¿Qué te seduce?

¿La inteligencia, el físico, la seguridad, la aventura, lo inalcanzable, lo prohibido, la fortaleza, la debilidad, la dependencia,…?

Como siempre, no se trata de juzgar, sino de entender y comprender.

Y es que sólo si entendemos qué nos seduce, entenderemos cómo funcionamos en el “ámbito sentimental”.

A veces tenemos la sensación de que estamos saliendo con la misma persona una y otra vez, con distinto aspecto físico, con distinto nombre, pero con la misma persona, con la que tenemos el mismo tipo de relación.

Lo que nos seduce determina en qué tipo de personas nos fijamos, y del mismo modo el tipo de relaciones que vamos a establecer.

Me gusta especialmente cómo lo explica Alejandra Vallejo-Nágera en su libro: “Psicología de la Seducción“.
Yo sólo os voy a poner aquí un ejemplo para que lo entendáis.

Pongamos que a mi me seduce “el sufrimiento” de otra persona.
Se que de entrada os va a sonar raro y que no os vais a identificar con esa “definición”, pero dejarme que os lo explique y veréis a dónde quiero llegar.

Me encuentro a una persona que lo está pasando o lo ha pasado muy mal, una persona que está muy “hecha polvo”, alguien cariñoso, vulnerable, al que la vida le ha tratado muy mal, y yo veo a una persona extraordinaria, sensible, excepcional, y pienso que ha tenido “muy mala suerte”, y despierta en mi un sentimiento de protección que es casi una necesidad, de cuidar, proteger, apoyar, animar y querer a esa persona, porque lo merece. Es una “víctima“.
Y sin saber muy bien cómo me convierto en su “caballero/dama de la brillante armadura”, en términos de la Psicología Transaccional (Triángulo Dramático de Karpman), en su “salvador/a” o “rescatador/a“.
De este modo, se establece una relación muy concreta (una relación de dependencia, como podréis imaginar), en la que yo me “haré cargo” de todas sus necesidades, deseos, anhelos,…
La otra persona dependerá de mi, y yo me sentiré fuerte, poderoso/a, alguien que ama con tal “intensidad” que se olvida de sí mismo/a para entregarse a la otra persona.
¿Puede haber algo más hermoso?

¿Esto ya os suena más, verdad?

La resultante de este “patrón” es una relación totalmente desequilibrada que difícilmente durará.
Ya que olvidarme de mi mismo/a para perderme en otra persona, no suele funcionar.
Entre otras cosas porque, cuando esa persona “esté recuperada”, dejará de necesitarme, querrá “volar libre” y ser dueña de su propio destino, y yo no se lo permitiré.
Pasaré de ser su héroe, su heroína, a ser la persona que coarta su libertad, que la reprime y constriñe, que no la deja ser ella misma.
Yo me sentiré decepcionada, abandonada, traicionada, y la otra persona se sentirá liberada, feliz de volver a ser ella misma, y puede que incluso me guarde cierto rencor por “lo que la he hecho”.

Este patrón puede repetirse una y mil veces, si no me doy cuenta de qué es lo que está pasando, qué estoy haciendo, qué es lo que me seduce y cómo y por qué me meto en ese tipo de relaciones.
Yo tendré la imagen de mi misma de ser “una gran persona” a la que la vida trata muy mal, injustamente, y ese rencor puede llegar a apoderarse de mí también, haciendo que mi patrón cambie, pero para convertirse en otro patrón desequilibrado en el que, siguiendo la misma teoría psicológica que os comentaba más arriba, me convierta en el/la “perseguidor/a” o “agresor/a“, o incluso puede que en la “víctima“.

En cualquier caso, no será lo que en realidad estoy buscando, una relación de amor y respeto mutuos.

Si este artículo te ha parecido revelador, pero no acabas de verte reflejado/a o identificado/a, aunque eres consciente de que estableces relaciones sentimentales que no se ajustan a lo que estás buscando y quieres, te invito a que nos solicites una primera entrevista gratuita y te informaremos sin compromiso.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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