Pedir lo que quiero

En realidad, con decirlo, es más que suficiente.

Dítelo a ti mismo, a los demás, al Universo.
Es la intención, la voluntad, lo que cuenta.

Es un ejercicio de auto-respeto y auto-cuidado.
No sólo afecta a nuestra autoestima, nos afecta a nosotros/as mismos/as en toda nuestra globalidad y complejidad.

Al pedir lo que queremos nos damos el lugar que nos corresponde, legitimamos nuestros deseos, nuestra opinión, nuestro lugar en nuestro propio mundo, en nuestro orden de prioridades.
Al hacerlo ante los demás,
también les damos a ellos/as la oportunidad de tener la relación que ambos queramos.

Y todo esto, aunque finalmente no “consigamos” lo que queremos, porque el fin no es conseguirlo (al menos, no el único), ya que yo tengo derecho a “pedir”, y el/la otro/a tiene derecho a “no dar”.

El fin es escucharnos, ya que escucharnos a nosotros/as mismos/as abre una puerta.
La puerta a una relación saludable con nosotros/as mismos/as y con los demás.
Aparcamos los “jueguecitos”, los dobles sentidos, los malosentendidos, en consecuencia.

Cuando digo lo que quiero, cuando pido lo que quiero, el Universo cambia, empieza a “conspirar a mi favor”.
En realidad, el Universo ya lo sabe, pero tal vez tú no.
Vivir con los ojos cerrados puede parecer más “sencillo”, pero la “facilidad” no es “felicidad”.

Cuando estás alineado, cuando tu energía se sincroniza con la energía que mueve todo y a todos/as, algo cambia, algo muy significativo, por sutil que parezca.

Por supuesto, lo evidente también cambia.
Nuestras relaciones, del tipo que sea, cambian también, al mejorar nuestra comunicación, mejora también la relación, los límites están más claros, más definidos, tenemos una idea más clara de qué esperan de nosotros/as y de qué esperar de los demás.

Se que nos da miedo pedir lo que queremos porque “y si…”:

  • Los demás no entienden o aceptan o responden a lo que queremos.
  • No conseguimos lo que queremos.
  • Perdemos lo que “tenemos”.
  • Presionamos y nos presionamos.
  • Piensan “mal” de nosotros/as mismos/as.
  • Pensamos “mal” de nosotros/as mismos/as.

Todo eso puedo pasar, está claro, pero, “y si…” no pedimos lo que queremos:

  • Renunciamos sin tan si quiera intentarlo.
  • No nos damos nuestro lugar, no nos respetamos, no nos aceptamos, no nos consideramos, no nos valoramos, no nos queremos y cuidamos.
  • Nos enfadamos con los demás y con nosotros/as mismos/as.
  • Nos frustramos, nos decepcionamos.
  • Estamos dolidos/as, resentidos/as.
  • No luchamos por lo que queremos.
  • Vivimos de forma incompleta, creamos un vacío.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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