Aprender a amar y a ser amado

Pensamos que todos/as sabemos amar y recibir amor, pero no es así.

Y en muchas ocasiones no es así porque no hemos tenido esa experiencia, de dar y/o recibir amor, al menos en cierto modo.

Es posible que según habéis leído la frase anterior vuestro corazón se haya encogido de tristeza y dolor, pero os puedo asegurar que vivir de espaldas a esa realidad (como a cualquier otra) puede ser muchísimo más doloroso, por las consecuencias que puede llegar a tener.

Y es que si yo no soy consciente de que «no se amar y/o recibir amor», iré por la vida «dando tumbos», «desaprovechando» mis afectos, malinterpretando situaciones, sentimientos, vinculándome a personas que no sienten lo mismo que yo o no entienden el amor y/o la relación de la misma manera que yo, en definitiva, cometiendo «errores de supuesto principiante» con personas que realmente no me aman.
Más aún, puedo llegar a pensar que hay algo mal conmigo, que estoy haciendo «mal» las cosas o que no tengo suerte en el amor y que el universo se está cebando conmigo.

Nuestras ganas de amar y ser amados, en ocasiones, nos llevan a no poner límites, a no dosificar, a perdernos en lo que sentimos y a perder las referencias, pasando tal vez por alto a la persona que realmente tenemos delante, lo que siente por nosotros/as y lo que quiere de la relación que tiene con nosotros/as.

Las opciones son muy amplias.
Puede que en nuestras relaciones demos muy poco o demos muchísimo, puede que recibamos poco o recibamos mucho, navegando en un mar de incertidumbre en el que ni si quiera sabemos qué estamos dando ni qué estamos recibiendo realmente.
No vemos lo que tenemos delante.

Cuando estamos acostumbrados/as a darlo «todo» y no recibir nada, esa es la única situación lógica, normal y esperable para nosotros/as, hasta tal punto que cuando recibimos por la otra parte, no sólo nos parezca de otro planeta, sino que incluso se nos despierte cierta suspicacia: ¿qué quiere realmente esta persona?
La respuesta más evidente que es: «A ti», ni se nos pasa por la cabeza.

Del mismo modo, cuando estamos acostumbrados/as a recibirlo «todo» y a no dar apenas nada, esa situación es la lógica, normal y esperable para nosotros/as, hasta el punto de que cuando la otra parte nos pide algo se nos despierte entonces la suspicacia: ¿qué quiere realmente esta persona de mi?
Una vez más, la respuesta más evidente: «A ti», ni se nos pasa por la cabeza.

Como podéis imaginar, la «escala de grises» intermedia es muy muy amplia, no tiene por qué tratarse de ninguno de los dos extremos, pero ahí está.
Incluso hay personas que directamente piensan que las personas se dividen en «las que dan» y en «las que reciben», y se quedan tan panchos justificando así la situación.

Pensaréis que, tal vez, ya hay que «estar hecho/a polvo» para verse en una situación así, pero es más común de lo que pensáis.
Al fin y al cabo, ¿quién está libre de verse en una relación que realmente no es lo que quiere, por unos motivos u otros?
Creo que, en cierto modo, a todos/as nos ha podido pasar alguna vez, aunque no lo hayamos llegado a ver hasta que la relación se ha acabado.

Lo que yo tengo muy claro es que, en ocasiones y desde luego en ciertos aspectos para todos/as, no recibimos «la educación emocional» que en realidad todo ser humano necesita.

No nos enseñan a amar ni a dar amor, parece que todos/as tenemos que venir con esa lección «aprendida de casa».
Así que vamos aprendiendo sobre la marcha.
Y según los/as «compañeros/as» y los/as «maestros/as» que tengamos, así vamos avanzando por el camino del amor.

Puede ser muy doloroso darte cuenta, en un momento determinado de tu vida, de que realmente no estás «dando amor» a las personas a las que quieres y/o que no has «recibido amor» de las personas que se suponía que te querían.

Y, a veces, la forma en la que te das cuenta es gracias a una persona que te está amando con todo su corazón y no consigue entender por qué tú no lo ves, porque no confías, por qué no abres tu corazón.

Otras veces lo que ocurre es que pierdes a alguien a quien amas porque no estaba recibiendo tu amor, aunque de hecho esa persona te amaba también a ti, como tu a ella.

No creo que haya manuales al respecto, porque lo cierto es que los límites y las formas de amar son muy difusos y personales de cada uno/a.

Ninguna persona ama de la misma manera que lo hace otra persona, igual que ninguna persona dice exactamente lo mismo y con las mismas palabras que otra.

Entender la forma que tiene de amarme la persona que tengo delante es fundamental en todo esto.
No porque sea una forma «correcta» o «incorrecta», sino porque lo que me haga sentir a mí ese amor que esa persona me está dando, marcará la diferencia, la diferencia entre sentirme amado/a o no sentirme amado/a.

Más primordial aún (aunque no suficiente), si me lo permitís, es entender la forma de amar que tengo yo mismo/a.
Esa forma que tal vez piense que «tantas veces me ha metido en problemas de los que no sabía salir» y que puede que, incluso, me haya hecho sentir realmente «mal» conmigo mismo/a replanteándome quién soy, como soy y cambiar, por esos «problemas».

Sólo de este modo podré elegir compartir mi amor con alguien cuya forma de amar se «entienda» con mi forma de amar, llegando a cotas nunca imaginadas, nunca soñadas, nunca expresadas, nunca dichas, nunca sentidas, nunca experimentadas, nunca alcanzadas.

¿Qué os puedo decir?

A mí, personalmente, el amor no deja nunca de sorprenderme, igual que las personas.
Y día a día, experiencia a experiencia, persona a persona, circunstancia a circunstancia me doy cuenta de que nunca llegaré a saberlo todo sobre el amor, pero me alegro de que sea así, porque eso significa que siempre queda algo nuevo por vivir, por experimentar, en algo tan maravilloso y significativo en la vida como es el amor.

Ese camino, el del amor, no tiene un final, sólo un… ¡Continuará!

¿Quieres aprender a dar y recibir amor?

Publicado en Mujeres, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Aprender a amar y a ser amado

Que puedes hacer a otra persona es tu tiempo.

No hay prórrogas, no hay segundas oportunidades, no hay formas de «extenderlo».

El tiempo con el que venimos a este mundo es limitado, precisamente por eso, es el regalo más preciado que puedes hacerle a otra persona.

Nuestro tiempo no vuelve, no lo recuperamos.
Inviértelo, no lo gastes, no lo despilfarres, no lo pierdas.

Con quién lo invertimos, a quién se lo regalamos y cómo lo disfrutamos, haciendo que cada segundo cuente es además el regalo que nos hacemos a nosotros/as mismos/as.

Comparte tu tiempo, es extraordinario.

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en El regalo más preciado

El tormento de Afrodita

Mujer sensual, seductora, que encandila a los hombres, pero no consigue lo que ansía, una pareja que permanezca a su lado.

Y es que por muy «experta» que sea Afrodita en las artes de la seducción, su estrategia la aleja de lo que anhela.

A todos/as nos puede pasar…
La forma en la que hacemos las cosas es a veces la que precisamente nos aleja cada vez más de conseguir esas mismas cosas.

Por ejemplo: si estoy triste, no me apetece hablar ni quiero que me pregunten… Pero estoy con más gente, así que me muestro distante, distraída, ausente, preocupada, apartada, esperando que no me pregunten y que así «me dejen a lo mío»… Pero lo cierto es que, si le importo a las personas con las que estoy, me van a preguntar, y cuanto más reacia me muestre a contestar, más me preguntarán, más se interesarán e incluso más se preocuparán…
De ese modo, con mi actitud, con mi comportamiento, consigo justo lo contrario a lo que yo deseaba: ¡que me dejaran en paz!

Afrodita sabe muy bien como despertar el interés en un hombre, sabe cómo «mantener la tensión», es experta en eso del «tira y afloja», alimentar la expectación y por ende la motivación.

La «promesa» de lo que puede llegar a ser enciende e inflama la imaginación y el deseo del hombre que sólo puede pensar en «conquistar» a Afrodita.

¿Cuál es el problema entonces?

Pues el problema es que los hombres interesados en superar esta especie de Olimpiadas de «Asterix y las 12 pruebas», de llevar a cabo los «trabajo Hercúleos» (como una amiga me dijo en una ocasión), se ven motivados por «la conquista», por «la caza», podríamos decir que no por «la presa» en sí misma.

De este modo, una vez «conseguida», pierden todo el interés.
Se acabó el juego.

Afrodita es capaz de tener a toda una cohorte de hombres babeando por ella, hombres que la cortejarán y perseguirán de todas las maneras imaginables, pero no encuentra el compañero que ansia.
Y es que, como os adelantaba más arriba, su «estrategia» le garantiza un «cazador» no un compañero.

Por supuesto que un hombre va a querer conquistarte.
Pero un hombre que busque una compañera y no un trofeo interpretará que en todo ese «juego» Afrodita no tiene verdadero interés en él y que se está comportando como «la reina de Saba» a la que hay que conquistar, no como la compañera que está buscando.
Ya que en este camino, Afrodita se muestra inalcanzable generando una expectativa desproporcionada.

La motivación aumenta cuando el reto es «conseguible», si se percibe como inalcanzable entra en la categoría de «imposible», con lo cual la motivación desaparecerá ya que la frustración estará garantizada.

La expectativa de «éxito» nos anima a seguir perseverando.
La expectativa de «fracaso» nos anima a ceder en nuestro empeño.

Sin embargo, en numerosas ocasiones, Afrodita llega a la conclusión de que «no es suficiente», que no vale, que tiene que esforzarse más, reforzando su estrategia inicial y «poniendo las cosas aún más difíciles».
Más aún, Afrodita llega a la conclusión de que los hombres no son de fiar, que «son todos iguales» y que nunca llegará a conseguir la estabilidad, amor, cuidado y protección que busca en un hombre.
Animándola en cierto modo a seguir «castigando» a los hombres y alejándola de este modo cada vez más de lo que sueña y desea.
Amando y odiando lo mismo a la vez.

Este es, en definitiva, el «tormento de Afrodita».

Si tú también crees que la forma en la que haces las cosas te está llevando justo a donde no quieres ir y a conseguir justo lo que no quieres, ha llegado el momento de aprender a hacer las cosas de forma diferente… ¿Quieres saber cómo?

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en El tormento de Afrodita

Querer y Odiar lo mismo, a la vez

Parecen sentimientos antagónicos, pero en realidad no lo son, pertenecen a un mismo espectro.

No puedo odiar a una persona que me es indiferente.
Del mismo modo que no puedo amar o querer a alguien que me es indiferente.

Los seres humanos somos complejos, podemos sentir cosas muy contrapuestas (al menos aparentemente) y al mismo tiempo.

Sin embargo, nos parece muy extraño que algo que se nos antoja eterno y puro como el amor, pueda estar relacionado de algún modo con el odio, oscuro y malvado.

¿Cómo llegamos a amar y a odiar lo mismo, a la vez?

Cuando no conseguimos eso que deseamos con toda nuestra alma, eso por lo que hemos trabajo y luchado con todo nuestro ahínco, eso con lo que soñamos y fantaseamos durante horas cada día, eso que en cierto modo da sentido a nuestras vidas, a por qué nos levantamos por las mañanas, a por qué seguimos luchando…
Cuando no lo conseguimos se abre una brecha.

Necesitamos entender qué pasa, por qué no lo conseguimos, por qué el universo nos lo está negando.

Puede que intentemos quitarle importancia a lo que queremos conseguir, para que la frustración y desesperación no sean tan insoportables.
Puede que sigamos perseverando en nuestro empeño y saquemos fuerzas de donde no las tenemos.
Puede que aceptemos el hecho de que tal vez nunca lo consigamos pero seguir abiertos a la posibilidad de que algún día lo tengamos y dejar que todo siga su curso.
Puede que pidamos ayuda a nuestros/as amigos/as, a nuestros/as compañeros/as, a nuestra religión, a nuestro/a psicólogo/a, para tratar de entender qué ocurre y cómo podemos acercarnos más a conseguir lo que queremos.

O puede que nos encabritemos como caballos salvajes, con tal frustración y enfado que comencemos a «demonizar» aquello que teníamos en un pedestal.
Esa rabia que sentimos por no estar consiguiendo lo que queremos la proyectamos contra lo que queríamos conseguir.
Centrándonos en todo «lo malo» que tiene eso que queremos conseguir, pensando que de ese modo nuestro dolor disminuirá, se hará más soportable y podremos relativizarlo y no dar tanta importancia a que no lo hayamos conseguido.

Pero en realidad lo que conseguimos es despertar un odio que antes no estaba ahí.
Porque lo cierto es que por mucho que nos empeñemos en no querer y no desear lo que queremos y deseamos, no lo conseguimos, no funciona.
Ir en contra de nosotros/as mismos/as nunca funciona, por mucho que lo intentemos.

De este modo, nos encontramos a nosotros/as mismos/as amando con todas nuestras fuerzas algo que, a la luz de esta nueva información, en realidad, resulta que es «muy malo».
Se produce tal desconcierto en nuestros cerebros que no sabemos cómo resolverlo.
¿Cómo puedo amar tanto algo tan «malo»?

Pero lo seguimos amando, con todas nuestras fuerzas, sólo que ahora, además, también lo odiamos.
Lo odiamos, entre otras cosas, porque se nos está negando, más aún, ese alguien o ese algo que amo me está negando la oportunidad de «tenerlo» y disfrutarlo.

Y, por si fuera poco, esa misma ambivalencia se desplaza hacia nosotros/as mismos/as, ya que cambia nuestra auto-imagen.
¿Qué clase de persona ama algo realmente «malo»?
¿Qué clase de persona siente odio?
¿Qué clase de persona odia lo que ama?
Más aún:
¿Qué estoy haciendo?
¿Qué pasa conmigo?
¿Quién soy yo en realidad?

El odio, como la rabia, está en todos/as nosotros/as, nos guste o no.
Lo que nos está pasando, en realidad, no es que estemos cambiando como personas o que tengamos que cambiar nuestro auto-concepto.
Lo que está ocurriendo es que nuestra estrategia de afrontamiento nos está rompiendo por dentro, nos está destrozando, devastando lo que creíamos saber, lo que creíamos conocer, de nosotros/as mismos/as, del mundo y de los demás.

Todo por no aceptar que: las cosas son como son, no como me gustaría y seguir perseverando en hacer las cosas de la misma manera, esperando resultados diferentes.

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Querer y Odiar lo mismo, a la vez

Sólo leer la frase ya me hace sonreír.

Hace un tiempo escribí sobre «los hombres que no amaban a las mujeres«.
Y es sólo una cara de la moneda.

Los hombres maravillosos y extraordinarios a los que me voy a referir ahora son aquellos que sólo al hablar de esas mujeres maravillosas que aman resplandecen de adoración.

Hombres a los que no les importa ni lo más mínimo que lleves tus gafas porque no te has puesto las lentillas, y que incluso te ven sexy con ellas, que les da igual que estés con la regla o enferma, que están ahí para ti y contigo, en la forma que sea.

Hombres que dicen lo siento cuando se equivocan, te apoyo cuando vas a tomar una decisión que en realidad no les conviene, que te suben las bolsas de la compra cuando te duele la espalda, que te regalan flores sólo porque te gustan (aunque no hayan hecho nada por lo que pedir disculpas), que te dan una sorpresa sólo para verte sonreír y hacerte feliz,…

Hombres que no te dicen lo que tienes que hacer, que te piden tu opinión, que te piden tu ayuda y consejo, que te respetan y te ayudan en lo que necesitas y pides, que piensan en ti y contigo.

Hombres que quieren pasar más tiempo contigo, a los que no tienes que preguntar qué sienten por ti, que ante tu sonrisa ponen esa misma «cara de idiotas» que ponemos nosotras cuando pensamos en ellos.

Hombres que te dan tu tiempo, respetan tu espacio, te abrazan para reconfortarte, te comprenden y aceptan aunque a veces no te entiendan del todo.

Hombres que te quieren tal y como eres, con todo el «pack completo», que te valoran y admiran, que te ven tal y como eres, y precisamente por eso te aman con todo su corazón.

Esos hombres que a todas nos hacen suspirar de admiración, profundo amor, ternura y pasión…

Hombres que queremos para siempre a nuestro lado.
Hombres que merecen la pena.

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en Los hombres que si amaban a las mujeres

¿Hay que ganárselo?

Más aún, si alguien me falta al respeto, ¿estoy yo legitimado/a para hacer lo mismo?

¿Tanto respeto me das, tanto respeto «te debo»?

No se a vosotros/as, pero a mi estas preguntas me confunden.
Y me confunden porque nunca entendí, ni entiendo a día de hoy, que el respeto sea una moneda de cambio que ganas o pierdes, según «vaya la cosa».

Siempre he pensado que el respeto es inherente a los seres humanos.
Más aún, a todas las cosas, animales, propiedades u objetos.

Podríamos decir que el respeto es una de «las reglas previas del juego que a todo jugador se le suponen para jugar».
Sin embargo, por desgracia, esa asunción sería un error.

Porque es cierto que hay personas que respetan a lo/s demás, y otras que no.
Y, en realidad, no depende de cuanto hayan hecho o cuanto merezcan ese respeto los demás, es una decisión que esas personas toman, de acuerdo a sus experiencias, valores y actitudes, no a lo que hayas hechos o dejado de hacer tú.

Creo que es muy importante tener esto en cuenta, porque a veces nos obsesionamos buscando «¿qué hemos hecho mal?», «¿qué hemos hecho para que esa persona me trate así?».
La respuesta es nada, no depende ti.
A todo/a controlador/a le va a fastidiar esta respuesta, pero mucho me temo amigos/as que «es lo que hay».

Desde luego, hay algo que si que podéis hacer, siempre.
Y es elegir con quién compartís vuestro tiempo, ese maravilloso regalo que no tiene prórrogas, ni se puede comparar a nada en este mundo.

No os desesperéis porque alguien os está faltando al respeto, juzgándoos, criticándoos, machacándoos o cualquiera de sus variantes.
No hay nada que hayáis podido hacer o decir para merecer ese trato, no lo dudéis ni por un momento.
Es más, creerme, esa persona ya tiene «bastante» con aguantarse a sí misma y a sus luchas internas, queriendo y odiando lo mismo a la vez.

¡Tú mereces respeto, sin «peros»!

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en El Respeto

¿Qué te seduce?

¿La inteligencia, el físico, la seguridad, la aventura, lo inalcanzable, lo prohibido, la fortaleza, la debilidad, la dependencia,…?

Como siempre, no se trata de juzgar, sino de entender y comprender.

Y es que sólo si entendemos qué nos seduce, entenderemos cómo funcionamos en el «ámbito sentimental».

A veces tenemos la sensación de que estamos saliendo con la misma persona una y otra vez, con distinto aspecto físico, con distinto nombre, pero con la misma persona, con la que tenemos el mismo tipo de relación.

Lo que nos seduce determina en qué tipo de personas nos fijamos, y del mismo modo el tipo de relaciones que vamos a establecer.

Me gusta especialmente cómo lo explica Alejandra Vallejo-Nágera en su libro: «Psicología de la Seducción«.
Yo sólo os voy a poner aquí un ejemplo para que lo entendáis.

Pongamos que a mi me seduce «el sufrimiento» de otra persona.
Se que de entrada os va a sonar raro y que no os vais a identificar con esa «definición», pero dejarme que os lo explique y veréis a dónde quiero llegar.

Me encuentro a una persona que lo está pasando o lo ha pasado muy mal, una persona que está muy «hecha polvo», alguien cariñoso, vulnerable, al que la vida le ha tratado muy mal, y yo veo a una persona extraordinaria, sensible, excepcional, y pienso que ha tenido «muy mala suerte», y despierta en mi un sentimiento de protección que es casi una necesidad, de cuidar, proteger, apoyar, animar y querer a esa persona, porque lo merece. Es una «víctima«.
Y sin saber muy bien cómo me convierto en su «caballero/dama de la brillante armadura», en términos de la Psicología Transaccional (Triángulo Dramático de Karpman), en su «salvador/a» o «rescatador/a«.
De este modo, se establece una relación muy concreta (una relación de dependencia, como podréis imaginar), en la que yo me «haré cargo» de todas sus necesidades, deseos, anhelos,…
La otra persona dependerá de mi, y yo me sentiré fuerte, poderoso/a, alguien que ama con tal «intensidad» que se olvida de sí mismo/a para entregarse a la otra persona.
¿Puede haber algo más hermoso?

¿Esto ya os suena más, verdad?

La resultante de este «patrón» es una relación totalmente desequilibrada que difícilmente durará.
Ya que olvidarme de mi mismo/a para perderme en otra persona, no suele funcionar.
Entre otras cosas porque, cuando esa persona «esté recuperada», dejará de necesitarme, querrá «volar libre» y ser dueña de su propio destino, y yo no se lo permitiré.
Pasaré de ser su héroe, su heroína, a ser la persona que coarta su libertad, que la reprime y constriñe, que no la deja ser ella misma.
Yo me sentiré decepcionada, abandonada, traicionada, y la otra persona se sentirá liberada, feliz de volver a ser ella misma, y puede que incluso me guarde cierto rencor por «lo que la he hecho».

Este patrón puede repetirse una y mil veces, si no me doy cuenta de qué es lo que está pasando, qué estoy haciendo, qué es lo que me seduce y cómo y por qué me meto en ese tipo de relaciones.
Yo tendré la imagen de mi misma de ser «una gran persona» a la que la vida trata muy mal, injustamente, y ese rencor puede llegar a apoderarse de mí también, haciendo que mi patrón cambie, pero para convertirse en otro patrón desequilibrado en el que, siguiendo la misma teoría psicológica que os comentaba más arriba, me convierta en el/la «perseguidor/a» o «agresor/a«, o incluso puede que en la «víctima«.

En cualquier caso, no será lo que en realidad estoy buscando, una relación de amor y respeto mutuos.

Si este artículo te ha parecido revelador, pero no acabas de verte reflejado/a o identificado/a, aunque eres consciente de que estableces relaciones sentimentales que no se ajustan a lo que estás buscando y quieres, te invito a que nos solicites una primera entrevista gratuita y te informaremos sin compromiso.

Publicado en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Qué te seduce?

Puede que esté «pasado de moda» y no se vea en la televisión o en los medios de comunicación (porque cuesta mucho encontrar ejemplos), pero es una de esas cosas maravillosas que merece la pena conservar y cultivar.

La dulzura, desde mi punto de vista, no es sólo fruto del amor (que como ya sabéis, lo mueve todo en este mundo) sino que además es una actitud ante el mundo, una elección de vida.

¿Quieres discutir o dar un abrazo?
¿Quieres guardar rencor en tu corazón o cariño?
¿Quieres aceptar y respetar o machacar y juzgar?
¿Quieres disfrutar o penar?

Creemos que la dulzura, como la bondad, es una debilidad y no una fortaleza.

Sin embargo, las «personas dulces» son conocedoras de una realidad muy profunda y significativa que muchas personas no ven o no quieren ver (nunca se sabe…).
Y es que aún sabiendo que en este mundo hay «mucha mierda» (perdón, pero no se me ocurre una forma más clara de decirlo) e incluso habiendo vivido mucha de ella, eligen «quedarse con las flores» y regalarlas con cariño siempre que pueden.

No se trata de no ver «la realidad», se trata de elegir «tu realidad» y de cómo vivirla.
Se trata de vivir en el amor y no en el rencor.

Hay tanto que se puede hacer, que se puede dar y compartir «con un poco de azúcar»…
Que yo os digo:
Dejar la sacarina para el café y el azúcar para la vida, ¡sabe mucho mejor!

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en Ser dulce

Se asocia a la mediana edad pero, en realidad, puede ocurrir en cualquier momento, de hecho, es muy probable que tengamos más de una en nuestras vidas.

Y es que las «crisis vitales» no están tan asociadas con la edad como con el hecho de que en un punto determinado de nuestras vidas lo que creíamos saber, lo que dábamos por hecho y garantizado, lo que dábamos por supuesto sobre la vida, el mundo y/o nosotros/as mismo/a, de repente se tambalea ante una/s experiencia/s concreta/s, una nueva realidad que se presenta ante nuestros ojos y que nuestro sistema cognitivo no es capaz de integrar.

Es momento entonces de cambiar nuestro sistema cognitivo, nuestro sistema de creencias, de abrazar esa nueva realidad que se nos presenta.
Puede que al principio la veamos de una forma «amenazante» porque no sabemos qué hacer con ella.
Nos preguntaremos: ¿Y qué hago yo ahora con «esto»? ¿Como sigo adelante?
Pero os aseguro que (en contra de lo que decía la preciosa película de Javier Cámara) «vivir no es fácil con los ojos cerrados».

De este modo, es muy probable que tengamos más de una «crisis vital» en la vida, ya que nuestras experiencias nos acompañan y sorprenden cada día, lo que sabemos, lo que conocemos, lo que experimentamos, cambia cada día, cambiándonos también cada día a cada uno/a de nosotros/as.

Os diría más, si no ocurren estas «crisis vitales» es muy posible que estemos negando la realidad que se nos presenta y no estemos evolucionando y desarrollándonos adecuadamente.

Si la única constante con la que podemos contar en la vida es el cambio, y de hecho vemos cada día que todo cambia y sigue cambiando:
¿Cómo es posible que el cambio sea algo «malo»?

De una forma visual, y también muy bien explicada, podéis verlo en la extraordinaria película: Del Revés.

Si estáis en plena «crisis vital», os felicito, porque significa que estáis avanzando, que vuestro mundo y vuestra realidad están cambiando y evolucionando, y eso siempre nos enriquece, ya que nos da un «mapa del mundo» más completo y hace que nuestra vida, en consecuencia, lo sea también.

No tengáis miedo, las «crisis vitales» son parte del proceso natural del ser humano, casi de todas las cosas diría yo.
Cierto es que nos cuesta gestionar los cambios y la incertidumbre, adaptarnos y «re-calcular ruta», pero esos son los «mejores viajes».

Los desvíos en el camino son oportunidades extraordinarias.
Tomaros un momento para observar la nueva realidad que se os presenta, es un regalo, y os permitirá vivir una vida mucho más significativa y consciente, más plena, más feliz.

En caso de que te esté costando gestionar la «crisis vital» en la que te encuentras, te animo a que te pongas en contacto con nosotros, podemos ayudarte.

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en Crisis Vital

¡Existe!

Se que la anticipación tiene mala prensa, yo misma he escrito sobre ella.

Pero hablando con una paciente me dí cuenta que a veces, cometemos el error, de juzgar y convertir un hecho en una valoración.

Porque lo cierto es que la anticipación como tal, no es ni «buena» ni «mala», ni «positiva» ni «negativa».

Así que decidí hablaros de la «anticipación positiva».
Que no es ni más ni menos que esa emoción, ese nerviosismo, esa expectación, esa ilusión, esa alegría, ese regocijo por lo que está por venir.
Es una «anticipación optimista».

Preparar unas vacaciones, organizar una cita, planear qué te vas a poner, a dónde vas a ir, qué vas a hacer.

¡Saboréalo!
Es parte de la magia de nuestro cerebro, uno de esos regalos que a veces no entendemos, pero que está ahí, para nosotros y nosotras, solo a un suspiro de distancia.
¡No te lo pierdas!

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en La Anticipación «Positiva»