Para poder “ayudar” a los demás…

Tenemos que empezar por “ayudarnos” a nosotros/as mismos/as.

Imagina que estás de cooperante en África o en la India, ayudando en una misión humanitaria.
Has ido allí para ayudar, para dar, para cuidar a otras personas que lo necesitan.
Y, de repente, te ves con un plato de comida delante de ti, y no puedes dejar de pensar en todas las personas a las que has conocido, a las que vas a conocer y a las que nunca conocerás incluso, que no tienen ese plato de comida delante de ellas cada día.
¿Qué haces?
¿Te lo comes tú o se lo das a una de esas personas?

Tal vez, tu “Pepito Grillo” te diga que: “¡No seas egoísta!”.
Al fin y al cabo, tú estás bien nutrido/a, y esas otras personas realmente lo necesitan.
Así que puede que se lo des a otra persona ese día… Incluso puede que al siguiente, y al siguiente, y al siguiente también.

Te sentirás bien contigo mismo, te sentirás bien contigo misma, porque estás siendo “muy altruista”, no estás siendo egoísta, de hecho, estás pensando en los demás, antes que en ti mismo/a (y eso tiene “muy buena prensa”, está muy bien visto, mirar por uno/a mismo/a, no, eso es egoísta, como si eso fuera algo totalmente asqueroso e indeseable y te convirtiera en una persona “de la peor calaña posible”).

Pero lo cierto es que, si sigues por ese camino, no tardando mucho, ya no podrás “ayudar” a nadie, porque tu estarás en tal “estado de necesidad”, que no podrás seguir haciéndolo.
Eso si, altruista y “bien visto”… Mogollón.

Si, por el contrario, tú te comes tu plato de comida, podrás ayudar, no sólo a repartir comida entre las personas que lo necesitan, sino que, incluso, podrás ayudarles a que aprendan a generar, cultivar y gestionar su propia comida, lo cual si que marcará una diferencia significativa.
Porque no sólo estarás ayudando, sino que estarás construyendo para que esas personas sean independientes y se valgan por sí mismas, sin necesidad de que otra persona les proporcione un plato de comida a diario (salvo que se trate de una situación extrema, claro, para lo que podrán contar con tu ayuda).

Ayudar a los demás y compartir tu amor y tu alegría, no sólo es un regalo y una bendición, también es una responsabilidad.
La ayuda “mal entendida” no sólo te va a perjudicar a ti, también a los demás, porque ayudar no es salvar.

Pero, ¿por qué quedarse en el plato de comida?
¿Qué pasaría si estuvieras bien nutrido/a, tuvieras unos hábitos de vida saludables y cuidaras de ti, más aún, en todos los aspectos de la vida?
¿Qué podrías llegar a conseguir para ti y para los demás?

En el terreno psicológico pasa exactamente lo mismo.

Cuando me conozco a mi mismo, cuando me conozco a mi misma, cuando me proporciono lo que necesito y quiero, cuando cuido de mi, cuando hago lo que es mejor para mi, cuando hago lo que quiero hacer, es entonces, y sólo entonces, cuando puedo ayudar a los demás y cuidar de ellos/as.

Ya que si no me conozco a mi mismo/a, si no me proporciono lo que necesito y quiero, si no cuido de mi, si no hago lo que es mejor para mi, si no hago lo que quiero hacer, voy a acumular tal resentimiento, enfado, descontento, frustración, rabia, tristeza, vacío y falta de sentido de mi vida y de mis relaciones, que no sólo no podré ayudar a nadie, sino que cargaré todas mis relaciones con esos sentimientos y emociones, haciendo responsables a los demás (muchas veces inconscientemente, pero al final, son los que pagan “todos los platos rotos”) de todo esto que estoy viviendo y experimentando y, más aún, de mi felicidad.

En otra entrada ya os explicaba la importancia de ser uno/a mismo/a.

Aquí, sólo me queda una cosa por deciros, yo, personalmente, no conozco a nadie que sea feliz siendo una persona que no es, no conozco a nadie que sea feliz cuidando de los demás y sin cuidar de si mismo/a, o anteponiendo a los demás a si mismo/a por sistema.
Y, a fin de cuentas, ¿cuál es el objetivo de la vida?

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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