Lo más difícil que he hecho por amor

Es dejar ir a alguien que amo con todo mi corazón.

Amar no es poseer.
Eso es querer.
¿Sabéis la diferencia?

Los padres y las madres lo saben muy bien.
Aman a sus hijos/as hasta tal punto que les animan a volar, a encontrar su camino y su destino, aunque eso signifique que se alejen de ellos/as e incluso no se vean en meses.

Creo que amar, de por si, es lo más difícil de hacer, en realidad.
Es un acto de generosidad y gratitud tal que, como ya decía Mecano: “Amar es el empiece de la palabra Amargura”.

No amamos a muchas personas en nuestras vidas.
Es un sentimiento, por tanto, al que no estamos muy acostumbrados/as.
Tan grande que nos desborda, y con el que muchas veces no sabemos qué hacer.

Tendemos a ambicionar, a acumular, a retener, incluso a manipular, sólo por nuestro propio interés, sea el que sea.
Por lo general, no hay maldad en ello, sólo egoísmo.

Cuando amamos, a veces, tenemos ganas de darnos de cabezazos contra la pared.
¿Por qué?

Porque somos plenamente conscientes de que “nos arriesgamos” a perder a la persona que amamos.

Sin embargo, a quien ama, las estrategias no le valen, no las usa, ni se lo plantea.
Quien ama quiere que la otra persona la elija cada día, no que permanezca a su lado por lo bien que “sabe montárselo”.

Amar es lo más maravilloso que puede pasarte.
La pregunta es: ¿qué vas a hacer si eso te pasa a ti?
¿Te vas a arriesgar?

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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