Las 2 cosas que toda madre debería saber…

Y que tal vez ya sepa, pero tal vez no entienda, son que…

  1. Te vas a equivocar, una y otra vez.

Si tu objetivo es ser la “madre perfecta”, más vale que te vayas olvidando.

Los/as niños/as no vienen con manual de instrucciones.

Ahora bien, ten una cosa segura, lo vas a hacer lo mejor que sepas y que puedas.

Jamás harás algo deliberadamente para dañar a tus hijos/as, pero aún así, pasará.

Unos/as te dirán una cosa, otros/as te dirán otra, y tu te “romperás la cabeza” encontrando la mejor solución.

Y aún así, pasará, te equivocarás.

¿Y sabes qué?
Que cada vez que te equivoques, tendrás la confirmación de que estás haciéndolo lo mejor que sabes y que no te estás dando por vencida.

Ser madre, probablemente, es una de las cosas más difíciles a las que te vas a enfrentar en tu vida.
Decir que nada te prepara para ello, creo que es quedarse corto.
Decir que no va a ser fácil, es una obviedad que no te aporta nada.

Lo que si que te puedo decir es que, con sentido común, pidiendo ayuda cuando te sientas perdida o desbordada (no sólo cuando la necesites), escuchando a tus hijos/as, negociando con ellos/as, pidiendo perdón cuando te equivoques y mostrando tu amor de todas las maneras que te imagines; habrá al menos una certeza que si tendrás.

La certeza de que quieres a tus hijos/as con todo tu ser y de que nunca te rendirás, seguirás un día tras otro construyendo, evolucionando y re-calculando, para que sean felices.

No te garantiza resultados, cierto es, pero ¿se te ocurre una manera más profunda y entregada de ser la madre de tus hijos/as?

Tus hijos/as no necesitan una “madre coraje”.
Tampoco una “madre confeti”.

Tus hijos/as te necesitan a ti, con toda tu dolorosa y, en ocasiones, absurda humanidad, con todos tus errores, dificultades y limitaciones.
Porque tú quieres enseñar a tus hijos a ser habitantes de este mundo y a ser felices, encontrando sus propios caminos, no a ser “ciudadanos perfectos” de un mundo que no existe, donde la frustración, el dolor, las dificultades y las pérdidas no existen.

Así que, si, es lo que estoy diciendo, “las madres perfectas no existen”.
¡Y demos gracias por que no existan!

Si mi madre es “perfecta” y yo no lo soy, ¿en qué me convierte eso?
Pues en una decepción.

Más tarde o más temprano, tus hijos/as sabrán lo mucho que te has esforzado, que has luchado contra tus propias barreras y limitaciones, y cuantísimo amor les has dado, aunque “la hayas cagado como una campeona”.
Porque según vamos viviendo la vida, entendemos algo, más allá de eso que dicen que “hasta que no eres madre no entiendes realmente a tu madre”.

Para mí, algo fundamental y que trabajo mucho en terapia, es llegar a entender que:

“Tu madre ha venido a este mundo a ser la mujer que es, no la madre que tú necesitabas”
(Por cierto, cuando ni si quiera tú sabías qué necesitabas.)

Y hay otra cosa más que os quiero decir…

2. La culpa de todo lo que le pase a tu hijo/a, va a ser tuya.

Y no porque realmente lo sea, sino porque es un mecanismo psicológico que todos/as tenemos y todos/as usamos.
Cuando no somos capaces de asumir la responsabilidad de eso que hemos dicho, pensando o hecho, buscamos a un responsable externo, para aliviar la “presión” de la auto-culpabilización.
Es un mecanismo que se pone en marcha cuando yo mismo/a no soy capaz de enfrentar lo que significa para mi mismo/a hacerme responsable de “eso”.

Y entonces, me diréis, ¿por qué no le echa la culpa tu hijo/a a cualquier otro/a además de a ti, su madre?

Pues es sólo un reflejo más de lo importante que es una madre para un/a hijo/a, ya que es su primera y principal referencia.

Más aún, este no es sólo el motivo por el que “lo que nos hace nuestra madre nos duele más que lo que hace cualquier otra persona”, sino que al ser tan importante para nosotros/as, nos ayuda a cambiar (el dolor, como ya hemos visto, nos avisa de que hay un daño que necesita ser reparado), a motivarnos más aún, a avanzar, y a entender lo que realmente significa amar.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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