¡Atrévete! ¡Cambia!

Este vídeo me sigue poniendo los pelos de punta.

La primera vez que lo vi fue en un curso que hice, dirigido a mujeres y a las habilidades de liderazgo, hace ya casi cuatro años.

Las mujeres que allí conocí, cambiaron mi vida, al igual que las que tengo en mi vida y han pasado por ella. Y doy gracias por ello.

Un tributo a todas vosotras y a los hombres maravillosos que también hacen de nosotras ser quienes somos. ¡Gracias!

¡Atrévete! ¡Cambia!

Publicado en Mujeres | Comentarios desactivados en ¡Atrévete! ¡Cambia!

Cuando confundimos Ayudar con Salvar

Ayudar:

«1. tr. Prestar cooperación.

2. tr. Auxiliar, socorrer.

3. prnl. Hacer un esfuerzo, poner los medios para el logro de algo.»

Salvar:

«1. tr. Librar de un riesgo o peligro, poner en seguro. U. t. c. prnl.

2. tr. Evitar un inconveniente, impedimento, dificultad o riesgo.»

Cómo reconocer si estamos tratando de ayudar a alguien o estamos tratando de salvarle:

  • Siguiendo al pie de Ayudarla letra ambas definiciones, cuando tratamos de ayudar a alguien, estamos cooperando con la otra persona, cuando tratamos de salvarla somos nosotros/as quienes asumimos la responsabilidad del bienestar de la otra persona.
  • Cuando ayudamos a otra persona es esa persona quien elige, cuando la salvamos elegimos por ella.
  • La ayuda suma, la salvación resta capacidad a la otra persona, a todos los niveles.
  • La ayuda fomenta la independencia de la persona que la recibe, la salvación genera una dependencia de la persona que la recibe.
  • Tanto la ayuda como la salvación suelen ser bien recibidas (si son pedidas y/o esperadas) de inicio, si bien, en el caso de la salvación, el agradecimiento se puede convertir en resentimiento, necesidad de escape o huida, rencor o sentimiento de estar siendo oprimido (lo cual ocurre porque, una vez la persona se recupera, es posible que quiera también recuperar su autonomía e independencia).
  • Cuando ayudamos no esperamos nada a cambio.
  • Cuando salvamos esperamos fidelidad y lealtad por parte de la otra persona, ya que está en deuda con nosotros/as.
  • Al ayudar a otros/as nos sentimos satisfechos, realizados, gratificados, solo por estar ayudando a esa persona, en la medida que deseamos hacerlo.
  • Al salvar a otros/as nos sentimos responsables, obligados, poderosos, necesitados.
  • Ayudar suma. Salvar resta.
  • Si ayudamos establecemos una relación saludable.
  • Si salvamos establecemos una relación tóxica.
  • Ayudando damos recursos a la otra persona, facilitamos su desarrollo y el nuestro, le damos alas. Salvando le quitamos recursos a la otra persona, dificultamos su desarrollo y el nuestro también, le cortamos las alas.
  • Al salvar a una persona la convertimos en víctima, o reforzamos su patrón ya existente, al ayudarla la convertimos en cooperante, dueño/a de su vida.

Recomendaciones generales:

  1. Ayuda a quien puedas y quieras, sálvate sólo a ti mismo/a.
  2. No intentes ayudar a nadie que no te lo haya pedido, y aún siendo así, hazlo sólo si no interfiere con tu prioridad, tú mismo/a.
  3. Cuando alguien te pida que lo salves, dale el número de emergencias: 112.
  4. No te enzarces en relaciones dependientes a no ser que quieras cargarte la relación, tu autoestima y la de la otra persona.
  5. Llama a las cosas por su nombre. No te engañes, nunca acaba bien.
  6. Ten claros tus límites, hará crecer tus relaciones.
  7. Si estás tratando de salvar a alguien, pide ayuda.
Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , | 1 comentario

Relaciones Tóxicas

Yo también he visto muchas veces esa llamativa portada del libro del mismo nombre, y he de reconocer, que no lo he leído.

A pesar de eso, al igual que tú que estás leyendo esta entrada, reconozco que hay relaciones que son tóxicas.

Relaciones que nos convierten en un «bonsai emocional«, que impiden que nuestras ramas, nuestras hojas, nuestros árboles vitales, que representan nuestro desarrollo vital como personas, en todos sus ámbitos, se reduzcan en lugar de crecer y expandirse.

Hablo de relaciones, ni de hombres, ni de mujeres, ya que ese no es el factor diferencial.

Buceando en Internet he visto tipologías, clasificaciones y demás.

Lo que me parece especialmente importante no es ponerle nombre. Si bien es cierto que es reconfortante en ocasiones, encontrar una clasificación con la que sentirse identificado y decir: «eso es justo lo que me está pasando a mí», lo cierto es que las variaciones pueden ser múltiples y diversas.

Yo te invito a que te hagas la siguiente pregunta:

¿Hay alguna relación en tu vida que te haga sentir pequeño/a, triste, frustrado/a, ridículo/a, infravalorado/a, tal vez sólo incómodo/a?

Si la respuesta es Si, es oficial, tienes una relación tóxica en tu vida.

Tal vez no sepas poner en palabras ese algo que dice esa persona o que hace o ese patrón de comportamiento que incluso tu mismo/a tienes en tu relación con esa persona, que te ayude a identificar claramente que la relación es tóxica, pero realmente tampoco hace falta.Relaciones tóxicas

Yo suelo decir que es fundamental «fiarnos» de nuestra intuición, y que vuestra propia experiencia os dice: si os habéis equivocado al hacerle caso, o más bien cuando no se lo habéis hecho.

Cuando hablo de intuición no pretendo nada místico. La intuición no es ni más ni menos que el resultado de todo ese procesamiento inconsciente que hacemos de la información, es decir, toneladas de datos, de detalles, de los cuales tal vez no seamos conscientes, pero que están en nuestro almacén, y estamos considerando, aunque sin saberlo. Y su manifestación es ese «je ne sais quoi», ese «no sabría decirte exactamente qué es… pero no me gusta».

Pues bien, ahí te encuentras con una o varias relaciones, que no te acaban de «dar buena espina» y que te están limitando, puede que en cosas pequeñas, pero se van sumando.

Tal vez pienses, ¿qué necesidad?

Muchas veces nos sentimos «comprometidos» con esas relaciones, «obligados» a mantenerlas, y peor «responsables» de cambiarlas.

Los patrones de comportamiento dirigidos al cuidado y la protección de otros, por desgracia, son especialmente vulnerables a este tipo de relaciones.

Digo desgraciadamente porque son patrones, generalmente, bien intencionados, que nacen desde el cariño, el afecto y el amor, y que no pocas veces se confunden con «la salvación» y ese es el principio del fin.

Dicho todo esto, la respuesta «sencilla y fácil» sería: «¡Sal corriendo en dirección opuesta de esa relación!». Pero todos sabemos que a veces nuestra relaciones, más que atarnos nos están encadenando. Los motivos son múltiples y nada desdeñables.

Relaciones abusivas, conflictivas, desequilibradas, nocivas, dañinas,… tóxicas en definitiva. Ninguno estamos libre de caer en ellas.

Yo te invito a que te plantees hasta que punto estás «aceptando libremente» esa relación, con qué te está enganchando, porque el análisis racional de los pros y los contras, qué me está aportando y qué me está «costando», hay ocasiones en que no es suficiente para que tomemos una decisión, entre otras cosas porque tal vez la balanza se decante hacia los pros.

A veces es el miedo a estar solos/as, a veces nos sentimos en deuda, o creemos que esa persona nos necesita,… más complejo aún… amamos y/o queremos a esa persona, esa relación, nos sentimos queridos/as, amados/as, necesitados/as y no concebimos sentirnos de otra manera con respecto a esa relación, porque hace que se tambalee nuestra autoestima.

Precisamente a nuestra autoestima es a la que estas relaciones suele hacer más daño. Cada vez que escucho a alguien decir, hablando de una relación que es «sospechosa» de ser tóxica: «si no me cuesta nada…», las alarmas saltan. Por supuesto que sólo el hecho de tener que justificar a otros/as (no digamos ya a nosotros/as mismos/as) que una relación es «nutritiva» y saludable para nosotros/as ya es indicativo de que algo no acaba de encajar, muchas veces el factor de mantenimiento de una relación tóxica es que no tenemos conciencia del coste real que nos está suponiendo.

Recuerda que siempre eres libre para, aún sabiendo que mantienes una relación tóxica, decidir mantenerla, pero sólo si lo sabes serás realmente libre, sino simplemente te estarás dejando llevar, sin pararte a pensar y a elegir realmente, y el daño e impacto serán mucho mayores aún.

Todos conocemos a personas que «son capaces» de mantener relaciones tóxicas sin que, aparentemente, les afecte negativamente. Los secretos suelen ser el distanciamiento emocional con respecto a la relación, su nivel de asertividad y conocimiento personal, su red de recursos, capacidad de autorefuerzos, etc.

No quiero dar un mensaje equivocado con esta última parte.

¿Es posible manejar una relación tóxica? La respuesta es si.

Ahora bien, ¿quieres esa relación en tu vida? Eso ya es otro cantar. He escuchado a este respecto argumentos que tienen que ver con que este tipo de relaciones son una oportunidad para el propio desarrollo personal, el autoconocimiento y la posibilidad de crecer como personas, en cuanto a nuestra habilidades sociales, capacidad de negociación, de ser asertivos, etc.

Pero al igual que ocurre con el «castigo«, creerme, es la peor forma de aprendizaje posible. ¿Funciona? Si, funciona. Pero, ¿a qué precio?

Según escribo todo esto, me estoy acordando de la célebre frase de Groucho Marx: «Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo«. Y me planteo: ¿recomendarías esa relación a tu hermano/a, a tu sobrino/a, a tu hijo/a?

Se que no es fácil «cortar» ciertas relaciones, y menos «recuperarse» de ellas e incluso si quieres aprender a manejarlas porque en este momento no puedes romperla; si es tu caso, no dudes en pedir ayuda e información y, recuerda, las únicas obligaciones que tienes son las que tú mismo/a te marques.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , | 2 comentarios

Vuelvo a ISEP con una nueva ponencia, en la que volveré a exponer un caso, cuyo título es:

Inteligencia Emocional y EMDR: otra aproximación en el tratamiento de la ansiedad

Si creéis que la corriente cognitivo-conductual se os queda corta, ya seáis usuarios o profesionales, os invito (tener en cuenta que hay que reservar plaza directamente con el centro) a que me acompañéis en esta sesión para ver un enfoque distinto, y comprobar por vosotros mismos cómo se pueden adaptar las técnicas a las personas, obteniendo grandes resultados.

¡Os espero!

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en Sesión Clínica abierta: Inteligencia Emocional, EMDR y Ansiedad

Podemos elegir nuestras Valoraciones

Cuando me refiero a las valoraciones, me refiero a un tipo de pensamientos en concreto.

Diferenciamos entre dos tipos de pensamiento en este caso:

Por un lado los que se refieren a hechos, como por ejemplo: hay 5 manzanas, es un pensamiento descriptivo que refleja un hecho objetivo y contrastable.

Por otro lado los que se refieren a valoraciones (juicios y opiniones también): las manzanas son deliciosas, que refleja una opinión subjetiva y, como bien sabemos, cada uno tiene la suya, pero eso no lo convierte en realidad.

Y, ¿por qué digo esto último?

Porque nuestro cerebro no diferencia entre si se trata de pensamientos relacionados con hechos o con valoraciones, las emociones que genera no no discriminan entre estas dos opciones.

De este modo, ante un pensamiento como «soy débil», lo cual es una valoración parcial y subjetiva, no un hecho objetivo y contrastable, nuestras emociones al respecto pueden ser tristeza, rabia, enfado, desesperanza, confusión, debilidad, y no tendrán nada que ver con si se trata de un hecho o no.

Si nos centramos en «re-convertir» / «re-formular» este tipo de pensamientos generales, subjetivos, derrotistas y catastrofistas en otros más objetivos, que describan de una forma más ajustada a los hechos acontecidos, no centrándonos (al menos no exclusivamente) en la valoración que hacemos de esos hechos, la emocionalidad que despierten será también distinta y más ajustada.

Siguiendo el ejemplo anterior, una alternativa podría ser:
«No me gustó mi comportamiento en la reunión de equipo de mi trabajo el jueves», y añadir, por ejemplo, «trabajaré en mis habilidades asertivas para expresar mejor lo que pienso en este tipo de reuniones».
Puede que sienta disgusto, decepción e incluso irritación, pero la intensidad y la forma de esas emociones será totalmente distinta a las que despiertan una afirmación como «soy débil», que además no nos da ninguna opción de cambio, mejora ni esperanza, al fin y al cabo.

Ante este planteamiento normalmente la respuesta es que eso es muy difícil de hacer.

Si, es cierto que requiere esfuerzo y control consciente, es decir, que le dediquemos tiempo a trabajar en nuestros pensamientos, a cambiarlos, y que a veces no tendremos ni idea de cómo hacerlo, y justo para eso tenemos la terapia y la práctica, que es la mejor forma de aprender cualquier habilidad nueva que nos planteemos.

Visto desde esta perspectiva, ¿crees que podemos elegir nuestros pensamientos?

No estamos acostumbrados a plantearnos los contenidos de nuestra mente (que eso son los pensamientos al fin y al cabo), damos por hecho que son ciertos (tienen criterio de verdad, en otras palabras) y nos «fusionamos» con ellos como dice la terapia ACT, identificándonos con ellos y dejándonos arrastrar por el sufrimiento, en muchos casos.

Así que esta es la buena nueva:
¡PUEDES ELEGIR TUS PENSAMIENTOS!

Si esta entrada te ha resultado interesante y quieres saber más, trabajar en tus propios pensamientos y emociones, llámanos sin compromiso.

Publicado en Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

Felicidad, ¿qué crees tú que es?

AlegríaMucho se ha escrito sobre ella…

Y cuándo pregunto en la consulta: ¿Cuál es tu objetivo? ¿Qué quieres conseguir?

La respuesta suele ser, «Ser Feliz«.

Las cosas cambian cuando la pregunta es «¿Qué es para ti la felicidad

 

Tal vez a ti mismo te pase, que veas esta pregunta y no sepas qué contestar pero, ¿se puede emprender o planear un viaje sin conocer el destino?

Lo cierto es que si, se puede viajar, como se suele decir, «a la aventura», disfrutando de lo que encontramos por el camino (ese sería entonces tu objetivo, tu destino en el viaje). Y en ese caso, esa sería la felicidad para ti pero, ¿realmente lo es?

Empecemos por una cuestión clave y más específica.

¿Para ti la felicidad es un estado, más o menos permanente, o son momentos puntuales?

Ejemplo del segundo punto sería la felicidad entendida como en la película «En busca de la felicidad«, en la que el protagonista pasa toda una serie de vicisitudes, hasta conseguir un puesto de trabajo muy prometedor y lucrativo, y es entonces, y sólo entonces, cuando es feliz.

Desde esta perspectiva, corremos el riesgo de convertirnos en «coleccionistas«, de personas, relaciones, cosas, experiencias… que no tendrán sentido por sí mismas, y que muy posiblemente nos generen una tremenda insatisfacción y frustración, ya que si no las conseguimos, no seremos felices, y el día a día se convierte en una tortura, en una carrera, que no se disfruta como tal, y que además es constante ya que una vez conseguida una de ellas, hay que ir a por la siguiente. ¿Cuándo nos pararemos a tomar aire y disfrutar de las flores?

La felicidad entendida como un estado, tiene más que ver con un estado interno consecuencia de un día a día, también encaminado a un objetivo (que puede cambiar, claro), al que tal vez nunca llegues, pero sobre todo sintonizado contigo mismo en el que disfrutas y celebras el camino, no la consecución del objetivo.

Si tu respuesta ha ido más encaminada a la primera consideración que a la segunda, recuerda que eres tú quién elige, puedes cambiar, y volver a cambiar, sólo depende de ti.

¿Cómo fomentar la felicidad en tu vida?

Hay algunos ejercicios que se pueden hacer para aclarar tus ideas respecto a esta pregunta, por ejemplo, escribirte una carta a ti mismo, de cómo te gustaría que fuera tu vida (con todos los detalles que puedas incluir, cuanto más concreto y «objetivable» mejor que mejor) dentro de dos años, de cinco años, de diez años. Te dará una idea de las cosas (cuando digo cosas, me refiero a la idea más amplia de este concepto, por ejemplo, una habilidad, como aprender a cocinar o un valor que quieras desarrollar o convertir en leitmotiv de tu existencia) que quieres conseguir y de qué acciones emprender que te acerquen a ellas.

Tener un objetivo o varios, no significa quemar todos tus barcos por él o ellos, sino un agente motivador que te guíe en una dirección que tenga sentido para ti, los consigas o no.

La Psicología Positiva se refiere a la felicidad y a las actividades de «flow» que están íntimamente relacionadas con ella. Son aquellas actividades que, mientras estamos llevándolas acabo, perdemos la noción del tiempo, nos embebemos en ellas, disfrutamos y nos hacen sentir plenamente satisfechos, actividades en las que nuestro ser fluye (de ahí la palabra «flow«).

Otras prácticas como puede ser la meditación (coger aire y tomarte tiempo para ser y estar, simplemente, también), nos ayudarán a vivir conectados al momento presente, a vivir la vida con los ojos abiertos, dándonos la oportunidad de disfrutar lo que tenemos ante nosotros, porque como todos hemos experimentado alguna vez, vivir consumidos por el deseo y el anhelo de lo que no tenemos, nos conduce a la frustración y desesperación, haciendo que nuestras vidas pierdan su sentido, y si bien podemos deambular entre preguntas existencialistas como ¿qué sentido tiene la vida?, lo cierto es que, como ocurre en muchos problemas matemáticos, no es que no haya solución, es que la pregunta no esta adecuadamente planteada.

Como bien decía John Lennon, «la vida es lo que pasa mientras haces otros planes«.

Si tu objetivo en tu vida es ser feliz, o al menos, una prioridad para ti, tómate tiempo para reflexionar sobre todo esto y vivir una vida acorde a lo que realmente es importante para ti, eso le dará sentido.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , | 1 comentario

Sensualidad Vs Sexualidad

Dos términos que frecuentemente se consideran iguales, sinónimos, pero que contemplan experiencias totalmente distintas.

La sensualidad tiene que ver con una expresión de nuestra feminidad o masculinidad, tiene que ver con experimentar nuestro cuerpo y nuestra energía sexual, independientemente de si conduce a las relaciones sexuales o no. Se trata de «atraer» y/o «atraernos».

Sentirnos a gusto en nuestra piel, con nuestro cuerpo, su voluptuosidad, sus rincones y pliegues, todo él en su conjunto, y su expresión emocional.Dance

La danza del vientre es un claro ejemplo de ello, no sólo es beneficiosa para masajear nuestros órganos internos, especialmente cuando nos encontramos ovulando o con el periodo, sino que favorece que nos relacionemos y conectemos con nuestros cuerpos con una actitud por momentos provocativa, por momentos seductora, por momentos chulesca, altiva, también distante y misteriosa; disfrutando de esa expresión por si misma, sin buscar ni las miradas ni la relación sexual por si mismas, sólo expresándonos y experimentando con nuestros cuerpos, con sus múltiples posibilidades, sin pretender nada más que eso mismo.

La sexualidad tiene que ver también con una expresión de nuestros cuerpos y nuestras emociones, pero en este caso dirigida a obtener placer sexual, lo que puede incluir tanto las relaciones sexuales como la masturbación, como cualquier otro tipo de conducta que pretenda este mismo objetivo.

En ambos casos, podríamos decir que hay expresiones socialmente aceptadas y otras que no lo son, en cualquier caso, dentro del respeto y las expresiones mutuamente aceptadas y consentidas, es tarea nuestra descubrir y «re-descubrir» como nos relacionamos con nuestros cuerpos en nuestro momento presente, así que…

¡Disfrutar y experimentar!

Publicado en Pareja | Etiquetado , , , , , , | Comentarios desactivados en Sensualidad Vs Sexualidad

«Busca a alguien que te ame por ser tan fuerte»

Esta frase la escuché hace poco en una serie.

La serie está ambientada en los años 80, pero la frase, 30 años después, sigue vigente.

Vivimos una época en la que nos planteamos cómo seguir siendo mujeres independientes, libres y modernas, y al mismo tiempo encontrar el amor, enamorarnos.Fuerza

No pocas veces se nos castiga por ser fuertes. No pocas veces confundimos ser mujer (o femenina) con reivindicarnos.

Encontrar el equilibrio sin duda es difícil, pero en esta entrada sobre lo que quiero reflexionar es sobre cuantas veces pretendemos ser quien no somos para que nos amen.

En algunos libros he leído que en las primeras citas el hombre trata de «evaluar» si va a poder hacerte feliz y si va a poder cuidar de ti.

Esto implicaría, por ejemplo, que si él se presenta a la cita con unas deportivas y tu con un Louis Vuitton, saldrá despavorido… Tienes gustos «demasiado caros» y él no podrá complacerte, así que pies para que os quiero…

Pero lo cierto es, que como mujeres luchadoras y trabajadoras que somos, ya cuidamos de nosotras mismas, ¿verdad? Así que a nosotras ni se nos pasa por la cabeza que eso pueda ser un problema.

Lo que si pensamos es que si un hombre se siente «amenazado» por nuestro éxito, no nos interesa.

¿Habéis oído la frase, dicha por una mujer, «los hombres se sienten intimidados por mí»?

Seguro que habéis oído esa frase unas cuantas veces… Igual incluso la habéis pronunciado vosotras mismas.

Pero, ¿qué hay detrás de eso?

Las dos frases indicadas más arriba no son ni más ni menos que valoraciones/interpretaciones que hacemos nosotras mismas que, en cierto modo, nos vienen bien, porque nos dejan en un «buen lugar» y a ellos en un «mal lugar», nosotras por desarrolladas y evolucionadas y a ellos por carcas, retrógrados e incluso machistas. Pero digo que sólo en cierto modo porque también nos limitan muchos nuestras opciones, nos dan una imagen totalmente negativa de los hombres y nos llevan al firme convencimiento de que tenemos que «reivindicarnos» en nuestro papel de mujeres fuertes para que nos respeten y puede que incluso a odiar a los hombres solo por su condición de hombres.

Yo más bien te invito a que, en vez de centrarte en qué le haría feliz a ese hombre, te centres en qué te hace feliz a ti, y se lo comuniques, del modo que sea. A fin de cuentas, cualquiera de nosotros (mujeres u hombres) no nos lanzaremos a acometer una «gran empresa» si no tenemos cierta «garantía de éxito», ¿no crees?

A veces, nos «pavoneamos» de nuestros logros, de nuestros éxitos, y no nos damos ni cuenta, y a quién lo recibe, por lo general no le gusta, no importa su sexo. Si bien es cierto que otras veces lo que ocurre es que el hombre que tenemos delante, como decía más arriba, percibe que no podrá hacernos feliz o que no le hacemos un hueco/espacio en nuestras vidas, y desiste en su empeño.

Así que tratamos de ser el clavo que no sobresale, estar en la media, «ser grises», sumisas, de «fácil trato» (¡que no fáciles!)… Y no es sólo que esto no funcione: pretender ser quien no somos, por agradar, complacer, no porque nosotras mismas hayamos decidido ese cambio; sino que muchas veces nos sentimos culpables y nos mortificamos por no haber encontrado ese ansiado AMOR, por ser como somos.

Y espérate, porque esto tal vez cruce nuestra mente, pero además tendremos personas a nuestro alrededor que «amablemente» nos recordarán todas las cosas que hacemos mal, o que deberíamos hacer de otro modo para que otro nos ame.

Siempre explico, respecto a esto, que por mucho que nos pueda llegar a doler, lo cierto es que no hay mala intención en estas palabras. Este tipo de explicaciones, cuando no acusaciones, se basan en una falsa idea de control sobre lo que nos acontece en la vida. Tenemos la falsa creencia de que lo que nos pase (bueno o malo), depende fundamentalmente de nosotros mismos y de lo que hacemos.

De este modo, si no has encontrado a la mujer/al hombre de tu vida es que no has buscado en los lugares indicados, no sales lo suficiente, estás centrada/o en tu trabajo, no te muestras abierta/o, eliges a las personas equivocadas o no lo has intentado lo suficiente.

En un tiempo en el que no somos capaces de predecir los tornados y salvar miles de vidas, aún tenemos la creencia ingenua y errónea de que «hay algo que podemos hacer» para encontrar el amor, de forma inequívoca.

Pero lo cierto es que influyen tantas variables, que es tremendamente difícil (por no decir casi imposible) que sólo teniendo un plan que dependa única y exclusivamente de nosotras/os mismas/os, encontremos el amor y nos sea correspondido.

Así que si, lo habéis acertado, con ser sumisa y dócil no va a ser suficiente. Y yo os pido que reflexionéis sobre esto… Sabiendo que es un plan que no te garantiza «el éxito» (dicho sea de paso que eso de éxito, en todo caso, sería a medias, ya que la otra persona se está enamorando de un «falso tú», y como podéis imaginar, el auténtico saldrá, más tarde o más temprano, el otro se sentirá engañado y tú decepcionada, y la relación muy posiblemente no continúe), ¿quieres ser quien no eres sólo para ver si funciona?

Y una última reflexión, imagínate como afectará a tu autoestima, a tu autoconcepto, a tu relación contigo misma/o en general, que seas alguien que no eres.

Si te gustan los juegos de azar, te recomiendo cualquier otro en el que no «arriesgues» tanto (si es que lo hay…).

Publicado en Mujeres, Pareja | Etiquetado , , , , | Comentarios desactivados en «Busca a alguien que te ame por ser tan fuerte»

Sentir: Pros y Contras

Sentir

La primera acepción que contempla la Real Academia de la Lengua de este término es:

Experimentar sensaciones producidas por causas externas o internas.

Desde esta perspectiva, es claro que sentir implica estar en contacto con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Sentir no entiende de signos positivo o negativo (como ya mencionamos en la entrada Emociones Desagradables «¿Negativas?»).

PROS:

  • Saber qué sientes implica que podrás adaptar tu conducta, así como las interpretaciones que hagas sobre lo que está ocurriendo, de una forma más ajustada, tanto a tus necesidades como a las de tu entorno:
    • Identificar qué estoy sintiendo, físicamente, nos facilitará ir al médico (si por ejemplo me duele un pie), usar técnicas de relajación (si se trata de ansiedad o estrés), etc.
    • Identificar qué estoy sintiendo, emocionalmente, nos permitirá ampliar mi red social (si siento soledad por ejemplo), aumentar el número de actividades/cosas agradables en mi vida (si siento tristeza), etc.
  • Si los demás saben cómo me siento podrán actuar en consecuencia, entenderme, comprenderme y aceptarme.
  • Los conflictos interpersonales, en consecuencia, tales como los malentendidos disminuirán en frecuencia e intensidad.
  • Entender nuestra propia conducta. A veces es antes la gallina que el huevo… Actuamos de una manera determinada y después nos planteamos qué sentimientos nos han llevado a actuar de ese modo. Si vivimos en «plena consciencia» de lo que sentimos no sólo tendremos una mejor comprensión de nuestra propia conducta, sino que también viviremos una vida más acorde a nuestros principios, valores y deseos.
  • Un mayor conocimiento de mi mismo redunda también en una mejor relación conmigo mismo, mayor comprensión y amor por mi mismo.

CONTRAS (de no sentir, malinterpretar lo que siento o de darle un lugar al sentir que realmente no le corresponde):

  • Si no identifico qué siento o me niego a hacerlo, viviré «desconectado» de mí mismo y de mi entorno (y los demás), con consecuencias como la confusión, la desesperación, la frustración, la falta de sentido de mi propia vida y de lo que acontece en ella.
  • Si confundo lo que siento, bien física o emocionalmente, no podré ajustar mi conducta a mis auténticas necesidades. Por ejemplo, imaginemos que confundo la sensación de hambre con la tristeza, eso implicará que comeré para aliviar esa «supuesta sensación de hambre», pero el hecho es que no conseguiré «saciarme» ni satisfacer esa necesidad que estoy sintiendo (seguiré triste porque realmente no estoy actuando en esa dirección), por lo que podría llegar a tener un marcado problema de sobrepeso (o incluso de obesidad), lo cual incluso acrecentará mi sensación de tristeza.
  • Miedo a sentir. Creer que lo que sientes o puedes llegar a sentir te destruirá (ya hablamos a este respecto en otras entradas de este blog: El Sufrimiento y Emociones Desagradables). Y no se trata del dolor únicamente, hay personas aterrorizadas ante la perspectiva de volver a enamorarse. Pero lo cierto es que, si miras atrás en tu vida, desde el principio de ella hasta hoy, has sentido, y sientes, y sentirás, y eso enriquece y enriquecerá tu vida, la hará más auténtica y significativa.
  • Creer que por sentir de una determinada manera, tengo que actuar en consecuencia, irremediablemente. Un ejemplo claro a este respecto es el argumento que suelen dar las mujeres maltratadas cuando se les pregunta por qué no dejan a sus parejas… «Es que le quiero/estoy enamorada de él».
  • Dejarse llevar por las emociones: al igual que ocurre con los pensamientos, podemos caer en la tentación de «fusionarnos» con ellos, es decir, identificarnos con ellos, hacernos uno. Este punto tiene que ver con el anterior, pero con un matiz importante. En el caso anterior hablamos de utilizar los sentimientos para justificar nuestra conducta; en este punto en concreto nos referimos más bien a traspasar todos los límites (de la «cordura» a veces) de nuestra razón, de nuestros principios y valores para actuar de un modo determinado. El ejemplo podría ser una persona iracunda que la emprende a tiros con una muchedumbre indefensa: la ira se convierte en su única guía, esa persona ES la ira.
  • Abulia: incapacidad para actuar o tomar decisiones; y Apatia: falta de emoción y/o motivación, indiferencia. Ambas son consecuencias de no sentir.

La importancia de saber qué sientes y de adentrarte en tu propio conocimiento personal (y gracias a él, en tu desarrollo personal), tras esta reflexión, me parece clara.

SentirSentir es vivir, vivir con los ojos, los oídos, los brazos y los poros bien abiertos, para poder sacarle hasta la última gota de jugo a esta gran experiencia que es la vida, sin versiones descafeinadas que nos dan sólo una visión parcial (y en muchos casos tortuosa) de lo que nuestras vidas y este mundo nos puede llegar a regalar.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , | 1 comentario

Emociones Desagradables (¿»Negativas»?)

Sentir no entiende de signos positivo o negativo (como ya mencionamos en la entrada: Sentir: Pros y Contras).

Tildar las emociones de negativas o positivas es evaluarlas, ponerlas una nota, pero lo cierto es que cada persona, en cada momento, hace una valoración determinada de su experiencia concreta, y esta valoración va a determinar cómo se relacione esta persona consigo misma y con su entorno. Y esto lo podemos elegir, podemos elegir nuestras valoraciones (ver: Podemos elegir nuestras Valoraciones).

Si yo etiqueto determinadas emociones como «negativas» es evidente que entonces serán emociones a evitar, emociones dañinas, perjudiciales. En tal caso, puedo optar por bloquearlas, no sentirlas, distanciarme de ellas (y de todos los mensajes que puedan darme mi cuerpo y/o mi psique).

Lo que no esperamos es lo que nos deparará esta «práctica quirúrgica» de desconexión…

Imagina que te han despedido, tu pareja te ha dejado y te han puesto una multa, todo en el mismo día…

¿Se supone que tienes que estar dando saltos de alegría y dando gracias al destino, Dios o el universo por lo que te ha ocurrido?

CryVas a estar triste, decepcionado/a, dolido/a, frustrado/a, tal vez incluso te sientas impotente, angustiado/a, cabreado/a, iracundo/a… y la lista sigue…

¿Y sabes qué? Es justo como tiene que ser.

Y si, lo se, según lees esto piensas: «¡mira tú qué bien!, ¿eso es todo?, ¿tengo que aguantarme y sufrir?». De lo de sufrir ya hablaremos en otra entrada de este blog (El Sufrimiento), aquí en lo que quiero hacer hincapié es en que lo que estamos sintiendo no puede estar mal, no puede estar equivocado. Te estás sintiendo así, de acuerdo, acéptalo, date permiso para sentir el dolor, la angustia, el enfado, la impotencia, lo que sea que sientas. Siéntelo y déjalo ir.

Lo que sientes, sea lo que sea, no te destruirá. ¿No lo tienes claro?

Piensa en cada vez que te has sentido «mal» (las comillas las pongo por que sentirse mal no es una emoción, más bien es una valoración, una vez más, de cómo me estoy sintiendo o de lo que estoy sintiendo), has sentido alguna emoción desagradable, con tal intensidad que estabas firmemente convencido/a de que no lo superarías, que no podrías seguir adelante. Y bien, ¿ha sido así?

Muchas veces lo que ocurre es que, pasado el tiempo y el procesamiento que hemos hecho de lo que ha ocurrido y de nuestras emociones, tal vez no nos haya llevado a experimentar un auténtico alivio, no lo hemos conseguido integrar en nuestro sistema cognitivo y emocional por completo pero, sin duda (y salvo caso excepcionales como en el estrés postraumático) esa emoción o emociones iniciales se han convertido en otra cosa, en otra emoción o emociones más tolerables y manejables, que nos han permitido seguir con nuestra vida (con mayor o menor grado de interferencia, por supuesto).

Es en un segundo momento, después de haber sentido lo que has sentido es cuando llega el momento de plantearse qué hacer con lo que ha ocurrido, de re-elaborar tus planes, tus objetivos. Busca una solución, aprende de lo que ha ocurrido, plantéalo como una oportunidad no meramente como un problema (que muy posiblemente también lo sea pero, ¿realmente quieres quedarte ahí?, en ese lugar oscuro y sin puertas ni ventanas).

Ahora plantéate qué hubiera ocurrido si te hubieras permitido experimentar ese dolor, darle su lugar, y entonces, trabajar con ello. ¿Crees que tu experiencia hubiera sido diferente?

Sólo hay una manera de averiguarlo, ¿no te parece?

No me entendáis mal, a lo que os animo es a sentir (para un análisis más detallado ver: Sentir: Pros y Contras), no a hundiros.

Si por el contrario, como decíamos al principio, bloqueamos nuestro sentir, lo que acaba ocurriendo es que perdemos nuestra capacidad de ilusionarnos, alegrarnos, disfrutar. Y eso ninguno lo esperamos ni deseamos, pero lo cierto es que «todo es sentir», si bloqueamos nuestras emociones desagradables/negativas, bloqueamos también las agradables/positivas en consecuencia, y empezamos a parecernos mas a una acelga impasible que al ser humano que queremos ser.

¿Conclusión?

Las emociones desagradables/negativas no sólo no nos destruirán, sino que acercarán nuestra vida y a nosotros mismos más a nuestro ideal.

Y esto será infinitamente más fácil si nos dejamos de etiquetar y evaluar nuestras experiencias y sentimientos y nos limitamos a vivir y experimentar, en definitiva, sentir, porque los «límites innecesarios» y los miedos anticipatorios desaparecerán.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , | 1 comentario