Llegar al límite

De tu cuerpo o de tu mente o de ti mismo/a.

A veces es necesario, como en el caso de los/as niños/as, nos ayuda a entender, precisamente, dónde está nuestro límite.

¿Y por qué o para qué “necesitamos” saber dónde está nuestro límite?

Porque, a veces, “forzamos” las cosas, yendo diametralmente en contra de nosotros/as mismos/as, una y otra vez.
Aguantamos el tirón, seguimos adelante, casi como autómatas, negando la realidad, negándonos a nosotros/as mismos, que es lo peor de todo.

Una vez que “reventamos”, porque ya no podemos más, la realidad se nos muestra justo ante nuestras narices, esa realidad que no estábamos queriendo ver, o que estábamos aparcando porque no era lo correcto ni lo conveniente, en ese momento.
Muchas veces esto ocurre sin que nos demos cuenta, es sólo cuando llegamos al límite que nos damos cuenta de la “gilipollez monumental” que estábamos haciendo.

Pero, la verdad, ¿quién es perfecto?

Cuando llega ese momento, ya no hay más excusas ni explicaciones “razonables”.
La realidad está ahí, junto frente a nosotros/as.

Lo que hagamos a partir de ahí, es cosa nuestro, obviamente.

Sería maravilloso no tener que llegar al límite para tomar medidas.
Pero, a veces, por no decir, muchas veces, necesitamos llegar ahí, al límite para… “empezar a mover el culo”.

Es como la terapia, la gente piensa que empezamos a hacer terapia porque una bombilla se nos enciende.
La realidad suele ser otra.
La mayoría de veces empezamos la terapia porque hemos llegado al límite y explotamos, no podemos más, y vemos claramente la necesidad de hacer algo.

¿Has llegado a tu límite?
¡Enhorabuena!
Estás en el momento perfecto, en la casilla de salida para…
¡Mover el culo!

Acerca de Cristina

Psicóloga Colegiada Torrejón de Ardoz
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