Mis pensamientos, mi actitud, mis palabras, mis afectos, mis obligaciones, mis responsabilidades, mis compromisos,… mi vida; igual que elijo la ropa que me pongo cada día.

Con estas dos palabras empiezan algunas de las frases que más repito en consulta.

Una de mis pacientes, de hecho, me decía que esas dos palabras «le habían encantado» porque habían cambiado su perspectiva por completo, cambiando tanto su actitud ante la vida como su vida en sí misma.

Y es que, por compleja que parezca la situación, por cerrada o determinada de antemano que me parezca mi vida en este momento. ¡Estoy eligiendo!

Puede que no sea una elección fácil, puede que, en realidad, ninguna de las opciones me convenza del todo, en realidad.
Pero sea como sea, ¡estoy eligiendo!

Vivo mi elección, cada día.

Es bastante más interesante que me pare a pensar por qué estoy eligiendo esto concreto y para qué, que lamentarme por «mi mala suerte en la vida» o criticarme, juzgarme y machacarme por lo que estoy eligiendo o por mi posible «mal juicio».

Si quieres hacer otra elección, adelante. ¡Hazla!
No hay manuales al respecto ni modelos de previsión o predicción en la vida.
Sólo estás tú, tus preferencias, tus deseos, tus anhelos, tus expectativas, tus elecciones y tus decisiones.

Es responsabilidad tuya hacerte feliz y hacerte cargo/responsable de ti mismo/a.
Y esas elecciones tienen mucho que ver.

Sólo si se qué quiero, podré saber cómo conseguirlo (aunque el camino no sea sencillo).
Sólo entonces podré elegir.

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en Yo elijo

Optimismo

Una de esas cualidades que parece reservada para los/as niños/as, los/as inconscientes sin remedio, los/as soñadores empedernidos/as y los «descerebrados/as» en general.

Pero lo cierto es que «esperar lo peor», no es mejor opción.

Parece que tener «esperanza» lo único que te garantiza es que vas a «esperar» y eso te va a «desesperar».

Pero no nos damos cuenta de que «esperando lo peor», desgastamos ya, ahora, nuestra energía, nuestros recursos, nuestra ilusión, nuestro esfuerzo.
Esperando lo peor hacemos una «anticipación negativa» que a lo que suele conducir es a la ansiedad, como ya sabemos.

Tal vez «esperar lo mejor» sea poco realista.
Tal vez «esperar lo mejor» nos cree una expectativa desproporcionada que nos conduzca casi inequívocamente a la frustración.

Se supone que «lo ideal» es no esperar nada…
De ese modo tus expectativas «están limpias» de ideas poco realistas y que te frustres es muy poco probable, maximizando de este modo la posibilidad de «éxito».

Pero yo, cada vez que escucho a un/a paciente que está pasando por una depresión crónica y me dice: «espero mejorar, aunque ahora no sepa cómo ni cuándo»; se que ese/a paciente tiene un «buen pronóstico», porque no se ha rendido.

Es más, la Psicología Positiva considera el Optimismo como una de nuestras fortalezas que si potenciamos y desarrollamos, contribuirán de forma muy beneficiosa a nuestro bienestar.

Se que nos da miedo tener esperanzas, ser optimistas, «esperar lo mejor», por el «batacazo» que podemos darnos…
Pero esperar «el golpe» lo único que consigue es que estemos en alerta, tensos y que nos duela más… Además de «ver golpes» donde en realidad no los hay…

Ya sabéis que en Psicología no hay «fórmulas magistrales», así que yo os voy a hacer mi propuesta y vosotros/as elegís, como siempre 😉

«Siempre que puedas y que la situación lo permita, no esperes nada.
Simplemente, mantente conectado/a con el momento presente, disfrútalo, gestiónalo, ten los ojos bien abiertos.
Y cuando acuda a tu mente el famoso: «Y si…«, contéstale amablemente:
«Ahora mismo no puedo saberlo, si ocurre, me ocuparé de ello entonces. Confío en mi e igual que he gestionado todas las demás cosas de mi vida, gestionaré esto también«.

Espera lo mejor si eso te carga de energía, si te hace enfrentar lo que sea a lo que te estés enfrentando con una sonrisa, con fuerza, con determinación, aunque no sea «realista».
Elige esa actitud porque es la que te va a ayudar a perseverar en tu empeño, no porque te estés engañando.
Se consciente de la información que tienes disponible (no se trata de engañarnos a nosotros/as mismos/as), pero no dejes que sea esa información quien decida por ti.
Tú eres dueño/a de tus decisiones, de tus actitudes, de tus pensamientos.

Y si la cosa realmente «pinta muy mal», en realidad no es necesario que esperes lo peor, es suficiente con que tomes las medidas oportunas para prevenir posibles daños o consecuencias.
Esa es la base de la prevención.
La prevención tiene sentido, el hacer planes también, el solucionar lo que pueda solucionar, por supuesto, incluso el tener planes de contingencia.
Ahora bien, dejar de vivir por miedo… Como digo siempre, es tu elección, pero… ¿Realmente quieres que el miedo sea quien toma decisiones por ti en tu vida?»

Por último, a todos los/as optimistas incorregibles os digo:
«Gracias por ser como sois, gracias por compartir vuestro maravilloso regalo con el mundo, gracias por hacer del mundo un lugar mejor, gracias por dar esperanza a los demás y cargarles de energía, gracias por hacer sonreír a quien está triste, gracias por no daros por vencidos, gracias por estar ahí».

Y para todos/as en general, ya sabéis lo que dice la frase:
«Si no ha acabado bien, es que aún no ha acabado» 🙂

Publicado en Mujeres, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Optimismo

Con cariño, apoyo, aceptación y comprensión, efectivamente…
¡Podemos conseguirlo TODO!

Es justo lo que nuestros/as hijos/as necesitan de nosotros/as, el apoyo y el cariño para atreverse a ser ellos/as mismos/as, sin restricciones ni limitaciones.
Somos su red de seguridad para que puedan dar el salto que quieran dar.

Tanto ellos/as, como nosotros/as, necesitamos ese apoyo, cariño, aceptación y comprensión.
Y no sólo recibiéndolo de los demás (que también, sin duda) sino, más importante aún, de nosotros/as mismos/as.

Esa seguridad liberará nuestros miedos y también nuestro potencial.

Miraremos al «precipicio» con confianza, con seguridad, con determinación.

No habrá aventura que no nos veamos preparados para acometer.
No habrá objetivo demasiado difícil.
No habrá frontera demasiado alta.

«Volaremos libres» hacia cualquier lugar.

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en Podemos conseguirlo TODO

A veces nos perdemos en este gran viaje que es la vida.
Son tales las idas y venidas, las vueltas y piruetas, los proyectos y quehaceres, las responsabilidades y obligaciones, las personas y relaciones, las realidades y sorpresas que la vida se nos pone patas arriba en menos de un segundo.

Y en todo ese proceso, a veces, seguimos la inercia hasta tal punto que nuestro «yo», nuestro pilar más profundo y fundamental, que siempre nos acompaña, protege y estructura toda nuestra vida y realidad, está tan rodeado de cosas, personas y relaciones, que desaparece ante nuestros propios ojos.

Es muy común cuando acabamos una relación de pareja, y volvemos a tener más tiempo para nosotros/as mismos/as, que nos demos cuenta de que, en el proceso de nuestra relación de pareja ya pasada, hemos dejado atrás ciertas cosas, principios, costumbres y hábitos que tal vez no es que nos definieran como persona pero si que eran una de las partes de nosotros/as mismos que más nos gustaban, y que simplemente relegamos a otro lugar, sin intención de hacerlo, en realidad, pero así ocurrió.

Lo fácil es despotricar contra nuestro/a ex y la relación que teníamos, pero lo cierto es que, al fin y al cabo, todo tenemos que «hacer espacio» a algo y a alguien nuevo cuando se presenta, si es que lo queremos en nuestra vida.
No es nada malo hacer ese espacio, lo hacemos porque queremos, porque queremos tener la oportunidad de disfrutarlo, de vivir esa relación, de conocer a esa persona y que nos conozca a nosotros/as también.
Dicho de otro modo, si queremos bailar ese baile, o nos acompasamos, o no bailamos.

Sin embargo, si a lo que estamos renunciando, si lo que estamos echando en el olvido, si lo que estamos relegando a otro lugar, realmente nos cambia hasta tal punto que no nos reconozcamos en el espejo, lo que está ocurriendo es diferente.

A veces nos damos cuenta estando aún en la relación, y «re-calculamos ruta a tiempo», y es muy natural que esto pase y no hay que asustarse por ello, ya que a veces el torbellino de emociones nos inunda hasta tal punto que la corriente nos descoloca durante un tiempo.

Pero a veces nos estamos perdiendo en una persona, en una relación.
Y el motivo suele ser el miedo y/o la dependencia emocional.

Si crees que eso te ha pasado y te pasa en tus relaciones, ya va siendo hora de que te dediques tiempo a ti mismo/a para averiguar que pasa, porque difícilmente vas a ser feliz en ninguna relación si dejas de ser tu mismo/a en ella, como ya te puedes imaginar.

Ser tú y hacer espacio a una persona y a una relación disfrutando de ese maravilloso regalo: por supuesto, es más, te hará llegar a lugares, a expresiones de ti mismo/a que ni si quiera habías soñado en el viaje de tu vida. Florecerás y te expandirás en el amor.
Dejar de ser tú para convertirte en una persona que no te gusta y no reconoces en el espejo, perdida y desconectada en el camino de la vida: ¿para qué si no eres feliz?

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en Se me olvidó ser yo

¡Gracias por ser tú!
¡Gracias por ser como eres!

Ni más delgada, ni más gorda, ni más alta, ni más baja, ni más lista,… Ni más nada. Ni menos nada.

Sólo tú, justo tal y como eres.
(Me encanta como lo dice Bruno Mars: «Just the way you are»).

Y es que, como decía el vampiro de la película Crepúsculo, encontrar a alguien que es «justo tu marca de heroína» (es ñoño y bastante bestia a la vez, y él un acosador en toda regla, pero me encantó la frase), te hace tenerlo muy muy claro.

El «vicio» que tenemos de querer cambiar a las personas, no sólo puede llegar a ser una falta de respeto, sino que altera lo más primordial de la persona, puede que justamente eso que nos atrajo y enamoró de ella, su esencia.

Todos queremos aceptación, aprobación, cariño, cuidado, respeto, admiración, incluso validación (aunque nos suene mal…).
Queremos sentirnos bien con nosotros/as mismos/as.
Brillar en todo nuestro esplendor.

Que otra persona te vea tal y como eres, que no haya medias verdades ni ocultaciones ni transformaciones, y te quiera tal y como eres… Eso es el AMOR.

¿Puede haber algo mejor?

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en El cumplido más bonito del mundo es…

¡Lo cambia todo!

Nos empuja y alivia o nos quema y nos hunde.

No es cuestión de obsesionarnos con «siempre pensar en positivo», un error muy común, que no sólo cometemos los seres humanos, sino que la misma Psicología ha cometido y comete también.

Si yo espero que todo irá mal, muy probablemente será como vaya.

De esto es de lo que hablan las «profecías autocumplidas» o «efecto Pigmalión«.

Se refieren al hecho de que mis expectativas condicionan mis resultados.

Ya que si yo espero que algo suceda, aunque sea de una forma inconsciente, mis pensamientos, mis actitudes y mis comportamientos irán dirigidos justo en esa dirección, haciendo que el resultado sea mucho más probable, y confirmando finalmente, que mi expectativa era correcta, de modo que todo el proceso se ve reforzado, y este «esquema» de pensamiento se volverá a activar cuando vuelva a generarse en mi una expectativa ante un hecho o hechos concretos.

La «trampa» está lista.

¿Será entonces que tengo que «esperar» que todo irá bien?

No, se trata de vivir la experiencia con los ojos abiertos, se trata de ajustar expectativas.

La perspectiva que más nos ayudará en nuestro camino:

«Aceptar que hay cosas que no podemos controlar y que no tenemos información para saber qué pasará, no podemos predecir los resultados. En otras ocasiones, si que tendremos ciertos indicadores de por dónde pueden ir las cosas, aunque esta interpretación, esta perspectiva, estará influenciada por nuestras experiencias anteriores, por nuestros deseos y anhelos, por nuestros sueños y metas, por nuestros miedos y limitaciones propias, por lo que tampoco esos indicadores serán «el mapa del tesoro».
Así que sólo nos queda una opción: vive, experimenta, aprende, ten los ojos abiertos y re-calcula ruta a cada paso, procurando mantener tus expectativas a raya, esto es lo que está en tu mano, el resto es sufrimiento y anticipación«.

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en La Perspectiva

Es lo que hacemos cuando estamos asustados por una sombra en la pared o un ruido inesperado, es lo que hacemos cuando creemos ver un «fantasma»…

Más aún, es lo que hacemos cuando empezamos a hacer terapia.

Nos asusta abrir «la caja de Pandora», pero no nos damos cuenta de que vivimos en tinieblas.

Ya lo explicaba Platón con su «mito de la caverna».
Vivimos en un mundo de sombras, en el que sólo vemos los reflejos de la «realidad».

Y nos asusta encender la luz, ver qué hay detrás…
Aunque en realidad está delante.
Es ver «el objeto» que está proyectando la sombra.

Tomar conciencia de qué pasa es el primer paso.
Como es famosamente conocido en «Alcohólicos Anónimos», reconocer que hay un problema y cuál es ese problema, es el paso determinante en el «proceso de cambio».

Hay cosas que nos asusta decir en voz alta, sin embargo, es la anticipación de lo que podría pasar lo que nos asusta tanto, ya que en realidad cuando lo hacemos, cuando decimos la cosas de viva voz, encendemos la luz, y vemos que «no hay fantasma».
La frase más repetida cuando esto ocurre suele ser:
«¡Que peso me he quitado de encima!»

Mientras vivo en la ignorancia, en las sombras, no veo qué pasa, no se qué ocurre, y en consecuencia no puedo saber qué hacer, ni cuándo ni cómo.
No puedo solucionarlo ni tomar medidas.

Cuando enciendo la luz, empiezo a ver con «claridad».
Es posible que me lleve un tiempo ver la «realidad» en toda su dimensión, profundidad y complejidad, pero lo que es seguro es que «empiezo a ver».

Por eso, en mi opinión, abrir los ojos y hacer terapia siempre es buena idea, no importa el momento en el que te encuentres, ni qué haya pasado o cuanto creas que ya te conoces y hayas trabajado en ti mismo/a.

¡Enciende la luz!

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en Encender la luz

El modelo del mundo que damos a nuestros/as hijos/as

Condiciona la manera en que nuestros/as hijos/as ven y verán, interpretan e interpretarán el mundo y su realidad.

En una ocasión tuve a un paciente que acudía a consulta con síntomas de ansiedad y depresión que se venían manteniendo durante varios años ya.
Me decía que no sabía muy bien que le pasaba porque, en general, su vida era «feliz» porque, aparentemente al menos, «lo tenía todo».
Una casa, un trabajo, sus hijos, una esposa a la que quería…
De lo que se «quejaba» era de su trabajo, de que no le aportaba nada. Era tedioso, rutinario, no le presentaba ningún reto y, además, él sabía que podía hacer mucho más, llegar mucho más allá y lo anhelaba.
Su personalidad era muy perfeccionista y se motivaba por los retos y las cosas nuevas.
En cierto modo, estaba decepcionado consigo mismo, y se veía sin salida, porque su responsabilidad para con sus «obligaciones» económicas y familiares le pesaba hasta tal punto que no le dejaba ver más allá.
En resumidas cuentas, dejar el trabajo, no era una opción.

Después de mucho trabajar durante la terapia, decidió hacer cambios, de una forma coherente y responsable.
Vendió su casa y aceptó otro trabajo dentro de su empresa.
Estos cambios redundaron en una considerable mejoría, pero aún así, «no estaba del todo bien», «no acababa de ser feliz».
Al continuar con la terapia, se dio cuenta de que, si bien los cambios que había llevado a cabo en los últimos meses habían sido muy significativos, no era suficientes.
Y, finalmente, después de mucho trabajo terapéutico, consideraciones y preparación, decidió dejar su empleo y embarcarse en otro proyecto profesional.

Y aquí viene la parte concreta que me interesa explicaros respecto al modelo que damos a nuestros/as hijos/as.
Porque cuando le contó a sus hijos la decisión que había tomado (ya habíamos trabajo en consulta toda la parte de la «responsabilidad mal entendida» y la repercusión que realmente tendría o podría llegar a tener en sus hijos), su hijo mayor le dijo:
«¡Ah, papá! ¿Es que los trabajos se pueden dejar?»

Lógicamente, él no era consciente (aunque ya lo habíamos visto en la consulta, pero a veces las personas necesitamos verlo, oírlo y experimentarlo por nosotras mismas) del modelo del mundo, y en este caso, del trabajo y las responsabilidades, que les estaba dando a sus hijos.
Él llevaba años debatiéndose internamente sobre qué hacer, no le gustaba su trabajo ni le aportaba suficiente pero, aún así, él seguía en él, pagando un precio más alto del que realmente creía estar pagando, en realidad.
Y, de este modo, les estaba «diciendo» a sus hijos que: aunque no te guste tu trabajo, aunque no te aporte, aunque no sea lo que quieres, aunque te genere insatisfacción, angustia, ansiedad y cierta depresión y sufrimiento, tienes que seguir en él, porque la responsabilidad es más importante que la felicidad.

Cuando esto pasó, él se dio cuenta de que, efectivamente, había tomado la mejor decisión, no sólo para sí mismo, sino para la vida, educación y modelo del mundo que les estaba proporcionando a sus hijos, aunque sus miedos y sentido de la responsabilidad le dijeran lo contrario, en un primer momento.

El modelo del mundo que damos a nuestros hijos/as va mas allá de lo que explícitamente les decimos.

Nuestros hijos/as unen los puntos y llegan a sus propias conclusiones.
Al igual que hacemos los adultos, ven la realidad y sacan sus propias conclusiones.

En el caso de nuestros/as hijos/as, es importante que tengamos en cuenta que:

  • Su pensamiento es «egocéntrico»: los/as niños/as aún no han desarrollado la empatía y la capacidad de ponerse en el lugar del otro, motivos por los cuales las explicaciones que se den a sí mismos les tendrán a ellos/as mismos/as como «actores/actrices principales», causantes de lo que sea que ocurra en su entorno.
  • Además, el «pensamiento crítico» (simplificaremos diciendo, la capacidad de pensar por nosotros/as mismos/as), la desarrollamos muchos años después, motivo por el cual, no tenemos «filtro» cuando somos niños/as.
    Como se dice de los/as niños/as, son esponjas, lo absorben todo, toda la información, tal cual.

Los modelos de interpretación de la realidad que proporcionamos a nuestros/as hijos, a nuestros/as alumnos/as, a los/as niños/as de nuestro entorno, en general, formarán su sistema de creencias, su interpretación del mundo y determinarán su experiencia de la vida, de una forma directa, sin filtros.
Uno de los motivos por los que la educación es tan crucial.

Si este sistema se ha cimentado sobre pensamientos irracionales, distorsionados, absolutistas, negativistas… La lista es larga, podemos decir en pocas palabras, que son pensamientos que no son adaptativos ni funcionales ni se ajustan a la realidad, estos pensamientos conformarán toda su interpretación y su mundo, su realidad y su vida (no sólo las nuestras).

Algunos ejemplos:

  • «Las necesidades de los demás están por encima de las mías propias».
  • «Haz lo que debes y tienes que hacer».
  • «Uno/a no puede ser feliz todo el tiempo».
  • «La vida es así, uno/a no consigue lo que quiere».
  • «La gente es mala».
  • «El mundo es un lugar peligroso del que hay que protegerse».
  • «El mundo da miedo».
  • «No te puedes fiar de los demás».
  • «La realidad es horrible».
  • Etc.

¿Te ha pasado alguna vez que te has «pillado» a ti mismo/a diciendo o haciendo algo que tus padres hacían o decían?
¿Incluso esas cosas cosas que decías que nunca pensarías, dirías y mucho menos harías?
¿Te habías prometido a ti mismo/a que nunca serías como tus padres pero ahora ves que haces exactamente lo mismo?

Siendo ya adultos, nos sorprendemos (y a veces asustamos y enfadamos con nosotros/as mismos/as) viéndonos a nosotros/as mismos/as tan parecidos a nuestros padres, haciendo esas cosas que decíamos que nunca haríamos ni diríamos.
Un/a psicólogo te diría… «Estás reproduciendo modelos».

Sea lo que sea lo que quieras hacer en tu vida y de hecho estés haciendo, sea lo que sea lo que pienses del mundo, de tu entorno, de los demás y de ti mismo/a, no te afecta ni te conforma sólo a ti, afecta a los demás, contribuirá a su construcción como seres humanos.

Si quieres cambiar, si quieres cambiar tu mundo, si quieres cambiar tu forma de ver el mundo y verte a ti mismo/a, ahora tienes una razón aún más para hacerlo, tus cambios contribuirán a la felicidad de tus hijos/as… ¿Puede haber algo mejor?

Publicado en Familia, Niños y Niñas, Psicología, Sabías que... | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en El modelo del mundo que damos a nuestros/as hijos/as

Frase de abuela que me dijeron este fin de semana y que es una de esas «verdades como templos«.

A veces nos lamentamos por lo que «perdemos», y no nos damos cuenta de lo afortunados que somos por haber tenido el privilegio de haberlo disfrutado.
Porque si no hubiera existido en nuestras vidas, ni si quiera podríamos alcanzar a imaginar la felicidad y la dicha que hemos sentido, haya sido por poco tiempo o por mucho.

Es como no adoptar un perro, porque en el algún momento se morirá.

Es como vivir sin hacer ciertas cosas, porque tenemos miedo.

«Quien no viene, no se tiene que ir».

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en «Quien no viene, no se tiene que ir»

Son completamente absurdas y una pérdida total de tiempo y recursos.

¿Es que acaso mi pareja es mi enemigo o enemiga?

Ahora bien, si es «el juego» al que queréis jugar, adelante, pero estaréis en la «cuerda floja» constantemente.

Sintiéndoos constantemente a la defensiva, con las alarmas puestas, mirando a vuestras espaldas… «Controlando al enemigo».

Os sentiréis en riesgo, no podréis confiar, ni relajaros, ni pedir ayuda, ni recibirla, ni mirar al futuro con entusiasmo y optimismo.

¿Es la vida que queréis vivir?
¿Es esa forma de vivir?

Si una persona te respeta y te valora, va a hacerlo, ganes lo que ganes, te enfades y montes el pollo o no, «ganes» las discusiones o las «pierdas», pidas perdón primero o después.
Nada de eso importa.

El respeto, la consideración, la valoración y la educación no hay que ganárselos, son inherentes al ser humano.

Están las personas que lo dan y las personas que no.

Y no tiene nada que ver con lo que digas o hagas, en el ámbito personal, laboral, familiar o incluso sexual.

Yo más bien, si me lo permitís, os sugeriría que os plantearais con quién habéis decidido compartir vuestra vida y qué os estáis planteando en vuestra mente respecto a vuestra relación (o las relaciones en general), si no podéis sentiros respetados/as si no estáis con el látigo todo el día en la mano… Eso no es poder, sino dominación, y no es base para construir nada, excepto una rebelión, batalla, dolor y sufrimiento.

Publicado el por Cristina | Comentarios desactivados en Las luchas de poder en las relaciones de pareja