¿Para quién es eso bueno, realmente?

No justifico la «maldad» o «mala voluntad», ni mucho menos.
Lo que digo es: si yo quiero hacer algo, lo que sea, por mí, por nadie más, procurando no dañar a otros, tomando las medidas a mi alcance para ello, desde luego, pero a sabiendas de que no puedo «controlar» ni predecir cómo se van a sentir los demás por mis decisiones, ni qué va a pasar… ¿Que hacer? ¿Seguir por el sendero o andar mi propio camino, aunque no sepa a dónde me lleve?

Os planteo esta imagen:
Imaginaros con 80 o 90 años, en vuestra mecedora favorita, viendo el tiempo pasar, las estaciones cambiar, revisando los detalles de vuestra vida, viendo fotos, recordando historias, reviviendo momentos…
Y todo ello, con una sonrisa en la cara, con satisfacción, sabiendo que nunca os rendisteis, que nunca os conformasteis, que seguisteis luchando aunque os flaquearan las fuerzas, y sobre todo cuando os flaqueaban las fuerzas, que hicisteis lo que realmente queríais hacer, en cada momento, que amasteis hasta la extenuación, hasta la locura, que caísteis y os levantasteis una y otra vez, que lo perdisteis todo y tuvisteis la fuerza de empezar de nuevo, con ilusión, con esperanza, que hicisteis el amor como posesos/as, con toda vuestra pasión, siempre que tuvisteis la oportunidad…

No se vosotros/as, pero eso es justo lo que yo quiero, más aún, así es, a día de hoy, porque yo elijo que la culpa no forme parte de mi vida, no la necesito, confío en mí, y soluciono y/o acepto lo que se me ponga por delante y la culpa no me permitiría hacerlo, sólo me torturaría.

La Banda Sonora para esta entrada viene de la mano de la maravillosa Barbra Streisand y el fantástico Barry Gibb: «Guilty»

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La Culpa