A veces, todo lo que necesitas es…

Que alguien sujete tu mano y te diga: “Todo va a ir bien”.
“Estoy aquí contigo, no estás solo, no estás sola“.

Hay momentos en que “no vemos la luz”, momentos en los que no sabemos por donde tirar, cuál va a ser nuestro próximo paso, nuestro próximo movimiento.

Nos sentimos perdidos/as, confusos/as, desmotivados/as, tristes, abatidos/as, puede que incluso desesperanzados/as, sin duda, cansados/as.

La vida es una lucha, una lucha constante, y a veces resulta agotadora.

No es sólo que las cosas no salgan como esperas o que no obtengas los resultados deseados, es que a veces te preguntas: ¿para qué luchar tanto? ¿para qué seguir peleando?

No creo que haya una respuesta fácil, en estas cuestiones, de hecho, no suele haberlas.

Si bien es cierto que el sentido de esta vida, es vivirla, es la vida en si misma.
A veces, se nos queda corto.

Buscamos “algo más”, algo que nos haga levantarnos de un brinco cada día, que nos llene de ilusión y alegría, y alimente nuestra esperanza y júbilo, por lo que está por venir.
Sin embargo, es lógico que, cuando no sabemos qué esta por venir, porque no alcanzamos a vislumbrarlo en la vorágine que nos encontramos inmersos/as, en este momento, la visión de nuestro futuro nos parezca yerma y esteparia.

Tener un proyecto, un objetivo, o varios, mantenernos en movimiento constante, revisar y considerar todo lo que tenemos y sentirnos agradecidos y bendecidos por ello, a veces no es suficiente.
A veces, hay “algo más”, que nuestro corazón ansia.

Lo se, a estas alturas de año, todos/as necesitamos ya vacaciones.
Algunos/as afortunados/as están ya casi a las puertas, a otros/as nos queda todavía “el último empujón”.
El cansancio puede abatirnos, y es entonces cuando necesitamos tomarnos nuestro tiempo para descansar, desconectar de todo y cargar pilas.

Como muchas tradiciones orientales ya indican, las respuestas se encuentran en nuestro interior, no en el exterior.
Por eso es tan importante que nos tomemos nuestro tiempo, para encontrar nuestras respuestas, porque por mucho que los demás lo intenten, no podrán darnos “la respuesta”.

¿Qué hacer mientras tanto?

Disfrutar de todo lo que tienes, descansar, no meterte en “luchas y/o peleas” (ahora no es el momento), hacer lo que siempre te ha hecho sonreír, con las personas a las que quieres, compartiendo esos momentos, aunque ahora mismo no te hagan sonreír del mismo modo.
Y, sin duda, apoyarte en las personas que te quieren, su presencia, su apoyo, su mano en tu hombro, su abrazo, su compañía, sus whatsapps de “Buenos días”, los emails con canciones divertidas,…
Todas esas pequeñas cosas a las que a veces no damos importancia, porque las damos por sentadas, por hechas, pero que tiene un poder mucho mayor del que puedas suponer.

El amor es la medicina más potente, más reparadora, más reconstituyente, más vigorizante, más ilusionante, más curativa y sanadora, que puedas imaginar.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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