Romper el círculo

Uno de esos “círculos viciosos” en los que todos/as, en algún momento, nos metemos sin siquiera darnos cuenta, y de los que no sabemos cómo salir.

El primer paso, es tomar conciencia, darte cuenta.

El segundo, no esperar a que la otra persona de el paso.
(En caso de que el círculo sea “sólo tuyo”, no esperes a que nadie haga algo, eres tú quien tiene que hacerlo, de hecho, quien puede hacerlo).

Tendemos a creer que el que da el primer paso “pierde”, en esa “absurda competición” en la que muchas veces convertimos las relaciones, en las que, supuestamente, “uno/a quiere más”, “uno/a arriesga más”, “uno tiene la posición de debilidad”, de modo que, el que da “el primer paso”, es el/la que “pierde”.

Yo, sin embargo, me lo planteo así: si tu eres el/la primero/a que se ha dado cuenta de algo, lo que sea, ¿por qué esperar a que sea el/la otro/a el/la que dé el paso?
Yo cuento con que la persona con la que estoy me quiere, no quiere hacerme ningún daño, y quiere lo mejor para los/las dos, de modo que, si se diera cuenta antes que yo, por el motivo que fuera, actuaría o, al menos, me lo diría, para que buscáramos una solución juntos/as.
No se vosotros/as, pero yo no querría estar con alguien que, pudiéndome “ahorrar” un día de sufrimiento, no lo hiciera.

Así que, para mí, el tercer paso, es compartirlo con la otra persona.

Cuarto, si ya sabes cómo “resolverlo”, propónselo, sino, buscar una solución juntos/as.

En caso de que la situación esté “muy encabronada”, yo os recomendaría que os plantearais un “golpe de efecto”, es decir, hacer algo que lo cambie “todo”.
Algo que demuestre “amor a raudales”, será un punto de inflexión.
Es el quinto paso.

A veces, las palabras sobran, es más, ya están “tan sobadas”, que empiezan a no significar “nada”.

No tengáis “miedo a cagarla”, en realidad, el “no” ya lo tenéis.

Cuando te das cuenta de que estás yendo justo por el “camino” que no quieres ir, cambiar de dirección, en realidad, es lo más natural.

Si ves que discutís por lo mismo, una y otra vez, que no llegáis a un punto de acuerdo, que estáis bloqueados/as en un punto, que no conseguís avanzar, que no sabéis qué hacer,…
Es el momento de dejarte llevar por tu “corazón”.

A mi, las sorpresas, me apasionan, así que, yo os diría, que si ya se os ha ocurrido una “idea loca” sorprender al/a la otro/a, siempre es bonito y emocionante.
Haz algo loco, ten un gesto, la otra persona lo entenderá, al segundo.

Cuando estás inmerso en un círculo vicioso, no sólo las conversaciones giran en torno a lo mismo, sino que el ánimo de cada uno/a se empieza a “enrarecer”, estáis a la defensiva, cada uno/a a su manera.
Las “pullas”, los malosentendidos, las suspicacias, los “chinches”, las miradas retadoras y desconfiadas, los silencios, las mismas frases y explicaciones y razones y excusas y “declaraciones de principios”, las expresiones de desconcierto, tristeza, malestar, incluso desconfianza, todo eso va creciendo y multiplicándose como lo hace una “mala hierba”.
Si no salís de ahí, sólo puede empeorar.

Uno de los “productos” resultantes de los círculos viciosos, casi indefectiblemente, es el desanimo, la tristeza, porque, en el fondo, sabemos que estamos cayendo en espiral hacia el fin, tanto de lo que teníamos, como de lo que podía llegar a ser.

¿Es eso lo que quieres?
¿Es eso lo que queréis?

Si os dejáis llevar por la desesperanza y por esos sentimientos, os garantizo que es lo que va a pasar.
Sin embargo, si hacéis algo, si os movéis, si retomáis el camino por el que ibais y querías ir, todo cambiará.
No inmediatamente, claro, un círculo vicioso puede dejar mucho dolor a su paso, mucho daño, muchas heridas.

Pero lo que es seguro es, que si no lo intentáis, nunca lo sabréis.

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
Esta entrada fue publicada en Mujeres, Pareja, Psicología, Sabías que... y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.