Reencontrarse con “los/as viejos/as amigos/as”

Alegría, en estado puro.

Este sábado, tuve uno de esos grandes eventos…
Uno de mis mejores amigos se casó, y la “pandilla” se volvió a reunir, celebrando el amor y la vida de nuestro querido amigo.

Así que ahí estábamos, con las viejas batallas de siempre, riendo como “tontos”, recordando mil y una aventuras, con las mismas chorradas que nos han hecho siempre reír, como si no hubiera pasado el tiempo, bailando como nunca, compartiendo como siempre.

Un momento feliz por el que estoy tan agradecida, que tenía que escribir algo al respecto.

Hoy, para deciros, que saquéis un ratito de vuestra apretadísima agenda, no me cabe duda, y que “deis un toque” a vuestros/as amigos/as de toda la vida, quedar para un café, para una caña, para lo que sea.

En estos días que todos/as andamos corriendo de un lado a otro, con miles de obligaciones, sin tiempo para nada ni para nadie, rescatar unas horas para compartir con los/as amigos/as de toda la vida, es un regalo extraordinario.

Tal vez vuestras vidas os hayan llevado por caminos muy diferentes, y ni si quiera os encontréis en la misma ciudad, tal vez incluso os planteéis si os queda, a estas alturas, algo en común que os una, algo que compartir.

La respuesta es un rotundo SI.
Es posible que vuestras vidas, efectivamente, tengan ahora “pocos puntos de conexión” pero, de la misma manera, es más que posible que el vínculo que compartíais entonces, cuando os veíais casi todos los días, siga ahí, a una risa de distancia.

Reencontrarse con los/as viejos/as amigos/as te recuerda, además, quién fuiste y quién eres, maravillándote de lo fuertes que son los vínculos que una vez creaste, y que tal vez para tu sorpresa, sigan tan fuertes como entonces, enriquecidos con la experiencia y con el tiempo, aunque haya habido distancia entre vosotros/as.

Son esas personas, en realidad, que haya pasado el tiempo que haya pasado, y los avatares que hayan acontecido en vuestras vidas e incluso en vuestras relaciones, siguen ahí, con una historia que contar, una sonrisa que compartir, una mirada cómplice que cruzar, un momento que vivir, una alegría que derrochar.

La vida es una sucesión de regalos extraordinarios, y las personas que tenéis en ella y habéis tenido, el mayor de todos ellos.

Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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