Haz eso que siempre has querido hacer

Pero que no te has atrevido a hacer, hasta ahora…

Sé que tienes motivos muy buenos y seguramente muy numerosos para no hacerlo, pero…
¿Y qué más da?

Quiero decir, si resulta que ha pasado el tiempo desde que te lo planteaste por primera vez, y la idea te sigue rondando la cabeza…

Vuelves a ello de vez en cuando…
O una vez tras otra…

Lo aparcas por un tiempo, te centras en otras cosas “más importantes” o “más urgentes”…
Pero sigue ahí…

Y de repente, tal vez, te ves metido/a en una de esas conversaciones de…
¿Tú qué querías ser de mayor?
¿Cuáles eran tus sueños?
¿Cómo te imaginabas tu vida?
O cualquiera similar, que también me vale.

O tal vez veas una de esas películas de superación personal, de una persona que deja su vida y su “zona de confort”, y se va a la India o a escalar el Everest o a convertirse en chef a París…

Venga de donde venga, una pregunta viene a tu cabeza, sin remedio, sin poder mirar a otro lado:
¿Pero qué coño estoy haciendo con mi vida?

(Perdón por el taco, pero si lo quitas, la pregunta no es la misma).

Luego llega la factura de la luz…
O te llama tu madre por teléfono…
O tienes que hacer la cena…
O acabar un informe para tu jefe/a…
O pasa una mosca volando…
Y lo vuelves a aparcar.

Somos realmente fantásticos/as, muy hábiles e inteligentes, somos capaces de argumentarnos a nosotros/as mismos lo que sea:
No es el momento…
Tal vez más adelante…
Si realmente lo quisiera, ya lo habría hecho…
Bla, bla, bla…

Hasta que llega un momento, en que más o menos lo tienes “todo controlado o encauzado”, no hay nada que requiera tu atención inmediata, y ahí sí que te paras y piensas:
¿Cómo cojones he llegado hasta aquí? (Y perdón de nuevo)

Y, requeté perdón, pero entonces, entonces te das cuenta:
¡Estas jodido o jodida!

Los teóricos lo llaman “Depresión Exitosa”, que vendría a ser algo así como haber llegado a la mitad de la escalera de la vida (de ahí también lo de crisis de la mediana edad, aunque te puede pasar en cualquier momento de la vida), y pararte, en un punto en el que se supone que has conseguido todo lo que se espera de ti («cojo-casa», «cojo-trabajo», «cojo-coche», «cojo-familia»), pero estás deprimido, no eres feliz.

¿Por qué?

Porque no te has parado a pensar en qué es lo que realmente te hace feliz a ti y qué tienes que hacer para conseguirlo, y hacerlo, claro.
Puede que por miedo.
Puede que por pereza.
En cualquier caso, lo has dejado pasar, te has dejado llevar por la corriente.
Y ahora que no hay nada urgente de lo que ocuparse…
O que estás saturado/a por tanta carga y obligación, de un proyecto, que realmente ni te va ni te viene…
Te das cuenta de que estás en medio de la fiesta “equivocada”.
Porque no va contigo, no te lo estás pasando bien.
Puede que ni si quiera la gente que haya en ella te caiga bien.
Y resulta que te has gastado un mogollón de pasta y de esfuerzo en llegar hasta ella.
Pero te aburres.
No te gusta, no te gusta la fiesta, ni te gusta tu vida.

Así que como decían, en medio de cualquier conversación, en la película de Disney “Up”:
“¡ARDILLAAAA!”

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Haz eso que siempre has querido hacer

La Evitación

Evitar significa no enfrentarme a algo, de la manera que sea (salir corriendo, mirar para otro lado, hacer como que no está pasando o no existe, etc.) en este momento.

En algunas ocasiones nos planteamos enfrentarlo más adelante.
En otras no pretendemos hacerlo nunca.

Cuando evito enfrentarme a algo me siento liberado/a, la tensión que he ido acumulando al pensar en exponerme a eso que me preocupa o asusta se desvanece, y por un momento, me siento tranquilo/a, a salvo, fuera de peligro.

A primera vista, parece que he conseguido “salvarme”.

Al llegar a esa conclusión, lo más lógico es que en futuras ocasiones haga lo mismo, porque he dado con un mecanismo que funciona, y que me quita de un plumazo el malestar.

Así que en futuras ocasiones, cuando vuelvo a encontrarme con eso que me asusta o preocupa, vuelvo a hacer lo mismo, lo evito.

Pero más tarde o más temprano, descubro que cada vez hay más cosas que me asustan, cada vez hay más cosas que me preocupan, y se debe a que las consecuencias de no afrontarlas se están acumulando.

La evitación hace que el miedo, el malestar, la preocupación, se generalicen a otras situaciones y objetos e ideas.

Y cuantas más veces evite hacer o pensar algo, más experiencias tendré que me confirman que “no puedo”, “no soy capaz”, aumentando la sensación de incompetencia por mi parte, saboteando mi autoestima, y también el miedo o la preocupación que me van invadiendo al plantearme o encontrarme con mi foco de angustia.

De este modo, cada vez me parecerá más imposible enfrentarme a mis demonios, y cada vez evitaré más el hacerlo.

La evitación se alimenta a sí misma, cuanto menos nos enfrentemos a lo que nos da miedo, más grande se hará el miedo, más grandes se harán nuestros fantasmas y demonios; y más grande será en consecuencia la necesidad de evitarlos, y vuelta a empezar.

¿Cuál es el remedio?

Aquí la frase de “coger el toro por los cuernos” cobra todo su sentido.

Si me enfrento a eso que me preocupa y/o me da miedo, aumentará mi percepción de autoeficacia, mi autoestima se verá reforzada, aunque me lleve varios intentos conseguir resolverlo o vivirlo sin angustia, es más, cuantos más intentos me lleve, más estrategias y recursos desarrollaré y mayor será mi satisfacción por haberlo enfrentado y finalmente, por haberlo conseguido gestionar.

En caso de que te enfrentes a ello y no consigas gestionarlo y/o resolverlo, te recomiendo que contactes con un experto que te asesore en cómo hacerlo.

“¡Ánimo y al toro!”

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La Evitación

LAS COSAS SON COMO SON, NO COMO ME GUSTARÍA

Algo obvio, sin duda, pero no sabéis cuantísimas veces lo repito en la consulta, y a mi misma también 😉 porque nos cuesta horrores aceptar la realidad, con todas sus consecuencias.

En otra entrada ya hablaré de la fantasía, de fantasear, y de cómo puede llegar a complicarnos la vida.

Tal vez penséis que es inconformismo, pero en este caso, tiene mucho que ver con nuestras expectativas, sobre cómo creemos que van a suceder las cosas en nuestra vida, lo cual nos lleva a anticipar qué va a ocurrir y cómo, con la consiguiente decepción, frustración, y muchas veces enfado, cuando no ocurre así.
Y todo esto, la mayoría de las veces, sin darnos cuenta, sin saber por qué estamos tan enfadados.

Esto, como ya podéis imaginar, afecta a cada cosa, por pequeña que sea, de nuestra vida.

Pero… LAS COSAS SON COMO SON, NO COMO ME GUSTARÍA

Cómo va a ir mi relación de pareja, qué planes voy a hacer el fin de semana o qué ingresos voy a tener en los próximos dos meses. Todo está incluido, y todo se ve afectado.

Una vez más: LAS COSAS SON COMO SON, NO COMO ME GUSTARÍA

Cuando alguien se enfada, poco o mucho, siempre le invito a hacerse la misma pregunta:

¿Por qué te estás enfadando realmente?

Y de aquí viene la siguiente, independientemente de cuál sea la respuesta a la anterior:

¿Qué significa eso para ti?

Imagina que te levantas por la mañana, pones la radio, oyes que hay unos atascos tremendos justo en la dirección en la que te dispones a dirigirte, o como hoy, que no puedes circular ni aparcar en ciertas zonas de Madrid.
La noche anterior, cuando decidías a qué hora ibas a poner el despertador, pensaste que, ya que tu día había sido muy duro, te merecías dormir 15 minutos más esa noche, y decidiste poner el despertador 15 minutos más tarde.
El enfado está casi garantizado, si no cuento con el hecho, de que no se qué me encontraré por la mañana, cuando me levante.
Porque, por muy duro que fuera ayer mi día, y por mucho que me mereciera descansar un poco más, no sé qué me voy a encontrar en el mundo, que no para de girar, cuando salga a él. Y sin lugar a dudas, ahí está… LAS COSAS SON COMO SON, NO COMO ME GUSTARÍA

Cuando tomamos decisiones, lo hacemos en base a la información disponible, que siempre va a ser limitada, ya que cada fenómeno tiene causas múltiples, y en muchos casos, desconocidas para nosotros/as, ni sabemos tampoco en qué medida influyen en que un hecho determinado se dé o no, por lo que predecir lo que va a ocurrir, es muy muy complicado, aunque muchas veces “juguemos a ser videntes” para tomar decisiones.
Lo bueno es que siempre podemos contar con que cualquier cosa puede ocurrir… Y, claro, también que: LAS COSAS SON COMO SON, NO COMO ME GUSTARÍA.
Seguro que recordáis la frase de Forrest Gump: “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar…”.

Otras veces, sin embargo, el hecho es que no prevemos lo que va a ocurrir, y en muchos casos, se debe a que no aceptamos que: LAS COSAS SON COMO SON, NO COMO ME GUSTARÍA.
Un ejemplo, mi amiga Pepita (con todo mi cariño para las Pepitas), que en otras ocasiones ya se ha olvidado de llamarme, cuando dijo que lo haría… ¡Oh sorpresa! Queda en llamarme hoy por la mañana para que quedemos esta noche, y no lo hace, y yo me enfado, me enfado con total estupefacción, casi sin entender cómo es posible que mi amiga Pepita no me haya llamado.
Si yo aceptara que: LAS COSAS SON COMO SON, NO COMO ME GUSTARÍA; contaría con la posibilidad de que mi amiga Pepita no me llamara de modo que, al no hacerlo, pensaría para mis adentros: “bueno, no pasa nada, me lo podía imaginar, voy a llamarla yo”, y se quedaría ahí, no habría enfado, ni confusión, ni el clásico: “no me puedo creer…”

Así que, plantéate:

¿Qué posibles cosas hay en tu vida que no estás aceptando tal y como son?

¿Qué consecuencias está teniendo en tu día a día?

¿Por qué te cuesta aceptarlas?

Estas respuestas te ayudarán a clarificar tus emociones y tus decisiones.

También te dirán en qué aspectos de ti tienes que trabajar.

En definitiva, te conocerás mejor y sabrás cuál es el siguiente paso, puede que puedas darlo por ti mismo/a, puede que necesites ayuda para dar el paso (a veces es muy complicado entender qué subyace a tanto enfado y tanta expectativa poco realista).

Sea como sea, te invito a  repetir lo que casi es un mantra para mí, para recordártelo, para integrarlo en tus pensamientos, y para, en consecuencia, ir aceptándolo, a cada paso:

LAS COSAS SON COMO SON, NO COMO ME GUSTARÍA

Y si queréis la versión musical, aquí la tenéis: Ironic (Alanis Morisette).

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en LAS COSAS SON COMO SON, NO COMO ME GUSTARÍA

¡Somos HÉROES! ¡Somos HEROÍNAS!

¡Cada día!

Es nuestra naturaleza.
Aunque a veces se nos olvide.

Sé que a veces nos cuesta salir del pozo o del lío en el que nos hemos metido.
Sé que tenemos días grises, días negros y días marrones (como los llama la excepcional Luz Casal).
Sé que a veces no podemos más, nos sentimos desfondados, sin fuerza, sin energía, sin esperanza.

Somos luchadores y luchadoras, cambiamos, nos adaptamos, seguimos luchando.
Vivimos, triunfamos, nos equivocamos, mordemos el polvo, tocamos el cielo, seguimos luchando.

Y por todo ello, sé, que somos HÉROES y HEROÍNAS.

Así que recuérdalo, recuérdatelo, y recuérdaselo a los que quieres, cada día.
Sobre todo, cuando estés y estén librando una lucha infernal, titánica, puede que en tu entorno, en el suyo, puede que dentro de ti mismo/a, dentro de ellos/as mismos/as.

¡ERES UN HÉROE!
¡ERES UNA HEROÍNA!

Y ahora a cantar a pleno pulmón:
Heroes – Måns Zelmerlöw

(Disfrutar de mi canal en Youtube y mandarme todas las sugerencias que tengáis 😉 Estamos en construcción)

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¡Somos HÉROES! ¡Somos HEROÍNAS!

Cambiar el mundo, Cambiar tu mundo, Cambiar tú

La fantástica película Cadena de Favores, estoy segura de que habrá hecho correr ríos de tinta en todas partes.

Una de mis canciones favoritas es “Change the world” de Eric Clapton.

Incluso me viene a la mente, una película que sólo he visto a cachos, que se llama “Un pequeño cambio.

Y otra que han echado recientemente en televisión, “The Blind Side” (Un Sueño Posible).

Todos ejemplos de cómo es posible cambiar nuestro mundo, el mundo, mi mundo, con muy poco, una ACCIÓN.

Hay más:

Veo iniciativas vecinales creando huertos urbanos.
Veo a gente reciclando envases.
A gente comprando lo que necesita y no todo lo que desea.
Escucho a personas que levantan el teléfono solo para decir: “Te quiero” (como en la canción de Stevie Wonder).
Celebro y comparto la iniciativa de personas que deciden ir al trabajo andando.
O pararse cinco minutos ante la puesta de sol que tienen delante, y dar las gracias por el maravilloso regalo que el universo y ellos/as mismos/as acaban de hacerse.
Atiendo a personas que diariamente deciden emprender el prometedor y a veces doloroso proceso de la terapia, llenos de esperanza, también de miedo, y lo siento con ellos, les acompaño.

Esto es CAMBIO.

Pero el cambio nos da miedo, tiene “mala prensa”, salimos de nuestra zona de confort, nos enfrentamos a terribles y aterradores minotauros, que representan nuestro miedo a lo desconocido, a la falta de control sobre las situaciones y al futuro (control que, realmente, nunca es tal, en realidad), a equivocarnos, a no conseguir el éxito, etc.

Como ya os explique en otra parte, el valor, no es la ausencia de miedo, ni mucho menos.

Si os estáis planteando cambiar, y no sabéis si hacerlo o no, tener en cuenta que vivimos inmersos en sistemas, sistemas que están conectados por todo y por todos/as, y es precisamente ese el motivo de que, al introducir un cambio, por sutil que sea, “obligamos” en cierto modo a que nuestro sistema cambie.

Esa es la magia del cambio, una vez comienza, se precipita hasta la que pueda ser su máxima expresión, es cierto que no sabremos a dónde llegará, tal vez no llegue a ser tan deslumbrante como nos podamos haber imaginado de partida, pero sin duda, merecerá la pena.

Y merecerá la pena porque, cada vez que hablo de esto con alguien, paciente o no, llegamos a la conclusión de que los cambios, aunque al principio puedan ser muy complicados e incluso dolorosos, finalmente, son para mejor (y sino, ya sabéis, es que aún no ha llegado el final ;).

Os pondré un ejemplo: Hay personas que temen que sus parejas inicien el proceso de terapia, muchas de ellas porque, animadas por las películas (como es el caso de la excepcional “Annie Hall”, del usuario frecuente de la psicología y psiquiatría, Woody Allen), y puede que también por historias que les han contado, de gente conocida o relativamente próxima, achacan las rupturas de pareja a la terapia.

Cuando esto se me plantea en la consulta siempre lo explico del mismo modo.

Al iniciar una persona la terapia, se siente insegura y con la necesidad de “defender sus bastiones” ante una posible amenaza, personificada en el/la terapeuta, que le haga replantearse sus relaciones y lo que la persona considerará sus pilares básicos, como sus sistema de creencias y valores.

Según el proceso terapéutico va avanzando (hay personas que necesitan un día, otras un año, depende), y el/la paciente entiende la necesidad del cambio en ciertas áreas de su vida para conseguir resultados diferentes, comienza a introducir variaciones en su día a día, como por ejemplo, dedicar tiempo a sí mismo/a, yendo al gimnasio, por ejemplo. Eso significa, tal vez, que sea su pareja quien tenga que encargarse dos días en semana, a partir de ese momento, de hacer la cena para la familia.

Sin duda, ese “pequeño cambio” (entre comillas porque realmente puede suponer un “gran cambio” para la persona, no sólo para su salud física, sino también para su autoestima y su autoimagen), “obliga” a su pareja a hacer un cambio también, a responsabilizarse de una tarea que tal vez hasta ese momento no era parte en el reparto que hubieran acordado previamente.

Y aquí realmente es cuando la historia puede seguir dos caminos:

Es posible que la pareja acceda de buen grado a este cambio, a sabiendas de las consecuencias positivas que va a tener para su amado/a, renegociando su acuerdo o dejándolo tal cual estaba con esta variación, según su elección.

O bien, la pareja puede “rebelarse” contra el cambio, aduciendo que no tiempo suficiente para sí mismo/a o que su pareja se está convirtiendo en un ser egoísta y desconsiderado, o vaya usted a saber… Y, tal vez sin pretenderlo, boicotear el proceso de cambio de su amado/a y comenzar a ser un obstáculo para el mismo.

El cambio es necesario, es inherente al ser humano, a la vida.
Me encanta como lo expresa Jorge Drexler en su canción: “Todo se transforma”.

En realidad, os diré una cosa, cuando uno/a sabe que precisamente puede contar con el cambio, es decir, contar con que va a ocurrir, no sólo puede dejar de preocuparse por él, sino que puede sacarle partido, acompañarlo y ser parte de él (de aquí el famoso: “be water my friend” o el también conocido “mécete como un junco, con el viento pequeño saltamontes”).

La otra postura me recuerda a una frase que en una ocasión me dijo un candidato a un proceso de selección, que yo estaba gestionando, en relación a cómo gestionaba los conflictos: “Si esa persona ha sido parte del problema, no puede ser parte de la solución…”. Aún se me ponen los pelos de punta de sólo recordarlo.
En otras palabras, puedes rechazar el cambio, pero en ese caso estarás rechazándote a ti mismo.

Así que, mi reflexión final es, abraza el cambio como parte natural del proceso que es tu vida, sonríe y da las gracias (eso ya es un cambio, y verás cómo se refleja en todas partes), por el maravilloso regalo que es el cambio en sí mismo, plantéate cómo puedes contribuir más a las personas que te rodean, a tu comunidad, al universo entero. Y disfruta del resultado, sólo te decepcionará si tienes unas expectativas muy altas, si lo abrazas con lo que el cambio pueda dar, alucinarás con el impacto que puedes tener en el mundo.

Y si no me crees, te pongo otro ejemplo: en una ocasión una becaria a la que contraté, me dijo que se había decidido por nuestra oferta, porque yo al recibirla la di dos besos (en lugar del solemne y protocolario apretón de manos), y eso, junto con mi actitud, la hizo sentir en casa, acogida, a gusto.

Si no sabes qué cambiar, pero sabes que necesitas un cambio, te ánimo a que nos llames y nos consultes.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Cambiar el mundo, Cambiar tu mundo, Cambiar tú

Qué SI hacer en una discusión

Lo primero y principal: RESPETO.

Me atrevería a decir, que habiendo respeto, no se trata de una discusión, sino de una conversación, un intercambio de ideas, puede que una negociación incluso, pero hasta ahí.

Las pautas que os voy a recomendar a continuación, están inspiradas fundamentalmente en las técnicas de comunicación asertivas, y son las pautas que recomiendo en consulta, para cualquier ámbito.

Una consideración previa, muy importante también.
Buscar el momento propicio para tener la conversación: cara a cara, sin distracciones, ni presiones de tiempo, un momento receptivo y también os diría que acordado previamente, ya que si no estáis acostumbrados a trabajar los temas de este modo, tal vez necesitéis de algo de preparación previa.

  1. Respetar el turno de palabra.
  2. Utilizar un tono amable, conciliador.
  3. Comenzar con algo positivo: sé que cuando “se entra a discutir” esto resulta especialmente complicado pero, siempre podemos comenzar con un: “te agradezco que te tomes el tiempo y el interés de que tratemos este tema que también es importante para mí”.
  4. Tratar un tema cada vez, de forma concreta y específica.
  5. Expresar mis pensamientos y sentimientos con claridad y concreción, haciéndome cargo y responsable de ellos.
    Aclarando, si fuera necesario, que no es una acusación o un intento velado de “agredir” a la otra persona, simplemente es lo que pienso y siento, y decido, elijo, compartirlo con la persona que tengo delante.
    ¿El objetivo? Un ejercicio de respeto hacia mí mismo/a, en un esfuerzo también porque la otra persona me comprenda mejor (fomentando la empatía, por tanto).
    Recordar que expresar mis sentimientos o emociones no es dejarme llevar por ellos, puedo expresar mi rabia sin lanzar objetos.
    Mensajes YO vs Mensajes TÚ: al expresarme, en todo momento, utilizar los llamados “Mensajes YO”, en los que el peso está en lo que YO siento y YO pienso, no es un ataque hacía el otro (Mensajes TÚ): TÚ me has hecho, TÚ pretendías, TÚ te piensas, etc.
  6. Referir hechos objetivos y concretos, para argumentar y/o clarificar lo que estoy exponiendo.
  7. Expresar nuestras dudas, nuestros pensamientos, nuestras críticas, procurando expresar todo aquello que necesitemos compartir y expresar (por supuesto, en caso de necesitarlo, podemos retomar la conversación, sin que se convierta en algo recurrente, ya que la idea es completar el proceso).
  8. Hacer una propuesta de cambio y/o acuerdo, tanto para mí mismo/a como para el otro/a.
  9. Darle espacio al otro/a para que comparta conmigo su parecer al respecto de lo tratado (os recomiendo que, si el tema es especialmente espinoso, o tenéis tendencia a “engancharos” con él, por la circunstancia que sea, que cada uno/a finalice su exposición para que a continuación proceda la otra persona).
  10. Finalizar, al igual que comenzamos, con algo positivo. Dicho de otro modo, cerrar con un buen sabor de boca, es fundamental. Si no se os ocurre cómo: “se que no ha sido fácil para ti, al igual que para mí, tener esta conversación, y te agradezco a ti, y me enorgullezco de mí mismo/a, por a ver tratado esto de forma civilizada y constructiva, junto a ti”.
  11. En caso de que sea necesario, buscar un mediador imparcial que os ayude a seguir estos pasos.
Publicado en Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Qué SI hacer en una discusión

Qué NO hacer en una discusión

Antes de que comencéis a leer uno de mis famosos listados, os quiero hacer una pregunta…

¿Qué queréis conseguir con la discusión?

Y os planteo esto porque, antes de nada, y por obvio que parezca, si lo que queréis es “soltar lastre”, desahogaros, “quedaros a gusto”, decir “cuatro verdades bien dichas y sacar toda la mierda”…

Chicos, chicas, apuntaros a clases de zumba, compraros un saco de boxeo, escribir lo que necesitéis decir y quemarlo, poneros una canción de Linkin Park y gritar hasta la extenuación, iros a la bendita montaña y chillar como energúmenos/as…

Las ardillas no se van a asustar, no importa la contaminación acústica… Ahora bien, la contaminación de los demás, de nuestras relaciones y de nosotros/as mismos/as…

En este proceso de discutir, sacamos “lo peor” de nosotros/as, y eso se queda ahí, puede que no salga mucho “a pasear” y no os pida pienso para perros/as de presa, al principio, pero ahí está y ahí queda, y más tarde o más temprano, va a tener hambre y ganas de salir a pasear, a correr, a morder.

  • Momento poco propicio porque hay: personas delante, implicadas en la cuestión o no (ni que decir tiene, delante de vuestros/as hijos/as, bajo ningún concepto), distracciones varias y variadas (como estar haciendo otra cosa, si estamos hablando, estamos hablando), ha pasado algo previo que requiere vuestra atención y/o dedicación, no tenéis tiempo suficiente o simplemente tenéis prisa, distancia entre vosotros/as (cada uno en una habitación, por teléfono, whatsapp, correo electrónico o paloma mensajera).
  • Tratar varios temas a la vez, puede que relacionados con lo que estamos tratando inicialmente, al menos para mí, pero os aseguro que esto no hace más que convertir la discusión en un lanzamiento de mierda sin fin.
  • No respetar el turno de palabra interrumpiendo al otro.
  • Gritar, chillar para que la otra persona me escuche, enfatizar lo que digo o cualquier otra razón.
  • Callarme y no expresar lo que pienso, siento u quiero.
  • Dejarme llevar por mis emociones y lanzárselas a la cara a la/s otra/s persona/s.
  • Imponer mi punto de vista.
  • La discusión solo acaba si yo he conseguido convencer a la/s otra/s persona/s, o bien he conseguido lo que me proponía.
  • Meter a terceras personas buscando que me respalden, bien sea corroborando los hechos que yo utilizo para mi argumentación, bien sea sumándose a mi punto de vista, decisión o explicación. Usar vuestra imaginación… Aquí entra desde contar a unos/as unas cosas y a otros/as otras, hasta callarse y “hacerse el/la sueco/a”.
  • Culpabilizar/Responsabilizar (Mensajes TÚ) a otro/a de lo que ha ocurrido hasta ahora, sean causas o consecuencias de lo que acontece a día de hoy o sobre lo que estamos discutiendo.
  • Dar más peso a lo “emocional” que a lo “racional”, ya que ninguno de los dos aspectos tiene más importancia que el otro, recordar, no estamos tratando de convencer a nadie, con lo cual, realmente, no importa qué nos conduce a pensar y/o a hacer lo que pensamos, decimos y/o hacemos.
  • Manipular a la otra persona (y/o la información) para que: se sienta culpable, acceda a mis demandas, “quede mal” ante los demás, “quede yo bien” ante los demás, etc.
  • Mentir y/u ocultar información (personalmente creo que el refranero español es una de las mayores fuentes de sabiduría que se puede encontrar: “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”).
  • Críticas, constructivas o destructivas, me da igual. Una cosa es expresar la propia opinión o cómo me estoy sintiendo, y otra muy distinta arremeter contra los/as demás.
  • Entrar en juicios de valor, de si esto o lo otro es correcto o no, adecuado o inadecuado, bueno o malo, si tengo razón o no la tengo, etc.
  • Descalificar, insultar, agredir en cualquiera de sus formas, agresivas o no.
  • Ofenderme o sentirme herido/a (claro que puedo sentirlo, pero recordar que el/la único/a responsable de sentir eso que estoy sintiendo, soy exclusivamente yo mismo/a) porque la/s otra/s persona/s exprese su opinión, siendo esta distinta a la mía (como ya os podéis imaginar, ni mejor ni peor).
  • Vagar en círculos sin llegar al meollo de la cuestión, siendo vago/a al hablar, sin concretar, sin expresar realmente qué quiero o qué pienso al respecto de lo que estamos tratando, dejando la cuestión “a medias”.
  • “Hablar del tiempo”, tentador para evitar el enfrentamiento, pero como suele ocurrir con la evitación, nos lo pone “en bandeja de plata” para “cargarnos emocionalmente” de frustración, impaciencia, nerviosismo y puede que de rabia también.
  • Mostrarme inflexible en mis pretensiones, y en caso de que decida hacerlo así (ya que es una posible “estrategia de negociación”, como cualquier otra), entrar en cualquiera de las otras “estrategias agresivas o sumisas” expresadas más arriba.
Publicado en Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Qué NO hacer en una discusión

La Inspiración / La Creatividad

La inspiración, es como el amor, está en todas partes, hasta en una caca de perro (si, he dicho caca).

Algunos/as la vemos, otros/as no la vemos ni buscándola con lupa.

Según yo lo veo, la inspiración es como las flores, están ahí, tú puedes elegir mirarlas, o bien ir pendiente de no pisar una caca de perro (si, otra vez caca).

Que cierto es que llevarás los zapatos impolutos, pero también puedes limpiártelos cuando llegues a casa, aún sonriendo por los grandes regalos que nos hace la naturaleza, cada día.

Cuando empecé a plantearme el iniciar este blog (que me daba una pereza tremenda), antes de comenzar a escribirlo, me acordé de lo que decía mi tutor del máster con respecto a la tesina que teníamos que escribir, obra faraónica donde las hubiera: dejaros de esquemas y de pensar en HACERlo, simplemente, sentaros, y HACERlo, saldrá sólo.

Y si, más razón que un santo, así que me puse manos a la obra, me senté y empecé a escribir.

Ahora, os puedo decir, que cada vez que me siento a escribir cojo ideas hasta para 10 entradas más, y estoy encantada de poder compartirlo y compartirme.

La inspiración es como las ganas, cuánto más haces, más tienes.
Y digo HACER y no pensar en ello. HACER.

Es algo así como el miedo al éxito, que alguna vez los pacientes me preguntan si será eso lo que les pasa, como si fuera la gripe y yo el médico, y con que yo les dijera que sí, ya se pudieran quedar tranquilos, porque al final toca pasarla, y ya.
Así que si la inspiración es algo que pulula por ahí, y está en todas partes, pues ya la encontraré o me encontrará ella a mí.

Pero no es exactamente así.

Tanto en mis consultas, como en las conferencias que imparto, y en las entradas de este blog, hago mucho hincapié en la motivación.

La razón es obvia, es lo que nos mueve a actuar. Y de HACER va la cosa.

Cuando yo me dispuse a “construir” este blog, pensé en por qué quería HACERlo.
Tenía varios motivos, algunos comerciales, no os voy a engañar, pero había dos en concreto que eran los que más sentido y más importancia tenían para mí: poder ayudar a, compartir con, más gente, y que algún día, todo esto que escribo, se convierta en un libro (atentos/as editores/as 😉

Con eso bien presente, me siento a escribir y escribir, a veces dos horas, a veces cuatro, y otra veces simplemente, me sorprendo a mi misma del rollo que tengo encima, exprimiendo mi neurona, y no puedo evitar sonreír, cada vez que acabo un artículo y miro la hora, con satisfacción, la satisfacción de dejar a un lado la pereza brutal que me da sentarme delante del ordenador y estar en el camino de HACER lo que quiero HACER, haciéndolo.

Así que sentaros delante de lo que queréis HACER, dedicarle tiempo, ser amables, y abrir bien los ojos y vuestra mente (que es la que hará el resto), porque la inspiración está ahí.

Vienen a mi mente, un capítulo de Anatomía de Grey en el que el neurocirujano por excelencia abría una columna, y se pasaba ocho horas (si, ocho horas) mirándola y pensando, sólo estando ahí delante, barajando opciones en su mente, para finalmente cerrar la incisión, y volver a su casa con frustración, casi desesperación, llegar a su casa, contárselo a su mujer, y dibujar lo que había visto en una pared (a colorines, como no podía ser de otra manera) para, haciendo esto, encontrar la idea genial de: qué HACER, cómo operar el monstruoso tumor; o la escena de la película Posdata: Te quiero, en la que la protagonista, “revolcándose” en su melancolía y angustia, tira un zapato contra el contestador, tratando de apagarlo de un golpe, dando por error a un marco de fotos, con la fotografía de su gran amor, y tirándolo al suelo, dejando caer una especie de hebilla que había prendido en él, que casualmente cae sobre el zapato, y que ella ve, al correr a recoger el marco, siendo la antesala de una carrera como diseñadora de zapatos.

Y si ese neurocirujano se hubiera dejado vencer por la resignación y hubiera cerrado a la media hora, para evitar el riesgo potencial de infecciones para el paciente, o esa mujer con el corazón roto, se hubiera quedado simplemente sentada en su cama, al ver que había tirado el marco de fotos al suelo por error, ninguno de los dos hubiera encontrado la inspiración, que de hecho ya estaba ahí, delante de sus cansados ojos.

Porque dedicarle tiempo a la inspiración, no lo neguemos, es cansado, tedioso, por no decir un aburrimiento de tomo y lomo. Y es entonces, justo entonces, cuando recordar nuestra motivación, por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo, despejará de nuestra mente la bruma de los pensamientos amenazadores sobre lo estúpido que es perder el tiempo de esa manera, para ver justo y exactamente lo que tenemos delante, y dejar que nuestro cerebro haga el resto.

Suelo decir que nuestro cerebro es como Google, sólo está esperando a que le lancemos la pregunta. Ok, de acuerdo que es posible que le tome algo más de tiempo encontrar la respuesta y que no te va a dar un millón de resultados. Pero en realidad, ¿necesitas un millón de opciones o la opción que es más adecuada para ti, en este momento?

Nos cuesta bastante confiar en nuestras habilidades y capacidades. Hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer a una filóloga que había estado viviendo en países anglo-parlantes, y me decía que, en su experiencia, los españoles sabemos bastante más inglés del que pensamos y decimos, es sólo que nos da vergüenza equivocarnos y decir una burrada.

¿Y si resulta que por querer HACERlo bien, nos estamos perdiendo todas las posibilidades de HACERlo mal, y que son maravillosas?

Una frase que me encantó, de la fantástica película “Bajo el Sol de la Toscana”, es que las malas ideas son las mejores. La primera vez que la citan en la película, es en la presentación de un nuevo libro, en la que el autor explica que su profesora, presente en el evento, le animó a seguir una de sus malas ideas y ver a dónde le llevaba. Y ahí estaba, presentado su libro, feliz como una perdiz.

Respecto a la creatividad, recuerdo siempre una conferencia a la que asistí (y si no vais a conferencias, desde ya os recomiendo que empecéis a HACERlo, porque además de ser interesantísimas y conocer a gente, son una gran fuente de inspiración), en la que, refiriéndose al emporio textil más conocido de nuestro país, decían: “Si no tienes creatividad para innovar, siempre tienes inteligencia para copiar”.

Al fin y al cabo, todo/a diseñador/a de moda que se precie tiene su musa (o varias), que despierta su imaginación, su inspiración… También su habilidad de copiar.

La creatividad requiere práctica, experiencia (HACER otra vez, amigos y amigas míos). Los estudios dicen que se requiere al menos ocho años de experiencia en un ámbito para llegar a dominarlo de tal manera que se pueda innovar en él.

También os digo, la necesidad agudiza el ingenio.
Que te duele la espalda y las rodillas de tanto fregar el suelo postrado/a en él… ¿Y si le ponemos un palo al trapo?

¿Recordáis el capítulo de Los Simpsons en el que Homer decide HACERse inventor?
Se pone a buscar inspiración en todas partes, observa, prueba, actúa, lo deja todo en pos de su objetivo, y finalmente, crea un montón de cosas, la mayoría inútiles, pero se convierte en inventor, que era el objetivo.
Mi invento favorito era el de la alarma que sonaba martilleante cuando todo iba bien.

No os echéis a la tarea con la intención de innovar, de crear, de inspiraros, simplemente, tomar una idea, darle tiempo, daros tiempo, y cuanto más absurda e inverosímil os resulte, mejor candidata será.

Os podría dar consejos prácticos, del tipo, haz una encuesta entre tus amigos preguntándoles qué necesitan o qué les gustaría encontrar en el supermercado, poner una libreta y un boli en vuestra mesilla para apuntar esa idea genial que habéis tenido en sueños pero que en la vigilia se os escapa entre los dedos…

Pero la verdad es que no necesitáis nada de todo eso, pero si la convicción de que es posible, que vosotros sois capaces y tenéis habilidad de sobra (y si no la tenéis, sabéis qué HACER para conseguirla o a quién preguntar) para conseguirlo.

Despejar vuestra mente, dejarla trabajar y darle el carrete que necesite, no os decepcionará, más bien, os sorprenderá;
tener bien presente que el universo está deseando que pidáis para confabular a vuestro favor;
dejar a un lado toda idea preconcebida y enfrentaros a cada experiencia que os brinde el día a día como la maravillosa oportunidad, que de hecho es, de conquistar vuestros sueños y de mostraros la gran amalgama de opciones posibles y disponibles a vuestro alcance;
empezar a mirar las cosas como observadores que sois, unir los puntos (todo está conectado, Deepak Chopra lo explica excepcionalmente bien en su libro “Sincrodestino”, que me encanta y os recomiendo) como si mirarais al cielo en una noche estrellada, buscando la forma de las constelaciones que, de momento, sólo existe en vuestra imaginación, pero que con tiempo, cariño y esfuerzo, se convertirán en una realidad, en vuestro gran logro, en vuestro pequeño retoño que os llena de orgullo y satisfacción (¿se me habrá “escapado” la inspiración justo al final y habré entrado en modo copia?, porque esto me suena que alguien lo decía mucho, ¿no? Jajaja).

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La Inspiración / La Creatividad

Encontrar Nuestro Lugar en el Mundo

Damos por hecho (porque puede que durante mucho tiempo ni si quiera nos planteemos otra opción) que nacemos y nos criamos, justo en el lugar apropiado para nosotros/as, al fin y al cabo, nos educamos y nos formamos como personas en esos entornos, por lo que es lógico que no nos planteemos cambiar de escenario, ya que una gran parte de nuestras vidas la dedicamos a formar parte de hecho, de esos entornos, a ser uno más.

Durante la adolescencia, por el contrario, nos identificamos con nuestro «grupo de iguales», para diferenciarnos de nuestro «grupo de referencia» (nuestra familia en la que hemos comenzado nuestro proceso de “socialización”). Los padres de un/a adolescente saben a qué me refiero, nos “rebelamos”.
Pero es una fase más, del proceso de “integración/adaptación” en/a nuestro entorno.

Sin embargo, en ocasiones, por mucho que nos esforcemos, por mucha terapia que hagamos, por mucho que intentemos “amoldarnos” a nuestro entorno, no lo conseguimos.

Podríamos decir que, desde un punto de vista psicoterapéutico cognitivo-conductual, en terapia trabajamos fundamentalmente en lo que pensamos, en lo que hacemos, y en lo que hay por debajo de eso, es decir, en nuestros patrones (tendencias, pautas).

Diferenciemos en primer lugar entre patrones desadaptativos, independientemente de nuestro entorno, y patrones desadaptativos para ese entorno, que es lo que nos interesa en esta entrada.

Por ejemplo, según Beck y cols. (1979) la depresión es un desorden del pensamiento, en el que hay tres patrones cognitivos distintivos (la tríada cognitiva), que consisten en: una visión negativa de uno mismo, una visión negativa del futuro y una visión negativa del mundo. Estos patrones de pensamiento son desadaptativos por sí mismos, independientemente de nuestro entorno.

Otro ejemplo, que yo considere pagar la cuenta a medias, cuando tengo una cita “romántica” con alguien, según la cultura, puede ser más o menos «adaptativo», ya que en las culturas nórdicas se verá como algo “lógico”, mientras que en las culturas latinas (es una generalización, con propósito de ejemplificar lo que digo, no de generar polémica), es muy posible que se vea como una intromisión, como un freno en el proceso de cortejo o seducción, un patrón desadaptativo para ese entorno.

En conclusión, y simplificando (con el riesgo que supone), cuando uno de mis patrones, bien sea de pensamiento o de comportamiento, me genera malestar, esté donde esté, me encuentre donde me encuentre, lo más probable es que se trate de un patrón desadaptativo por sí mismo, no dependiente de la situación o la cultura.

De este modo, lo que dicta la lógica es:

Si mi/s patrón/es es/son desadaptativo/s por sí mismo/s, trabajar en él/ellos es lo más beneficioso para mi bienestar y desarrollo, en principio.

Si mi/s patrón/es es/son desadaptativo/s para mi entorno, o bien trabajaré para adaptar mis patrones a dicho entorno, o bien buscaré un entorno más propicio y en línea con mis patrones (incluso valores).

Sé que tal vez todo esto que estás leyendo te parezca de perogrullo, una obviedad. Pero te sorprenderías de la cantidad de personas que acuden a mi consulta, no con esta demanda en concreto, porque no es el tipo de análisis que solemos hacer sobre lo que nos ocurre, pero con este hecho en la base de muchos aspectos de su malestar.

Y es por este motivo, entre otros, que consideré escribir una entrada a este respecto, para dar luz, cuando sólo vemos sombras, para compartir que hay soluciones, que hay opciones, que hay posibilidades, por complicadas que puedan llegar a parecer o miedo que nos puedan dar.

La liberación que puede llegar a ser para un ser humano, saber que no hay nada de malo en él, que no tiene que luchar contra los molinos de viento, ni agotarse nadando contra corriente, sino que tal vez, simplemente, no ha encontrado aún su lugar en el mundo, y que es muy posible que le esté esperando, con los brazos abiertos, para experimentar el amor y la plenitud de su ser; me parece una magnitud tal, que sólo podía compartirlo con vosotros/as.

Conozco a personas que viven una doble vida, que incluso se han ido a miles de kilómetros de su hogar, sin despedirse de él y de las personas que en él habitan, para poder ser ellos/as mismos/as, con un pesar muy doloroso, con culpa, añoranza, tristeza y mucha pena.

Personas que viven aisladas de su entorno por miedo al rechazo, negándose a sí mismas, y albergando un gran rencor, decepción y frustración, que les convierten en unas personas que no reconocen en el espejo, sacando lo peor de sí mismas, viviendo rodeadas de odio e incomprensión, amargadas.

Personas que se torturan y se castigan por no ser como las demás.

Personas que reciben castigos y tortura por no ser como las demás, y que aceptan todo ello por creer que es lo que merecen.

Y todo ello es también porque, en parte, damos por hecho que, si nos salimos de la norma, de la corriente dominante (eso que algunos llaman la “masa borreguil”), seremos juzgados y condenados al ostracismo, la crítica, la mofa, el dolor, en muchas de sus formas.
Es posible que en algunos casos sea así, no lo voy a negar, pero os garantizo que en otros muchos no.

El ser humano, nunca deja de sorprenderme (y os podréis imaginar que yo veo muuuchas cosas en mi día a día), es capaz de las mayores atrocidades imaginables, y también de los mayores gestos de amor que podáis soñar (y sino, mirar el Taj Mahal).

Me atrevería a decir, que el perdón y la aceptación son dos cualidades que pasamos toda nuestra vida cultivando, y de las que nunca tendremos suficiente.

Cambia o no lo hagas es tu privilegio, más aún, tu derecho. Se tú quien lo decida.

Si decides no cambiar tú, y no tienes por qué hacerlo, a menos que así lo decidas, cambia tu escenario (¿puede que haya llegado el momento de hacer las maletas?), pero no te resignes con leves momentos en los que atisbes la felicidad, la plenitud de tu ser.

¿Cómo y cuándo cambiar de escenario?

Te lo explicaré con una metáfora: dos formas posibles de trasplantar un árbol: desenterrando sus raíces, con cuidado, mimo y esmero, eligiendo el mejor momento y el mejor lugar para trasplantarlo; o bien arrancándolo con rabia y furia, y plantándolo en cualquier lugar disponible.

¿Qué vas a elegir tú?

Se tú, en tu plenitud, siempre, eligiendo qué parte de ti poner de relieve en cada momento, con respeto hacia los demás, por supuesto, pero se tú, ningún/a otro/a.
Ni tú ni el universo os merecéis otra cosa, más que el regalo que tú eres como ser humano único y excepcional.

Y recuerda también, que no todo el mundo va a recibir ese regalo del mismo modo (tal vez sea porque no tiene que llegar a sus vidas tan siquiera), pero de lo que no hay ninguna duda es de que TÚ ERES UN REGALO.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Encontrar Nuestro Lugar en el Mundo

¿Qué hacer cuando queremos cambiar?

Primero y ante todo, comienza con un amor y compresión infinitos hacia ti mismo/a, más adelante veras por qué.

Empieza a colocar las piezas. Me explico: Haz que la situación y el momento sean propicios, en la medida de lo posible, claro.

Se realista, si verdaderamente el momento o la situación, o ambos, no son propicios, y no puedes hacer nada para cambiarlos, espera, no te tortures, no tiene sentido. Recuerda, amor y comprensión, también respeto hacia uno/a mismo/a.

Se honesto/a contigo mismo/a, si realmente no quieres cambiar, no lo hagas, como decía Brad Pitt en “El curioso caso de Benjamin Button”, cambia o no lo hagas, no hay normas al respecto. Pero, por favor, no te tortures por no cambiar, recuerda que estás en tu derecho, puede que los demás lo entiendan o puede que no, puede que tú lo entiendas o puede que no pero, en cualquier caso, es tu derecho y tu privilegio hacer lo que te de la gana con tu vida, a veces parece que se nos olvida algo tan básico, pero el libre albedrío sigue ahí.

Ahora bien, si tu vida no te gusta, ten la valentía de cambiarla, mínimo, encontrarás otra opción que tampoco te guste, y estarás más cerca de encontrar la que si lo haga. Y como tal vez hayas leído ya en otra entrada el valor no es la ausencia de miedo.

Cada uno/a seguimos nuestra propia curva de aprendizaje, eso significa que lo de los 21 días es una media, cada uno va a su ritmo, hay gente que necesita más tiempo, gente que necesita menos pero, en cualquier caso, créeme, es infinitamente más productivo que centres tus energías en disfrutar que en cambiar o en convertir algo en un hábito. Si disfrutas, acabará ocurriendo por sí mismo, cuando haya llegado el momento (en este caso, cuando tengas la práctica suficiente como para haber producido un cambio en tus neuronas que respalde con su nueva estructura y conexiones tu comportamiento).

Repítete a ti mismo/a por qué quieres cambiar y para qué, tenlo en la nevera, en tu cartera, en tu agenda, en la pantalla de tu ordenador, porque eso te ayudará a emprender la acciones que te encaminen realmente a tu objetivo, sea el que sea.

Cero excusas: píllate a ti mismo/a, si tu argumento es una excusa y no una razón de peso, es decisión tuya seguirla, por supuesto, pero al menos, ten conciencia de lo que haces.

Se tu propio/a guía, en muchos casos, compartir tus propósitos de cambio con los demás no te ayudará, sino que más bien puede que te exponga a los consejos y las críticas (puede que bien intencionadas o no) de los demás, y te generará, mínimo, confusión.

Publicado en Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , | 1 comentario