Lo más importante al comenzar una relación…

Además de disfrutar la avalancha de endorfinas que está experimentando nuestro cerebro y que, como oí una vez a una chica en la radio, hace que: “todo me huela a pony”, es recordar que apenas conozco y apenas se nada de la persona que tengo delante.

Cuando nuestro cerebro no tiene “suficiente información” llena los huecos por si mismo.
Es por este motivo que el “enamoramiento inicial“, precisamente, sólo puede darse en este primer momento.

De este modo, proyectamos en la otra persona todos nuestros anhelos, deseos, expectativas, sueños, también angustias, miedos, complejos y dificultades.

Pero el hecho es que realmente no conocemos a la persona que tenemos delante, al menos, aún no.

Si la idea que tengo de esa persona tiene más fuerza para mí en mi cabeza, en mis decisiones, en mi día a día, que lo que efectivamente estoy recibiendo de ella, difícilmente voy a poder hacerme una imagen realista de cómo es y de qué esperar.

Por no hablar de que mi forma de comportarme es posible que esté yendo incluso mucho más allá, dando por hecho que me muevo en “terreno conocido”, cuando en realidad, no se por dónde me ando.

Dicho todo esto, os animo a que disfrutéis del “petardazo hormonal” que estáis experimentando (¡es maravilloso!), atrapar cada momento, paladear cada sensación, disfrutar de la adrenalina, saborear la ilusión, los nervios y la expectación. Estáis viviendo algo único y excepcional, una de esas cosas que hacen que la vida valga la pena, pero que no perdurará (lo siento, pero es así), y es más motivo aún para que le saquéis jugo hasta la última gota.

Ahora bien, de ahí a dejar que nuestro “yo romántico” vuele más allá de la estratosfera y se proyecte en un futuro, no ya irreal, sino producto de la magia, precisamente, nos puede complicar las cosas hasta el ridículo.

Si según lees esto te dices a ti mismo/a: un poco tarde, mis compañeras de cuarto ya son las estrellas.

Te sugiero que vayas “tomando tierra” poco a poco.
Las estrellas son un lugar maravilloso para “visitar”, pero si te quedas a vivir allí… ¡Te vas a perder todo lo que pasa en la Tierra!

Además, no se vosotros/as, pero yo quiero una historia que vaya de menos a más, que crezca con el tiempo, con la experiencia, con los detalles, con el conocimiento y el cariño, afecto y respeto mutuos, lleve a donde lleve (porque nunca podemos saberlo, por mucho que lo deseemos).

Si ya estoy en la lámpara (¿entendéis ahora eso de… tengo un cuelgue…?), lo más probable es que me de un tortazo de tamaño natural, porque no he ido subiendo allí por una escalera, sino que me he teletransportado sin saber cómo, y de repente me encuentro allí, y quiero caminar, pero no puedo y me caigo, si o si.

¿Vivir “estando presente” una relación, del tipo que sea, que te cambie la vida? Si.

¿Viajes interestelares? Para las vacaciones 😉

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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